Las nueve musas

Cómo el alma griega late en la obra del poeta y escritor argentino Carlos Vitale

Si existe una palabra que mejor defina al poeta Carlos Vitale, esa es la palabra «mestizaje». Mestizaje tanto en su «geografía personal», como en los géneros literarios que cultiva. Argentino de nacimiento, pero de sangre italiana, dado que su madre era de Basilicata –una ciudad lucana en el territorio de la antigua Magna Grecia– y su padre de una región no demasiado alejada de ella –Isernia del Molise–, Vitale nació en Buenos Aires y reside desde hace treinta y cinco años en Barcelona. No obstante, según el poeta y traductor Rodríguez Hidalgo, (2005: 76), «Vitale no es de ningún sitio y es de todos (mejor: la poesía carece de bandera, que no de patria, que es la propia poesía, el hombre)».

El mestizaje, sin embargo, no se detecta solamente en su origen y en los países donde ha vivido, sino también en su condición de escritor, dado que cultiva tanto la poesía como el relato breve. Él mismo ha dicho que le resulta demasiado arduo separar al narrador del poeta y que se siente, muchas veces, «en una situación ‘fronteriza’ entre los dos géneros», (García, 2010), o más bien, es precisamente «en esa línea nebulosa, no demasiado marcada, donde me siento más cómodo», (Vitale, 2010). De todas formas, Vitale es un escritor al que «no le preocupan las cuestiones de género y le molestan las etiquetas y las categorías demasiado cerradas», (Larrosa, 2009: 483). Según él, «lo único que vale la pena es tratar de escribir lo mejor posible», (García, 2010) y eso se refleja perfectamente en su producción literaria.

A mediados de la década anterior, Vitale sostuvo en una entrevista que su verdadera intención como escritor es «crear un sólo libro a lo largo de su vida, que vaya creciendo poco a poco», (Tornel Miñarro, 2005). Es su manera de concebir el libro: como un organismo vivo que va aumentando con el tiempo. De ahí que los ejes de la producción literaria de Carlos Vitale hasta hace poco constaran básicamente de dos obras recopilatorias: una colección poética, por un lado, bajo el título Unidad de lugar, publicada por la Editorial Candaya en 2004, que comprende la obra poética del autor escrita entre los años 1976 y 1997 – en realidad incluye cuatro libros de poesía editados con anterioridad, es decir Códigos (1981), Noción de realidad (1987), Confabulaciones (1992) y Autorretratos (2001); por otro lado –el otro eje de su producción literaria– es una colección de 99 textos narrativos, escritos a lo largo de 14 o 15 años, bajo el título Descortesía del suicida, también publicada por Candaya en 2008, la cual en una primera versión menos extensa que salió en 1997 recibió el Premio de Narrativa Breve Villa de Chiva. Para volver al tema del mestizaje, dicha colección no es exactamente o solamente un libro de narrativa, porque aparte de los relatos propiamente dichos, contiene además aforismos, pensamientos, anécdotas, chistes, ocurrencias, textos copiados de grafitis, poemas breves en prosa… En fin, el esfuerzo de clasificar esa obra demuestra que los límites entre algunos géneros literarios son borrosos y que hay autores, como Carlos Vitale, que se mueven entre la poesía y el relato breve. Él mismo dice que no es un narrador nato; más bien cree que es «un aspirante a poeta que escribe también otras cosas que, en general, no se alejan demasiado de la poesía», (Consuegra, 2010).

DuermevelaAhora bien, aparte de estos dos libros corpus –según los concibe el propio autor–, Carlos Vitale ha publicado los últimos tres años Cuaderno de l´Escala/Quadern de l´Escala, una edición que contiene poesía en catalán, castellano, francés, inglés y ruso, fotografías de Jaume Salvat, ilustraciones de Marc Vicens y un prólogo de Carles Duarte i Montserrat (Edicions Vitel-la, 2013); Fuera de casa (La Garúa, 2014), un libro que contiene tanto poemas inéditos, como poemas anteriormente publicados, con un epílogo de Víktor Gómez Valentinos; y acaba de  publicar, en Candaya de nuevo, Duermevela, un libro de poesía y aforismos.

En este artículo no podríamos dejar de referirnos a la labor enorme de Carlos Vitale como traductor, por la que ha sido reconocido y laureado con numerosos premios internacionales. Ha traducido al castellano numerosos libros de poetas italianos y catalanes, como Dino Campana, Sergio Corazzini, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, Umberto Saba o Joan Brossa, entre muchos otros. Asimismo, hay que destacar sus antologías críticas de poetas contemporáneos y su labor editorial al frente de varias colecciones de poesía –«Don de lenguas», «Mano de obra», «Peccata minuta»– o de la publicación digital de poesía italiana actual Porta d´Italia  Además, Vitale ha sido incluido en la Antología de poetas catalanes en castellano, Por vivir aquí (1980-2003), edición de Manuel Rico y prólogo de Manuel Vázquez Montalbán (Bartleby Editores, Madrid, 2003).

Tras esta breve presentación del autor, uno se podría preguntar: ¿Cuáles son las raíces de este poeta?, ¿de dónde surge su creatividad y qué tiene de particular? Si tomamos en cuenta el hecho de que la literatura no se produce en un tubo de ensayo, sino que se nutre de sí misma a través de los siglos, el caso de Vitale es muy representativo. A caballo entre la tradición latinoamericana y la europea, su voz poética y narrativa ha hecho «del mestizaje de países, lenguas, culturas y poéticas su manera de expresar el mundo», como sostiene la profesora Cotoner Cerdó, (2004: 9), quien ha prologado el libro Unidad de lugar. En la búsqueda de su propia voz inconfundible, Vitale ha asimilado e incorporado gran variedad de referentes: el hermetismo y la austeridad en el decir, propio de algunos de los poetas italianos ya mencionados (Alcorta, 2014), al igual que la fértil tradición latinoamericana de maestros que han cultivado el relato hiperbreve, como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Juan José Arreola o Augusto Monterroso – por citar solo algunos. Como apunta Gerardo Vacana, uno de sus principales comentaristas, Carlos Vitale reúne tres de los aspectos de otros tantos poetas egregios de la literatura contemporánea: la verticalidad de Ungaretti, la profundidad de Montale y la escritura fuertemente simbólica, polivalente de Borges, (Vacana, 2001: 6). Asimismo, desde su propia voz resuena la voz de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik, una de las influencias más reconocibles en su poesía, se percibe algún aroma de greguerías o se nota la presencia de Joan Brossa. El propio Vitale piensa que su poesía proviene indirectamente del simbolismo francés, a través de algunos poetas argentinos e italianos y que los temas sobre los que se escribe son siempre los mismos; el problema está en qué hace uno con ellos, qué les aporta. Ha dicho alguna vez que «ya Homero escribía sobre el amor, la muerte, la soledad, etc., como cualquier adolescente de hoy», (Rivadeneira, 2005).

Descortesía del suicidaEsa referencia a Homero es una primera aceptación por parte de Vitale de que los temas literarios están relacionados entre sí, teniendo sus raíces en la Grecia Antigua; como señala Cotoner Cerdó, los escritores emblemáticos de todas las épocas «tienden el hilo de Ariadna que nos conduce sutilmente de unos textos a otros», (2004: 13). Vitale ha sostenido en la entrevista que nos concedió en julio de 2016 (Apéndice II) que «después de Homero no hacemos más que reescribir trozos de la Ilíada y la Odisea, allí está absolutamente todo, los temas, los recursos retóricos, etc. Los que hemos venido después no somos más que epígonos de Homero, pequeños Homeros que no han inventado nada».

Pero, vayamos por partes para intentar detectar las huellas helenas –explícitas o implícitas– existentes en la obra poética y narrativa de Carlos Vitale. Conforme mencionamos al principio, hay tres países que forman parte de su «geografía personal», Argentina, España e Italia. Aparte de esos tres países, hay otro país que forma parte de su «geografía sentimental»: se trata de Grecia, que apareció en su vida en el último curso de la escuela primaria, según recuerda el mismo autor, con motivo de una carpeta que hizo sobre la Grecia clásica, en la que incluyó dibujos del Caballo de Troya y de Pericles. A partir de entonces y a través de su contacto con la literatura empezó formándose una relación, que iba a crecer con los viajes que realizó a este país.

Una de las primeras referencias, desde el punto de vista cronológico, a la literatura griega que aparece en la obra de Carlos Vitale es una cita del poema Θυμήσου, Σώμα[Recuerda, cuerpo] de Konstantinos Kavafis, que encabeza la tercera unidad de poemas del poemario Noción de realidad (1987) –poemas escritos entre 1981 y 1985–, bajo el título «Cuerpo presente». El poema de Kavafis que lleva el mismo título enfoca en la función de la memoria, que invoca al cuerpo juvenil, los momentos de placer corporal que ha vivido e incluso las experiencias perdidas, las que no se pudieron realizar. Pues bien, en el caso de Vitale, en los dos poemas que componen dicha unidad poética, el cuerpo vuelve a ser el protagonista, pero esta vez es un cuerpo que se concreta en la pareja humana y su desencuentro amoroso: «una mujer que llora y desaparece “entre espejos” y un hombre que “duerme sobre su pierna muerta”, sendas representaciones de un fracaso siempre renovado», (Cotoner Cerdó, 2004: 17).

Otra cita, de un poema de Yorgos Seferis esta vez, encabeza la tercera sección del poemario Confabulaciones (1992) –poemas escritos entre 1986 y 1990–, bajo el título «Seis apuntes de Grecia». La cita reza así: «Curiosa gente que dice encontrarse en el Ática y no está en ninguna parte» y es un verso del poema de Seferis «A la manera de Y.S.», escrito en verano de 1936, conocido también por su primer verso («Dondequiera que viaje/ Grecia me hiere»)[1]. Vitale elige encabezar «Seis apuntes de Grecia», que, como veremos a continuación, son poemas inspirados en un periplo que realizó el poeta por algunos sitios arqueológicos griegos, por un verso de un poema de Seferis que también hace un periplo por algunos sitios turísticos y arqueológicos en la Grecia de entreguerras.

Unidad de lugarVitale, familiarizado con los grandes poetas griegos del siglo XX, Kavafis y Seferis, se nutre de ellos o, mejor dicho, los incorpora en su obra ya que forman parte de su bagaje cultural, del mismo modo que «salpica» sus poemarios con citas-homenaje de autores muy distintos, que abren a modo de preámbulo respectivos poemarios. Recordemos a Eugenio d’ Ors y su famoso aforismo escrito en la fachada norte del Casón del Buen Retiro de Madrid: «Todo lo que no es tradición es plagio»[2]. Vitale, según declaró en la entrevista que nos concedió, piensa que los poetas griegos no han influenciado en sentido literal su obra, pero «habría que ser muy necio para leer a poetas de semejante nivel sin aprender algo», por más que no pueda decir exactamente qué. Más bien siente que dichas citas«acompañan» sus poemas, en ocasiones añaden matices en sus textos, los complementan, otras los contradicen. Se trata de versos que le han provocado «una iluminación, un golpe, otra visión del mundo, envidia [] y que hubiera querido escribir», (Rivadeneira, 2005), aunque reconoce que a veces dichas citas son un riesgo, porque el lector puede pensar que sus poemas no son dignos de la cita.

Ahora bien, sus primeros poemas de «tema griego», esto es, «Seis apuntes de Grecia», surgieron tras su primer viaje por Grecia, en 1988 y aparecieron por primera vez en Confabulaciones, un poemario premiado ese mismo año por el premio de poesía Ciudad de Zaragoza[3]. Se trata de seis poemas que Cotoner Cerdó, (2004: 20), describe como «delgados bocetos de una línea, escuetos y certeros como dardos», escritos entre 1988 y 1990. El motivo para estos poemas es la itinerancia de Vitale por unos «lugares consagrados por nuestra tradición cultural, lugares que fueron testigos del paso de los héroes y custodian, ahora, su pérdida», (ibídem). Ante los ojos del lector pasan Pilos, Monemvasia, Micenas y Delfos, junto con los personajes mitológicos – Néstor, Agamenón, Clitemnestra, Egisto, Sibila. Se trata de unas miniaturas que consiguen su efecto creando una relación dialéctica entre el título y el resto del texto. «Es obvio», como sostiene el poeta, traductor y crítico literario Eduardo Moga, (2007: 292), «que ninguno de los dos enunciados alcanzaría sin el otro el pleno sentido que tienen» en estos poemas. Con la excepción de «Monemvasia», los títulos de los poemas que componen «Seis apuntes de Grecia» remiten a la mitología griega.

Si nos fijamos, por poner un ejemplo, en el poema «En la tumba de Agamenón», nos damos cuenta de que el margen mitológico se da en el título: se trata del mito del asesinato de Agamenón por la mano de Egisto, amante de su mujer, Clitemnestra, con la ayuda de ésta última. Pero a Vitale no le interesa dar su propia interpretación del mito, sino utilizarlo como punto de partida para hablar sobre los temas que a él le preocupan: el amor, la muerte…; en un sólo verso, que resuena como un eco en una mente alerta y recurriendo al humor, un recurso que utiliza con frecuencia para «propagar el impacto estético de sus poemas», (Moga, op. cit.: 293), el poeta expresa su propia angustia. Alcorta apunta que dicho verso «trasmite similar desasosiego e inquietud que una sentencia», (Alcorta, 2014).

Ahora bien, Ortega y Gasset señalaba que, «el mito es siempre el punto de partida de toda poesía», (2005: 221). Además, la flexibilidad y la capacidad de adaptación de los mitos ante posibles modificaciones o subversiones, su versatilidad, que los deja abiertos a distintas interpretaciones, ofrecen la posibilidad de ir más allá del texto, iluminando, como señala Fernández Urtasun, (2012: 80), «distintas zonas del complejo ser del hombre y de su actuación». Cabe añadir que en la poesía clásica el mito puede servir como materia única, como mera digresión, referencia o ejemplo, tratarse total o episódicamente, seria o burlescamente, (Cristóbal, 2000: 30).

En el caso de Vitale, la mitología es simplemente una excusa; el poeta, para quien Grecia era casi una incógnita antes de su primer viaje a este país, se encuentra ante unos restos arqueológicos significativos: el palacio de Néstor y el cementerio de Micenas, en el Peloponeso, o el oráculo de Delfos; y, una vez allí, se deslumbra. Según sus propias palabras, «Todo era tan impresionante que parecía que los poemas clamaban por salir a la luz», (de la entrevista que nos ha concedido). La poetisa española Concha García (2005) piensa que «Seis apuntes de Grecia» son observaciones más que reflexiones, golpes de evidencia más que necesidad de lirismo. En estos poemas de tres, cuatro, cinco, seis u ocho palabras, se puede notar de la mejor manera posible el carácter eminentemente minimalista, depurado de la poesía de Vitale, su desnudez expresiva, que más bien sugiere, en vez de decir, dando motivos para reflexionar sobre lo escrito. Porque tanto la poesía como la narrativa de Vitale, sencilla a primera vista, es profunda y muy concisa. Larrosa, (2009: 486), sostiene que da una «impresión súbita, instantánea, como de clic de máquina de fotografiar» y, aunque la escritura es corta, «la lectura es larga, a veces muy larga». Por lo tanto el poeta, en palabras de Rodríguez Hidalgo, (2005: 76), «sabedor de la profundidad de la lengua, reclama del lector el esfuerzo final que cualquier hombre demandaría a su interlocutor para establecer el diálogo»; por eso, sigue Rodríguez Hidalgo, su poesía es «sólo para locos lectores, no para cualquiera».

Preguntado sobre su estilo y el género breve, Vitale dice que no sabe hacer otra cosa, que su estilo escapa de su voluntad. Según él, «no es que un poema tenga que ser breve o largo, sino que no tiene que faltarle ni sobrarle nada», (Hernández y Riquelme, 2007). Porque piensa que «en poesía, si escribes una cosa absolutamente explícita, ya deja de ser poesía», (Coulombier, 2005). Sin embargo, señala que «escribir relato hiperbreve es complicado, porque requiere un enorme poder de concentración. Todo debe ser significativo, como en un poema», (García, 2010). Asimismo, no hay sitio para los «espacios vacíos» o las «bajadas de tensión». Por eso sus lectores tienen que poner algo de su parte y a veces lo que interpretan ellos no es lo que el poeta quería. Aun así, Vitale piensa que «no se puede perder la calidad de lo que se escribe con el fin de que te entienda todo el mundo», (Coulombier, 2005).

Ahora bien, si en su primer viaje por Grecia Vitale se inspiró en sitios consagrados y héroes mitológicos, en su segundo viaje, casi diez años más tarde, en 1999, fue la isla de Creta la que ejerció de musa para el poeta. De ahí que surgiera «Diario de Creta» (escrito ese mismo año), siete poemas que, junto con «Seis apuntes de Grecia», «Bretaña» y «Cuaderno de l’Escala», forman parte del libro Vistas al mar[4] (Vic: Emboscall, 2000), el cual fue integrado años más tarde en el libro Fuera de casa (La Garúa, 2014). Desde el mismo título de la colección, se nota que esta vez son los sentidos los que han dado la inspiración al poeta. Asimismo, hay que destacar que las tres de las cuatro secciones que forman parte del libro Vistas al mar tienen una relación –directa o indirecta– con Grecia (directa en el caso de «Seis apuntes de Grecia» y «Diario de Creta» e indirecta en el caso de «Cuaderno de l’Escala», lo cual lo explicamos más adelante).

El poemario respectivo está encabezado por una cita del poeta y académico chipriota Michalis Pieris (pseudónimo de Michalis Eftagonitis) – otra evidencia de la intertextuadidad y de la influencia de poesía escrita en griego latente en la obra vitaliana. La cita reza así: «¿Y cómo puedo entrar ahora en esta ciudad?», y es un verso del poema «Επιστροφή σε ξένη πόλη» («Vuelta a una ciudad extranjera») del libro Ανάσταση και Θάνατος μιας Πολιτείας [Resurrección y muerte de una ciudad], (Αtenas, Πλανόδιον, 1991), y forma parte de la primera sección del libro titulada «Civitas Rethymnae». Parece que Vitale, una vez en Creta y maravillado por la isla, se identifica con la mirada de Pieris sobre otra ciudad cretense, Rethymnon, y siente la necesidad de acompañar su propio «Diario de Creta» con un verso de un poeta que también encontró inspiración en la isla griega.

Los siete poemas de «Diario de Creta» constan de un dístico y llevan un título que los ubica en lugares distintos de la isla; dos de entre ellos, «Mar de Libia» y «Mar de Creta» tienen como ámbito el mar. Según Alcorta, (2014), se trata de lugares de paso que sirven como escenario []. Como en el haikú, aquí parece primar no el pensamiento, sino la impresión del instante, una visión fugaz que queda inmovilizada, suspendida en el tiempo gracias a unas pocas palabras, igual que el pintor eterniza un gesto con un trazo, con una pincelada.

Sin embargo, en la poesía de Vitale, tras lo obvio y lo simple siempre se ocultan más matices. A pesar de la brevedad, o igual debido a ella, los poemas de Vitale en el momento de escribirse están ya muy elaborados. Y eso se nota en la falta de retótica, el predominio de lo esencial y la palabra despojada. Porque lo que hace Vitale es resumir, quitar, eliminar todo lo que sobra para llegar al núcleo de las cosas, sin dejar nunca de interesarse por los temas eternos.

Fijémosnos en el poema «Mar de Creta» que cierra «Diario de Creta»:

Lo que has tenido y no sabías.

Lo que no volverás a tener.

Claro está que la angustia del poeta ante las cosas fugaces de la vida está aquí presente junto con una sensación de lo inevitable, ambos sentimientos expresados con una certeza irrebatible.

En el libro Fuera de casa (La Garúa, 2014), al que nos referimos antes, se incluyen también doce poemas agrupados bajo el título «Cuaderno de l’Escala», que aquí forman parte de la sección Vistas al mar, pero también fueron publicados por separado en 2013, según mencionamos al principio de esta presentación. En dicha colección, que huele a mar, es obvio que la fuente de inspiración es l’Escala-Empúries (Emporion), la antigua colonia griega del siglo VI a.C., en el litoral mediterráneo de España (hoy provincia de Gerona). Este sitio forma parte de la «geografía personal» de Vitale, dado que lo visita cada verano desde hace más de veinte años. En ese paisaje absolutamente mediterráneo, donde antes latía el alma griega, Vitale se deja seducir por la omnipresencia del mar, convirtiéndola en su horizonte. Para utilizar las palabras de Carles Duarte i Montserrat, quien ha prologado la preciosa edición de Vitel-la [el autor] atento y minucioso observador de la naturaleza, sabe captar y escribir la fuerza y la herida. En Cuaderno de l’Escala reconocemos al poeta de una sensibilidad extrema y de un dominio excepcional del lenguaje, al hombre reflexivo, intuitivo y crítico que se ha convertido en un intérprete magistral de la experiencia de existir, (2013: 12).

Para dar más ejemplos, pasemos a la primera sección de Fuera de casa, titulada «Interiores» y bajo el subtítulo «Ida y vuelta» hay otros dos poemas de tema griego: «Ítaca» y «Acrópolis». El primero parece ser un guiño de ojo al poema famoso de Kavafis y me atrevería a decir que va más allá, condensando en un dístico toda la angustia humana creada por el cumplimiento de la meta. «Acrópolis», por otro lado, es un poema escrito cuando Vitale visitó este país por tercera vez, en febrero de 2012, con la ocasión de la presentación en el Instituto Cervantes de la edición bilingüe de su libro de minicuentos Descortesía del suicida. El 21 de febrero, el poeta participó en un taller de traducción de algunos poemas suyos al griego, que tuvo lugar en el Instituto Cervantes con la participación de doce estudiantes y bajo la coordinación de los traductores Konstantinos Paleologos y Nikos Pratsinis. Durante el taller Vitale sacó de su bolsillo una hoja de papel y nos sorprendió con un poema concebido y escrito precisamente aquella misma mañana, durante su visita a la Acrópolis y pidió que se lo tradujéramos al griego. El poeta señaló, en la entrevista que nos concedió, que la creación del poema fue una sorpresa incluso para él y aunque suene un poco anticuado o cursi, puede decir que Grecia le inspira, cree que el estímulo es tan fuerte que no puede ni quiere evitar escribir.

No obstante, las huellas helenas no son obvias solamente en la poesía de Vitale, sino también en su narrativa. En el libro Descortesía del suicida encontramos «El pequeño Sísifo», un minicuento inspirado en el personaje de la mitología griega, Sísifo, quien, como se sabe, estuvo condenado por los dioses a cumplir un castigo perpetuo que consistía en empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada y antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, de modo que el Sísifo tenía que repetir una y otra vez el frustrante proceso. No sabemos si «El pequeño Sísifo» experimenta la misma frustración que su arquetipo mitológico, pero sí sabemos que es producto de la mirada penetrante de Vitale al observar el mundo a su alrededor. Ha dicho alguna vez que «en Descortesía del suicida prima el sentido de la vista, de modo que me veo más como un mirón que como un exhibicionista», (Consuegra, 2010). Esa mirada penetrante de Vitale observa las cosas a su alrededor –«tan sencillas y a la vez tan misteriosas»– y los destila en unas pocas palabras, creando «textos irónicos, inteligentes, mordaces, a veces melancólicos, a veces atravesados de poesía», (Larrosa, 2009: 486).

En la narrativa vitaliana se pueden encontrar más ejemplos en los que el conocimiento previo de los mitos es un requisito necesario para que el lector pueda adentrarse en los textos. Su último, hasta la fecha, libro, Duermevela (escrito entre los años 1997 y 2016) contiene una sección de poemas y otra de aforismos. En la sección de los aforismos titulada «Alrededores» encontramos el siguiente texto:

Admítelo, en realidad, Orfeo quiere cerciorarse de que

Eurídice desaparece para siempre.

He aquí una parodia del mito de Orfeo y Eurídice. Haciendo uso de un tono agudo y burlesco, Vitale nos presenta su propia interpretación del mito: no es que Orfeo no aguantara y volviera a mirar a su esposa, Eurídice, creyendo que ya la había salvado y habían dejado atrás el mundo de los muertos, sino que quisiera que ella precisamente no regresara nunca al mundo de los vivos. Vitale se aprovecha de la flexibilidad y la versatilidad del mito para darle una versión totalmente contrapuesta. No hay que olvidar el afán desmitificador de nuestra cultura contemporánea, que a veces surge como reacción frente a los grandes discursos de poder, (Fernández Urtasun, 2012: 77).

Más adelante, también en Duermevela, encontramos otro chispazo aforístico:

Olvídate del cuento de la lechera: ¡ya no te quedan cántaros!

Esta vez hay una referencia a la fábula de Esopo, «El cuento de la lechera» –según la cual una lechera hacía cálculos y planes sobre ganancias que le llevaría la leche que transportaba en un cubo en la cabeza; al final el cubo cayó al suelo, se rompió y la lechera se quedó sin nada– que ha dado lugar a varias reescrituras a lo largo de los siglos, al igual que a una expresión popular. A Vitale no le interesa la moraleja de la fábula; al contrario, quiere provocar al lector diciéndole que ya no es que sus sueños se desmientan, sino que no puede ni soñar.

Concluyendo, se podría decir que las huellas helenas existentes en la obra poética y narrativa de Carlos Vitale son de dos categorías: una tiene que ver con sus estudios clásicos, gracias a los cuales se puso en contacto con la literatura griega de varias épocas. La otra se forma por la experiencia vivida, dado que el conocimiento que obtuvo Vitale a través de los libros se convirtió en materia prima y real tras los viajes que realizó en este país, dando lugar a poemas que tienen como punto de partida lugares consagrados de la historia griega o sitios emblemáticos de este país. Según las palabras del mismo autor, «Grecia se impone, es abrumadora a la vista, te obliga a hablar (poéticamente)», (de la entrevista que nos ha concedido).

Sin embargo, hay alguna cosa más. Si uno se fija en la totalidad de la obra de Vitale, puede notar que la apuesta por la brevedad formal, «convive con maestría con la amplitud significativa de las composiciones», (Carreño, 2006: 73). Como subraya enfáticamente el poeta, «las palabras no son ni demasiado pocas ni demasiado muchas, sino que son las que son, las que nos salen, las que hay, las que nos pasan, no las que queremos sino las que podemos, o las que nos pueden», (Larrosa, 2009: 486). A lo mejor es precisamente en esa actitud donde se localiza la mayor influencia de la Grecia Antigua en la obra de Carlos Vitale y se concentra en la frase «(Παν) μέτρον άριστον», o sea, «Todo en su (justa) medida». Porque, además, el refrán griego refleja la personalidad del gran poeta que es Carlos Vitale, como lo describe Larrosa: «hombre de pocas palabras por educación, por cortesía, por discreción, por no molestar, por no ocupar ni demasiado tiempo ni demasiado espacio en la vida de los otros, [] porque esa es su manera de entender la amabilidad, porque esa es su manera de practicar las buenas maneras”, (2009: 484).

Alexandra Golfinopoulou

Alexandra Golfinopoulou ha estudiado Historia y Arqueología en la Universidad Kapodistríaca de Atenas, Lengua y Civilización Españolas en la Universidad Abierta de Grecia y ha hecho estudios de posgrado en “Traducción, Comunicación y Mundo Editorial” en el Departamento de Lengua y Literatura Italianas de la Universidad Aristóteles de Salónica. 

Ha traducido al griego obras de Carlos Vitale, Angélica Liddell, Quim Monzó, Andrés Neuman y Enric Nolla. 

 


REFERENCIAS ΒΙΒLIOGRÁFICAS

 

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Carreño, Ó. «Unidad de lugar», Caravansari, número 1, Asociació Cultural Caravansari, Barcelona, 1er semestre de 2006, pp. 72-73.

Consuegra, C. «Lo explícito carece de valor literario», entrevista por Cristina Consuegra en la revista digital Culturamas, 9 de agosto de 2010.

Cotoner Cerdó. L. «Prólogo: Carlos Vitale: el silencio y la voz», en Carlos Vitale, Unidad de Lugar, Candaya, Barcelona, 2004, pp. 7-24.

Coulombier, A. «Una poesía explícita, deja de ser poesía». Entrevista por Ana Coulombier en La Verdad, Murcia, 28 de junio de 2005.

Cristóbal, V. «Mitología clásica en la literatura española: consideraciones generales y bibliografía», Cuad. Filol .Clás. Estudios latinosnúmero 18, 2000, págs. 29-76.

Duarte i Montserrat, C. «El mar de dentro», prólogo en Carlos Vitale y Jaume Salvat (fotos), Quadern de l´Escala, en Villanueva Darío, Estructura y tiempo reducido en la novela, Edicions Vitel-la, Bellcaire d’Empordà, 2013, p.12.

Fernández Urtasun, R. «Reescrituras del mito en los microcuentos», en Ana Calvo Revilla y Javier de Navascués (eds.), Las fronteras del microrrelato, Teoría y crítica del microrrelato español e hispanoamericano, Madrid/ Frankfurt am Main, Iberoamericana/Vervuert, 2012, pp. 75-90.

García, C. «La felicitat i la misèria», Diari Avui, 28 de septiembre de 2005.

García, L. «Lo único que vale la pena es tratar de escribir lo mejor posible», Diario Córdoba. Cuadernos del Sur, 6 de febrero de 2010.

Hernández G. D. y Riquelme, V. «Sobre poesía y traducción», El Nacional, Caracas, 6 de octubre de 2007.

Larrosa, J. «Las buenas maneras de Carlos Vitale», Turia, número 91, junio-octubre 2009, pp. 483-486.

Moga, E. Lecturas nómadas, Canet de Mar, Candaya Abierta 2, 2007.

Ortega y Gasset, J. Meditaciones del Quijote, Madrid, Cátedra, 2005.

Rivadeneira, A. «La palabra da en el blanco», Escribir y Publicar, número 42, julio-agosto de 2005.

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Seferis, Y. Poesía completa (traducción, introducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña), Madrid, Alianza, 1986.

Tornel Minnaro, B. «Yo concibo el libro como un organismo que va creciendo», La Opinión, Murcia, 27 de junio de 2005.

Vacana, G. «Prefazione /Prefacio», en Carlos Vitale, Autoritratti / Autorretratos (1992-1997) (traducción al italiano de Teresa Albasini Legaz), Venafro, Edizioni Eva, 2001.

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APÉNDICE I

Poemas y minicuentos del escritor mencionados en el texto, por orden de aparición

Confabulaciones (1992)

III

SEIS APUNTES DE GRECIA

 

                                               Curiosa gente que dice encontrarse en

                        el Ática y no está en ninguna parte.

                                                                                              Yorgos Seferis

EN EL PALACIO DE NÉSTOR (PILOS)

Enséñame el camino.

MONEMVASIA

El mar adora a sus criaturas.

ANTE LA ROCA DE LA SIBILA (DELFOS)

La ocasión del destino.

EN EL CEMENTERIO DE MICENAS

Intento ver con los ojos de un muerto.

EN LA TUMBA DE EGISTO Y CLITEMNESTRA

El motivo es el fin.

EN LA TUMBA DE AGAMENÓN

Cuídate de quien te ama.

Vistas al mar (2000)

I

DIARIO DE CRETA

¿Y cómo puedo entrar ahora en esta ciudad?

                                                                                                          Michalis Pieris

PUERTO VENECIANO

¡Heraklión

que todo lo curas!

MAR DE LIBIA

Sumérgete

Mísero pez de playa.

HERSÓNISOS

Bajo la pérgola

una pausa de agua.

 

SANDÍA EN LA CANEA

El corazón

de la hospitalidad.

MESETA DE LASSÍTHI

Nubes de piedra

blanca.

CUEVAS DE MÁTALA

¿Dónde te ocultas

perezosa muerte?

MAR DE CRETA

Lo que has tenido y no sabías.

Lo que no volverás a tener.

ÍTACA

Y si he llegado,

¿qué haré de mí?

ACRÓPOLIS

Despacio.

Seguirá allí

cuando llegues.

A los siglos

no inquieta

tu ascendente

miseria.

Resopla, pues,

y calla.

EL PEQUEÑO SÍSIFO

El chico de enfrente ha consagrado toda la tarde a tirar avioncitos de papel desde el balcón. En cuanto uno se estrella, corre dentro de la casa, fabrica otro y vuelve a empezar. No consigue que sus vehículos emprendan el vuelo.


APÉNDICE II

 

Carlos VitaleENTREVISTANDO A CARLOS VITALE

Preguntas de Alexandra Golfinopoulou

(enviadas por correo electrónico el 8 de junio de 2016)

 

  1. Eres un argentino con raíces italianas afincado en España. No obstante, a pesar de esta “geografía personal”, Grecia ocupa un lugar bastante central en tu poética. ¿Podríamos atribuir tal circunstancia a la influencia de tus estudios filológicos o hay algo más?
  2. ¿Cuándo aparece por primera vez Grecia en tu obra?
  3. ¿Los viajes que has realizado a Grecia cambiaron tu punto de vista sobre el país? Y, para ser más concreta, ¿hay alguna diferencia en tu percepción de Grecia antes y después de tu primer viaje a este país?
  4. ¿Qué influencia ha ejercido en tu obra la lectura de poetas griegos, como por ejemplo Kavafis o Seferis? ¿Qué significado le das al encabezamiento de unas unidades poéticas –como, por ejemplo, el “Cuerpo presente” de Noción de realidad– con citas de la obra de dichos poetas?
  5. En los “Seis apuntes de Grecia” realizas un periplo por Pilos, Monemvasia, Micenas… Parece que las ruinas arqueológicas son una inspiración para ti. ¿Es cierto y en qué sentido?
  6. En tu último viaje a Atenas, el febrero de 2012, para la presentación de la edición de la versión griega de La descortesía del suicida, participaste en un taller de traducción de unos poemas tuyos al griego en el Instituto Cervantes. En dicho taller, aparte de los poemas previstos a traducir, nos sorprendiste con un poema escrito precisamente aquel mismo día, titulado “Acrópolis”, que luego fue incluido en tu libro Fuera de casa. ¿Tan espontáneamente surge la inspiración en Grecia?
  7. La intertextualidad es una constante en la literatura. Según tu opinión, ¿qué ha aportado la Hélade en la literatura escrita en lengua castellana?

 

Respuesta de Carlos Vitale

(recibida por correo electrónico el 23 de julio de 2016)

 

Aparte de Argentina, donde nací, hay tres países importantes en mi “geografía personal”, como dices, o sentimental: España, Italia y Grecia. Y los tres por razones distintas. España porque me acogió hace ya 35 años y he pasado más de la mitad de mi vida. Italia porque lo llevo en la sangre: mis dos padres eran italianos, mi madre de la Basilicata, en la antigua Magna Grecia, y mi padre del Molise, una región que no está demasiado alejada de ella. Esto me llevó a aprender italiano y a traducir a los poetas italianos a los que amaba desde la adolescencia. Grecia, en cambio, apareció en mi vida en el último curso de la escuela primaria, cuando ni siquiera soñaba, en la lejanísima Buenos Aires, con que algún día podría estar en Atenas. El maestro nos pidió que hiciéramos una carpeta sobre la Grecia clásica, que aún conservo, y en la que recuerdo haber incluido dibujos del Caballo de Troya y de Pericles. Luego llegó la literatura, primero los clásicos, después los grandes poetas del siglo XX, en particular Cavafis y Seferis. Pero el impacto definitivo se produjo en 1988, cuando viajé por primera vez a Grecia: Atenas, Sunion y todo el Peloponeso. Fue entonces cuando escribí mis primeros poemas de “tema griego”: “Seis apuntes de Grecia”, en los que incluí una genial cita de Seferis. Años antes, aunque solo porque me pareció muy oportuna, en mi poema “Cuerpo presente” había puesto una cita de Cavafis. Grecia era casi una incógnita para mí antes de viajar por primera vez a ella. Y una vez allí me deslumbró. Así surgieron mis primeros poemas. Todo era tan impresionante que parecía que los poemas clamaban por salir a la luz. No creo que los poetas griegos hayan influido en sentido estricto en mi obra, pero habría que ser muy necio para leer a poetas de semejante nivel sin aprender algo, por más que no pueda decir qué. Los encabezamientos son solo para estar “bien acompañado”, en ocasiones añaden matices a mis textos, otras los contradicen. Si bien, a veces, es un riesgo, porque el lector puede pensar que mis poemas no son dignos de la cita. Suena tal vez un poco anticuado o cursi, pero sí, puedo decir que Grecia me inspira, creo que el estímulo es tan fuerte que no puedo ni quiero evitar escribir. Lo mismo me ocurrió en 1999 en mi viaje a Creta. Y en 2012 con mi poema “Acrópolis”, que escribí el mismo día del taller y que fue una sorpresa incluso para mí. Grecia se impone, es abrumadora a la vista, te obliga a hablar (poéticamente). La Hélade lo ha aportado todo, a toda la literatura universal, al menos a toda la literatura occidental, no solo castellana. Después de Homero no hacemos más que reescribir trozos de la Ilíada y la Odisea, allí está absolutamente todo, los temas, los recursos retóricos, etc. Los que hemos venido después no somos más que epígonos de Homero, pequeños Homeros que no han inventado nada.


[1] Seferis, Yorgos, Poesía completa, traducción, introducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña,

  Madrid, Alianza, 1986, p. 101.

[2] En http://www.unav.es/gep/dors/memoria_urbana3.htm, consultado el 22/8/2016.

[3] Luego se incluyeron en Vistas al mar (Vic: Emboscall, 2000), en Unidad de lugar (Candaya, 2004) y Fuera de casa (La Garúa, 2014).

[4] «Vistas al mar» constituye también la segunda parte del libro Fuera de casa (La Garúa, 2014), siendo la primera parte «Interiores» (que consta a su vez de seis secciones: «I Val de Comino», «II Tierra púrpura», «III Postales merideñas», «IV Primavera estonia», «V Ronda ciociara» y «VI Ida y vuelta»).


 

Carlos Vitale
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José Rico - Editor

José Rico - Editor

Oviedo (España) 1956. Gestor cultural.

Director-Editor del semanario de artes y humanidades "Las nueve musas".

Fundador y administrador de la red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

En octubre de 2016 funda el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones.

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