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Reconquista y repoblación

A lo largo de los ocho siglos que permaneció en la península ibérica el reino de al-Ándalus, se fue sucediendo la emigración de mozárabes[1] hacia los países cristianos del norte, aunque gradual y escasa en los primeros siglos.

Esa emigración se convirtió en masiva tras la invasión de la secta africana de los almorávides, en los inicios del siglo XII. Su fanatismo forzó al exilio a mozárabes y judíos, exilio que continuó a lo largo de ese siglo y tras la siguiente invasión de los almohades.

repoblaciónFue por ello durante los siglos XII y XIII cuando tuvo lugar el gran éxodo de cristianos andalusíes hacia los reinos de León, Castilla, Navarra y Aragón.

Durante la Reconquista que los reinos cristianos ibéricos llevaron a cabo frente a al-Ándalus, las Ordenes Militares desempeñaron una función crucial. La primeras Órdenes Militares que se establecieron en la península no eran españolas; fueron las Órdenes del Temple y la de San Juan del Hospital de Jerusalén. Pero no tardarían en aparecer, siguiendo su ejemplo, las Órdenes Militares nacionales: las de Calatrava, Santiago, Alcántara y Montesa. Todas ellas participaron en hechos de gran trascendencia histórica[2].

Una aljama de mudéjares
Una aljama de mudéjares (Murcia digital)

Reinando Alfonso VI de Castilla (s. XI), la reconquista logró notable avance, consiguiéndose la repoblación de las tierras de Ávila, Salamanca, Segovia, Cuéllar, Coca, Arévalo, Medina del Campo, etc., y en general las comarcas al sur del Duero más cercanas a Portugal; en la defensa de esta zona recién repoblada jugaron un papel trascendental las fortalezas de Tordesillas, Valladolid y Peñafiel, y las Órdenes Militares que desde ellas actuaban[3]. No menos decisiva resultó la reconquista de las plazas fuertes de Coria y Toledo, llevada a cabo poco después por el mismo rey.

El siguiente gran impulso de la reconquista se debió a los reyes Alfonso VIII de Castilla y Jaime I de Aragón, aunque sus predecesores habían ido estableciendo ciertas bases. Fundamentales resultaron en esta etapa la gran victoria de las Navas de Tolosa y las conquistas de Baleares y Valencia. Los últimos y determinantes desplazamientos de fronteras se debieron a Fernando III el Santo de Castilla y a sus sucesores —recuperación de Jaén, Córdoba y Sevilla—, cerrando la reconquista los Reyes Católicos con la toma del último reducto musulmán de Granada, a finales del siglo XV.

moriscos danzando al son de laudesHabía sido la derrota infligida al ejército almohade en las Navas de Tolosa en 1212 la que marcó el inicio de su decadencia, que a partir de entonces fueron cediendo terreno y la reconquista avanzando muy a prisa. Pero esta solía verse frenada por la dificultad de encontrar a tiempo repobladores para los campos que quedaban baldíos y, a causa de ello, a veces volvían a perderse tierras ya ganadas en duras batallas, tierras que había costando mucho tiempo, mucho esfuerzo y mucha sangre reconquistar. Por ello, urgía tras cada conquista repoblar cuanto antes. Las dos formas de repoblación más comunes fueron: por presura y por concesión real[4].

Repoblación por Presura, término que procede del latino “aprehensio”, apresar, apropiarse; el procedimiento de presura era muy antiguo, estaba basado en el Derecho Romano y se aplicaba en la península desde la antigüedad. Se llamaba así en Castilla al procedimiento de repoblación que consistía en conceder tierras al primero que las roturase, es decir campesinos que de facto pasaban a ser propietarios con carácter de libres, con la sola condición de que cultivasen sus tierras y se mantuviesen bajo mandato real, algo para ellos difícil de conseguir por lo precario de la situación en las zonas fronterizas. Para defenderse, esos pequeños agricultores se unían unos a otros formando aldeas de behetría, que podían elegir, además, a un señor o protector de la aldea (un noble o la Orden Militar más cercana); a cada aldea de behetría así surgida se le asignaba luego su alfoz o términos y se le otorgaban sus Fueros propios. 

Conversión de moriscos
Conversión de moriscos – relieve de Felipe Vigarni

Muchos de esos colonos eran mozárabes —cristianos arabizados— que ya habían vivido en aquellas tierras bajo dominio musulmán, otros eran muladíes —españoles conversos al Islam— que preferían quedar bajo potestad cristiana con tal de permanecer en su tierra, en sus pueblos, con sus vecinos; finalmente, otros eran cristianos venidos de los reinos peninsulares del norte. Los muladíes que eligieron permanecer en los reinos cristianos fueron llamados desde entonces mudéjares, que significa “domeñados”. Esta denominación no les fue dada por los vencedores cristianos, sino que fue un término que acuñaron los mismos andalusíes[5].

Repoblación por Concesión real, era el procedimiento de repoblación por el que el rey, de forma oficial, hacía repartimientos o cedía tierras a monasterios, a Concejos mediante la otorgación de Carta Puebla, a caballeros de la nobleza o a las Órdenes Militares; las extensiones de tierra concedidas (donadíos) eran proporcionales a la nobleza de la persona que las recibía, de modo que si un sencillo labriego había recibido una yugada de tierra, un noble podía recibir miles de yugadas, y así se crearon los latifundios; a las Órdenes Militares solía el rey hacerles las concesiones más fronterizas, las más limítrofes con el enemigo, con el fin de que no solo protegieran lo ya conquistado, sino que también estuvieran obligadas a seguir conquistando nuevas tierras si se presentaba la ocasión.

Al pacificarse las tierras, después de los cultivos se desarrolló la ganadería; es entonces cuando se aclimata en la península la oveja merina, oriunda del norte de África. Comienza de nuevo la trashumancia, el trazado de cañadas, la creación de las Mestas, y surgen las ferias de ganado. Todas estas actividades fueron muy protegidas por los reyes porque proporcionaban enormes ingresos a la Corona a través de los diezmos que pagaban las instituciones ganaderas.

salida de los moriscos por el puerto de Alicante

No podemos dejar de hacer hincapié en la permanencia de musulmanes, constituyendo la que conocemos como población mudéjar, que llegó a ser numerosa y a ejercer gran influencia: en Aragón constituyeron la cuarta parte de la población total y en Valencia suponían nada menos que una tercera parte de sus habitantes. En Castilla el porcentaje fue menor en zonas rurales, pero mayor en poblaciones (aldeas, villas y arrabales de las ciudades), sobre todo en determinados núcleos, como en Toledo, donde su integración y su influencia social y cultural fueron elevadas, aunque debían pagar un tributo especial, como antes los mozárabes lo habían pagado a lo emires y califas andalusíes[6]. Conviene recordar, además, que también se daba la situación contraria: cristianos (mozárabes) que se desplazaban hacia el sur según se movían las fronteras por el avance de la Reconquista, porque no querían dejar de ser andalusíes, porque se sentían pertenecientes a esa cultura o bien porque tenían familiares que habíanse ya islamizado (hermanos o hijos) y elegían seguir unidos a los suyos. En aquellas circuntancias se dieron todo tipo de situaciones.

La repoblación no acabó cuando se completó la Reconquista, sino que se prolongó en los siglos siguientes, debido a los sucesivos decretos de expulsión de moriscos. Con cada salida de moriscos había que repoblar las tierras que con su marcha quedaban libres. El último edicto de expulsión data de 1610; los últimos moriscos españoles abandonaron la península en el año 1614. Entonces puede decirse que concluyó la repoblación en España.


[1] – “Mozárabe”, cristiano que vivía bajo gobierno musulmán en al-Ándalus, cristiano arabizado.

[2]La Cruz y la Media Luna“, de Carmen Panadero.

[3] – “Historia de España”, El País, de VV.AA. y dirigida por John Lynch.- Santillana Ediciones Generales, S.L., 2007.

[4]“Historia de España”, del marqués de Lozoya.- Salvat Editores, S.A.. Barcelona, 1979.

[5] – “Historia de España: La España musulmana y los inicios de los Reinos Cristianos“, de V.A. Álvarez Palenzuela y Luis Suárez Fernández.- Editorial Gredos, S.A.- Madrid, 1991.

[6]Cristianos, Judíos y Musulmanes“, de Julio Valdeón Baruque.- Editorial Crítica, 2006.

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado nació en Córdoba y reside en Ciudad Real. Es pintora y escritora.

Estudió Profesorado de E.G.B., ejerciendo la enseñanza a lo largo de varios años. Inició su formación plástica en Madrid, en el Estudio de Dibujo y Pintura de Gutierrez-Navas. Posteriormente, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Por estos años escribió también una primera novela corta, para luego centrarse únicamente en su actividad plástica, realizando veintiseis exposiciones colectivas y otras tantas individuales, y recibiendo algunos premios y distinciones. Su obra se encuentra representada en Museos y colecciones públicas y privadas de España, Alemania, Portugal, Reino Unido y EE.UU.

En 2000 recuperó su actividad literaria, habiendo publicado varias novelas históricas:

* “La Cruz y la Media Luna” (editorial VíaMagna, 2008, 2009). Reeditada en ebook por Leer-e (Pamplona, 2012). 3ª edic. en papel en 2015.

* “El Collar de Aljófar”, editada por Leer-e en ebook y papel, 2014.

* "El Halcón de Bobastro”, editada en ebook por Amazon y en papel (Create Space, 2015).

* "La Estirpe del Arrabal", editada en papel por Carena Books, 2016.

Así como el ensayo de investigación histórica:

* "Los Andaluces fundadores del Emirato de Creta", editado en ebook y papel por Create Space, 2015.

* Asimismo, ha publicado artículos, relatos y cuentos en revistas impresas y en webs literarias.

Otras novelas de esta autora son "Iberia Histérica", “La Horca y el Péndulo”, “Encrucijada”.

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