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Creencias erróneas sobre el estrés

LA SALUD VARÍA SEGÚN EL GRADO DE ESTRÉS SUFRIDO

En torno al estrés abundan creencias erróneas que requieren aclaración. Imaginen una mujer casada con tres hijos. Al mismo tiempo, estudia en la Universidad y trabaja en dos centros diferentes. Se le suma atención al marido y familia en general. En fin, esa mujer sufre de un intenso estrés diario, agudo.

“…Pero el mundo actual es diferente. El dolor, las calamidades y la maldad, provocan una honda amargura… Desde la mañana hasta las últimas horas de la noche nos acosan influencias perniciosas que perjudican la mente y reducen su inteligencia, además de dañar los músculos y la carne”.

Respuesta de RelajaciónHerbert Benson. Escrito por un cronista chino hace 4.600 años

 

Sin embargo, ese estrés no origina ni propicia fácilmente ninguna enfermedad. ¿Por qué? Porque la cantidad de movimientos en que ella está obligada a realizar en su quehacer diario disipa la intensa emoción sufrida. El cerebro se activa en direcciones diferentes, las cuales exigen un gasto de energía emocional que impide su acumulación, y esta no llega a un grado de intensidad que implique estrés. 

Por el contrario, imaginen un hombre desempleado y sin esperanza de conseguir un trabajo. Sentado en la esquina de su calle, desorientado, sin mover ni un dedo ni encontrar solución. El estrés así sufrido es peor, patogénico. La emoción en ese individuo se acumula y no tiene ninguna vía por donde expresarse. Se fomentan las bases de la enfermedad.

El estrés ha sido objeto de diversos mitos y creencias erróneas. No es enfermedad ni tampoco padecimiento alguno, sino que es estado de desequilibrio generalizado del cuerpo-mente.

Pero, aunque no sea una enfermedad, sí la puede originar, desencadenar, propiciar o agravar; de hecho la salud varía según el grado de estrés sufrido.

Otra idea errónea es creer que existe el estrés “bueno” y el “malo”. Realmente todo estrés es nocivo. Esta equivocación proviene de la diferenciación en distress y eutress. El primero, causado por adversidades sufridas, y el segundo por acontecimientos favorables; entre ellos, intensa alegría o éxtasis de placer. Por citar solo un ejemplo, investigaciones en neuroendocrinología demuestran que tanto en un estrés como en el otro se vierte al torrente sanguíneo una cantidad excesiva de cortisol, hormona muy dañina cuando es segregada en demasía, lo cual es causado por el estrés, sea por acontecimientos placenteros o adversos.

El eutress es dañino, pero su efecto es mucho menor que el distress por lo siguiente: en el eutress se produce sobre-satisfacción de las necesidades, lo que queremos y deseamos “ya está ahí”, no hay desequilibrio motivacional, sentimientos de dolor, tristeza, ira, miedo, ni nada similar; por lo tanto, todo vuelve a la normalidad dentro de nosotros. 

Pero en el distress, al aparecer las circunstancias alarmantes sin que haya respuesta disponible, no se puede cambiar la situación ni salir de ese estado; estamos atados. Incluso puede ser algo inquietante a ocurrir, o ya ocurrió antes pero dejando la huella desagradable. Por ejemplo, si nos encontramos ante lo terrorífico y logramos escapar, quedará siempre el temor de que ocurra lo mismo y, desde luego, durante ese tiempo continuamos en un severo estrés, hasta que se olvide la situación de terror. Mientras necesidades y motivaciones no queden satisfechas, el mecanismo generador de estrés continúa activo.

Por otra parte, algunos no saben que hay diferentes tipos de estrés. Se encuentra el agudo, incidental y con variable intensidad, causado por los hechos y situaciones concretas, específicas. No quiere decir tampoco que este dure un instante, sino que puede extenderse con intensidad a lo largo del tiempo.

Se encuentra el sostenido, el cual puede ser sufrido durante días, meses o años; por ejemplo, quien labora en un lugar que rechaza pero por diferentes razones no lo abandona. No es tan intenso como el agudo pero hace su efecto de un modo sutil y paulatino.

Se encuentra también el intermitente, donde la persona queda estresada en forma alterna, unos días si y otros no. De ese modo no puede producirse con facilidad equilibrio emocional; cuando se logra alguna adaptación el impacto conmovedor regresa de nuevo. Por ejemplo, en violencia doméstica, donde se mantiene el temor de ¿Cuándo sucederá?

Más dañino es el estrés crónico, el cual deja huella indeleble sobre el cuerpo-mente, y su efecto nocivo continúa a pesar de quedar atrás su causa; lo peor es que no siempre la víctima es consciente de lo que ocurre.

El inicio del término “estrés” se remonta al siglo XIV en el idioma inglés, y era usado para expresar adversidad. Entre los siglos XVIII y XIX se utiliza en la metalurgia, denominando stress al estiramiento de los metales al ser presionados, load como la fuerza externa, y strain como deformación o huella que queda como resultado entre ambas fuerzas opuestas.

En el siglo XIX comienzan a realizarse diversos estudios que constituyen premisas de la concepción actual del estrés. Charles Darwin (1809-1882), autor de la teoría de la evolución de las especies, expone su concepción sobre la emoción en La expresión de las emociones en el animal y en el hombre. El fisiólogo francés Claude Bernard (1813-1878) se refiere al término como una respuesta adaptativa al medio externo, donde el interno trata de recuperar el equilibrio. Walter Cannon (1871-1945), fisiólogo norteamericano, consideraba el estrés como el estímulo provocador de la reacción de alarma. Estos, y otros científicos de la época, comenzaban a hacer estos estudios.

Pero el estrés, dentro del campo de la salud y donde toma auge, se esclarece con precisión a partir de los estudios de Hans Seyle, endocrinólogo, quien publica su artículo científico Un síndrome producido por varios agentes nocivos, en la revista Nature, en el año 1936. En 1944 es ya reconocido el término en la ciencia médica, y en la década del 50′ se publicaban numerosos artículos científicos sobre el tema.

La condición de estrés afecta a todas las personas en mayor o menor medida, y deriva en diversos trastornos físicos y emocionales; entre ellos, depresión, ansiedad, dolor, también se observa en salto epigástrico, desmayos, mareos, taquicardia, disnea, contractura muscular, migraña, y propicia hipertensión arterial primaria y trastornos cardiovasculares en general.

En la conducta, el estrés propicia accidentes, a lo cual se le suma su participación en adicciones como alcoholismo, tabaquismo, uso indiscriminado de psicofármacos, consumo de drogas alucinógenas (opio, cocaína, heroína), los cuales producen una muerte lenta.

El estrés se vincula también a suicidios e infelicidad, y mantenido largo tiempo propicia envejecimiento. Las cifras de suicidios son elevadas en numerosos países, y dentro de los medicamentos más vendidos en EE.UU. se encuentran los utilizados para trastornos relacionados al estrés.

Se exponen hipótesis sobre participación del estrés en el origen del cáncer a través de la depresión del sistema inmunitario, específicamente por el deterioro de las células NK o células Killer (células “asesinas”), células CD4, entre otros componentes inmunitarios, los cuales son cruciales en la defensa contra el cáncer. Al ser disminuidos dichos componentes por el estrés, la enfermedad avanza sin poder ser detenida; siempre que exista la propensión genética para ello.

Se ha estudiado el efecto estresante del nacimiento en el neonato (recién nacido), lo cual tiene lugar a partir del momento en que sale del útero de la madre; aun sin tener el bebé consciencia de lo que le sucede. 


 

Creencias erróneas sobre el estrés
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José Ramón Ponce

José Ramón Ponce

Doctor en Psicoanálisis, Universidad de Psicoanálisis Humanístico, Brasil.

Master en Psicología de la Salud, por la Walden University, Minnesota.

Licenciado en Psicología, certificado Josef Silny & Associates, Inc. Licencia de Hipnoterapia, USA.

Investigador Agregado por la Academia de ciencias de Cuba.

Fue miembro de la Sociedad de Neurociencias de Cuba, Sociedad de Psicología de la salud de Cuba, Grupo Nacional de Termalismo. Fundador y creador de la Sociedad Cubana de Hipnosis, en la Academia de Ciencias de Cuba. Miembro de la Sociedad Venezolana de Hipertensión arterial. Participante de eventos científicos nacionales e internacionales. Le han realizado numerosos reportajes de prensa por su trabajo.

Libros publicados:

Dialéctica de las actitudes en la Personalidad
El Sistema Psíquico del Hombre
Estrés emocional y su afrontamiento
Como estudiar mejor y sin estrés
Conversando con adolescentes
Un Hombre ante sí mismo
Hipnosis y relajación emocional.
Folletos en apoyo a la docencia.​

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