Las nueve musas
¡Háblame de lenguas!
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¡Háblame de lenguas!

Los comienzos del habla y de la escritura y sus cambios actuales, los modos de comunicación, el proceso de su aprendizaje y la relatividad entre las lenguas son algunos de los principios de esta encantadora ciencia: la lingüística.

Los dialectos y los lenguajes, la pobreza de vocabulario y la riqueza del pensamiento, los minusválidos multilingües, la traducción, los errores y las nociones políticamente correctas, la duración y la muerte de las lenguas, su salvación y sus préstamos son las mayores preocupaciones de los lingüistas de hoy. 

Una de las primeras preguntas que surgen cuando empezamos a aprender un idioma, es: -“¿Cuándo llegaré a hablar?” Y esa misma pregunta se repite al observar a nuestro bebé durante sus primeros esfuerzos a imitar los sonidos de su lengua materna. Pero existe una pregunta más importante que toca ese tema: ¿Qué partes de la lengua se aprenden en las varias etapas de su desarrollo? Desde la 10ª semana del embarazo, el feto puede escuchar y distinguir la tonalidad de las vocales de su madre dentro del útero, y al nacer demuestra ese conocimiento. [P. Kuhl, University of Washington, 2013.] Durante los primeros 3 meses de su edad, lo único que hace un bebé es llorar, sollozar y chillar. Hasta el 6º mes, produce sonidos de vocales y consonantes indefinidas que no forman una lengua, pero suenan un poco más sofisticados y más conscientes que un simple llanto. Durante los próximos 3 meses, el bebé experimenta sonidos más controlados, que a veces se parecen a los de su lengua materna, o a los de la lengua que prevalece en su entorno. Esa es la época en que empieza a disfrutar de sus esfuerzos y por eso repite esas sílabas continuamente, como en un “juego de palabras”. A veces, cuando el bebé repite la sílaba “ma-ma-ma-ma” la madre se enloquece pensando que su hijo(-a) la está llamando. Pero el bebé no tiene la consciencia de lo que “dice”. Hasta los 12 primeros meses de su vida, los bebés aprenden dos cosas muy importantes para la formación de las palabras: el ritmo y la entonación. Y entonces, el sonido del balbuceo: “ma-ma-ma-ma” se convierte en una palabra incipiente, con una sílaba débil y una fuerte: “ma-má”. El ritmo es el “toque” de una lengua, que en las del Mediterráneo (español, griego, etc) que son paroxítonas (llanas), suena como: “ta-tá-ta / ta-tá-ta”. Estas son lenguas isosilábicas, es decir que  la duración de cada sílaba es la misma. La entonación es la melodía del idioma, como p.e. el español rioplatense que lleva muchas influencias de la lengua italiana. Por este fenómeno lingüístico, se puede distinguir la descendencia nacional de un bebé, ya desde los 9 meses de su edad. [D. Crystal, Reading Univ., 2010] La entonación sirve como instrumento gramatical y sintáctico a los bebés de 1 año de edad: El modo interrogativo o imperativo con que el bebé pronuncia la palabra “mamá” indica sus deseos y reemplaza su falta de vocabulario. El vocabulario aparece en dos formas: “pasivo” y “activo”. A los 12 meses, los bebés disponen de un vocabulario pasivo de aproximadamente 10 palabras (que entienden pero no pronuncian). En fin, a los 18 meses de edad, los niños ya poseen un vocabulario activo de aprox. 50 palabras, clasificadas en grupos semánticos sobre la familia, las actividades y las reacciones en el entorno del hogar, la comida, los juguetes, el cuerpo, la ropa, los animales (domésticos), las locuciones, los vehículos y las (simples) descripciones de los objetos de su entorno. Al año y medio desde su nacimiento, los niños disponen de un vocabulario pasivo 3 ó 4 veces mayor, y es entonces cuando comienzan a combinar palabras. Se les forman, entonces, las nociones gramaticales y sintácticas de su primera lengua. El ser humano puede reproducir centenas de sonidos con su boca, pero los niños necesitan llegar al 3er año de edad para poder perfeccionar los sonidos de su lengua materna, y –con la ayuda de sus padres- aprenden a escribir antes de ir a la escuela, entre el 2º y 3er año de su vida.

quipu peruanoUn adulto necesita años de estudio y permanencia en el extranjero para poder hablar un idioma de manera natural, y eso sólo si tiene capacidades especiales. El cerebro humano puede manejar varios idiomas a la vez: es conocido el caso de Harold Williams, el periodista que a principios del siglo XX dominaba 58 lenguas de las 7.099 que existen en el mundo hoy. [Ethnologue.com, 2017] Los que disponen de dos lenguas maternas, pueden participar en dos mundos completamente diferentes y disfrutar de sus bienes culturales. Tener más de una lengua materna o hablar muchos idiomas no significa ser más inteligente, sino simplemente tener más posibilidades para expresarse de modo creativo. Es conocido entre los científicos [N. Smith, Reino Unido & Ianthi Maria Tsimpli, Grecia] el caso de Christopher, un inglés de aprox. 50 años de edad con autismo muy grave, quien a pesar de sus particularidades psicocinéticas y su IQ entre 40 y 60%, domina –aparte de su lengua materna- otros 20 idiomas. Por consiguiente, la habilidad lingüística es independiente de la inteligencia general. El habla se desarrolla de manera semejante con la de caminar o ser activo sexualmente. Son destrezas complicadas que se forman con dos factores: el desarrollo biológico y el entorno social. Recientes investigaciones [Miyagawa, Berwick, Okanoya & MIT, 2013], basadas en trabajos anteriores sobre el estrato de expresión, llamado también holístico –que incluye la organización variable de las frases, e.g.: “Él es profesor.” / “¿Es él profesor?”- y el estrato léxico –que se relaciona con el núcleo del contenido de una oración- [N. Chomsky y otros], han deducido que Darwin tenía razón al pensar que el trino de los pájaros presenta ciertas analogías con la lengua humana. 80.000 años atrás, el ser humano imitaba los aullidos de los simios y sus gestos –que corresponden al estrato léxico- y las tonalidades del trino de las aves –que funcionan como un estrato de expresión, para desarrollar su destreza del habla. 30.000 años antes de nuestra era, aparecieron las primeras muestras de la escritura: líneas forjadas en huesos que funcionaban como sistemas métricos. Hace 8.000 años, la humanidad disponía ya de unas destrezas desarrolladas del habla. En el neolítico superior (4.000 años a.n.e), los mercaderes colocaban fichas con símbolos dentro de unos recipientes de cerámica sellados, para asegurarse contra robos cuando enviaban sus bienes a otras comunidades. Mil años más tarde, se desarrolló en Mesopotamia la escritura cuneiforme con 800 pictogramas con valor silábico y aparecieron los jeroglíficos egipcios. El año 1800 fueron inventados los primeros alfabetos o abecedarios fonéticos, el 1500 los ideogramas chinos primitivos y el año 500 a.n.e. los logogramas mayas [fechas aproximadas]. Es un hecho que la lengua oral existía antes de la escritura. Las culturas de tradición oral han logrado mantener un gran volumen de su conocimiento mitológico, literario y de ciencias prácticas: una de ellas, la de los incas (Andes, 1438-1533) había desarrollado el “quipu”, un sistema mnemotécnico de su lengua (quechua runasimi) a través de nudos en cuerdas hechas de lana de los camélides llama. Las cuerdas tenían diversos colores, tamaños y cantidad de nudos de varios tipos. Esos eran los “elementos morfosintácticos”, ortográficos –diríamos- de esa “escritura” incipiente, pero tan compleja. Todo eso demuestra que la teoría del s. XIX, según la cual, “las lenguas son organismos vivos”, no es correcta, porque esas no existen por sí mismas en la naturaleza, como las plantas o los animales.

La palabra –cualquier palabra- no constituye pertenencia absoluta a una lengua específica, y tampoco se considera el préstamo de palabras entre varios idiomas como un fenómeno moderno, a pesar de ser acusado frecuentemente como destructor de una lengua. Todo lo contrario. El español tiene una fuerte influencia del árabe, y el griego del turco. El turco, por su parte, lleva un bagaje lingüístico (y cultural) iraní, y según una teoría -debatida y rechazada por varios lingüistas-, pertenece -junto al japonés- al grupo altaico [R.S.P. Beekes, 1995/2004]. El 40% del vocabulario inglés proviene del francés (art, garden, war y otros lemas que datan desde el año 1066 n.e., cuando los normandos invadieron las islas británicas), y aparte de eso, el inglés, a pesar de ser una lengua más analítica que flexiva del grupo indoeuropeo –la protolengua que se extendió a partir de la actual Ucrania, entre el 6º y el 4º milenio-, presenta unas estructuras aislantes (he works > does he work? [fuente: Universitat de València, 2017], cuyos análogos se observan en la lengua china, donde los lexemas establecen relaciones sintácticas por posición. Pero todo eso no significa que el español puede ser igual que el árabe –una lengua fusionante, que presenta cambios en las raíces de las palabras-, ni que el griego forma parte del grupo altaico… Tampoco se puede deducir que un turco y un iraní se pueden entender entre sí, hablando cada uno en su idioma, o que el inglés, el francés o el japonés tienen funciones léxicas, gramaticales o sintácticas en común, aglutinando morfemas preposicionales (PN, NP), eliminando artículos o colocando el verbo en la 2ª posición (SVO) o al final (SOV) y el adjetivo antes (AN) o después del sustantivo (NA). Por consiguiente, no existen lenguas más complejas gramaticalmente o menos completas, más ricas en vocabulario o menos primitivas. El idioma warlbiri de los aborígenes australianos presenta unas características que lo hacen comparable con algunas lenguas clásicas, como el sánscrito, el griego antiguo y el latín. Entonces, no hay idiomas más expresivos que otros, ya que este último –el warlbiri- que pertenece a una tribu de nómadas, presenta una organización estructural de igual valor que las lenguas que se han consagrado a la filosofía, la literatura y las ciencias. El lenguaje mental nos da la posibilidad de enriquecer nuestro vocabulario, creando neologismos, como el adjetivo “antibárbaro, -a”, formado por prefijación y utilizado en medios de información, como el diario El País. Además, es conocida la ambigua semántica de su antónimo: “bárbaro”= cruel // excelente [R.A.E. Diccionario]. La raíz de esta palabra, “bárbar(o)” <βάρβαρος>, proviene de la onomatopeya griega “var-var”, con la cual los helenos antiguos imitaban irónicamente las formas fónicas de las lenguas escitas.

Las lenguas romances constituyen un sistema de comunicación, oral o escrito, propio de una comunidad con rasgos culturales latinos. El idioma castellano es el que expresa la cultura del pueblo español. Por el otro lado, la lengua griega no pertenece a ningún grupo lingüístico; es independiente, dentro del conjunto indoeuropeo, al que pertenece también el castellano. El vascuence es una lengua también independiente, pero aislada del grupo indoeuropeo, como lo fueron también las antiguas lenguas ibéricas del sustrato paleomediterráneo (el tartésico etc). Los dialectos del español en Latinoamérica, con fenómenos gramaticales anticuados, como el voseo, constituyen un sistema lingüístico, un tronco común de ese continente. Una isoglosa correspondiente es el llamado “arco lingüístico de inda-yanda”, una línea imaginaria que delimita el área de las islas Cícladas, Creta (Grecia) y Chipre, que se distinguen por la característica léxica de esas dos partículas interrogativas (¿qué? & ¿porqué?), entre otos elementos morfosintácticos. El lenguaje “pachuco” es una manera de expresarse del estamento popular de Costa Rica, algo análogo al “rembético” de Grecia: están llenos de modismos (o idiotismos), es decir: expresiones fijas –pero de vida breve- y privativas, cuyos sentidos no se pueden deducir de las palabras que las forman.

El actual idioma castellano de España es una de las formas occidentales que se han desarrollado del antiguo sermo rusticus –el modismo popular de los legionarios incultos de la antigua Roma, quienes hacían su lenguaje latino “viajar” por todo el aquel entonces mundo conocido. Más tarde recibió influencias del adstrato griego: vocabulario literario, artístico, científico, (véase: poema, música, terapia) manteniendo el vocabulario agropecuario del paleomediterráneo (véase: perro). El rumano pertenece al ramo oriental. Estos dos grupos lingüísticos se separaron entre sí por la llegada de pueblos eslavos y germánicos, posteriores a la caída del imperio romano. Los idiomas romances occidentales forman el plural de los sustantivos a partir del acusativo del latín clásico (-os / -es), y los orientales del nominativo de la 1ª y 2ª declinación (-e / -i): el pino > los pinos en español e il pino > i pini en italiano.

Castellano aqntiguo

Las lenguas se mantienen vivas inventando o prestándose nuevas palabras y expresando con perífrasis las nociones que describen las necesidades de las varias etapas del desarrollo bio-cultural. Son típicos sistemas finitos, pero flexibles, con infinitas posibilidades de expresión: lo que se puede decir en un idioma, se puede también en todas las lenguas, pero de diferentes maneras. La eliminación o el cambio de ortografía o de significado de palabras (véase: “cabe” = cerca de [Lisuarte de Grecia, 1514] y: “melezina” = medicina [Florisel de Niquea, 1532], no indica empobrecimiento de la lengua, sino renovación. Las lenguas tienen que cambiar, a fin de evolucionar y sobrevivir. En fin, no se debe confundir la calidad o el estilo de un texto escrito u oral con las funciones y capacidades de una lengua. Los jóvenes tienen sus propios modos de comunicación; es injusto acusarlos de pobreza de vocabulario. Los sistemas de educación son los culpables. Además, no podemos decir que una lengua es mejor, o más lógica, o más completa que las demás. Es estratificada, como un palimpsesto –un antiguo manuscrito que conserva huellas de una escritura anterior borrada por manos humanas, a fin de sobreponer nuevos datos.

Los morfemas gramaticales son más fuertes que las raíces de las palabras. Veamos el ejemplo de “bloquear” y “desbloquear”: los morfemas gramaticales “des-”, como prefijo de negación, y “-ar”, como sufijo de terminación flexiva, definen la caracterización de esta palabra. Es un verbo con sentido negativo. La raíz común de esos dos verbos antónimos, indica que es un préstamo (del francés: bloquer). De este modo se han “naturalizado” miles de palabras extranjeras en el idioma español. Y esos préstamos ayudan a las lenguas a sobrevivir, renovándose, ampliando sus capacidades expresivas y cubriendo así las necesidades comunicativas de la vida contemporánea.

Observando algunos préstamos griegos en el idioma español, como el sustantivo “filosofía”, nos damos cuenta de que en su lengua creadora, esta palabra mantiene el significado de sus dos partes vivo en la consciencia de sus hablantes naturales: “fileîn = amar” + “sofía = sabiduría”; pero no ocurre lo mismo entre los extranjeros que usan esta misma palabra como préstamo en sus idiomas. Y además, existen palabras que han perdido el significado de sus raíces, aún entre los hablantes naturales. Veamos la palabra inglesa “lord” que significa “señor” (más en el sentido religioso): casi ningún inglés o americano sabe que esta palabra proviene de las raíces anglosajonas “hlaf-weard”, que en la Edad Media significaba “guardián del pan”, y más tarde se convirtió en “hlaford”, es decir: amo de casa, dueño. En este ejemplo queda claro el hecho de divergencia de significados entre la raíz original y el uso actual de la palabra. Aparte de eso, hay también neologismos compuestos por dos préstamos y en este caso surge la duda del uso de una traducción correspondiente: El nombre empresarial “Google” proviene del término matemático “googol, inventado en 1920 por un niño de 9 años llamado Milton Sirotta, y es el número 10100, es decir, (el dígito 1 seguido de cien ceros). “Googlemanía” se llama el impulso obsesivo de navegar por la red informática mundial. Queda claro que el uso del préstamo es mucho más práctico que su traducción. Y entonces, surge el próximo problema, acerca de la grafía correcta: ¿seguir la ortografía de su lengua originaria, o representar los sonidos de la palabra extranjera según la pronunciación de la lengua receptora? En el caso de adoptar un préstamo de una lengua que se escribe con un alfabeto diferente y tiene sonidos propios, de que la receptora no dispone, se tiene que cambiar la forma del préstamo: biombo, del japonés “byōbu”, y eso del chino “pingfeng” (屏風) <feng = viento>. En este punto hay que referir que los préstamos pueden ser sustantivos o verbos, pero en una lengua natural no se pueden añadir nuevos géneros, pronombres, tiempos verbales, o preposiciones. En un alfabeto ideal (fonético), cada letra debe representar solamente un sonido, como se hace con el español (con algunas excepciones), o el coreano [Omniglot]. Por el contario, la escritura del inglés no corresponde a su fonética, porque la lengua tiene 44 fonemas, pero dispone de 26 letras: enough /ɪˈnʌf/.

Aparte de las lenguas escritas y habladas, existen también los lenguajes gestuales (de señas o signos) para los sordos. Esas lenguas son naturales y se encuentran en el hemisferio cerebral izquierdo –en el mismo lugar donde se encuentran las lenguas habladas, lejos de los centros cerebrales que controlan los gestos y las muecas. (No olvidemos la teoría de Miyagawa / MIT.) Por eso varían los gestos entre las diferentes lenguas o los dialectos. Y el sistema de lectura táctil para las personas ciegas, llamado Braille, es también una lengua escrita.

Lengua, idioma, dialecto, lenguaje, modismo: la lingüística actualizada tiende a unificar todas esas formas bajo el término de “variaciones lingüísticas” que pueden ser diatópicas (geográficas), diastráticas (sociales), diafásicas (contextuales de registros lingüísticos) o diacrónicas (evolución en fases temporales), y eso para eliminar los fenómenos sociales del racismo y del separatismo –en el sentido de la diferenciación entre entidades de rango mayor o menor. [Jack Chambers & Peter Trudgill, 1994] Lo que hoy se considera como “lengua oficial”, mañana cambia y se convierte en un dialecto periférico, y lo contrario. El estatus de un idioma depende de factores geopolíticos y tendencias sociales. [Phoevos Panagiotidis & Ediciones Universidad de Creta, Grecia, 2013] ¡Imaginemos que la trayectoria histórica fuese diferente, imponiendo el castúo altoextremeño como lengua administrativa de España!… Cuando a la élite de una comunidad no le conviene independizarse de una nación, entonces afirma que habla un dialecto de la lengua oficial. Por el contrario, considera que su habla local es una lengua –y no un dialecto- con vistas a independizarse. El inglés, como lengua franca de nuestra era, no puede reemplazar –mediante sus préstamos- los dialectos. Cuando ellos se desvanecen, se reemplazan por la lengua oficial de su propio país. No hay ningún país que tenga un modo de hablar común en todas sus áreas; así, tampoco existen personas que tengan un acento igual durante toda su vida y en todos los casos de comunicación. Según la Psicología Social, “recibimos órdenes” de nuestro entorno social y cambiamos nuestro modo de hablar, según la edad que tenemos, el lugar donde vivimos o las personas a las que nos dirigimos. [Scott Plous, Wesleyan University, 2013] En este marco, cabe añadir que no hay lenguas bonitas o feas. El sonido que para un individuo es melódico, puede molestar a otro. Y el acento que en cierta región constituye la identidad local, puede sonar en otra como provincial. [D. Crystal, 2010] Aquí hay que aclarar la diferencia de la pronunciación y del acento: El primer término indica los fonemas correctos que forman una palabra –“haya” y no “haiga” y sin h aspirada- y el segundo se refiere a la variación del sonido entre las provincias o los hablantes extranjeros: “cerveza” en Madrid y en México.

Lengua criolla es la mixta que se forma en una comunidad de personas de orígenes diversos y con elementos de sus propios idiomas, como el chabacano de las Filipinas. La lengua interna es un objeto mental, es decir, el conocimiento inconsciente que el ser humano tiene, mientras que la exterior es un fenómeno social con valor cultural.

Y aquí surge el asunto de la traducción: En el caso de textos científicos o de terminología técnica, la cosa es más fácil. Pero traducir literatura no es nada simple, porque “traducir” no significa solamente “decir la misma cosa en otro idioma”. Es lograr transmitir datos socioculturales entre diferentes mentalidades étnicas y entre épocas remotas y ambientes naturales completamente ajenos. Los colores son muy sensibles entre las culturas: lo que una persona ve como marrón, en otra comunidad se considera como rojo. Y lo mismo ocurre entre el amarillo y el verde, o el verde y el azul. La intersemiótica [U. Eco, 2003] –otro neologismo este- que indica p.e. la interpretación cinematográfica de un libro de literatura, o la representación de la poesía mediante la pintura, es algo mucho más complicado. Es un trabajo penoso construir una “copia” del sistema fonético, morfosintáctico y semántico de una lengua, y con eso causar impresiones sentimentales a un lector o espectador, mediante unas analogías de estilo y de simbolismos, o hasta de la métrica. Es como tratar de explicar a un indígena la función de un ordenador, o como comprender el significado de un “rebus”, es decir, un acertijo lógico gráfico que sirve para descifrar una palabra o frase a partir de la posición relativa de imágenes, letras, números, notas musicales, signos etc, dispuestos en un recuadro. Otro asunto es el de lo “políticamente correcto” (no con el sentido del marxismo-leninismo); eso se soluciona respetando la lengua vernácula y cotidiana: Es mejor decir “Blancanieves y los siete enanitos” que “Blancanieves y los siete individuos que tienen una estatura considerablemente inferior al común de su especie”…

Nuestro modo de contemplar el mundo donde vivimos, depende de la lengua que hablamos. Cada lengua es un repositorio de ideas, valores y experiencias. Y el hecho de la desaparición de una lengua natural equivale al bombardeo de un monumento como el Museo del Louvre. Una lengua desaparece cuando muere su último hablante natural. Y junto a ella muere también la cultura que ella representaba. Las lenguas sin escritura enfrentan todavía mayores problemas de desaparición, dado que no están registradas y no dejan rastros después de su muerte, como si nunca hubiese existido. Pero una lengua renovada que cambia de estructuras sobrevive y expresa nuevos ideales. El deber de los lingüístas es completar los vacíos que puedan presentar las lenguas. Las partes de la lengua que cambian más lentamente son: la escritura, la ortografía, las mayúsculas al principio de algunas palabras y la puntuación, y la que más rápidamente obtiene nuevas formas es la jerga. El vocabulario, la pronunciación y el acento, y también la gramática, son índices de nuestra edad, de nuestro sexo o de nuestro estamento social. Así que, abandonando un lenguaje porque crecemos o porque nos hacemos ricos, no significa que eso se va a desaparecer. La próxima generación asume el papel de mantenerlo a través de varios cambios. El concepto permanece igual. Eso se distingue en la obra literaria titulada “Los Cachorros” de Mario Vargas Llosa (Perú, 1967). Para reclamar un idioma en peligro de desaparición, es necesario disponer de hablantes nativos. Para su revitalización hay que enseñarlo masivamente, y –en fin- para revigorizarlo, se necesita traducir los lemas carentes y fertilizarlo con préstamos que serán asimilados con la ayuda de morfemas. Terminando, es interesante referir que el 96% de la población global habla solamente el 4% de los idiomas existentes [Universidad de Adelaide, Australia].

Una lengua nunca nos deja en soledad. Está siempre ahí, en nuestro cerebro, ayudándonos a pensar e impulsándonos a expresar ideas y sentimientos. Es –como dicen los indígenas (andinos)- “la boca del pueblo”. Es importante preservar el patrimonio inmaterial que ofrecen las lenguas a la humanidad.

Ilias Tampourakis

Ilias Tampourakis

Nació en Atenas (Grecia) y creció en el seno de una familia griega con raíces internacionales.

Ha enseñado español y portugués en la Facultad de Idiomas de la Universidad Nacional I. Kapodistrias de Atenas y en los seminarios culturales de la Unesco en Grecia.

Traductor en el Cuerpo Diplomático de América Latina en Atenas y escritor de artículos y libros con temas culturales.

Representa al comité de arte de la Alianza Sociocultural Latinoamericana y Española en Grecia y era durante varios años columnista del boletín social africano en Atenas.

Ha dedicado un largo período al estudio de las civilizaciones de Asia, la filosofía y la naturaleza de este continente.

Además, ha estudiado el análisis morfosintáctico de 12 idiomas, investigando la mentalidad cultural que ellos revelan.

Certificado de los seminarios de paleografía española y oriental de las Universidades de Harvard (EE.UU.) y Complutense (Madrid); depositó (el año 2014, en colaboración con la Universidad de Colorado, EE.UU) su obra pertinente en los archivos estatales de Plasencia (España).

Ha estado viajando durante 30 años por 76 países del mundo, fotografiando y coleccionando piezas musicales y otras curiosidades

Ha vivido trabajando con su familia en Costa Rica (América Latina).

Considera que el conocimiento es substancial solo cuando se combina con la experiencia, y se niega a conformarse con cualquier tipo de opresión.

Cree que el hibridismo cultural proyecta varios elementos interesantes pero que, a la vez, corre en sus venas el dolor.

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