Las nueve musas
Estrés y actitud ante la vida

Estrés y actitud ante la vida

En el coche comedor de un tren me senté frente a una pareja de casados que me eran desconocidos. La dama vestía lujosamente a juzgar por las pieles, diamantes y demás prendas que portaba; pero experimentaba uno de los momentos más desagradables consigo misma. Casi en voz alta proclamaba que el coche era sucio y tétrico, el servicio abominable y los alimentos incomibles; se quejaba e irritaba por todo. Su esposo por el contrario, era de buen genio, amable, tranquilo, obviamente tenía la capacidad de tomar las cosas como vinieran. Pensé que se encontraba molesto por la actitud descontentadiza de su mujer y un tanto contrariado también, ya que hacían un viaje de placer. Para variar la conversación me preguntó a qué me dedicaba, y me dijo que era abogado, después cometió un gran error cuando, con una sonrisa me dijo:

—Mi esposa es fabricante.

Esto era sorprendente, porque no tenía el tipo de un industrial, de manera que le pregunté:

—¿Qué fabrica?

—Infelicidad— contestó— Fabrica su propia infelicidad.

Norman Vincent Peale. El poder del pensamiento tenaz

 

El estrés emocional es la fuente de común de infelicidad, el centro de toda adversidad sufrida por el ser humano. Toda frustración, traumatismo o insatisfacción termina en dicho estado. Lo peor es que el en ocasiones se apodera de las personas sin que se den cuenta, entra subrepticiamente, puedes estar severamente estresado y no lo sabes, te sientes angustiado y no sabes por qué, sufres algún trastorno o enfermedad y  no sabes que su origen se halla en el estrés.

A través de mi larga trayectoria de trabajo en Psicología clínica e investigación científica del estrés, he podido observar como la actitud hacia la adversidad determina en la intensidad de los efectos del estrés; entre ellos tristeza, depresión, ataque de pánico, fobias, insomnio, ira. También me he convencido que una actitud de lucha, optimismo y decisión contribuye significativamente a la evolución favorable de salud, eficacia de los tratamientos, y exclusión del sufrimiento.

De acuerdo a la actitud asumida se acelera la curación de enfermedades, se alarga la vida de enfermos terminales, se cicatrizan rápidamente heridas u operaciones quirúrgicas, y más pronto se recupera el bienestar y satisfacción. Por el contrario quienes mantienen una actitud pesimista, fatalista, derrotista, pusilánime, tienen peor pronóstico. Se resignan a un calvario sin final, de tristeza, dolor e infelicidad, y peor aún quienes creen que deben sufrir porque es lo que merecen.

… los veloces no tienen la carrera, ni los poderosos la batalla, ni tienen los sabios tampoco el alimento, ni tienen los entendidos tampoco las riquezas, ni aun los que tienen conocimiento tienen el favor; porque el tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todos.

Eclesiastés 9:11

La actitud hacia la adversidad requiere partir del hecho de que siempre los seres humanos han sufrido adversidades, y por ende sufrido estrés. Cuando no existían sociedades industrializadas las agresiones y sufrimientos podían ser de otra índole, pero el efecto era el mismo.

La memoria humana tiene la característica de borrar paulatinamente lo desagradable, y mantener los recuerdos agradables. El pasado lejano, no conocido personalmente, quizás envía datos superficiales o imágenes idílicas de otras épocas, pero la indagación histórica demuestra que siempre existieron equivalentes dosis de sufrimiento, desamparo y dolor.

En ocasiones se menciona que en los tiempos actuales ha desaparecido el amor, y se establece una comparación con el romanticismo de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, de aquello sólo nos quedan hábitos y costumbres poéticas, matizadas de flores y de serenatas, plasmadas en imágenes gráficas de la época.

En realidad no se conoce en qué finalizaban aquellos cortejos edulcorados durante tiempos plagados de machismo, prejuicios sexuales y mujeres que soñaban con un “príncipe azul”, el cual no era tal en la medida que pasaban días y años de matrimonio, en una sociedad que estigmatizaba el divorcio o prohibía en términos legales. ¿Acaso fueron felices aquellas mujeres que vivían bajo un matrimonio traumático y, peor aún, lo asumían como un deber?

La explicación radica en que cada uno percibe su entorno inmediato y actual, es su referencia. Por consiguiente se hace difícil la comparación con situaciones o épocas pasadas. Se olvidan, o no se conocieron, momentos de antaño, y por ende parece que lo presente es lo peor. Pero la realidad es bien opuesta.

No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tiene de ellas

Epicteto

Lo que conmociona emocionalmente no son los acontecimientos en sí, sino como los asumimos. Todo es de acuerdo al prisma con que se mire. Por ello, debemos conocernos a nosotros mismos, indagar por qué unos acontecimientos nos afectan más que otros, y porque sufrimos por lo que a otros les es indiferente. Se requiere buscar lo escondido en el fondo de nuestra mente, en el inconsciente, remontarnos a la infancia, a nuestros orígenes, re-evaluar la adolescencia y juventud; si ya la rebasamos.

Además, la felicidad es relativa. Apreciamos un momento feliz porque antes hemos sido infelices, y sentimos infelicidad en un momento dado porque de antemano hemos sido felices. No quiere decir que radicalmente sea así, pero lo indiscutible es que la comparación es lo que otorga valor a la actualidad de cada uno. ¿Acaso en un mal momento no recordamos con añoranza anteriores de placer, alegría o tranquilidad? Pero pruebe a sentirse plenamente feliz y responderá si en ese momento recordó algún evento feliz o infeliz ocurrido antes. Olvidará ipso facto todo lo anterior.

Les invito a rememorar, aunque sea amargo, los problemas y dificultades confrontadas durante sus vidas, y observarán que siempre apareció una solución, o al menos se produjo un ajuste paulatino a la situación; en el peor caso el tiempo logró mitigar en alguna medida los efectos sufridos.

Es cierto que la vida trae insatisfacciones, pero también brinda muchas satisfacciones. No te puedes encerrar por siempre en una visión pesimista, sin encontrar nuevos colores a la vida. Es necesario entresacar lo feliz y placentero dentro de la madeja de amarguras.

La rosa tiene espinas y flor, y hay quienes ven solo la flor y quienes ven solo la espina. Por ello es crucial preguntarte si estás entre aquellos que ante la adversidad ven solo un reto a enfrentar, o eres de quien se derrumba por sentirse irreversible e irremediablemente frustrado; sin buscar solución o el hecho tenga poca importancia.

Feliz el hombre bien templado

Que del hoy se hace dueño indiscutido

Que al mañana increparle pueda osado

Extrema tu rigor que hoy he vivido.

Marco Aurelio, Emperador romano

Por otra parte, la adversidad hay que verla de frente, arremeter contra ella, y buscar la felicidad a como dé lugar. Pensar, pensar, pensar y volver a pensar hasta encontrar el camino del cambio feliz.

Si intentas evadir la realidad, no querer ver la causa de la infelicidad, la reprimes al inconsciente. Pero eso es peor, pues desde allí creará más ansiedad, tensión y depresión sin que te des cuenta. Si la persona se limita a evadir los golpes de la vida, en actitud de avestruz, escondiendo la cabeza, el estrés se multiplica, pero si se decide a afrontarlos, se minimiza o desaparece.

Es como un estante húmedo lleno de cucarachas, que con la intención de no ver esos repugnantes seres lo que hacemos es cerrar la puerta y no abrirla más, ¿qué sucederá? Pues que con la oscuridad, humedad y calor se reproducen, llegando el momento en que invaden toda la casa. De allí que los problemas de la vida no podemos encerrarlos en el estante del olvido y el inconsciente. Se requiere abrirlo, sacarlo a la luz, al aire y… limpiarlo decidida y frontalmente.

Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza.

Epicteto

Los seres humanos están obligados a aprender, a crear, un “parque” de conductas que sirvan de instrumentos para preservar o recuperar su felicidad. Por ello hay que saber abrirse en varios planos durante la vida, porque si no encuentras bienestar por un lado lo encuentras por otro. Tener siempre puertas de reserva ante una frustración, diversificación de intereses evitando una vida sobria y monótona, procurar metas diferentes de manera que se alterne en una otra dirección.

 

José Ramón Ponce

José Ramón Ponce

Doctor en Psicoanálisis, Universidad de Psicoanálisis Humanístico, Brasil.

Master en Psicología de la Salud, por la Walden University, Minnesota.

Licenciado en Psicología, certificado Josef Silny & Associates, Inc. Licencia de Hipnoterapia, USA.

Investigador Agregado por la Academia de ciencias de Cuba.

Fue miembro de la Sociedad de Neurociencias de Cuba, Sociedad de Psicología de la salud de Cuba, Grupo Nacional de Termalismo. Fundador y creador de la Sociedad Cubana de Hipnosis, en la Academia de Ciencias de Cuba. Miembro de la Sociedad Venezolana de Hipertensión arterial. Participante de eventos científicos nacionales e internacionales. Le han realizado numerosos reportajes de prensa por su trabajo.

Libros publicados:

Dialéctica de las actitudes en la Personalidad
El Sistema Psíquico del Hombre
Estrés emocional y su afrontamiento
Como estudiar mejor y sin estrés
Conversando con adolescentes
Un Hombre ante sí mismo
Hipnosis y relajación emocional.
Folletos en apoyo a la docencia.​

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