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Las nueve musas
Jaime I conquista la Mallorca almohade
Jaime I conquista la Mallorca almohade-dibujo de 1930

Los almohades, terror de los andalusíes

El fanático rigor religioso almorávide y su exigente disciplina fueron evolucionando al contacto con al-Ándalus.

La cultura andalusí y lo que quedaba de su esplendor influyeron en aquellos guerreros del desierto, alteraron sus vidas y entibiaron su fervor.

tribus masmuda
Principales tribus masmuda que se adhirieron a los almohades

En un breve lapso de tiempo se sintieron ganados por aquella forma de vida que poco antes les parecía tan merecedora de crítica y acabaron tan andalusíes como cualquiera de aquellos régulos taifas que tan implacablemente habían sido tratados por ellos. Viéronse al punto imbuidos de algunas de sus virtudes, pero asimismo de todos sus defectos e, incluso, en muchos de ellos los aventajaron. Sobre todo, llegaron a superarlos en corrupción.

Otro clan beréber, hijo del desierto, les arrebató en la primavera de 1147 la ciudad de Marrakech y no se demoraría mucho en irrumpir en la península Ibérica. Eran los almohades, que ya en ese año se intuían como un formidable enemigo. Pero ¿quiénes eran los almohades? El término almohade procede de al-muwahhidũn, “el monoteista”. El fundador del movimiento almohade fue Muhammad ben Tũmart, un iluminado que fue adhiriendo poco a poco a su doctrina a todas las tribus del Alto Atlas. Ben Tũmart era un fanático que se tenía por el único poseedor de la VERDAD musulmana y consideraba a sus seguidores los únicos auténticos musulmanes, restauradores de la pureza del Islam. Había de creerse en su doctrina sin fisuras ni claudicación, y aseguraba descender directamente del profeta Mahoma, lo que contribuyó a que nadie osara cuestionar sus ideas y a que fuera tenido por hereje todo aquel que disintiera en su forma de entender y practicar el Islam. Este líder fundamentalista fue proclamado por sus adeptos mahdi («el guiado») ya desde 1121.

Expulsado de Marrakech por los gobernantes almorávides, a los que se enfrentó pese a las pocas diferencias doctrinales que los separaban, ben Tũmart se instaló en Tinmal, donde siguió perfeccionando su movimiento puritano y reaccionario. Vivía con extrema austeridad: comía frugalmente, vestía con sencillez monacal y oraba y meditaba hasta la extenuación. Cuando aquel asceta falleció, en 1130, tomó su relevo Abd al-Mumin, genio militar con quien los almohades abandonaron sus desiertos y montañas.

A continuación protagonizaron una larga campaña de, aproximadamente, siete años (1139-1146) que fue anulando por completo el poder almorávide en África y hasta numerosos clanes montañeses de cenhegíes alistáronse en los ejércitos almohades.​ Desde 1139 el poder almorávide habíase concentrado en las manos del nuevo heredero al trono, Tašufĩn ben Alí ben Yusef, hermano de Sir[1], a quien había sustituido en al-Ándalus tras la muerte de este. Año decisivo para los intereses almohades fue el de 1145, en que murió Tašufín durante la defensa de Orán y los almorávides perdieron dicha ciudad, así como la de Uchda. ​Tras estos sucesos, en un paseo militar, vinieron a  manos almohades Fez, Mequinez, Salé y Ceuta.

Dinar almorávide
Dinar almorávide en oro

En junio de 1146 comenzó el asedio a  Marrakech, que se rindió a los almohades en marzo de 1147. El resto del año lo invirtió Abd al-Mumin en purificar la ciudad. ​En 1148 se dio en Marruecos la victoria definitiva que les llevó a englobar en sus dominios a todo al-Magreb y a poner finalmente su mirada en la mítica al-Ándalus, aunque ya desde 1145 d.C. habían entrado por Tarifa y Algeciras los primeros almohades a la península, en respuesta a la petición de auxilio de ben Qasi, caudillo andalusí del Algarve.

Alfonso VII de León y Castilla, que en aquel momento sometía a asedio en Córdoba a un general almorávide, levantó el cerco al recibir la noticia; iniciábase así un enfrentamiento fratricida entre almohades y almorávides que duraría más de veinte años.

Cuando al fin los almohades se impusieron, conservaron Marrakech como capital de su reino, a fin de que su llegada no supusiese una ruptura tan radical para sus gobernados, aunque no sin antes haber purificado en ella hasta las mezquitas, como si, por haberlas ocupado muslimes de otro movimiento, hubieran sido antros de perdición en vez de lugares de oración.

Con los almohades, los representantes de los nuevos súbditos andalusíes debían viajar hasta Marrakech para hacer su juramento de pleitesía al emir, ya que, para ellos, el soberano había de ganarse el amor de su pueblo por medio del contacto directo y continuo con todos sus súbditos y, cuando esto no podía ser, el emir difundía con frecuencia cartas o  bandos para pronunciarse en todos los asuntos importantes de gobierno. Y es que la figura del emir era para ellos algo más que una figura política, era el perfecto creyente y protector de la fe, un guía en sus vidas.

Dirhem de plata almohade
Dirhem de plata almohade

Para llevar a cabo su ingente tarea, el emir almohade hizo venir hasta al-Ándalus desde al-Magreb a los hombres más preparados y capaces con el fin de no repetir los fallos de los almorávides, que acabaron por valerse, no solo de musulmanes andalusíes (muladíes), sino incluso de cristianos y judíos nativos para asuntos de gobierno. Los almohades se mostraron más rigurosos que sus predecesores en el velar por la pureza de su movimiento, de tal modo que hasta las monedas llegaron a acuñarse de forma cuadrada y con aleyas del Corán. Crearon una eficaz red de espionaje que controlara los movimientos de todos los reyes cristianos peninsulares apenas estos sobrepasaran sus líneas fronterizas.

Los almorávides habíanse visto obligados a reducir al máximo sus tropas en territorio andalusí, puesto que les eran indispensables en África para combatir la fuerza arrolladora del movimiento almohade y tratar de frenar su avance. Esta circunstancia fue aprovechada por los andalusíes, que se levantaron en múltiples rebeliones de una punta a otra del territorio peninsular y que lo fragmentaron en unos segundos reinos de taifas. De entre aquellos gobernantes independientes, el señor de Mértola, ben Qasi, fue el primer insurrecto, que edificó en Silves una rápita para refugio de sus partidarios, los muridines. Otros poderosos que se alzaron contra los almorávides fueron Zafadola ben Hud (en Levante), ben Mardanis, el Rey Lobo de las crónicas cristianas (en Murcia y Valencia), ben al-Hachcham (en Badajoz), y los Beni al-Ganiya (en Baleares), entre otros muchos.

Ya durante la primavera de 1146, se sometía  Cádiz a la autoridad del emir almohade. Y en 1147, mientras el largo asedio de Marrakech, varios gobernantes andalusíes acataron la autoridad del emir almohade, sucesos que luego facilitaron la conquista de la península. En ese mismo año los nuevos invasores sometían a  Jerez,  Niebla,  Mértola, Silves, Beja y Badajoz. En enero de 1148, las tropas almohades y sus aliados conquistaban Sevilla, donde establecieron su capital y donde residía el gobernador de los territorios peninsulares, el hijo y sucesor del califa Abd al-Mumin, Abũ Yaqũb Yũsuf.

Fases de la expansión almohade

La península ibérica en 1157, mostrando las regiones de los almohades

En los años siguientes, fueron aumentando sus conquistas,​ mientras los reinos cristianos del norte peninsular aprovechaban lo revuelto de los tiempos para desplazar sus fronteras hacia el sur, conquistando importantes ciudades como Lisboa, Lérida o  Tortosa. A finales de la década de 1150, los almohades sufrieron graves reveses en al-Ándalus: los rebeldes andalusíes retenían Carmona, Écija, Úbeda, Baza, Jaén, sitiaban Córdoba y amenazaban a la misma Sevilla. Abũ Yaqũb hubo de solicitar con urgencia refuerzos a su padre, Abd al-Mumin, pero este falleció en 1163, antes de lograr iniciar la campaña que desde el Magreb preparaba.​ Los almohades, absortos en la dominación de los territorios andalusíes, no se vieron en condiciones de enfrentarse a los reinos cristianos hasta pasadas varias décadas desde su irrupción en la península, perdiendo la oportunidad de aprovechar la grave situación por la que estos también atravesaron tras la muerte de Alfonso VII, situación creada al decretar su testamento la separación de León y Castilla. La primera gran campaña almohade contra los reinos septentrionales se llevó a cabo en el 1174 d.C.

Maimónides
Maimónides

En al-Ándalus todo había cambiado mucho con la venida de los fanáticos al-muwahhidũn[2]: los mozárabes y judíos podían seguir con sus vidas siempre que no se hicieran notar y realizaran sus prácticas religiosas con reserva y en la intimidad de sus hogares, de lo contrario eran perseguidos. Pero, con el paso de los años, la situación se fue agravando y quienes no apostataban veíanse obligados a emigrar. Numerosos judíos abandonaron al-Ándalus, entre otros la familia de los Beni Maymon, uno de cuyos miembros era el sabio médico y filósofo cordobés Moshé ben Maymon, Maimónides. Este y sus familiares hubieron de exiliarse tras un intento fracasado de abrazar el Islam externamente para salvar las vidas.

¿Y qué podía esperarse, si hasta los mismos musulmanes eran perseguidos si no compartían la visión reductora del Islam que ellos imponían? El mismo Abũ-l-Walĩd Muhammad ben Rušd, nuestro Averroes, creyente y fiel seguidor del Corán, fue encarcelado primero y, luego, desterrado[3].

¡Qué diferencia de mentalidad en aquel momento histórico entre el musulmán andalusí y el africano! ¡Qué diferencia de talante, de tolerancia, de cultura, de filosofía vital! Ya se notó la disparidad con la venida de los almorávides, pero, respecto a los almohades, los separaba un abismo. La relación entre estos y los andalusíes fue siempre conflictiva. Es menester subrayar la enorme diferencia existente entre los cuatro primeros siglos de al-Ándalus en la península y los posteriores a las invasiones africanas. Durante los cuatro primeros siglos existió tolerancia hacia las otras otras dos grandes religiones monoteístas —sin que tolerancia pueda considerarse equivalente a “luna de miel”—, los cristianos fueron mayoría en al-Ándalus hasta el siglo XI (durante los reinos de taifas) en que se alcanzó la paridad y conviene recordar que durante el Califato (s. X) las oficinas de la Administración Central de Córdoba cerraban los domingos porque, debido al gran número de mozárabes, no resultaba rentable abrir ese día; recordemos, incluso, que el califa participaba en la elección de obispos.

El esplendor de al-Ándalus se va disipando tras estas invasiones; baste como ejemplo que, con la aplicación estricta de las leyes almohades, a los músicos se les fracturaban los dedos si tañían sus instrumentos en público o a los flautistas se les perforaban las mejillas para que no volvieran jamás a tocar la flauta. Llegó a prohibirse  la venta de libros de ciencia a mozárabes y judíos, pero como esta prohibición no alcanzó a Toledo, ciudad ya bajo gobierno cristiano y capital de Castilla, durante el reinado de Alfonso VIII fue prosperando allí la Escuela de Traductores y conforme los libros iban llegando, íbanse traduciendo y dispersando por los reinos cristianos. Traductores toledanos del siglo XII fueron: Dominico Gundisalvo, Marco de Toledo, médico y canónigo, Juan Hispano y Abraham ben Daud, conocido como ben Dawid o Avendauth, judío de familia cordobesa, exiliada ante el acoso almohade, discípulo y colaborador de Dominico Gundisalvo. Además de la intolerancia almohade, la complejidad étnica y cultural hicieron posible la Escuela de Traductores de Toledo.

[4] “Si bien los almohades perseguían al mismo tiempo a judíos y mozárabes, a estos los perjudicaron mucho más, ya que los nuevos gobernantes los veían como la quinta columna de los ejércitos cristianos. Para hacerse una idea de cómo venía siendo su vida en al-Ándalus en los últimos tiempos, no había más que fijarse en la nueva vigencia, desde hacía tres años, de las leyes que fueron promulgadas con anterioridad por los almorávides:

* No se saludará a ningún judío ni cristiano con la fórmula “La paz sea sobre ti”.

* Debe suprimirse en territorio musulmán el toque de campanas, que sólo deben sonar en tierras de infieles.

* No deben venderse a judíos ni cristianos libros de ciencia, ni traducirlos a sus lenguas.

* No debe permitirse a ningún médico judío ni cristiano que se dedique a curar a musulmanes, porque no abrigan buenos sentimientos hacia ningún musulmán.

* Se prohíbe vender a los cristianos productos que luego puedan utilizar contra los musulmanes.

* Ningún judío debe sacrificar una res para un musulmán.

* No deben venderse ropas de leproso, judío o cristiano sin hacer saber al comprador su origen.

* Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y sodomitas.

* Un musulmán no debe cuidarse de la caballería de un judío ni de un cristiano, ni servirle de acemilero ni sujetarle el estribo.

* Un musulmán no debe dar masaje a un judío ni a un cristiano, así como tampoco tirar sus basuras ni limpiar sus letrinas, porque el judío y el cristiano son más indicados para estas faenas, que son faenas para gentes viles.

* Tanto judíos como cristianos tienen obligación de usar colores o signos distintivos en el vestir: los judíos vestirán de amarillo, con grandes gorros y su estrella, los cristianos con sus cruces y el zunnar [5].

¡Cuánto se añoraban aquellos tiempos en que convivían las tres culturas, cuando se regulaban las relaciones y la protección a los cristianos y judíos por medio del estatuto de la Dimma! [6]

A principios del siglo XIII casi no quedaban mozárabes en al-Ándalus, debido a la política religiosa almohade, tan agresiva que abolió la Dimma. Y lo que más indignaba a cualquier buen musulmán andaluz era que las nuevas leyes venían impuestas de fuera, desde la Corte africana de Marraquech, y no por musulmanes ortodoxos, sino por heterodoxos Sî`a; es decir, que, para colmo, pertenecían a una secta”.

Averroes
Averroes

Una vez dominado y pacificado (o aparentemente pacificado) el territorio de al-Ándalus, los ejércitos almohades y andalusíes unidos determinaron al fin enfrentarse a los reinos cristianos del norte peninsular. En 1184 se enfrentaron en Santarem con los ejércitos aliados de Alfonso I de Portugal y de Fernando II de León, resultando gran desastre para los musulmanes, incluso a consecuencia de sus heridas falleció el emir Abũ Yaqũb Yũsuf ben Abd al-Mumin, al que sucedería su hijo Abũ Yũsuf Yaqũb, quien tras su triunfo en Alarcos uniría a su nombre el laqab de al-Mansur (el Victorioso). Sin ninguna duda, la batalla de Alarcos[7] (19 de julio de 1195) contra Alfonso VIII de Castilla marca el momento de mayor gloria y poder del imperio almohade en al-Ándalus, pues como consecuencia reconquistaron numerosas plazas, pero, sobre todo, la recuperación de Calatrava, Malagón y Guadalerza propició el desplazamiento de la frontera hacia el norte, amenazando a Toledo, la capital de Castilla.

En 1196, las tropas del emir al-Mansur tomaron Montánchez, Trujillo, Plasencia, Escalona y Piedrabuena. Pero en el otoño de 1197 se firmaron unas treguas por diez años entre Alfonso VIII y el emir almohade, que en 1207 serían prorrogadas por cinco años más. En 1198, el maestre de la Orden de Calatrava, don Nuño Pérez de Quiñones, rompe la tregua al apoderarse de los castillos de Salvatierra y Dueñas (Ciudad Real), adentrándose como una cuña en plenos dominios andalusíes hasta muy cerca de los pasos de Sierra Morena.

Una dolorosa conmoción sacudió por entonces a todo el imperio almohade: el 22 de la luna de Rabí I del año 595 de la Hégira (enero de 1199 d.C.) moría en Marruecos el emir Abũ Yũsuf Yaqũb al-Mansur y le sucedía su hijo Muhammad al-Nasir (el Miramamolín de las Crónicas cristianas). En 1202, tras derrotar los almohades en África a al-Mayurqĩ, de la familia balear de los al-Ganiya, “y expulsar a los almorávides, dispuso al-Nasir mandar sus naves contra las islas Orientales, único lugar de al-Ándalus en que aún ondeaba el pabellón almorávide. Allí reinaba Abdalláh, hermano de Yahya ben Ishaq. Tomaron por fuerza la isla de Mayũriqa y cercaron en su ciudad al rey Abdalláh; entraron luego en la capital por asalto, prendieron al régulo y cortáronle la cabeza, que enviaron canforada a Marraquech; su cuerpo se colgó en los garfios de las murallas de la ciudad. Las islas menores, Minũriqa y Yebisah, capitularon por avenencia”.[8]

Escudo del Miramamolín
Escudo del Miramamolín

Al-Nasir iniciaba su reinado cuando Castilla comenzaba a querer ya olvidar el periodo de paz. También el infante don Fernando, primogénito de Alfonso VIII y heredero de Castilla, vulneró las treguas antes de cumplir su plazo, pues en 1209 emprendió algaras por Jaén, Úbeda y Baeza, mientras el maestre de Calatrava don Ruy Díaz de Yanguas atacaba Andújar, Martos y Vilches. Poco antes, en 1208, surcaron el Mediterráneo las escuadras almohades al mando de Sayyĩd Abû-l-Ulâ y se dirigieron contra las costas catalanas, atacándolas por medio de grandes razzias, las mayores hechas por los almohades en la mar y con las que devastaron buena parte del litoral del reino de Aragón. La respuesta no se hizo esperar, y el rey aragonés Pedro II razzió a su vez por tierras de Valencia, arrebatándoles Ademuz, Castelfabib y Sertella. Las peticiones de socorro que enviaron los valencianos al Emir, unidas a las de otros puntos de al-Ándalus, atacados por el rey de Castilla y los calatravos, fueron las que movieron a Al-Nasir (Miramamolín) a preparar la guerra santa.

En 1211, retornó el emir a la península para dar respuesta a esas llamadas de auxilio y poner férreo cerco a Salvatierra, donde habíanse encastillado los caballeros de la Orden de Calatrava [9].

[10] “En esta ocasión no se respiraba buen ambiente en el ejército de los muslimes. Antes, incluso, de salir de Africa ya había empezado a propagarse el descontento. La imprevisión administrativa y la lentitud de la marcha se unieron para que escasearan las provisiones y se presentase la fatiga antes de tiempo.

El emir amuminín, al-Nasir, influido por su Gran Visir, ben Gâmea, culpó de negligencia a sus gobernadores, convirtiéndolos en diana de su cólera; depuso al de Alcazarquivir y Ceuta, y también al de Fez, Abd-al-Haqq ben Dâwûd, que era el más poderoso entre los xeques almohades, los envió a prisión y persiguió a sus partidarios. Logró el visir persuadir al soberano de la mala fe de los xeques y, dócil a sus presiones, el Miramamolín mandó que fueran ejecutados un día Ŷuma después de la oración.

 Graves defectos se le achacaban a aquel emir: la debilidad ante un visir ambicioso e intrigante, y su gran avaricia, conocida públicamente desde un extremo al otro de sus reinos. En vez de recompensar a las tropas, como hacía su padre, por su celo, lealtad y los buenos servicios que ofrecían al Estado, disminuyó sus sueldos y aun se retrasaba en los pagos, por lo que muchos amagaban con renunciar.

Los visires despreciaron, y no debieron, las pequeñas centellas de rebelión; los más discretos muslimes andaluces trataron de remediar estos males con buenas diligencias y prudentes consejos, pero con mesura, ya que el Gran Visir ordenaba cortar cabezas por motivos de poco alcance. Los caudillos andalusíes veían con desaliento que los ánimos turbulentos empezaban a crear bandos y parcialidades, como si de gentes de diferente ley se trataran, y procuraban apagar las chispas antes de que prendiera y se dilatara el fuego de la sedición. Defendían que, siendo como eran todos musulmanes, les atañía avenirse y concertarse, evitar entre ellos discordias y desavenencia y no ceder a sus particulares intereses. Pero, entretanto, el Gran Visir ben Gâmea y su privado ben Muneza imponían su disciplina de forma harto arbitraria y acosaban a los andalusíes por las razones más nimias.

La más leve licencia castigaba el visir con pena de la vida, y todos temblaban en su presencia. Los manejos del Gran Visir eran de igual modo en todos los negocios de Estado; el Emir sólo conocía lo que ben Gâmea le dejaba conocer, y a sus oídos no llegaban las peticiones ni las querellas de sus vasallos, que todo lo reservaba el visir”.

Batalla de Alarcos
Batalla de Alarcos

 Poco después salía de Toledo el enorme ejército convocado por Alfonso VIII de Castilla para la campaña de Las Navas de Tolosa, a la que el Papa había conferido carácter de Cruzada. De camino habían ido arrebatando a los muslimes plazas como Malagón, Alarcos y, sobre todo, Calatrava. El caid andalusí que defendía esta emblemática ciudad, Aben Qãdis, viose obligado a rendirla cuando fue sometida a asedio por aquel ingente ejército, en el que se veían raros pabellones de países lejanos y se oía hablar en todas las lenguas. El arbitrario visir almohade, encelado en la toma de Salvatierra, había desoído las reiteradas peticiones de auxilio que ben Qãdis le había hecho antes de la llegada del ejército cristiano; y no solo las había ignorado, sino que se las había ocultado al emir al-Nasir. Cuando el caid de Calatrava llegó con algunos de sus hombres al campamento almohade para dar cuenta de la rendición de la plaza que estaba a su cargo, el visir mandó apresarlos. Con torcidas razones dispuso el débil ánimo del Emir en contra de ellos, los mandó traer a su presencia, “los maltrató de palabra, afeándoles la traición que no habían cometido”, y sin atender sus explicaciones y excusas, los mandó matar en el acto.

“Fueron sacados fuera y alanceados a la vista de todos.

El ejército quedó horrorizado y criticaban este procedimiento tan extremado; los que más se quejaban, abiertamente ya y sin recatarse, eran los andaluces, que con lo acaecido perdieron los buenos propósitos que tenían, ya que Aben Qâdis era un caudillo muy querido y respetado en todo al-Ándalus. El visir supo de sus quejas y receló de ellos; convocó a los principales caídes andalusíes ante el Emir y así les dijo con tono desabrido:

— Vosotros nada tenéis que hacer junto a los fieles. Abandonad el ejército almohade. Acampad aparte y servid aparte, porque no tenemos ninguna necesidad de vosotros. Como dijo Alá: –“Si salen con vosotros, no os servirán sino de daño y meterán entre los vuestros el desorden”-. Cuando acabemos esta expedición, examinaremos la causa de todos los perversos.

Al punto, gran parte de los andalusíes abandonaron indignados el ejército” ([amazon_textlink asin=’B07KNR1FTW’ text=’La Cruz y la Media Luna’ template=’ProductLink’ store=’lasnuevemus07-21′ marketplace=’ES’ link_id=’5416cf07-1390-11e9-802f-47958236317a’]).

 navas de Tolosa
Pendón almohade de las navas de Tolosa

Al tener conocimiento de la cercanía del ejército cristiano, el grueso del ejército almohade enfiló hacia el castillo de Al-‘Iqâb[11], donde montaron su campo. Habían creado el conflicto con los andaluces en el momento en que se veían forzados a pedirles nuevos alistamientos. Contaban con poco tiempo para lograr avenirse de nuevo. Cuando al fin el 16 de julio de 1212 se produjo el enfrentamiento de ambos ejércitos en las Navas de Tolosa, para sorpresa de los caballeros cristianos, mientras unos andalusíes volvían riendas y abandonaban el campo, otros se dejaban matar sin llegar a desenvainar, de modo que acabaron por arrollarlos con gran mortandad y sin alcanzar a entender el motivo de tan extraño proceder. Ignoraban aún que aquel comportamiento en lo más recio de la batalla era en venganza por la injusta muerte del alcaide de Calatrava, Aben Qâdis, y por los desprecios y altanerías que el visir ben Gâmea y los almohades en general siempre hicieron sufrir a los andalusíes de sangre hispana.

Tras la derrota sufrida por los almohades en Las Navas, llegado el emir al-Nasir a Sevilla y “como cera blanda que era en manos de su visir, ordenó degollar a todos cuantos durante la campaña habían despertado en él sospechas de traición y trató de tranquilizar a sus reinos por medio de una carta colmada de falsedades.

La rebelión de buena parte de los andaluces durante la batalla de Al-‘Iqâb (o las Navas) fue solo el principio de una insurrección que se fue extendiendo de un extremo a otro de al-Ándalus. Al-Nasir se detuvo en Sevilla todo el invierno, mas, como llegaran noticias de que también en África muchos xeques almohades comenzaban a sublevarse contra él, cercana ya la primavera, regresó a Marraquech” (La Cruz y la Media Luna).

Durante el gobierno almohade, por primera vez tras varios siglos de dominación árabe en al-Ándalus (con la excepción breve de Abd-al-Rahman III), se habían unido el poder político y el religioso en las mismas manos, y esto trajo consigo el fin de la tolerancia y supuso el inicio del declive musulmán en la península.

Tras la derrota de las Navas, el retroceso musulmán en al-Ándalus fue rápido e inevitable. Ejércitos y naves de la Corona de Aragón, encabezados por su propio rey Jaime I el Conquistador, emprendieron en 1229 la conquista de la isla de Mallorca.

Baños árabes en Madina Mayũrqa
Baños árabes en Madina Mayũrqa (Palma de Mallorca)

Era su capital Madina Mayũrqa —perla de nuestro mar, reina entre las medinas—, que fuera amable asilo para los almohades que habían ido abandonando la península tras la aniquiladora batalla de las Navas. Las rencillas intestinas ya tradicionales entre almohades y andalusíes, siempre vigentes entre ellos desde la irrupción de la secta africana en la península y agravadas por el plante andalusí de 1212 en la citada batalla, proseguían más enconadas que nunca. En la isla habíanse refugiado gran copia de los vencidos y descendientes de los fallecidos en aquel desastre, y llegaron anegados de resentimiento y respirando venganzas; habían visto morir a sus familiares, vejadas a sus mujeres, arruinadas sus vidas… y culpaban a los andalusíes tanto como a los cristianos, por negarse a desenvainar hasta la muerte o abandonar el campo de batalla en aquella  contienda tan aciaga para ellos.

Los musulmanes naturales de la isla venían sufriendo desde entonces verdadera persecución[12]: acusaciones falsas, acoso, confiscaciones, cárcel, ejecuciones inicuas, desfiles por las calles de la ciudad de cabezas andalusíes clavadas en picas, siendo arrastrados sus cuerpos, vejados y expuestos con tal inclemencia que alcanzó el grado de aberración. La indignación de los andalusíes había llegado en Mallorca a extremos de estallido social.

Fernando III
Fernando III

Ya entrado el mes de šawwãl [13], ordenó un día el gobernador de la isla, Abũ Yahyã, detener en represalia (por cualquier nimiedad) a cincuenta andalusíes preeminentes. Para esa misma tarde estaba prevista la ejecución de los sinventura; el walí se disponía a presenciarla bajo un dosel coronado por la bandera almohade, roja y blanca con la estrella salomónica de seis puntas en el centro. Hallábanse aquellos cincuenta reos a punto de sentir la guadaña en sus cuellos, recitando ya sus aleyas del Corán entre temblores, con el rostro girado hacia la qibla, cuando el galope desesperado de un caballo que entraba en la plaza detuvo la mano del verdugo.— ¡¡Los rũm, los rũm!![14] ¡Los cristianos llegan a nuestras costas!

Mandó el walí liberar a los cincuenta reos y devolverlos a sus familias, creyendo que con ello lo perdonarían y responderían de buen grado a su convocatoria de alistamientos. El enemigo venía con barcos de suministros y navíos de servicio remolcando pertrechos, y habíanse contado hasta ciento cincuenta velas, que en ese momento avanzaban con viento propicio. El derrotero que seguían indicaba que trataban de desembarcar en Santa Ponça.

Tras más de tres meses de asedio y un feroz y sangriento asalto, a finales de diciembre de 1229, Madina Mayũrqa caía en poder de los aragoneses. El odio de los almohades hacia los andalusíes generó una desunión que facilitó mucho al reino de Aragón la conquista de las islas.

Córdoba, la ciudad símbolo del Islam hispano, abría sus puertas a Fernando III de Castilla en 1236; este mismo rey, en 1248, tomaba Sevilla.

Tras el Miramolín, desde 1213 hasta el fin de la dominación de su dinastía, reinaron más de doce emires almohades en 56 años; muchos de ellos murieron asesinados. En 1245, los benimerines habían comenzado ya a desbancar a los almohades en el norte de Marruecos, hiciéronse con Fez y dejaron a Marrakech incomunicada del resto del territorio. Por fin en 1269, la capital, Marrakech, era conquistada por los meriníes y se consumaba la caída del imperio almohade.


Bibliografía

“Los reinos de Taifas y las invasiones magrebíes: Al-Andalus del XI al XIII“, de Mª Jesús Viguera Molins.- RBA,  2007.

“Las dinastías norteafricanas: Almorávides y Almohades (siglos XI-XIII)”, de Mª Jesús Viguera Molins, en Cuadernos de Trabajo de Historia de Andalucía.- Consejería de Cultura de la J.A.- Sevilla, 1997.

– “Kitãb Tãrĩh Mayũrqa“, de ben Amĩra al-Mahzũmĩ  (traducción de Guillermo Roselló Bordoy y Nicolau Roser Nebot).- Edic. Universidad de las Islas Baleares y Gobierno de las Islas Baleares, Palma, 2009.

– “Decadencia y desaparición de los Almorávides en España“, de Francisco Codera Zaidín.- Librerías París-Valencia, 2004.

– “El Islam en las Islas Baleares (L´Islam a les Illes Balears)”, de Guillermo Roselló Bordoy.- Edit. Daedalus, Palma de Mallorca, 1968.

– “Historia de España“, de Ramón Menéndez Pidal.- Edit. Espasa-Calpe, S.A.- 1997.

“Historia de España” (El País), dirigida por John Lynch, VV.AA. – Coordinación editorial Santillana Ediciones Generales, S.L.- 2007.

– “Historia de la Dominación de los Árabes en España, sacada de varios manuscritos y memorias arábigas“, (facsímil), traducida y compilada por José Antonio Conde.- Marín y Cª Editores.- Madrid, 1874.


[1] – Ver mi artículo anterior “Los almorávides en al-Ándalus“.

[2]Al-muwahhidũn, significa “el monoteísta”, secta que acusaba de politeístas a todos los demás musulmanes; fanatizó a todas las tribus del Africa occidental.

[3] – Ver mi artículo anterior, Averroes, un sabio integral“.

[4] – En letra cursiva, fragmento de la novela “La Cruz y la Media Luna” de Carmen Panadero.

[5] – Zunnar, cinturón.

[6] – La Dimma (Dhimmah) era la ley que regulaba las relaciones de los musulmanes con las comunidades de las otras dos grandes religiones del Libro: cristianos y judíos. Aseguraba la protección para los fieles de las religiones abrahámicas (los dimmíes o protegidos) por el pago de un impuesto, la ŷizya.

[7] – Ver para mayor información mis artículos “Alarcos: escenario antes de la batalla” y “Alarcos: la batalla”.

[8] – Fragmento de la novela histórica “La Cruz y la Media Luna“, de Carmen Panadero.

[9] – Para ampliar, ver mi artículo “Caballeros y Monjes“, también publicado en Las Nueve Musas.

[10] – Fragmento en cursiva de la novela histórica “La cruz y la Media Luna“, de Carmen Panadero.

[11] – Al-‘Iqâb ó Ilisn Alacáb, que en árabe significa castillo de la Cuesta; Castro Ferral o Castil Ferral para los cristianos. Está situado junto al puerto de Muradal, cerca del actual paso de Despeñaperros. Con este nombre de al-`Iqãb o Alacáb conocieron los musulmanes a la batalla de las Navas de Tolosa, aunque también la nombraban a veces como batalla de `Ubbãda (Úbeda).

[12]“Kitãb Tãrĩh Mayũrqa“, de  ben `Amĩra al-Mahzũmĩ.

[13] – Que ese año coincidía con septiembre.

[14]Rũm, nombre que daban los musulmanes a los cristianos.- Qibla, dirección hacia La Meca desde cualquier lugar en que el fiel se oriente. En las mezquitas, lugar en que se sitúa el mihrab, por la misma razón.

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Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado nació en Córdoba (España). Estudió Profesorado de Educación General Básica (Magisterio, Escuela Normal de Ciudad Real, 1971) y ejerció la enseñanza. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Complutense de Madrid, 1985.

Ganadora del XV Premio de novela corta "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo (2017).

Medalla de oro 2018 a la investigación histórica (del Círculo Intercultural Hispanoárabe).

Pintora con sólida experiencia, estilo personal en la línea constructivista figurativa. 24 exposiciones individuales, 25 colectivas y 3 premios conseguidos. Con obra en museos y colecciones públicas y privadas de España, Alemania, Portugal, Estados Unidos y Reino Unido. Representada con obra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

Novela histórica:
— “La Cruz y la Media Luna”. Publicada por Editorial VíaMagna (2008). 2ª edición en bolsillo bajo el título de “La Fortaleza de Alarcos” (2009). Reeditada como libro eléctronico “La Cruz y la Media Luna” por la Editorial Leer-e, Pamplona, abril, 2012, y en papel por CreateSpace (Amazon) en mayo de 2015.
— “ El Collar de Aljófar”. Editada por Leer-e (Pamplona) en soportes papel y electrónico, mayo, 2014.
—“El Halcón de Bobastro”, editada en Amazon en soportes electrónico y papel (CreateSpace) en agosto de 2015.
— “La Estirpe del Arrabal”, editada por Carena Books (Valencia) en 2015.
Ensayo:
— "Los Andaluces fundadores del Emirato de Creta" (ensayo de investigación histórica). Editado en Amazon en soporte digital en julio de 2014 y en papel (CreateSpace) en mayo de 2015.

Novelas de misterio y terror (novela fantástica):
— “La Horca y el Péndulo” (XV Premio de narrativa "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo), 1ª Edición en marzo de 2017 por Ayuntamiento de Toledo. - 2ª edición en mayo de 2017 por Impresion QR 5 Printer, S.L. (Ciudad Real).
— “Encrucijada”. Inédita.
— "Maleficio Fatal". Inédita.

Parodia de Novela Histórica:
— "Iberia Histérica" (novela corta en clave de humor). Editada en soporte digital en Amazon y en papel en CreateSpace en mayo de 2018.

Autora también de relatos históricos y Cuentos de literatura infantil.
Colabora con artículos en diversas revistas culturales. (Tanto en papel como en webs digitales): Fons Mellaria (F.O.Córdoba), Letras arte (Argentina), Arabistas por el mundo (digital), "Arte, Literatura, Arqueología e Historia" (Diputación de Córdoba), Revista Cultural Digital "Las Nueve Musas" (Oviedo).

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