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Tres ilustres plumas que reivindicaron la justicia del XIX

Ningún lugar del mundo fue tan cruel e inhóspito para las clases más desfavorecidas que la Inglaterra del XIX.

Las clases altas consideraban, literalmente, que los pobres no tenían categoría  de personas; quizá porque esa creencia facilitaba volver los ojos ante la realidad social que bien se mostraba ante ellos.

Tres ilustres plumas que reivindicaron la injusticia del XIXLa esperanza de vida de un obrero era de 18 años, frente a los 38 de la población más afortunada, aquélla que se representaba en el teatro y las novelas; y no era extraño: desde muy temprana edad, a veces entre 4 y 6 años, comenzaba un obrero a producir en condiciones infrahumanas.

Al respecto recoge Juan Antonio ÁlvarezUría Rico un comentario del espeluznante informe sobre los niños obreros que hiciera un magistrado del distrito de Nottingham en 1860: “eran sacados a rastras de sus miserables camas a las dos, tres o cuatro de la mañana y obligados a trabajar para ganarse sus mendrugos hasta las diez, once o doce de la noche. Sus miembros se consumían, sus cuerpos se debilitaban, sus rostros estaban blancos y todo su ser se hundía en un torpor horrible“. Este informe da una idea bastante clara de la desesperada situación de la infancia en particular; muchos de ellos eran mantenidos en estas condiciones por sus propios padres, en una época en la que se tenían hijos para que ayudaran con su trabajo al sostenimiento de la familia.

Teniendo en cuenta que a la explotación laboral se sumaba el hambre o la malnutrición; las deficientes medidas higiénicas; la carencia de medicinas e incluso la suciedad del agua que bebían, no es de extrañar que la esperanza de vida fuera tan baja. Por supuesto muchos niños morían, pasto de enfermedades y miseria; otros optaban por el delito, y terminaban también sus vidas de forma temprana, en las insanas cárceles o en el cadalso.

En este escenario vino al mundo Charles Dickens, dentro de una familia de medios discretos que podría haber progresado de no ser por la despreocupación de los padres por la economía familiar. El padre, John Dickens, tendía a vivir por encima de sus posibilidades;  y la madre, Elizabeth, ignoraba por completo el concepto de economía doméstica. En aquella época existía la cárcel por deudas, y ése fue el resultado del defecto del matrimonio Dickens; la familia acompañó al padre compartiendo celda en la prisión, puesto que tal cosa estaba permitida, y el pequeño Charles fue obligado a trabajar en una fábrica de betún a la edad de 10  años. El sufrimiento de esta experiencia le inspiraría años más tarde la necesidad de reflejar en sus novelas el dolor, la miseria y la absoluta indefensión de los niños ingleses.

Una herencia de 450 libras permitió a Dickens padre pagar sus deudas y recuperar la libertad. Enseguida quiso que Charles dejara la fábrica, pero su madre no se mostró tan dispuesta; Charles nunca pudo perdonar que antepusiera sus propios intereses al bienestar de su hijo.

Oliver Twist Y sin embargo esta decepción enriquecería la temática de su obra con la cualidad que distingue toda obra Dickensiana: que trata de la realidad de la vida, en toda su crudeza, a la vez que ensalza todas las virtudes, particularmente las familiares. La experiencia vital, la infelicidad y la propias carencias, expresadas a través de los personajes de sus novelas en un estilo que conseguía emocionar al público hasta llegar a las lágrimas, pero a su vez tratado con humor y finísima ironía, consiguió que    sus novelas no cumplieran tan sólo el objetivo de entretener, sino el de concienciar al lector y cambiar mentalidades.

Si Dickens fue el defensor del proletariado, previamente la influencia de Jane Austen se había extendido, por contra, entre las clases burguesas con la misma intención: acercar al personaje  a la simpatía del lector, para facilitar la empatía de éste con su problema. La injusticia del mayorazgo, por ejemplo, es un tema recurrente en Austen, y se cita en casi todas sus novelas; principalmente en Sense and Sensibility (1811) y Pride and prejudice (1813). El mayorazgo era una institución en materia de sucesiones que excluía a la mujer, y otorgaba los bienes al hijo primogénito;  caso de ser de hembras la descendencia el legado pasaba al pariente varón que tuviera más derecho por proximidad.

Del mismo modo que hiciera Dickens en la suya, en la obra de Jane Austen se refleja su situación personal: la estrechez económica que pareciera durante toda su vida, y la necesidad de ocultarla con la pretensión de aparentar menos modestia está presente en sus argumentos, cumpliendo además la función de crítica de una sociedad inamovible, acostumbrada al statu quo de las cosas, y poco propensa a cambiarlas.

Si Dickens reivindica principalmente la figura de la infancia, Jane Austen lo hace con la adolescencia y primera juventud. Sus heroínas son muchachas muy jóvenes; obsesionadas por el matrimonio o reticentes a contraerlo; transgresoras y avanzadas. Puede decirse que Austen fue una de las primeras impulsoras del movimiento feminista, al menos en lo tocante a la reivindicación de la mujer como ser inteligente y deseoso de emancipación. Incluso -y todo ésto casi medio siglo antes de la época que retrata Dickens– en materia sexual; aunque de forma velada, trata el tema de las relaciones prematrimoniales, y la hipocresía social al respecto.

Habiendo hablado de dos autores ingleses cuyas obras causaron impacto en los albores y mediados del XIX, cabe hacer mención de una obra escrita también en Inglaterra; en Jersey, concretamente, donde Víctor Hugo residiera entre los años 1852 y 1870, huyendo de problemas políticos en su Francia natal: se trata de Les misérables, una de las más importantes del XIX en materia de injusticia social, y que vio la luz en 1862, en suelo inglés. Esta vez, el objetivo es reivindicar la crueldad del sistema penitenciario y la protesta contra el pensamiento burgués. En la novela Víctor Hugo también manifiesta su oposición a la pena de muerte.

Contemporáneo de Dickens, quizá pudieran resumirse los esfuerzos de ambos por dar a conocer la miseria de su siglo con las palabras que cierran la novela de Víctor Hugo, y que describen al objeto de su lucha:“Ellos son “Los miserables”, los parias, los Desamparados”…

Los mismos que se citan en una lápida de la abadía de Westminster que reza:

A la memoria de CHARLESDICKENS (EL AUTOR MÁS POPULAR DE INGLATERRA) Que murió en su residencia, Higham, cerca de Rochester, Kent, EL 9 DE JUNIO DE 1870,  la edad de 58 años.

FUE SIMPATIZANTE DE LOS POBRES, LOS QUE SUFREN Y LOS OPRIMIDOS; Y CON SU MUERTE, UNO DE LOS MÁS GRANDES ESCRITORES SE PIERDE PARA EL MUNDO.

Yolanda Cabezuelo Arenas

Yolanda Cabezuelo Arenas

Yolanda Cabezuelo Arenas es un espíritu libre, extraño equilibrio entre la estricta educación conservadora y la influencia librepensadora de su padre José Luis Cabezuelo Holgado, insigne abogado que durante muchos años lo fuera del Consulado de Italia en Sevilla, ciudad donde era conocido por su erudición.

De su madre, Laura Arenas Green, perteneciente a una familia aristócrata y aficionada a las Artes, hereda el de verbalizar y hacer visible la realidad. Hay que recordar que es sobrina de Luis Arenas Ladislao, conocido fotógrafo cuyo legado diera a la belleza de Sevilla proyección internacional, incluso la Sevilla secreta de la más estricta clausura en e Sevilla oculta, Sevilla eterna y Semana Santa en Sevilla.

Su tatarabuelo, Isauro López-Ochoa y Lasso de la Vega, fue un periodista perseguido por sus ideas liberales; fundador de la revista El Avisador, que contaba con la colaboración de Javier Lasso de la Vega, José Gestoso, Luis Montoto, Antonio Machado y José de Velilla, entre otros.

El ambiente familiar propició el trato desde niña con personajes destacados de las Artes, recibiendo una formación esmerada en el estudio de la Historia, Literatura, Música y Pintura, faceta que perfeccionó en la escuela de Artes Aplicadas y oficios artísticos de Sevilla. También fue alumna de José María de Mena en la escuela de Arte dramático, llegando a interpretar y dirigir obras como Cinco horas con Mario, La vida es sueño, Don Juan Tenorio y La casa de Bernarda Alba.

La principal temática de sus escritos ligeros se centra en el comportamiento humano. Para estudiarlo no ha dudado en introducirse en distintos ambientes sociales, incluso marginales. Aunque reconoce que “habría podido evitar conocer a algunas personas, he aprendido la importancia de los valores viendo las consecuencias que sufren quienes viven sin ellos”.

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