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Las nueve musas
Arte sonoro

Un breve viaje por el arte sonoro

El arte sonoro o bien Sound Art es una invitación a un vuelo por la imaginación o una excursión hacia un mundo musical abstracto.

Requiere esencialmente de un espectador susceptible que esté dispuesto a interpretar lo que ve y escucha.

Sabemos que el sonido puede tener un efecto profundo en nosotros, el artista Brandon Labelle afirma que “el sonido intrínseca e inevitablemente se relaciona con todos nosotros, es decir, emana, se propaga, se comunica, vibra, se agita, sale del cuerpo y entra en los demás; además une y desquicia, armoniza y traumatiza y hace que el cuerpo se mueva o que la mente sueñe” (Labelle, 2015). El Arte sonoro no es tan distinto, nos suele impactar de forma similar y cuestiona la relación existente entre los objetos y el sonido.

El arte sonoro suele presentarse en distintas formas y tamaños, algunas piezas se presentan como instalaciones de arte, otras como esculturas sonoras, otras contienen un elemento de performance y para no hacer esta lista interminable, se puede concluir que en esta expresión básicamente se permite de todo, aunque es importante resaltar que no toda obra será trascendental.

Desde sus inicios, el arte sonoro ha venido acompañado de un halo de misterio, ya que se ha partido de la premisa de que no es más que una extensión de las artes visuales, pero la historia nos ha mostrado —al menos así lo ha sido en el arte contemporáneo— a no tomar aseveraciones tan apresuradas. Hay quienes afirman como el musicólogo Miguel Molina Alarcón, que “el arte sonoro no surge a partir del referente de la música, por lo que no mantiene una actitud ni a favor ni en contra, sino que centra su atención en todas las posibles manifestaciones del fenómeno sonoro” (Alarcón, 2008). Hay otros quienes opinan que “los términos música experimental y arte sonoro son considerados por algunos como sinónimos e intercambiables (Lander, 1990, citado por Alarcón, 2008) pero lo que es cierto es que el efecto logrado por estas obras dentro del arte sonoro, nos ayudan a experimentar dimensiones que difícilmente visitaremos en la vida diaria. Y es precisamente por esto que es importante el arte sonoro, ya que nos permite experimentar algo más allá de lo cotidiano simplemente por concedernos el derecho a escuchar.

Ahora bien dentro del arte sonoro las obras pueden variar, por ejemplo una instalación puede ser también un instrumento musical e involucrar a un músico, como lo es el caso del concierto de piano “Aluminum piano Concert” (2011) de los hermanos Bernard y François Baschet, en donde la música junto con la escultura e intérprete tienen una comunión perfecta, o bien puede ser sencillamente un sonido que emana de alguna alcantarilla en Nueva York, como es el caso de la instalación de título “Times Square” (2005) de Max Neuhaus. O tal vez una escultura que es interpretada por el mismo viento sin necesidad de ejecutante, como es el “Singing Tree” (2006) de Mike Tonkin y Anna Liu, o el “Blackpool High Tide Organ” de Liam Curtin y John Gooding. Por último puede ser algo también como el “Harmonic Bridge” de Bill Fontana (2006), que nos sensibiliza ante las vibraciones ocasionadas por la gente que pasa por arriba de un puente, que no son más que sonidos que no logramos percibir regularmente pero que siempre están presentes. Es pues a través de estas instalaciones u obras sonoras, que nos sensibilizamos para escuchar sonidos que no escuchamos habitualmente.

John Cage nos enseñó a escuchar a los sonidos de forma indiscriminada; es decir, escuchar sonidos que no son necesariamente musicales y permitirnos tener una experiencia musical de otra naturaleza, sin ser influenciados por el rechazo que hemos desarrollado como humanos por los sonidos que comúnmente no nos resultan musicales (Bass, Jacob, 2004). El arte sonoro puede llegar a sugestionar del tal grado al espectador que lo lleve a un estado casi hipnótico o a una realidad distante e incierta—y no necesariamente amable—, pero esta misma obra puede ser un escape o bien una invitación a evadir la cotidianidad y reflexionar sobre lo que discernimos como humanos. Nos da la oportunidad de abandonar el mundo tangible para entonces entrar al mundo del ruido organizado o no organizado en su defecto.

Fue durante el siglo XX después de la Segunda Guerra Mundial cuando  realmente se desarrollan obras de gran envergadura en el campo del arte sonoro, obras que de alguna manera nacen de la música concreta en París—descrita en aquel entonces como objetos de sonido por Pierre Schaeffer y Pierre Henry—, pero fueron llevadas a otras dimensiones y/o formas en los años 50 por creadores como los hermanos Baschet y otros con esculturas sonoras. Hoy en día hay manifestaciones de arte sonoro que no dejan de impresionarnos o de erizar la piel, como la intervención en espacio público del artista Markus Kison de nombre “Touched Echo” (2007), en la cual a través del uso de nuestros propios huesos, siendo presionados contra un puente metálico, podemos escuchar sonidos de las ciudades que fueron devastadas en el bombardeo en Dresde de 1945 en la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo a  Kison (2007) “los visitantes en Dresde son transportados en el tiempo a la noche del terrible ataque aéreo que devastó su ciudad el 13 de febrero de 1945”.

Desde que el ruido fue introducido a la composición, “los artistas y compositores han creado trabajos basados en la presunción de que todos los sonidos son música” (Alarcón, 2008) y esto le permite la libertad a los creadores para lograr trabajos que no estén necesariamente apegados a un formato específico dentro de la música como lo son las obras antes mencionadas. Hay otras instalaciones que juegan con otros elementos como son la “Microtonal wall” (2011) de Tristan Perich en donde utiliza 1,500 altavoces para emitir frecuencias microtonales, o por último la Instalación de sonido “Intersection” (1993) de Don Ritter, en donde crea un juego interactivo de sonidos y autos, como una especie de videojuego y muchas otras obras que combinan diversos elementos de forma divertida e innovadora.

En definitiva el arte sonoro no es más que una oportunidad más para cruzar el umbral de la simple cotidianidad y acceder a un mundo imaginario lleno de posibilidades, reconstruir algo sucedido o experimentar una dimensión sonora nueva. Es importante pues escuchar la presencia del sonido fuera de las estructuras convencionales de la música como dice Labelle (2015) y/o fuera de la cultura del consumidor, ya que esto nos permitirá enriquecer nuestra experiencia sonora.

Habremos de estar atentos a lo que el futuro nos brinde en términos de arte sonoro, es posible que suceda lo que sugiere Molina Alarcón (2007), que “el arte sonoro eventualmente puede ser asimilado como una categoría o subgénero dentro de la música, en la medida que pueda entenderse como una nueva forma musical de “componer”, así como de interrelacionar la imagen y el sonido, como lo fueron también el ballet y la ópera”. Entonces no habrá más que permitirnos experimentar a mayor escala el mundo del arte sonoro sin intentar siempre justificarlo y/o rechazarlo.


Bass, J., Jacob, M.J.(2004). Buddha Mind in Contemporary Art. Berkley and Los Angeles, California. University of California Press.

Labelle, B. ( 2015). Background Noise, Second Edition: Perspectives on Sound Art. New York, London. Bloomsbury Publishing Inc.

Molina, M. (2008), El Arte Sonoro. ITAMAR, Revista de investigación musical:Territorios para el Arte. Nº(1), 213-234

Alfonso Molina

Alfonso Molina

Alfonso Molina (b.1980) compositor mexicano de ópera, música orquestal, música de cámara, teatro musical, música de cine y otras artes visuales, de Sonora, México.

La música de Molina utiliza elementos y técnicas expresivas del siglo XXI, así como influencias populares impulsadas desde el pasado, para crear música. Mientras vivía en Nueva York, Molina estableció numerosos trabajos de colaboración con coreógrafos, compañías de teatro y cineastas. Realizó sus estudios profesionales con Rudolph Palmer y David Tcimpidis en The Mannes Conservatory, The New School for Music y obtuvo su Maestría en Música, estudiando con Richard Danielpour y Marjorie Marryman en la Manhattan School of Music. Los estudios adicionales incluyen estudios con Samuel Zyman y Ladislav Kubik y tiene un doctorado de la Universidad de Arizona que estudia con Daniel Asia.

Sus trabajos han sido realizados en Nueva York, California, España, Brasil, República Checa, Arizona, entre otros lugares por la Orquesta de Philarmonia de MSM, la Filarmónica de Jazz, el Cuarteto de Mivos, AtonalHits, Músicos Asociados de Create New York (AMF Local 802) / RMA, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA), la Orquesta Sinfónica de Sonora (OFS), los jugadores de cámara de la Orquesta Filarmónica Checa y varios solistas. En México, sus obras se han realizado en el Palacio de Bellas Artes, el Museo Tamayo, entre otros lugares.

Su primera ópera titulada "Alienidad ilegal" (2014) ganó reconocimiento internacional en los Estados Unidos y en México desde su estreno en Arizona. La ópera trata temas de inmigración como la xenofobia y el derecho a la propiedad privada y recibió el Premio a la Defensa por parte de la Boston Metro Opera (BMO) y es parte de los programas educativos en curso de Boston. En 2016, se realizó en Alamos, México, como parte del Festival de Música Ortiz Tirado (FAOT). Molina también escribió un musical titulado Monarch, un musical mexicano-estadounidense, sobre Dreamers en los Estados Unidos, así como las luchas que los latinoamericanos enfrentan hoy en día en los Estados Unidos mientras son perseguidos.

Molina ha recibido numerosos premios, entre ellos, ASCAP, la Fundación Carolina, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México (FONCA-CONACYT), entre otros. Sus trabajos incluyen bandas sonoras como “De Nadie-Border Crossing (2006) Ganador del Premio del Público en Sundance, Proof of Birth (2007) y otros.

Actualmente, Molina está haciendo una residencia en Barcelona España, gracias a una beca de la Fundación Carolina, en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), que trabaja con Artes Visuales Musicales.

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