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Lingüística y Comunicación: nuevas perspectivas en el horizonte

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En otros artículos ya hemos glosado algunas de las características principales y de las teorías existentes dentro del paradigma estructural-funcionalista de la Lingüística incardinado dentro del ámbito de la Gramática del español, reivindicando incluso su especial trascendencia y ligándolo con áreas particularmente relevantes como la Educación.

Así, hemos aludido en multitud de ocasiones a nuestros más grandes maestros, ilustres eruditos o insignes personalidades del marco filológico tales como Emilio Alarcos Llorach, Salvador Gutiérrez Ordóñez, Leonardo Gómez Torrego,Francisco Marcos Marín y muchos otros.

Sin embargo, y a pesar de que, desde el campo filológico, siempre se piense en el ámbito docente, conviene señalar que, más allá de la esfera educativa, disciplinas como la Lingüística poseen un enorme potencial en áreas como las de la Comunicación, y de forma más acusada si cabe en aquellos adscritos a las corrientes del enfoque metológico o paradigma funcionalista. Así, aquellos expertos en Lingüística o con un gran dominio de esta materia –que puede verse complementada con otras ciencias humanas o sociales: Sociología, Política, Periodismo, Economía, Historia, etc.- conocen a fondo los resortes y características de la interacción comunicativa humana, cuyo análisis es aplicable en multitud de situaciones y contextos (publicitario, político, empresarial, deportivo…) y, en consecuencia, la asesoría comunicativa se antoja un campo de largo recorrido para aquellos que, pertrechados de un óptimo nivel cultural e intelectual, poseen ese dominio de los aspectos que estudia la Lingüística en cada una de sus ramas (fonético-fonológica, morfosintáctica, léxico-semántica y muy especialmente pragmática) a que hemos aludido.

Salvador Gutiérrez Ordóñez
Salvador Gutiérrez Ordóñez

Precisamente uno de los ámbitos relativamente novedosos en el terreno lingüístico es el de la denominada Pragmática, que desciende de la lengua (saussureana) como sistema al habla (saussereana), esto es, a los actos de habla, a los usos individuales que del sistema realizan los hablantes en un contexto comunicativo dado. Dentro del prisma funcionalista, el más prominente discípulo del maestro Alarcos, Salvador Gutiérrez Ordóñez, tiene multitud de trabajos que versan justamente sobre estas cuestiones, basta echar un vistazo a la espléndida bibliografía del eminente catedrático de la Universidad de León y académico de la RAE que cuenta con excelentes estudios sobre aspectos vinculados a la Pragmática. Ello no supone desterrar el análisis de elementos muy estudiados en períodos precedentes, y especialmente durante el siglo XX, como el de la oración (la sintaxis[1] sigue teniendo su importancia y su porción dentro de la ciencia lingüística), sino ampliar ese marco de estudio, que tampoco es en modo alguno abrupta o traumática ruptura por cuanto, a su vez, entronca con el humanismo clásico, con aquellos saberes que hunden sus raíces en la Retórica, y que, como muy bien apunta el prestigioso profesor Javier de Santiago Guervós, nutren las ciencias modernas de hogaño que se dedican a desentrañar los mecanismos de la comunicación humana. En este punto no podemos sino recomendar su espléndido trabajo Retórica, Pragmática y Lingüística de la comunicación[2], donde muestra con diáfano didactismo las confluencias de Pragmática y Retórica desde la perspectiva de la comunicación persuasiva[3] en particular y de la comunicación en general, confluencias que, como apunta certerísimamente el autor, son inevitables porque se nutren de concepciones universales dentro de la comunicación y que son las que se estudian en lo que se ha venido en llamar Lingüística de la Comunicación, interesantísimo campo de enorme potencial, como hemos dicho anteriormente.

Emilio Alarcos Llorach
Emilio Alarcos Llorach

Aquellos que, además de dedicarnos o habernos dedicado al ejercicio docente (como profesores de lengua, de ciencias humanas y sociales), hemos desarrollado labores en secretarías de Comunicación o de Argumentarios sabemos bien cuán beneficioso resulta ese dominio de todos los aspectos lingüísticos (también, sí, de los extralingüísticos, según las situaciones), aunque, a su vez, dicha destreza pueda derivarse tanto de ámbitos formativos como de ciertas capacidades intrínsecas (innatas, si se quiere), no en vano ya decía el maestro Alarcos Llorach, respecto del sentido gramatical, que algunos lo poseen –o lo poseemos- intuitivamente y los más deben adquirirlo con estudio y práctica. Además de ese profundo sentido gramatical y lingüístico, es innegable que contribuyen en no poca medida otros factores como el propio nivel cultural en que uno crece y se desarrolla. Sea como fuere, la comunicación humana se halla constantemente presente en nuestra vida cotidiana hasta tal punto que es constitutiva de la especie (el homo sapiens es homo loquens[4]) y, probablemente, en el mundo globalizado de hoy se hace imprescindible el estudio y análisis de todo cuanto tiene que ver con la comunicación que es parte indisociable de nuestras vidas –véase, si no, la repercusión de lo que hoy llaman “influencers” (sobre todo en redes sociales de importancia capital hoy día como instagram)- y que puede permitir la consecución de objetivos, de ahí la trascendencia, por ejemplo, de la llamada comunicación persuasiva[5]. Una vez más, una sólida base lingüística es el mejor soporte posible para el correcto desarrollo de las labores informativas y comunicativas en todos los ámbitos que quepa imaginarse.

No podemos olvidar además que, aparte del funcionalismo lingüístico, tenemos el funcionalismo dentro de la teoría de la comunicación, que se caracteriza por un enfoque empirista que abriría el camino de la antropología científica, desarrollándose luego con gran éxito el estudio del paradigma de las ciencias de la comunicación; de hecho, el empirismo, junto con el positivismo de Comte[6] (y los postulados liberales frente al monopolio sobre la verdad), constituirían las bases de la teoría funcionalista respecto del estudio de la Comunicación. Así, si la corriente funcionalista de la Lingüística, que se considera a sí misma ligada al estructuralismo de Saussure, afirma que la estructura fonológica, gramatical y semántica de las lenguas está determinada por las funciones que deben cumplir en las sociedades que operan, y a nivel gramatical, en el análisis prima la función que cada elemento desempeña en la cadena hablada; del mismo modo, el funcionalismo comunicativo, que nace ligado a los medios de comunicación de masas, instrumentos de la democracia moderna, analiza las implicaciones y efectos de los elementos de la comunicación teniendo en cuenta la situación y las funciones que se aplican o se suceden en cada caso sin perder de vista el ámbito social en que se producen y en la medida en que, si la lengua es una institución humana y social, el habla es la realización individual de cada hablante que cristaliza en los actos de habla, que requieren también de sus actantes para la correspondiente interacción y que, obviamente, se produce también entre personas, por ende, resulta, análogamente, humana y social; y la función, aunque en distintos planos, sigue siendo un primitivo del análisis en cada uno de los casos. Y ya estamos asistiendo, ligado con los aspectos tecnológicos y virtuales, a la eclosión de la llamada comunicación experiencial.

Pero, volviendo adonde lo habíamos dejado, el sugerente –y necesario- planteamiento que subyace a esta Lingüística de la Comunicación lo sintetiza de manera magistral el propio Javier de Santiago Guervós en su exposición La visión de la lengua como patrimonio.

Como afirma, cada vez más estudiosos se centran en la interpretación de la lengua y del lenguaje en su entorno comunicativo. La oración, que no se destierra, va perdiendo peso en favor del análisis del texto o del discurso. Y, a la vez, muchas ciencias han ido confluyendo para tratar diversos temas que, en muchas ocasiones, tienen puntos de intersección con el estudio de la comunicación humana (Pragmática, Análisis del Discurso, Etnografía de la Comunicación, Antropología, Sociolingüística, Psicolingüística…). Y en cuanto a la Pragmática, esta no sería sino una refundación moderna de la clásica Retórica, que, aunque la tengamos por antigua y añeja, se nos hace presente en disciplinas aparentemente novedosas como las vinculadas a los estudios de Pragmática, de tal suerte que esta es deudora en cierta forma de los estudios y saberes retóricos (por tanto, humanísticos) en que podríamos remontarnos a Quintiliano, Cicerón o Aristóteles.

Como no podía ser de otra manera, el propio Javier de Santiago recurre y cita textualmente (con sumo acierto) a Salvador Gutiérrez Ordóñez al versar sobre Pragmática, que estudia al hombre y cómo este se comunica, para incidir en que su aplicación afecta el campo de la lingüística y establece intersecciones con muchas otras disciplinas, de ahí que el estudio del lenguaje viva en ósmosis continua con el de otros campos del saber detallando la heterogénea conjunción de distintas disciplinas, pero apuntando, muy atinadamente, que el germen estaba ya en la Retórica clásica, aunque conviene superar ciertas diferencias terminológicas entre las diversas ciencias, para que el sano mestizaje interdisciplinar haga fortuna en el entendimiento de la comunicación humana sin perder de vista el enfoque humanístico sabiendo que esa Retórica clásica es simiente de la Pragmática de hogaño, esto es, la interpretación de la lengua en su contexto, la interpretación de la lengua en uso, y para ello hay que profundizar en dicha interpretación; hay, pues, que indagar, inferencialmente, en lo que uno desea transmitir, para lo que se hace ineludible el contexto, es decir, los datos, muchas veces de nuestro saber enciclopédico. Así, hay que atender al lenguaje verbal y no verbal (a veces sobran palabras y nos hablamos con miradas), a signos lingüísticos y extralingüísticos, a los presentes en el discurso y a los que subyacen de manera latente en virtud de la cultura de que estamos impregnados en nuestro propio desarrollo y crecimiento con la vital socialización que establecemos a lo largo de los años. Aunque, como bien señala De Santiago Guervós, otros se hallarían ya insertos en nuestro código genético permaneciendo almacenados en nuestra memoria incluso antes de nuestro nacimiento (herencia genética), y la conjunción de ambos comprendería globalmente la comunicación. Hay que hacer notar que lo no verbal, paraverbal o extralingüístico se vuelve cuestión esencial, pues todo comunica, y todo lo interpretable no deja de ser lenguaje.

Como ejemplifica didácticamente, hasta el silencio, sin ser lenguaje, sí es comunicación, y, asimismo, las costumbres, los hábitos y todo lo que conforma nuestro acervo cultural influye indefectiblemente en la interpretación (estímulo-respuesta) de la interacción humana en el ámbito comunicativo. Y es que cada uno filtramos los elementos comunicativos según nuestros conocimientos y experiencias que tenemos de las palabras, situaciones, signos, conductas que conforman esa enciclopedia vital, personal e intrasferible que todos poseemos en nuestro cerebro y que coincide con las de otros en algunos aspectos, aunque no en otros, y así se establecen también diferentes relaciones con nuestros semejantes.

En consecuencia, hay que abordar un estudio integrado de la lingüística de la comunicación que abre enormes perspectivas con muchísimo potencial. Ya no solo interesa el sistema (la lengua, a nivel morfológico, fonológico, sintáctico…), que también, sino la lengua en su contexto comunicativo, de ahí la preeminencia, en este sentido, del discurso como unidad capital en el análisis correspondiente. Para ello podemos servirnos de los procedimientos de deconstrucción y construcción que nos permiten el dominio del lenguaje y la comunicación, con todos los efectos positivos que se derivan de ello. Igual que se hace en morfología, sintaxis o semántica, en que desmenuzamos componentes para el correspondiente análisis y saber su construcción en los distintos niveles, otro tanto ha de ocurrir con el discurso, en este caso desde el prisma de la pragmática (atendiendo también a las distintas variedades, diatópicas, diastráticas y diafásicas, o sea, geográficas, sociales y de registro), y así, deconstruyendo textos o unidades discursivas podremos comprender su elaboración llegando al origen que tuvo el autor a la hora de crearlo. Desde sus últimos efectos, caminando hacia atrás, podemos ir descubriendo los distintos resortes que lo han hecho posible. Y el esquema que sigue todo hombre (en la elaboración discursiva) es natural y consustancial a él desde tiempos inmemoriales. Ese esquema (retórico) no sería otro que el que sigue:

  • INVENTIO
  • DISPOSITIO
  • ELOCUTIO
  • MEMORIA
  • ACTIO

La inventio sería la recopilación de material, de las ideas adecuadas para el objeto del discurso, el inventario, qué es lo que vamos a decir o transmitir en nuestro discurso; luego tendríamos la dispositio, esto es, cómo lo vamos a decir o enfocar, de qué manera se ordena, en definitiva, la disposición de lo previamente seleccionado, la estructuración de los temas, la elección del formato, del género; y después la elocutio, la forma externa, cómo lo escribiremos, qué sintaxis emplearemos, de qué recursos echaremos mano, qué registro es el adecuado, la cuidada selección léxica, o sea, qué palabras o vocabulario es el idóneo para dicho discurso o incluso el ropaje literario o estilístico más apropiado para el caso. En cuanto a la memoria, recuérdese que en los discursos retóricos había que memorizar; ahora, en algunos casos, puede ser necesario, en otros no resulta indispensable este punto. Y, finalmente, estaría la actio, es decir, la puesta en escena. Así, la Lingüística de la Comunicación conjuga Gramática y Retórica, donde cobran especial relevancia los conocimientos culturales y sociales que pueden servirnos para las técnicas de argumentación o persuasión; además tan o más importante que la fluidez lingüística es la fluidez cultural que permite la correcta interpretación del discurso valiéndonos para ello de todas aquellas disciplinas que contribuyan a esa deconstrucción a que nos hemos referido. Por todo lo expuesto, el lingüista de la comunicación, humanista, no solo debe saber Gramática, que por supuesto, sino también tener conocimientos sobre las ciencias que explican el hecho comunicativo y, de este modo, desde esta sugerente perspectiva, la lengua se convierte en un patrimonio cultural que sobrepasa la extensión de la propia norma y que permite abrir caminos no solo en su ámbito, sino en cualquier ámbito social.

FuncionalismoRecordemos además la esencial socialización que se vincula con la cultura, un concepto que el propio E. B. Tylor definió como el conjunto complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y otras capacidades o hábitos adquiridos por el ser humano como miembro de una sociedad. Además, y eso es bandera del funcionalismo, de alguna forma el ser humano nace desprotegido e inacabado, o sea, la naturaleza lo ha dotado de un cerebro predispuesto para pensar y hablar, pero, las capacidades humanas, y entre ellas la más humana de todas, el lenguaje, solo se desarrollan por medio de la cultura que puede llegar a ponerlas en acto. Más allá de una dotación innata que permita la facultad o capacidad, póngase por caso el lenguaje, esta se parametriza o sustancia y cristaliza en las lenguas, y estas solo son adquiridas por contacto y como efecto de la socialización y así cada uno adquiere aquella a que está expuesto.

En cualquier caso, el lingüista domina la lengua y la comunicación y eso es un valor formidable de innegable trascendencia y, por lo ya reiterado, ese camino abierto y aplicado de que nos habla De Santiago Guervós tiene mucho recorrido y puede resultar apasionante transitar por él, amén de los múltiples beneficios que reporta como el propio autor detalla en su magnífica charla.

Por último, no podemos dejar de recomendar otra sensacional conferencia, enormemente interesante e instructiva, del profesor De Santiago Guervós: Léxico, emoción y relato en la retórica del discurso persuasivo. En esta sublime conferencia, incide en el concepto de deconstrucción para ir descomponiendo el discurso –sea persuasivo o no- hasta llegar a la intención última que el autor tuvo a la hora de elaborarlo. Así que se iría desde su puesta en escena hacia atrás, viendo los efectos que produce en el receptor, para luego preguntarnos por qué y cómo, su parte discursiva y su parte lingüística, qué palabras utiliza, qué argumentos emplea, cómo los ordena, qué formato elige, qué idea quiere transmitir, para quién la dirige, etc. Todo ello afectado por el proceso de recepción, por ello se dice que es un proceso de pura empatía. E insiste este profesor en el esquema antes descrito, que sería intuitivo y que se viene empleando desde que el hombre tiene la facultad de transmitir información o de participar en el proceso comunicativo.

Y es que este esquema retórico ya lo empleaban los clásicos. En dicha conferencia se centra especialmente en la elocutio, es decir, en la selección léxica, selección intencionada de las palabras que conforman el discurso y, por otro lado, en la inventio, y, en particular, en el relato o la historia en que se enmarca el discurso para obtener de los receptores el efecto deseado. Para ello hay que tener claro que en el proceso comunicativo se dan la codificación y descodificación pero también la ostensión e inferencia que permiten su correcta interpretación. Pues en la inferencia se desentrañan las intenciones comunicativas del emisor, esto es, lo que el hablante quiere transmitir. Y esta inferencia se nutre del contexto, tal y como decían Sperber y Wilson, y que la Pragmática denomina saber o conocimiento enciclopédico que se nutre de toda la información de que dispone un individuo, tanto de forma innata como a través de años de socialización, algo que fluye y permea los estímulos, las respuestas, las conductas hasta llegar a la interpretación pues una cosa es lo que se dice (el significado) y otra, lo que se quiere decir (interpretación), de ahí que, con cierto humor, el profesor recurra a aquello que decía Voltaire de que cuando una dama dice no, quiere decir quizá; cuando dice quizá, quiere decir sí; y cuando dice sí, es que no es una dama. Ejemplo didáctico del proceso inferencial.

Y aquí cobran especial importancia los marcos cognitivos, tan estudiados desde el enfoque o paradigma de la lingüística cognitiva, generalmente asociada al funcionalismo lingüístico. Así, los marcos cognitivos serían un conjunto de estructuras cognitivas, datos que se encuentran en nuestra memoria basados en las experiencias pasadas que filtran y dan forma a las percepciones y cuya principal función es la de ayudar a procesar, organizar y comprender las experiencias nuevas. Por eso los conocimientos previos condicionan los nuevos conocimientos, de ahí se derivó la teoría de la respuesta cognitiva, según nuestras anteriores experiencias. Y es que no nos basamos tanto en análisis racionales (de los beneficios y perjuicios, a la hora de tomar decisiones) como en los recuerdos afectivos de decisiones tomadas anteriormente.

George Lakoff
George Lakoff

En este punto, como no podía ser de otra forma, recurre De Santiago Guervós a George Lakoff[7], que insiste en que los marcos cognitivos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo, parten de nuestro saber enciclopédico y nos ayudan a interpretar nuestros mensajes. Así cuando oímos una determinada palabra, en el cerebro se nos activaría su marco (imagen u otro tipo de conocimiento); y así interpretaríamos cada palabra según el filtro del marco cognitivo asociado a esa palabra (experiencias, conocimientos previos y socialización), por ello al significado de esa palabra se adhieren connotaciones o emociones diversas. Por eso se dice que “no vemos las cosas como son, sino que vemos las cosas como somos” (Talmud). Las emociones tienen un componente individual, pero también otro universal, por eso, como decía Max Weber, el poder no es más que predecir con la máxima exactitud la conducta ajena. Y es que, aunque haya quienes consideren que las respuestas ante ciertos estímulos pueden ser impredecibles, no es menos cierto que, en muchas ocasiones, sí que es posible conocer los efectos que se pueden producir en el receptor o destinatario. Así, si sabemos cómo pueden responder un auditorio, elector, cliente… podremos conocer el estímulo adecuado con que suscitar el efecto buscado de acuerdo con nuestros intereses.

Por eso el experto en comunicación sabe bien la necesidad del hombre, gregario por naturaleza, de verse aceptado por su entorno, su necesidad de vivir en un mundo previsible, la sumisión a la autoridad, y otras tantas conductas universales y sociales que laten por debajo de las comunicaciones pero que son la diana a la que apuntar en un discurso persuasivo, que por eso se estudia conciezudamente, eligiendo conscientemente los elementos, las palabras, su disposición y ordenamiento para estimular aquello que se busca y que va a activar el marco cognitivo correspondiente. Por ende, según el auditorio, se eligen unas u otras palabras. En la charla, formativa y pedagógica, desgrana el profesor didácticos ejemplos, por ejemplo, al aludir a George W. Bush, quien, pese a achacarle torpeza discursiva, empleaba términos emotivos que producían estímulos positivos en los receptores. Así, una estructura farragosa e incluso en cierta forma irracional o absurda –aunque suene muy bien- como “Las familias es donde nuestra nación encuentra esperanza, donde a las alas les crecen los sueños” se carga de valoraciones positivas por la selección léxica, esto es, por la aparición de palabras tales como “familias, nación, esperanza, alas, sueños”; y de esto ya era plenamente consciente la Retórica antigua, y así lo demuestra el conferenciante aludiendo a la célebre obra del filósofo estagirita Aristóteles. He ahí la trascendencia de la selección léxica, de la elección de los vocablos, pues se puede modificar la percepción de la realidad, que es el objetivo de la persuasión. Hay que tener en cuenta que las palabras clave generan imágenes, consolidan marcos conceptuales previos y son la antesala de las emociones (las emociones son la comprensión) y por eso trae a colación el ilustre profesor la cita de Einstein, quien decía: “Los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción”. Por eso, debido a la importancia del envoltorio, de la cáscara, esto es, del significante que activa ciertos marcos cognitivos, en el lenguaje persuasivo, especialmente en campos como los de la política o la publicidad –entre otros-, se intenta la apropiación de esos significantes según los intereses hasta el punto de poder desvirtuar significados porque importa más el efecto acústico que producen en el receptor y la capacidad de producir impacto psicológico en el oyente. Llegados a este punto, se ponen ejemplos de neologismos semánticos, y se comenta la paradoja de que se venda como zumo algo que ya no lo es, zumos que están tan procesados que poco tienen de zumo, pero que al llamarse así pasan por tales. No es una cuestión de connotación, sino de cambio premeditado de significado, y lo mismo ocurre, no solo en el ámbito comercial, sino también político (repárese en términos como democracia, socialismo…). No es una valoración natural, sino deliberada, y hasta cierto punto perversa en la medida en que se aprovecha la respuesta emocional ante el significante del término según los intereses. Y muchas veces no se trata ya del sustantivo, sino de la adjetivación que puede llegar a variar completamente el significado del término al que acompaña. Y es que el persuasor es muy consciente de que el receptor suele quedarse con el elemento nuclear, pero con la adjetivación puede desvirtuarse completamente, así lo vemos con términos como democracia en los que se añaden adyacentes como en democracia popular (comunista) o democracia orgánica (franquista) que nada tenían que ver con democracia. Ya decía Ronald Reagan aquello de que una democracia popular era a una democracia lo que una camisa de fuerza a una camisa.

Javier de Santiago Guervós
Javier de Santiago Guervós

También comenta la importancia de ciertos términos hasta el punto de que algunas empresas han llegado a pelear para poder emplear, por ejemplo, ciertos vocablos, y así el gobierno llegó a pemitir que se utilizase la palabra “yogur” para algo que no lo era, eso sí, poniendo “pasteurizado”, que ya no es yogur, pero la buena reputación de este último término lleva a querer seguir empleándolo. La selección léxica es, por tanto, el arma fundamental del comunicador persuasivo que no solo selecciona el término, sino también el marco cognitivo que se va a activar en el receptor. El emisor selecciona una serie de términos sobre los que el destinatario aplica reglas de descodificación e inferencia. Ahora bien, en la selección léxica, el emisor interviene en ambos procesos manipulando los términos por cuanto, en el proceso de codificación, cambia el significado del término para manipular la descodificación y también, en el proceso de inferencia, en la medida en que estimula conscientemente un marco concreto de acuerdo con sus intereses. Como hemos dicho, no solo selecciona el término, sino también el marco.

Asimismo, el profesor De Santiago Guervós desgrana las estrategias del comunicador persuasivo tales como los neologismos semánticos ya comentados (el de zumo, pero lo mismo pasa con ibérico, yogur…), la también descrita adjetivación interesada, donde pone, con gran sentido del humor, el ejemplo de “judías naturales de la tierra con chorizo de orza casero elaboradas a fuego lento según la antigua receta de la abuela”. Se trataba de unas simplonas judías corrientes y molientes con chorizo, pero el poder (evocador) de la adjetivación crea unas expectativas mucho mayores en el receptor en virtud de los marcos cognitivos que activa merced precisamente a esa adjetivación, he ahí su potencial. También nos habla de términos de significado próximo, pero esa proximidad se antoja bastante cuestionable y discutible ya que no es lo mismo decir que un vehículo ha colisionado que decir que ha chocado, que se ha estampado, que se ha estrellado o que se ha espanzurrado, razón por la que muchos niegan –salvo algunos casos muy concretos- la existencia de sinónimos totales o perfectos. También es muy frecuente ver en el ámbito periodístico la intencionalidad orientadora, por ejemplo, en la selección del verbo como mecanismo que focaliza la dirección interpretativa de la noticia (no es lo mismo decir: Aznar asegura que peligran las pensiones que decir: Aznar insinúa, critica, denuncia, etc.). Finalmente repasa también algunos términos de significado cero, tales como oligoelementos, bífidus, péptidos, laminina, que suelen resultar desconocidos para el receptor, pero que crean buena impresión y, en consecuencia, activan marcos cognitivos positivos generando el estímulo deseado, fiel reflejo una vez más de la manipulación o cuando menos empleo intencionado según sus intereses del emisor o comunicador persuasivo. Es ingente la cantidad de ejemplos que podrían exponerse sobre el empleo de neologismos léxicos, tecnicismos, eufemismos… con los que el persuasor pretende opacar el significado o influir en el receptor generando la respuesta que busca de este de acuerdo con sus intereses.

Y todo este léxico, todo el texto, hay que amoldarlo a un formato concreto, por ello, la segunda parte de la excelente conferencia a que nos referimos versa sobre eso, en este caso se corresponde con la inventio, es decir, el formato que se va a utilizar. Hemos de recopilar e inventariar el material o las ideas, pero, antes de disponerlas u organizarlas, se debe escoger o elegir el formato que se considere idóneo pues no podemos olvidar que también los formatos empleados generan unas u otras expectativas en el receptor o destinatario y, por consiguiente, no es un tema baladí. Así, hay formatos tipo carta o intercambio epistolar pues el destinatario lo descodifica e infiere como si se tratara de una carta real y así lo comprobamos, por ejemplo, cuando en las campañas electorales se produce el llamado mailing y tenemos los buzones repletos de cartas dirigidas a nosotros por los distintos candidatos políticos y hasta firmadas por ellos, enmarcando el discurso en un género determinado que se aprovecha persuasivamente. De hecho, una carta se entiende como una comunicación personal, íntima, formal, autorizada, etc. Igual ocurre cuando son cartas publicitarias en que nos invitan a un hotel porque nos van a ofrecer ciertos obsequios con objeto de captarnos y luego poder vendernos lo que les interesa. Otras veces adquiere el formato de envío de paquete que se supone algo positivo (regalo, etc.). Otro formato puede ser el del manifiesto, como ha ocurrido con ciertos anuncios publicitarios (por ejemplo, Movistar), ya que el marco cognitivo que activaría el formato de manifiesto es el propio de ideas importantes, un manifiesto se asocia a ideas que han marcado épocas, ideologías, políticas, hitos (manifiesto comunista, manifiesto surrealista, los –ismos de las vanguardias, etc.) y que sigue un esquema donde aparecen, en primer lugar, los principios que sustentan el manifiesto y, posteriormente, las firmas de quienes lo apoyan; así este formato se apoya en las resonancias que evoca pues el manifiesto se asocia a documentos a los que se inviste de cierta autoridad, con peso social, buena reputación, es decir, tanto el término como el género tienen gran poder evocativo o evocador. El género o formato elegido no deja de ser un horizonte de expectativas que indica al lector o destinatario los códigos que ha de actualizar para interpretarlo. Y así nos ponemos “en modo carta” o “en modo manifiesto” o “en modo relato” o “en modo película” o “en modo cuento”, etcétera.

Vladímir Propp
Vladímir Propp

Uno de los formatos más empleados en los últimos tiempos es el narrativo: el relato, el cuento, la historia, por sí mismos o integrados dentro de los discursos, un esquema muy conocido por el receptor y, por tanto, en el que emplea una escasa energía cognitiva a la hora de descodificarlo. Ya Vladímir Propp, en aquella célebre Morfología del cuento[8] de 1928, viera que en todos los relatos que analizó desde tiempos inmemoriales presentaban la misma estructura argumental, el mismo esquema argumental, los mismos estereotipos literarios, una estructura que se viene repitiendo impenitentemente desde hace siglos. Eso es lo que ha llevado a que personalidades como el doctor Antonio Piñero, catedrático de Filología neotestamentaria y experto de renombre internacional en temas relacionados con la historia de Israel del siglo I y el Nuevo Testamento, cuando han sido preguntados sobre la posibilidad de que los relatos del Nuevo Testamento del cristianismo fueran copiados de otras religiones, hayan afirmado que no habría de haber sucedido necesariamente así, sino que los elementos, historias, leyendas o fábulas que configuran los mitos de muchas religiones se repiten, no tanto por copia o imitación, sino porque las posibilidades de estructura argumental son relativamente limitadas tal y como analizara Propp, antropólogo y lingüista ruso dedicado al análisis de los componentes básicos de los cuentos populares rusos para identificar sus elementos narrativos irreducibles más simples que analizó los cuentos populares hasta que encontró una serie de puntos recurrentes que creaban una estructura constante en todas estas narraciones. De ahí las muchas similitudes en muchas fábulas, historias, leyendas o cuentos (incluidos los religiosos) de multitud de lugares por lejanos que estos se hallen unos de otros. Por eso existen los llamados estereotipos que se asocian a las emociones que tienden a suscitar y eso se emplea en la elaboración de discursos persuasivos. Y el propio profesor Javier de Santiago Guervós menciona distintos estudios que corroborarían el mayor impacto que tienen los discursos en el receptor cuando estos adoptan el formato narrativo, aparte de que accedamos al conocimiento del mundo, generalmente, a través de estructuras narrativas, pues la narración sería el recurso cognitivo básico mediante el cual los seres humanos conocemos el entorno y a nosotros mismos, la historia no deja de ser la vida misma, la vida tiene un principio, un centro y un fin, como una historia; la vida es una historia con principios y final y el hombre, el único animal consciente de la finitud de su ciclo vital, pero, al fin y al cabo, protagonista de una historia que es la de su propia vida. Ya decía G. K. Chesterton que la vida y la historia del ser humano consisten en ser peregrino de la propia existencia. En cualquier caso, parece conveniente no extendernos más en este punto por cuanto con lo ya expuesto creo que hemos dado buena muestra del potencial del estudio de la Comunicación y, para profundizar más, no queda sino remitir a la charla que hemos venido comentando por su indudable interés.

Lera Boroditsky
Lera Boroditsky

Finalmente, no podemos dejar de recomendar otras charlas también interesantes como la de Lera Boroditsky, sobre todo, para aquellos que siguen defendiendo cual dogma de fe “los universales lingüísticos”. En definitiva, una charla apasionante, y, evidentemente, resulta inevitable, pese a las críticas, volver sobre las tesis de Sapir-Whorf y el relativismo lingüístico, y releer el magnífico relato de Ted Chiang La historia de tu vida, que sirvió como base de la extraordinaria película estrenada hace unos años La llegada, o el magnífico y muy estimulante libro de Guy Deutscher El prisma del lenguaje. Conviene analizar hasta qué punto las lenguas influyen en la conformación del pensamiento de los que las hablan, especialmente porque, en el plano semántico, en muchas lenguas ciertos significantes abarcan planos de significado en los que no existe exacta correspondencia con otras lenguas, lo cual no quiere decir que los hablantes de esas lenguas no puedan percibir tales significados, sino que la forma de expresarlo varía de una lengua a otra y, en consecuencia, estas diferencias de codificación lingüística vendrían a dar pautas cognitivas algo diferentes donde habría una clara preponderencia de lo cultural. Aunque toda percepción (o realidad percibida) es susceptible de ser expresada en cualquier lengua, las distintas formas de categorización suponen que los elementos con que se expresan sean diferentes y el poso cultural tiene su peso en el asunto.

Obviamente, otra cosa distinta, aunque relacionada, es la elocuencia, facundia, labia o habilidades retóricas de un hablante… Y, evidentemente, esa capacidad puede utilizarse tanto para bien como para mal. Últimamente, como acabamos de demostrar con este humilde artículo –o al menos lo hemos intentado-, un campo en claro auge –y muy interesante, no todo es docencia- es el relativo al de los aspectos pragmáticos en comunicación. Sin ir más lejos, las “estrategias” empleadas en los discursos con afán persuasivo que hemos reflejado en líneas precedentes. He ahí las charlas de Javier De Santiago Guervós sobre el tema, siguiendo un poco a George Lakoff, al comentar la trascendencia de los marcos cognitivos que se activan ante determinadas palabras o estructuras por lo que evocan, y la clara selección (intencionada) que se suele utilizar en los discursos persuasivos (especialmente visible en los discursos políticos, publicitarios…). Las lenguas, en cualquier caso, son instrumentos comunicativos, el mayor dominio posible (lingüístico-comunicativo) es, en principio, una habilidad positiva, otra cosa será la intención última con que se utilice, el efecto que busque y las consecuencias que se deriven de ello… Y es que no todo es sintaxis, la comunicación es mucho más y hay personas, de muy diferentes ámbitos, con gran destreza en este campo y a los que hay que alentar y estimular por su innegable valía y talento.

Manuel Seco
Manuel Seco

Como se sabe, un eufemismo puede servir para evitar una palabra dura al interlocutor, para no ser ofensivo (cortesía mitigadora), pero, a veces, se llega al paroxismo por ridiculez (aquello que decía Manuel Seco de que los ‘bajitos’ iban a acabar siendo ‘hombres verticalmente en vías de desarrollo’) o por afán de engaño o manipulación (aquel tipo que por no hablar de ‘crisis’ decía ‘paulatina desaceleración económica…’, etc.). En la conferencia de De Santiago Guervós, como hemos visto, hay buenos ejemplos de “selección léxica”, el poder de la adjetivación (no es lo mismo ofrecer unas míseras judías con chorizo que ofrecer judías caseras hechas al horno según la antigua y deliciosa receta de la abuela…) o simples oxímoros, adjetivos que son, en sí mismos, contradictorios con el elemento nuclear (democracia popular, etc.), el abuso de tecnicismos con fines específicos (muchos no saben lo que es el bífidus pero consideran óptimo que un yogur lo tenga, etc.) o basta ver los titulares de dos medios de líneas opuestas (¡ojo! sobre un mismo hecho) para ver el empleo totalmente diferente (y deliberado de las palabras) y la propia distorsión de la palabra, aquello del significante vacío al que se añaden o amplían significados deliberadamente. Pero, creo yo, la lengua es neutra (intencionalmente hablando), por eso resulta absurdo cuando dicen que es sexista o lo que sea; es un instrumento con el que se pueden expresar los más nobles sentimientos pero que, obviamente, también sirve para el disimulo, el engaño, la afrenta… pero eso, más que a las lenguas, es consustancial al ser humano. Y ya que hablamos de la perspectiva cognitiva o cognitivista no podemos dejar de recomendar la conferencia de un reconocido lingüista cognitivista como Ángel López García: Variación lingüística: nuevas perspectivas dentro de la serie del Máster Ciencia del Lenguaje y Lingüística Hispánica. Igualmente y puesto que se ha cumplido el cuadragésimo aniversario de su publicación, se hace obligada la cita de la célebre obra de Guillermo Rojo, Cláusulas y oraciones, que además nos sirve para ver la evolución de los estudios en esta materia desde entonces hasta la actualidad: Cláusulas y oraciones, 40 años después.

Y, aunque como estamos diciendo, no todo es sintaxis, porque la Comunicación es mucho más, ello no quiere decir ni supone desterrar un campo esencial, pero que, al mismo tiempo, se va abriendo hacia los microdiscursos o el análisis conversacional, etc. He ahí la genial conferencia de Salvador Gutiérrez Ordóñez Fundamentos metodológicos de la sintaxis funcional.

redesDicho todo ello, como puede verse, ni toda la Comunicación o estudio de la Comunicación, ni siquiera de la Lingüística, es sintaxis o gramática ni, dentro de este ámbito, todo se reduce al ámbito docente. En el mundo actual, en pleno siglo XXI, en la era de la globalización y el entorno digitalizado no hace falta decir que nos hallamos inmersos en la época de la comunicación, de la comunicación constante y en multitud de plataformas y formatos. Hoy nos comunicamos por whatsapp, por skype o por mensajes privados de redes sociales, pero también creamos marca e influimos a través de nuestras cuentas o perfiles de instagram, de twitter, de tumblr o respondiendo a cuestiones de Ask o en las mismas historias de esas redes sociales como facebook o especialmente instagram. Por eso, surge una figura crucial que es la del lingüista de la comunicación, la del experto en Lingüística y Comunicación, que puede ser profesor de Lengua, pero también desempeñar o ejercer otras múltiples labores que van desde el asesor de Comunicación al secretario de Argumentarios pasando por jefe de gabineta de prensa, director de comunicación, informador juvenil, cultural o deportivo, responsable de redes sociales o community manager y un sinfín de oportunidades donde la Comunicación es el eje central de toda acción o actividad relacionada con el campo que sea. Y no solo se trata del ámbito publicitario o político, que por supuesto, también en el cultural o artístico (sea musical, literario, e incluso meramente personal), pero en muchísimos más: en el de la moda pues a nadie se le escapa la importancia de saber llevar al mejor posicionamiento posible una determinada marca y la relevancia de la buena reputación a que se asocial tal o cual marca que se vincula con un determinado estilo y evoca, en consecuencia, unas cualidades, virtudes o sensaciones concretas, de ahí la trascendencia de la comunicación y la transmisión de esos valores de una marca asociada a un estilo que ha de dejar una huella indeleble en el potencial receptor o destinatario. Otro tanto cabe decir del ámbito deportivo donde la comunicación es crucial, no solo en el rigor de la información periodística, sino también a la hora de potenciar el talento e incluso de dar visibilidad a quienes, injustamente, no reciben el trato merecido, véase el caso del deporte femenino, tantas veces invisibilizado, y donde una certera actividad comunicativa (pues, como decía Walt Disney, son muchas las manos y los corazones que contribuyen al éxito de una persona) debería contribuir a su puesta en valor, junto a otros muchos factores que sirvieran para reparar el injusto trato que tan frecuentemente se les otorga y así reconocer el mérito y las cualidades de tantas deportistas que son portentos de virtudes auténticamente extraordinarias. Y eso quizá también coadyuvara a su mejora económica pues resulta desolador que, por ejemplo, las jugadoras del Barça femenino se proclamasen campeonas de la Copa de la Reina y su premio en metálico fuera 0 € frente al campeón masculino de la Copa del Rey que se lleva un millón de euros y el campeón masculino de Copa del Rey de juveniles doce mil euros. El verdadero feminismo no son meros golpes de efecto a modo de cuotas, sino que se trata de reconocer el mérito y la valía con independencia del sexo, y ahí se puede hacer una gran labor. Al fin y al cabo, como diría Woody Allen, el noventa por ciento de las veces el éxito se basa en insistir y por eso no se ha de contemplar nunca la derrota ya que cada intento fallido puede ser un escalón más hacia la meta sellada con la ansiada victoria que se persiga. Dicho esto, hay que aprovechar el deporte como método integrador. Es imposible no acordarse de la historia de Kathrine Switzer, la primera mujer que corrió una maratón con dorsal (Boston, 1967) y de tantas precursoras también en este campo deportivo donde, como diría Nelson Mandela, decidieron que sus elecciones reflejaran sus esperanzas y no sus miedos. Y por eso es tan importante la repercusión y la visibilidad. Y hay que luchar por la dignificación del deporte femenino y especialmente del fútbol femenino. Además, no faltan talentos y fenómenos deportivos auténticamente sensacionales, ya citamos con anterioridad, en algún otro artículo al reseñar palentinos ilustres de hogaño, casos como el de la genial deportista y espectacular futbolista Paulita Román. De igual forma que conviene desterrar el absurdo tópico y nefasta manía de dividir cultura o intelecto y deporte cuando la combinación de ambos se antoja esencial y es la normalidad fruto de la lógica complementariedad. Sin ir más lejos, el fútbol no solo es un deporte de fuerza y técnica, el convencionalismo de que “todo está inventado” hay que evitarlo. La creatividad existe no solo a nivel técnico sino también a nivel táctico, transmitir su idea, su nivel intelectual. El propio Jesús Castañón Rodríguez ha trabajado mucho aunando cuestiones de Lingüística y Deporte. O ahí tenemos a mi tocayo Miguel Pardeza, exfutbolista internacional que fue integrante de la mítica “quinta del buitre” y que fue director deportivo del Real Madrid, licendiado en Filología Hispánica que realizó su tesis doctoral acerca de la obra de César González Ruano. No quiere decirse que todo futbolista tenga que ser filólogo o viceversa ni mucho menos (o no necesariamente), sino que el ámbito cultural y deportivo hacen genial maridaje y que, más allá del ámbito lingüístico, la Comunicación es un campo de amplio recorrido, en muchas áreas, y, por supuesto, también en la trascendental del Deporte, y hay deportistas con gran bagaje cultural y buenas dotes comunicativas que precisamente facilitan la positiva proyección de su labor para otros responsables encargados de dar la necesaria repercusión. Y hasta en el ámbito de Seguridad Ciudadana y de Defensa la Comunicación tiene especial relevancia, sirva de muestra el éxito del manejo en ciertas redes sociales de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Ahí tenemos la cuenta de twitter de la Policía gestionada por expertos en comunicación donde incluso, cuando se dan las circunstancias oportunas, utilizan un tono desenfadado que conecta muy bien con su target pues, en numerosas ocasiones, desde la cuenta de twitter de la Policía, se busca empatizar con los más jóvenes recurriendo al humor y utilizando un lenguaje fresco y atrevido.

En definitiva, son muchas las áreas donde los expertos en Lingüística y Comunicación pueden contribuir poniendo en valor las virtudes o cualidades de la marca, de la personalidad (sea músico, deportista, político, intelectual…), de la institución (sea la policía o cualquier otra) y es que la nueva realidad social permite que, desde perspectivas modernas y vanguardistas como las del funcionalismo, se pueda descender de la elevada teoría gramatical a la realidad práctica y mundana del hecho comunicativo y ahí se tiene un enorme potencial y se abren muchas oportunidades con nuevas perspectivas en el horizonte para todos aquellos que, con el debido nivel cultural y rigor intelectual amén de habilidades y destrezas comunicativas de gran solvencia, quieran desarrollar una labor de enorme interés donde puede ser perfectamente útil una formación filológica y lingüística siempre que se tenga un perfil ecléctico y polivalente que entienda y asuma todo lo que conlleva el apasionante proceso comunicativo en los muchos ámbitos donde este se desarrolla y que resulta de vital importancia por cuanto además constituye y se erige en pilar y soporte esencial y al que, por tanto, se debe prestar atención y, al mismo tiempo, reconocer y estimar con gran consideración por lo mucho que puede ofrecer y aportar ya que se abre ese camino de largo recorrido a que hemos aludido y que, como se ve, puede resultar tremendamente apasionante. Al menos, y aunque sea de manera somera o sucinta, aquí hemos intentado esbozar ligeramente algunos puntos que, aunque de obligado trazo gruesgo, quizá puedan servir para hacerse una idea de todo lo que nos brinda, en nuestra sociedad digitalizada de la era tecnológica, el campo de la Comunicación en diferentes ámbitos y muy especialmente en los que hemos citado con los pertinentes ejemplos. Y es que somos animales sociales (incluso los más aquejados de misantropía) y, sobre todo, homo loquens, y en nuestra propia naturaleza está el deseo de transmitir lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos o lo que queremos producir/provocar en el receptor, pero, en cualquier caso, comunicar a nuestro interlocutor. Como se dice en el filme El indomable Will Hunting: Nosotros escogemos a quienes dejamos entrar en nuestro mundo. Y también –añade un servidor- lo que decimos, a quiénes, cómo, de qué manera, por qué, y todo eso no es sino la magia de la comunicación porque comunicar(nos) es entender(nos), es interactuar, es vivir, crecer y desarrollarnos; la vida es un constante intercambio de procesos comunicativos, verbales y no verbales, de mensajes, de textos, de decursos orales y escritos, de imágenes –hoy día hasta de emoticonos-, de guiños, de gestos cómplices, de miradas, con distintos fines u objetivos, y todo, todo eso… es Comunicación. Y las posibilidades, infinitas.


[1] DE SANTIAGO GUERVÓS, Javier: Estrategias para el análisis sintáctico (Cuadernos de Lengua Española), editorial Arco/Libros, Madrid, 2013.

[2] DE SANTIAGO GUERVÓS, Javier: “Retórica, Pragmática y Lingüística de la comunicación”, Revista de Investigación Lingüística, Volumen VIII, págs. 177-208, 2005.

[3] DE SANTIAGO GUERVÓS, Javier: Comentario de textos persuasivos (Cuadernos de Lengua Española), editorial Arco/Libros, Madrid, 2008.

[4] ESCANDELL, Mº Victoria; MARRERO AGUIAR, Victoria; CASADO FRESNILLO, Celia; GUTIÉRREZ RODRÍGUEZ, Edita; POLO CANO, Nuria; RUIZ-VA PALACIOS, Pilar (2014): Claves del lenguaje humano, Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces.

[5] DE SANTIAGO GUERVÓS, Javier: Principios de comunicación persuasiva (Cuadernos de Lengua Española), editorial Arco/Libros, Madrid, 2017.

[6] Auguste Comte (Montpellier, 1798 – París, 1857) fue un trascendental pensador francés, fundador del positivismo y de la sociología. En la configuración de la filosofía del positivismo influyeron corrientes varias, alejadas del idealismo: el empirismo inglés representado por John Locke (1632-1704) y David Hume (1711-1776), el materialismo (como negación de las substancias espirituales y reconocimiento únicamente de la existencia de substancias corpóreas) y el escepticismo del siglo XVIII francés. En cuanto a la historia, Augusto Comte considera que la humanidad progresa hacia el bienestar y la felicidad generales, poniendo el desarrollo científico y tecnológico como motor y meta de ese proceso. Es la llamada ley de los tres estados, según la cual la humanidad había ya pasado por dos etapas, denominadas por el propio Comte “teológica” y “metafísica”, y la época contemporánea habría de corresponder, a su entender, con una tercera etapa: la “científica” o “positiva”. El positivismo se extendió por toda Europa en vida de Comte y después de su fallecimiento. Hay que destacar el desarrollo profuso del positivismo en Inglaterra, donde su máximo representante fue John Stuart Mill (1806-1873). Más especulativo, pero entusiasta del progreso como Comte, fue el positivismo de Herbert Spencer (1820-1903), convencido defensor de la aplicación del evolucionismo de Charles Darwin a la vida social. Frente al positivismo comtiano, el positivismo inglés se convirtió con Spencer en la expresión ideológica paradigmática de una clase social, la burguesía, y, como tal, en una doctrina individualista, liberal y enemiga radical del socialismo.

[7] Especialmente interesantes son los trabajos de George Lakoff, junto a Mark Johnson, sobre la metáfora. Véase Metáforas en la vida cotidiana. La idea central es que la metáfora, más allá de ser un aspecto formal del lenguaje (como se pensó durante mucho tiempo, mera figura retórica), nos permite estructurar conceptos a partir de otros y está constantemente presente en nuestro lenguaje cotidiano. La forma en que realizamos este proceso depende de nuestra experiencia directa en el mundo.

[8] PROP, VLADÍMIR J.: Morfología del cuento, editorial Akal, 1998, Madrid.


Miguel Ángel del Corral

Miguel Ángel del Corral

Experto en Lingüística y Comunicación, de formación netamente filológica y humanística pero ecléctica y polivalente, con varias matrículas de honor y sobresalientes en diversas materias del Grado de Lengua y Literatura españolas (extinta Filología Hispánica), y adscrito a las corrientes del estructuralismo y el funcionalismo europeos, es profundo conocedor y estudioso especialista de la obra de don Emilio Alarcos Llorach.

Ha escrito La pervivencia del pensamiento alarquiano en la actualidad (ebook, Autoediciones Tagus, 2017). Con experiencia docente y ligado al mundo de la juventud, ha desarrollado y contribuido al fomento e impulso de las humanidades, la cultura y el deporte entre los jóvenes. Se ha desempeñado como profesor particular de Lengua castellana además de ser informador juvenil intentando acercar el ámbito cultural y promover las inquietudes intelectuales, lingüísticas, humanísticas y deportivas entre la gente, especialmente entre los jóvenes.

También fue secretario del área de Comunicación de una organización juvenil y ejerció como viceadministrador y encargado de comunicación y difusión de una agrupación cultural, humanística y filológica. Ha realizado trabajos de asesoría y consultoría dentro del ámbito de la Comunicación. Asimismo ha sido secretario de Argumentarios. Además de los estudios filológicos o cursos de especialización de materia lingüística, también ha cursado formación de Publicidad, Relaciones Públicas y Protocolo.

Fue uno de los socios fundadores del Ateneo de Palencia así como de SOPHUM (Societas Philologorum Humanista – Sociedad de Filólogos y Humanistas). Coruñés de natura, pero toledano-palentino de pastura, de marcado carácter castellano, su vinculación esencial ha sido con la ciudad de Palencia.

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