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Las nueve musas
tilde

Algunos aspectos no tan difundidos sobre la acentuación en nuestra lengua

Al pronunciar cualquier palabra en español, es fácil darse cuenta de que una de sus sílabas se emite y se percibe siempre con mayor intensidad. Esta es la llamada sílaba tónica o acentuada, que en ocasiones necesita ser representada gráficamente con una tilde. Sin embargo, la acentuación presenta otros aspectos no tan difundidos.

En este artículo procuraremos comentarlos. 

  1. El acento, un fenómeno prosódico
Ortografía y ortotipografía del español actual
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 En un sentido amplio, el acento se puede definir como el esfuerzo intensivo —ya físico, ya intencional— que destaca una sílaba por sobre las demás o que destaca una palabra monosílaba por sobre otras sílabas contiguas.[1] El acento consiste, pues, en el mayor resalte con el que se emite y percibe una sílaba con respecto a las de su entorno.

Ahora bien, el acento es en principio un fenómeno prosódico, es por eso por lo que solo algunas lenguas lo representan gráficamente. El español es una de ellas. Para ello dispone de un signo representado por una rayita oblicua (´), que, colocado sobre una vocal, indica que la sílaba de la que la vocal en cuestión forma parte es la sílaba acentuada de la palabra. A este signo se lo denomina tilde, aunque también recibe el nombre de acento gráfico u ortográfico.

El sistema de reglas que codifica el uso de la tilde, por su parte, está pensado para conocer la acentuación prosódica de cualquier palabra del vocabulario español, incluso sin la necesidad de verla escrita.[2] Así, según la posición de las sílabas en las que recae el acento, las palabras pueden ser:

  • Agudas u oxítonas: el acento recae en la última sílaba (amor, canción, temió).
  • Graves, llanas o paroxítonas: el acento recae en penúltima sílaba (mesa, bil, lucero).
  • Esdrújulas o proparoxítonas: el acento recae en la antepenúltima sílaba (grima, ínfimo, lamo).
  • Sobresdrújulas o preproparoxítonas: el acento recae en la sílaba anterior a la antepenúltima (metelo, habiéndosenos, recójanmelos).
  1. Un acento variable, distintivo y contrastivo
Ortografía Mocerna
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Contrariamente a lo que sucede en las lenguas de acento fijo, en las que este ocupa siempre la misma posición dentro de la palabra, o en las lenguas de acento condicionado (como podría serlo el latín), en las que la posición del acento está determinada por diferentes factores, el español es una lengua de acento libre. Esto significa que la sílaba tónica puede ocupar diversas posiciones dentro de la palabra sin que aquellas estén condicionadas por alguna variable ajena a las propias reglas de acentuación.[3] Así, tal como vimos en el apartado anterior, el acento en español puede recaer en la última, la penúltima o la antepenúltima sílaba y, en algunos casos, en una sílaba anterior a la antepenúltima.

Como consecuencia de su posición variable, el acento en español se caracteriza asimismo por su capacidad de distinguir palabras idénticas, por lo que este rasgo prosódico tiene en nuestro idioma un valor fonológico. De este modo, muchas palabras de nuestro léxico pueden distinguirse a partir de su esquema acentual, es decir, a partir del hecho de que el acento recaiga, en cada una de ellas, en una sílaba distinta. Esto es lo que sucede en la serie blico, publico y publi, en la que vemos que el acento distingue un sustantivo (que también puede ser un adjetivo) de dos verbos del modo indicativo, uno en primera persona del presente y otro en tercera persona del pretérito perfecto simple. Sucede lo mismo en la oposición que existe entre para, forma del verbo parar, con acento prosódico en la primera sílaba, y para, preposición que carece de acento prosódico.[4]

El último ejemplo del párrafo anterior pone en evidencia que, al pronunciar aisladamente una sílaba, no es posible determinar si esta es tónica o átona. Así pues, solo dentro de la secuencia temporal que representa la cadena hablada puede establecerse dicha distinción. El acento, por consiguiente, tiene también un carácter contrastivo.

Estas características, aparte de determinar las funciones del acento, explican por qué la ortografía española ha considerado acertado establecer un sistema de reglas precisas para todas las palabras acentuadas que integran nuestro léxico.[5]

  1. Acentos primarios, secundarios y sintácticos
Ortografía de la lengua española
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Como ya se ha dicho, el único acento que nuestro sistema ortográfico tiene en cuenta es el que recae sobre la sílaba tónica de la palabra, es decir, aquella sílaba que se pronuncia con mayor intensidad. Este acento primario que, desde una perspectiva fonológica, llamamos prosódico, recibe la denominación específica de acento léxico cuando tiene como ámbito específico la estructura natural de la palabra. Ejemplos de este acento primario o léxico serían los vocablos , tasa, triciclo, previsible, recuérdaselo.

Existen también uno o dos acentos adicionales, menos fuertes, llamados acentos secundarios. Se encuentran sobre todo en palabras de más de tres sílabas, en voces compuestas o en palabras integradas por una forma verbal y varios pronombres combinados, tal como lo indican los siguientes ejemplos: supermercado, bienvenido, sela, dijaselo. Los acentos secundarios carecen de valor fonológico y constituyen un fenómeno estrictamente fonético, sin ningún tipo de efecto ortográfico.

En paralelo a los acentos primarios y secundarios, pueden observarse otros tipos de acentos que operan en unidades lingüísticas más grandes. Es el caso del acento que marca la mayor intensidad dentro de los grupos fónicos, es decir, dentro de cada uno de los segmentos del enunciado delimitados por dos pausas sucesivas. Esto es lo que se denomina acento sintáctico o máximo, que, en español, suele recaer sobre la última sílaba tónica anterior a la pausa; de modo que, en una oración con dos grupos fónicos claramente discernibles como Si quieres verme el viernes, tendrás que pasar por el instituto, los acentos sintácticos o máximos recaerán sobre las sílabas -vier- y –tu-.

Es importante entonces recalcar que, en español, el acento primario o léxico es el único que tiene carácter distintivo o fonológico, ya que la presencia o ausencia de los otros dos tipos no altera, en principio, el sentido del mensaje, y si llegara a hacerlo, la alteración estaría más bien relacionada con la situación e intención comunicativas que con el sentido nocional.[6] Esta es la verdadera razón por la cual nuestro sistema ortográfico solo da cuenta del acento primario o léxico; este es, sin ir más lejos, el porqué de su diseño.

 

[1] Tradicionalmente se consideraba que el parámetro fundamental en la caracterización fonética del acento en español era la intensidad o fuerza espiratoria, de ahí que se hablara (y se hable todavía) de acento de intensidad.

[2] Véase José Martínez de Sousa. “Ortografía y ortotipografía del español actual”, Gijón, Trea, 2005.

[3] Véase José A. Escarpanter. ‘Ortografía moderna’,  Madrid, Playor, 1980.

[4] La tilde diacrítica, que fundamentalmente afecta a los monosílabos, presenta un caso similar, ya que, por regla general, los monosílabos son vocablos átonos. Así pues, la forma verbal , tónica, se distingue de la preposición de, átona.

[5] Las reglas de acentuación gráfica vigentes son las que establece la ‘Ortografía de la lengua española’, obra publicada por la RAE y la ASALE en 2010.

[6] Véase Fernando Carratalá. Manual de ortografía española. Acentuación, léxico y ortografía, Madrid, Castalia, 1999.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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