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Las nueve musas
Tumbas reales del monasterio de las Huelgas

El malogrado heredero de Alfonso VIII

El rey Alfonso VIII de Castilla, casado en su adolescencia con doña Leonor de Plantagenet, tuvo de este matrimonio al menos diez hijos.

El segundo varón, don Fernando, nacido en el séptimo parto de la reina, fue el heredero de la corona por haber fallecido el primer varón (Sancho) con pocos meses.

Alfonso VIII de CastillaLa mayor parte de los vástagos de esta pareja real fueron mujeres —la mayor, doña Berenguela, que llegaría a ser reina de León y regente de Castilla y León— y sólo tuvieron un varón más, Enrique, el menor de todos ellos.

Nació el infante heredero don Fernando en Cuenca, en noviembre de 1189, y fue desde niño muy parecido a su padre en vehemencia y arrojo.

Tras la derrota de Alarcos en 1195 y la firma de unas treguas con los almohades, disfrutaban en Castilla de un beneficioso periodo de paz, aunque el heredero no ocultaba desde su más tierna edad su deseo de romperlo. Ya en 1209, un año antes de cumplirse el plazo de dicha tregua, el infante don Fernando la había vulnerado, llevando a cabo varias algaras y arrastrando al rey, su padre, a raziar por tierras de moros. Ansiando hacer sus primeras armas, espoleaba a don Alfonso VIII donde más le dolía, Alarcos, para que olvidara las treguas, pues, con la impaciencia de los pocos años, no veía llegado el momento de participar en una gran campaña contra los musulmanes.

El rey Alfonso VIII, por su parte, que también ansiaba vengar la derrota de Alarcos y de paso complacer a su hijo, dejábase persuadir, y en 1210 comenzaron ambos las expediciones por tierras de al-Ándalus. Salieron de Toledo con su ejército, encaminándose hacia Jaén y Baeza, Entre tanto, el rey de León, Alfonso IX, que siempre aguardaba a que el de Castilla se moviera para invadir su reino, entró por tierras castellanas con la intención de recuperar las plazas que perdió al separarse de doña Berenguela (hija mayor de Alfonso VIII) tras anular el Papa el matrimonio por consanguinidad. Pero el conde Alvar Núñez de Lara lo contuvo, causándole graves pérdidas. Poco después, consiguió el rey castellano la villa de Moya, por tierras de Cuenca, repoblándola.

Pero estas algaras no eran la gran batalla con que soñaba el joven y vehemente infante, de modo que escribió al Papa Inocencio III su anhelo de dedicar las primicias de sus armas a una gran cruzada contra los infieles. Pedía auxilio al Papa también para que, mientras ellos combatían a los sarracenos, procurase contener al rey Alfonso IX de León, que siempre aprovechaba sus ausencias para irrumpir en Castilla. El Papa, por medio de una bula emitida el 10 de diciembre de 1210 y otra del 22 de febrero de 1211, encomendaba al arzobispo de Toledo y a los obispos de Zamora, Tarazona y Coimbra, que extendieran penas de excomunión, sin recurso de apelación, sobre los reyes que atacasen a Castilla mientras Alfonso VIII y su hijo se enfrentaban a los infieles; ya catorce años antes, en el invierno de 1196, su antecesor el Papa Celestino III, ante la denuncia de los obispos castellanos, había lanzado pena de excomunión al de León por aliarse con los infieles almohades contra reyes cristianos y dispensó a los leoneses del vínculo de lealtad a su rey.

Escudo del MiramamolínEl fin de las treguas y las nuevas provocaciones de los cristianos habían movido al Emir Amuminín (el Miramamolín de las crónicas cristianas) a acudir a al-Ándalus, en respuesta a las llamadas de socorro que le habían dirigido desde las numerosas comarcas saqueadas en las algaras de los cristianos.

El rey de Castilla y su hijo, por un lado, y, por otro, los caballerosmonjes de Calatrava, desde la fortaleza de Salvatierra, no cesaban de hostigar a los muslimes. Sobre todo los calatravos, que habíanse hecho fuertes en esta plaza, aislada en medio de territorio musulmán, y habían logrado aterrorizar a toda la comarca con sus continuas correrías y sus saqueos, asolando a su paso, talando campos e incendiando cosechas.

El emir Al-Nasir hizo su entrada en Sevilla el 3 de junio de 1211. Se instaló en sus alcázares y acomodó a su ejército en la ciudad y sus alrededores. Durante su estancia en la capital sufrió la desdicha de perder a su hijo Yahyâ, el tercero de sus varones, su favorito entre ellos y al que tenía intenciones de nombrar heredero de sus reinos. Este doloroso acaecimiento trastocó su vida y retrasó sus planes de ataque.

Entretanto, el príncipe heredero de Castilla, don Fernando, joven gallardo y apasionado, era el orgullo y la alegría de sus padres, los reyes, y esperanza de su reino. Como ya avanzamos, a sus casi veintidós años mostrábase impaciente por tomar parte en una gran cruzada, porque ya andaba hastiado de las pequeñas algaras sin esplendor ni trascendencia y, anhelante de gloria, parecía no tener la vida sino para exponerla, intrépido, en los mayores peligros de armas y combates.

“Viendo el rey glorioso el deseo de su hijo y su hermosura, pues era muy hermoso, y la fuerza de su edad juvenil, se deleitaba en él, dando gracias al Señor por haberle dado tal hijo, que pudiese ser su colaborador en el gobierno del reino y que pudiese suplir en parte sus veces en los asuntos bélicos[1].

En la primavera de 1211 y mientras el Miramamolín Al-Nasir hacía cruzar el estrecho a su ejército, el rey Alfonso y su hijo don Fernando, con las gentes de Madrid, Guadalajara, Cuenca, Huete y Uclés, se dirigieron hacia la Axarquía de al-Ándalus y raziaron por tierras valencianas, aterrorizando el alfoz de Xátiva y alcanzando las orillas del mar. Antes de llegar el Emir a Sevilla, ya había recibido noticia de esta provocación y las quejas de los levantinos.

Pendón almohade de las navas de Tolosa
Pendón almohade de las navas de Tolosa

En la primera quincena de agosto, estando ya el Emir en Córdoba, salió el infante don Fernando con gran séquito de nobles y mesnadas para llevar a cabo una razzia por tierras de Trujillo y Montánchez. Casi al mismo tiempo llegaron estas dos nuevas a conocimiento de los freires de Salvatierra. Ignorando el tiempo que duraría la estancia del Miramamolín en Córdoba y conociendo la parsimonia de que hacía gala en sus desplazamientos, el infante disponía de tiempo de sobra para hacer su algara por tierras extremeñas y acudir más tarde a auxiliar a Salvatierra si fuera necesario. A punto de acabar el mes de agosto, los almohades ponían cerco a dicha fortaleza de la Orden de Calatrava.

Transcurrido un mes de asedio, los primeros días del mes de octubre se sucedían y los habitantes de Salvatierra, tan animosos al principio, comenzaban a mostrarse  desalentados. Aguardaban con harto afán el retorno del infante don Fernando de su algara por las sierras de Montánchez, con la certeza de que a su vuelta, y sabedor del cerco a que estaba siendo sometida la fortaleza, acudiría en su auxilio, pues era esta por entonces la sede central de la Orden de Calatrava.

Pero el heredero de Alfonso VIII regresó de aquella larga campaña extremeña aquejado de una grave y rara dolencia. Corrían los días primeros de octubre cuando en Toledo recibieron los reyes, sus padres, noticia de la enfermedad del príncipe, que en la villa de Madrid se encontraba muy postrado, débil y adoleciendo de altísimas calenturas. Rogaron a sus físicos Arnaldo y Abraham ben Al-Fakkar que sin pérdida de tiempo se adelantaran, mientras los soberanos organizaban y poníanse en marcha. Pero el letal morbo se mostró inapelable y, pese a la esforzada lucha de su joven y vigorosa naturaleza, rindió el alma a su Creador sin haber cumplido los veintidós años[2].

Cuando los reyes don Alfonso y doña Leonor llegaron a Madrid, el infante ya había fallecido. Les habían seguido en el séquito el arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada y el leal caballero don Diego López de Haro, señor de Vizcaya.

“Se marchitó el corazón del rey, se pasmaron los príncipes y nobles de la tierra; los pueblos y las ciudades languidecieron al saberlo, y se aterraron al advertir que la ira de Dios había decretado dejar a la tierra desolada. En ninguna parte faltaba el llanto. Los mayores espolvoreaban sus cabezas con ceniza; se vistieron todos con sacos y cilicios, todas las doncellas se veían escuálidas, y la faz de la tierra cambió por completo”.

“La nobilísima reina, doña Leonor, al oír la muerte del fruto de su vientre, quiso morir con él y entró en el lecho en que yacía el hijo, y juntando la boca a su boca para darle aliento, y enlazando las manos con sus manos, intentaba resucitarlo o morir con él”.

“Como lo aseguran los que lo vieron, jamás se vio dolor semejante a aquel”.[3]

Berenguela de Castilla
Berenguela de Castilla

Falleció el príncipe heredero, don Fernando, el 12 de octubre de 1211 d. C., y nada cierto llegó a saberse de la naturaleza de su mal. Incluso llegaron a correr rumores de que pudiera haber sido intencionadamente envenenado, aunque en realidad no existía fundamento alguno para creer este extremo.  Ambrosio Huici Miranda (haciéndose eco de Lucas de Tuy) dice que el infante don Fernando, heredero de Alfonso VIII, murió envenenado en vida del rey por los judíos, debido al odio que mostraba hacia esta raza —que el príncipe nunca ocultó y hasta hizo público— a consecuencia del sufrimiento de su madre por causa de la judía Raquel, amante del rey castellano[4].

Determinó el rey que el hijo fuera enterrado en el Real Monasterio de las Huelgas de Burgos, donde también aguardaban a él y a su esposa sendas tumbas para cuando Dios tuviese a bien llamarlos a su seno.

Se puso en marcha el cortejo fúnebre, pero los reyes no pasaron de la sierra y regresaron a Madrid con don Diego López de Haro. Prosiguió con el cadáver, presidiendo el duelo, la hermana del finado príncipe, la reina de León doña Berenguela, quien, acompañada por el arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada, lo llevó hasta su destino final en el monasterio burgalés. Allí, de mano del arzobispo, recibió el malogrado heredero cristiana sepultura.

Fue señalado a partir de ese momento como sucesor el infante don Enrique, el benjamín, de tan solo siete años de edad. Le horrorizaba al rey Alfonso la idea de que a él pudiera llegarle su hora siendo el príncipe de tan corta edad, ya que parecíale gran calamidad para su hijo y para el reino volver a vivir una minoría de edad tan desastrosa como la que él hubo de protagonizar en su infancia (algo que, finalmente, no logró evitar).

Leonor de Plantagenet
Leonor de Plantagenet

Pasadas las fiestas de la Natividad, Alfonso VIII solicitó del Papa Inocencio III la convocatoria de una gran Cruzada entre todos los reinos cristianos, citándolos en Toledo para la octava de Pentecostés, entre el 20 y el 27 de mayo de 1212. El Papa accedió a sus deseos y en el mes de enero dio a todos los obispos de Francia orden de predicar la Cruzada, y les instaba a que exhortasen a sus fieles para acudir con sus personas y bienes en auxilio del rey de Castilla, garantizando para todo el que respondiera a esta llamada la remisión de sus pecados. Estaba gestándose la campaña de las Navas de Tolosa.

Capricho del destino o azares de la Historia parece el hecho de que los dos soberanos que iban a enfrentarse en tan decisiva contienda, sufrieran casi al mismo tiempo el paralelismo dramático en sus vidas de la pérdida de ambos herederos (el musulmán y el cristiano) meses antes de la crucial batalla de las Navas.

 

(Cabecera: Tumbas reales del monasterio de las Huelgas)


[1] – Crónica Latina de los Reyes de Castilla.

[2] – “La Cruz y la Media Luna”, de Carmen Panadero.

[3] –  Entre comillas, párrafos textuales de Crónica Latina de los Reyes de Castilla.- Edic. Çirot pág. 50.

[4]“Las Grandes Batallas de la Reconquista”, de Ambrosio Huici Miranda.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado nació en Córdoba (España). Estudió Profesorado de Educación General Básica (Magisterio, Escuela Normal de Ciudad Real, 1971) y ejerció la enseñanza. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Complutense de Madrid, 1985.

Ganadora del XV Premio de novela corta "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo (2017).

Medalla de oro 2018 a la investigación histórica (del Círculo Intercultural Hispanoárabe).

Pintora con sólida experiencia, estilo personal en la línea constructivista figurativa. 24 exposiciones individuales, 25 colectivas y 3 premios conseguidos. Con obra en museos y colecciones públicas y privadas de España, Alemania, Portugal, Estados Unidos y Reino Unido. Representada con obra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

Novela histórica:
— “La Cruz y la Media Luna”. Publicada por Editorial VíaMagna (2008). 2ª edición en bolsillo bajo el título de “La Fortaleza de Alarcos” (2009). Reeditada como libro eléctronico “La Cruz y la Media Luna” por la Editorial Leer-e, Pamplona, abril, 2012, y en papel por CreateSpace (Amazon) en mayo de 2015.
— “ El Collar de Aljófar”. Editada por Leer-e (Pamplona) en soportes papel y electrónico, mayo, 2014.
—“El Halcón de Bobastro”, editada en Amazon en soportes electrónico y papel (CreateSpace) en agosto de 2015.
— “La Estirpe del Arrabal”, editada por Carena Books (Valencia) en 2015.
Ensayo:
— "Los Andaluces fundadores del Emirato de Creta" (ensayo de investigación histórica). Editado en Amazon en soporte digital en julio de 2014 y en papel (CreateSpace) en mayo de 2015.

Novelas de misterio y terror (novela fantástica):
— “La Horca y el Péndulo” (XV Premio de narrativa "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo), 1ª Edición en marzo de 2017 por Ayuntamiento de Toledo. - 2ª edición en mayo de 2017 por Impresion QR 5 Printer, S.L. (Ciudad Real).
— “Encrucijada”. Inédita.
— "Maleficio Fatal". Inédita.

Parodia de Novela Histórica:
— "Iberia Histérica" (novela corta en clave de humor). Editada en soporte digital en Amazon y en papel en CreateSpace en mayo de 2018.

Autora también de relatos históricos y Cuentos de literatura infantil.
Colabora con artículos en diversas revistas culturales. (Tanto en papel como en webs digitales): Fons Mellaria (F.O.Córdoba), Letras arte (Argentina), Arabistas por el mundo (digital), "Arte, Literatura, Arqueología e Historia" (Diputación de Córdoba), Revista Cultural Digital "Las Nueve Musas" (Oviedo).

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