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Las nueve musas
Acerca de las familias de lenguas 1

Acerca de las familias de lenguas

Tanto para la lingüística como para la filología, las lenguas pueden dividirse o agruparse en distintas familias. Estas, entre otras cosas, revelan un origen en común que puede explicar muchas de las similitudes que muestran buena parte de los idiomas conocidos.

En este artículo reflexionaremos al respecto.

Catalogo De Las Lenguas De Las Naciones Conocidas
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 Las semejanzas que pueden percibirse entre dos o más idiomas diferentes entre sí han revelado que, en algunos casos, estos tienen un vínculo de parentesco más o menos comprobable, por cuanto reconocen un origen común. Estos grupos de lenguas constituyen lo que en lingüística se conoce con el nombre de familia. Así, se habla de la familia indoeuropea, de la ugro-finesa, de la semítica, de la que forman las lenguas habladas por los cafres y otros pueblos del África ecuatorial, etc. «Estas familias —dice Saussure— pueden a su vez compararse entre sí, y a veces aparecen filiaciones más vastas y antiguas. Se han querido ver analogías entre el fino-ugrio y el indoeuropeo, entre este último y el semítico, etc. Pero las comparaciones de esta clase se estrellan pronto con barreras infranqueables»[1].

Conviene recordar que, desde que Lorenzo Hervás y Panduro publicó su famoso Catálogo[2], ya no se busca para la comparación de las lenguas la semejanza de palabras, sino la del artificio gramatical. Es por eso por lo que la filología del siglo XIX y principios del XX no renunció a confrontar las lenguas más dispares, tanto por su estructura gramatical como por su sistema fonético.

Ahora bien, si en las lenguas que no poseen un mismo origen esta labor comparativa está sujeta a limitaciones de diversa índole, en las lenguas que pertenecen a un mismo grupo o familia dicha labor cuenta con un campo de acción ilimitado. Este campo puede abarcar todos los matices intermedios, desde un parecido extraordinario —como sucede en el caso de los dialectos— hasta una desemejanza casi absoluta.

Johannes Schmidt
Johannes Schmidt

Para explicar las divergencias entre las lenguas pertenecientes a la gran familia indoeuropea, muchos lingüistas —entre ellos los de la escuela de Bopp— apelaron a la teoría de la migración. Fue necesario que Johannes Schmidt publicara en 1872 su obra Die Verwandtschaftsverhältnisse der indogermanischen Sprachen (Las relaciones de parentesco de las lenguas indogermánicas) y que en ella expusiera la teoría de las ondas de innovación para que se comprendiera que las divergencias entre las lenguas indoeuropeas bien podían explicarse por el fraccionamiento en un mismo territorio. Hoy en día se cree que las lenguas de esta familia formaron en un principio una cadena no interrumpida de regiones lingüísticas, que pueden reconstruirse a partir de sus rasgos más significativos. De hecho, el ya citado Saussure advierte que «el eslavo cabalga sobre el iranio y el germánico, […]; también el germánico se puede considerar como un anillo intermedio entre el eslavo y el céltico, que a su vez tiene conexiones muy estrechas con el itálico, el itálico es intermedio entre el céltico y el griego, a tal punto que, sin conocer la posición geográfica de todos estos idiomas, un lingüista podría […] asignar a cada uno de ellos la que le corresponde»[3].

No obstante, Saussure también nos dice que «cuando consideramos una frontera entre dos grupos de idiomas, por ejemplo, la frontera germano-eslava, hay un salto brusco, sin transición alguna, y los dos idiomas chocan en un lugar de fundirse el uno y el otro. […] los dialectos intermedios han desaparecido»[4]. Esto significa que, antes de que las naciones se dispersaran, debieron de producirse las diferenciaciones dialectales. En mayor o menor medida es lo que asevera el maestro ginebrino en estas líneas: «Ni los eslavos ni los germanos han permanecido inmóviles; han migrado, han conquistado territorios a expensas los unos de los otros; las poblaciones germanas y eslavas que ahora son vecinas no son las que antaño estaban en contacto»[5].

La teoría de las migraciones y la de las ondas no se excluyen. En todo caso, podría decirse que la primera refuerza los efectos de la segunda. La teoría de las ondas, por su parte, vierte luz sobre las leyes primordiales de todos los fenómenos de diferenciación y sobre las condiciones que rigen el parentesco de las lenguas. El problema aquí estriba en que no siempre es fácil determinar qué efectos se deben a una causa y qué efectos a la otra. Cuando las lenguas ocupan territorios continuos, sus semejanzas no tienen por qué ser más antiguas que sus diferencias; asimismo, cuando dos lenguas se aíslan geográficamente, estas rompen todo vínculo desde el mismo momento en el que se separan. Por eso, al comparar dos lenguas en busca de su nivel de parentesco, debe distinguirse entre la continuidad y al aislamiento. En este, las dos lenguas conservan ciertos rasgos comunes que, como un aire de familia, revelan el parentesco, pero, por haber evolucionado de forma independiente, las unidades lingüísticas que surjan en lo sucesivo no serán iguales en los dos idiomas, pues no pueden propagarse por contagio. En los casos de discontinuidad geográfica, una lengua posee, con respecto a sus afines, cierto número de características privativas, y si esta lengua a su vez se fracciona, las características comunes de los nuevos dialectos revelarán un parentesco más íntimo que con los dialectos del territorio en el que domina la otra lengua.

lenguas indoeuropeasVale aclarar que ninguna de estas características es permanente. Por ejemplo, del indoeuropeo primitivo se conocen algunas características distintivas: gran sobriedad fonética, sin grupos complicados de consonantes, ni consonantes dobles; vocalismo monótono, pero productor de alternancias o correspondencias del sonido en extremo regulares y gramaticales; acento de altura, ritmo cuantitativo de largas y breves; facilidad de formación de compuestos y derivados; flexión riquísima, etc. Sin embargo, en la mayoría de las lenguas derivadas de aquel tronco primitivo, muchos de estos rasgos han desaparecido. Por consiguiente, no se puede hablar de características permanentes, aunque sí de transformaciones más o menos comunes a varias lenguas de una misma familia.

 

[1] Ferdinand de Saussure. Curso de lingüística general, Buenos Aires, Losada, 2005.

[2] Me refiero al Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas y enumeración, división y clases de estas según la diversidad de sus idiomas y dialectos, obra de seis volúmenes publicada en Madrid entre 1800 y1805.

[3] Ferdinand de Saussure. Óp. cit.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

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Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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