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Las nueve musas
Toulouse.-Lautrec

Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre. El París de finales del siglo XIX

“Toulouse analiza la sensación como estímulo psicológico, y naturalmente, del nivel del individuo pasa al de la sociedad porque nada es en sí, todo es relación.  Por eso su búsqueda se identifica con la contemporánea del Art Nouveau, es decir, del arte que tiende a insertarse en la sociedad, a interpretarla, a captar el ritmo de su existencia”.

 Giulio Carlo Argan. El arte moderno 1770-1970

“Incluso este París fastidioso y enfermo parece acoger a los jóvenes soles, y como con un inmenso abrazo tiene los mil brazos de sus tejados colorados.

 Paul Verlaine

Si tienes la suerte de haber vivido en París de joven, luego París te acompañará vayas donde vayas, todo el resto de tu vida”

 Ernest Hemingway. [amazon_textlink asin=’8490327238′ text=’París era una fiesta’ template=’ProductLink’ store=’lasnuevemus07-21′ marketplace=’ES’ link_id=’8b06100b-03f2-11e9-a62f-0fc11a48694d’]. 1964

En la sede barcelonesa de CaixaForum se expone Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre a través de 350 obras provenientes de colecciones de todo el mundo, entre pinturas, dibujos, grabados, esculturas, diarios, carteles, fotografías y diversos objetos de la época, como por ejemplo un teatro de sombras itinerante original.

El comisario es el crítico de arte estadounidense Phillip Dennis Cate, actual director emérito del Zimmerli Art Museum of New Jersey.

ExposiciónLa exposición va acompañada por una serie de actividades paralelas, entre ellas un ciclo de conferencias relacionadas con el paisaje bohemio de Montmartre impartidas por reconocidos historiadores y especialistas. La muestra se divide en diversos apartados que abarcan determinados aspectos de la vida parisina: Montmartre, el Moulin Rouge, la absenta, Le Chat Noir, los espectáculos de cabaret y circenses, las revistas de humor, las enormes litografías en color, el teatro de las sombras chinescas, los vestidos de volantes, los sombreros de copa. En suma, todo lo acaecido a finales del siglo XIX y que ha transformado la historia del arte por su dinamismo y provocación, donde la libertad de expresión –hoy en día en plena crisis– se aprecia en todos los ámbitos artísticos delante del convencionalismo burgués y, lo que es más importante, el enfrentamiento con el conservadurismo académico. Es un momento en el que se rompen o decaen muchos estigmas de la sociedad de la época, donde sobresalía la pomposidad y la hipocresía.

Por unos meses la antigua fábrica Casarramona (ubicación actual de Caixaforum) se convierte en el barrio parisino de Montmartre -un antiguo municipio independiente que se anexionó a la capital en 1860-, y en la que conviven desde un cabaret: Le Chat Noire, a un teatro de sombras chinescas, así como los libros y las revistas de arte, caso de Revue blanche con las litografías y dibujos de los carteles comerciales que reflejaban las costumbres de la época.  De Henri Tolouse-Lautrec (1864, Albi- 1901, Saint André du Bois), se exhiben unas sesenta obras entre óleos, dibujos y litografías, así como los trabajos de una veintena de artistas, entre ellos Pierre Bonnard, Paul Signac, Théophile Steinlein, Vicent Van Gogh, Edouard Manet y Pablo Picasso, junto a otros más desconocidos, pero de igual talento que los anteriores.

La exposición se divide en nueve ámbitos puestos en un entorno que recuerda el Paris de finales del siglo XIX, en el que el público que va contemplando las distintas salas de la exposición se siente atraído por el ámbito bohemio de la ciudad viéndose inmerso en una vorágine de imágenes que le permite conocer de cerca lo que ocurría en “el barrio de los pintores”, o lo que es lo mismo: Montmartre, que hoy día sigue siendo una de las zonas más visitadas de la ciudad, con la basílica del Sacré Coeur como principal centro de atención. En 1880 el barrio no tenía interés para los parisinos, ya que era un lugar donde vivía gente pobre y marginada, pero paulatinamente se fueron acercando jóvenes artistas, escritores, músicos y actores ávidos de aventuras que lo revitalizaron. Tuvo mucho que ver con este cambio la apertura del cabaret Le Chat Noir por parte del artista Rodolphe Salis, que solían frecuentarlo los protosurrealistas y los protodadaístas denominados Les Arts Incohérents. Unos años más tarde ya existían en el barrio cuarenta locales dedicados al ocio.  En general la actitud de los artistas, poetas y actores era la de enfrentarse al poder local, o sea, a las instituciones oficiales, donde imperaba el conservadurismo y conformismo, tanto político como social, por lo que los intelectuales se decantaron en mostrar el ambiente real que rodeaba el barrio, y por ello en sus obras aparecían prostitutas, vagabundos, locales de ocio: cabarets, salas de baile, y también el dinamismo y colorido de las calles.

Toulouse-Lautrec
El bosque sagrado

La exposición la inicia París y Montmartre, donde se refleja la obra de los naturalistas, los simbolistas, los nabis y les incohérents, así como de Toulouse-Lautrec, del que se muestra El bosc sagrat (1884), cuadro de grandes dimensiones que ocupa una de las paredes de la sala, en  el que hace parodia de una obra del pintor simbolista francés Puvis de Chavannes, con el mismo título, que se exhibió por primera vez en el salón academicista de la Societé National de Beaux-Arts en el Palais de l’Industrie. Según Phillip Dennis Cate, se trata de una burla “de la escena pastoral de Puvis de Chavannes, pero lo más importante del cuadro es la substitución de las musas alegóricas del arte y la literatura situadas a la derecha de Tolouse-Lautrec de espaldas, por Anquetin con ropa de trabajo, de los poetas Édouard Dujardin con barba rosa y Maurice Barrès con sombrero de copa, así como otros personajes coetáneos”.

Chat NoirEn los apartados de El Primero Chat Noir y El segundo Chat Noir se exhiben diversas obras, entre pinturas, carteles y dibujos, relacionados con este cabaret, siendo los gatos los grandes protagonistas. Existen diversas teorías de su origen, aunque la más probable sea la del propietario del local Rodolphe Salis, que quiso aunar el arte con el bar viendo un cartel de Édouard Manet que había sido creado para el libro Les chats de Jules Champfleurey, que se muestra en la exposición. Otra pieza destacable es un óleo sobre tela de Adolphe León Willette titulado Dos amigos (mujer y gato negro) (1881), en el que el gato se encuentra encima de uno de los brazos de la mujer que lleva un camisón blanco, lo que contrasta con el gato de color negro.

En 1885 el propietario del Chat Noir se trasladó a otro local más amplio de la rue Laval, cerca del antiguo negocio, que posteriormente seria gestionado por el cantante Aristide Bruant, al que Toulouse-Lautrec inmortalizó en diferentes ocasiones como en el cartel Amabassadeurs: Aristide Bruant (1892), donde se le ve vestido de oscuro, pero con una bufanda roja que contrasta con su atuendo. También Sacha Guitry lo representó en la acuarela y tinta china Retrato de Aristide Bruant (1905), llevando la misma indumentaria. El antiguo local de Salis pasó a denominarse Le Mirliton, igual que la revista, tal como ocurrió con Le Chat Noir. Steilen dibujó la cubierta de la que se publicó el 09.06.1893, con la canción Les Quat’pattes de Aristide Bruant.

l'Epopeia
L’Univers Illustré – l’Epopeia por Louis Tinayre

En Le Mirliton Toulouse-Lautrec hizo varias exposiciones, como a su vez se realizaron infinidad de representaciones del teatro de sombras, en el que, a través de un proceso técnico muy complejo, se daban “todos los ingredientes del futuro cine: movimiento, color y sonido (música y voz)”. Fue creado por los artistas Henri Rivière y Henry Somm, de los que se pueden contemplar diversas páginas del álbum del teatro de sombras, La tentación de san Antonio (1887) de Rivière, que constaba de cuarenta escenas. También es interesante ver un fotograbado de la revista L’Univers Illustré, en que aparece un acto de la representación teatral, L’Epopeia, publicada el 12.02.1887 por el dibujante Louis Tinayre, donde se aprecia como el público sentado cómodamente contempla lo que ocurre en el escenario. De hecho, este teatro funcionó durante un decenio, llegándose a celebrar más de cuarenta obras, que después también se pudieron ver en otros lugares del país y del extranjero, influyendo en cabarets o cafés como los Quatre Gats de Barcelona, a través de los pintores modernistas Ramon Casas y Miquel Utrillo.

El ámbito dedicado al Arte periodístico y la vanguardia permite darse cuenta de la importancia que tuvo en 1875 la invención por parte del grabador Charles Gilot de un nuevo sistema de impresión, a través de una prensa tipográfica, que hacia ilustraciones fotomecánicas en blanco y negro a base de dibujos lineales y que fue un gran avance a nivel editorial. Debido a ello el dibujo tendrá un papel primordial y ya no será simplemente el primer paso en la creación de una obra pictórica. En Grabados y carteles originales vemos una serie de ejemplos de carteles originales de grandes dimensiones realizados por la mayoría de artistas de aquel momento, caso de Toulouse-Lautrec, Willette, Chéret, Ibels, Valloton y Joseph Faverot, entre otros. Más tarde utilizarían este sistema otros artistas, como Marcel Duchamp, Pablo Picasso y Frantisek Kupka. De este último se exhibe el fotograbado Homenaje a Steinlein y Willette, que ilustraba la revista La vie en rose, nº 43, del 19,08.1902, donde se observa a ambos artistas con el lápiz en la mano y colocados en un pedestal. Esta publicación, junto con Le rire, Le Courrier français o Le Frou-Frou, formaban parte de la prensa ilustrada humorística, satírica y política. A Jules Chéret se le considera el padre del cartelismo, que todo y siendo un arte efímero fue muy importante para dar a conocer nuevas maneras de entender el arte. Chéret aplicaba colores muy intensos, tal como se puede comprobar en Baile en el Moulin Rouge (1889), en el que se ve a varias bailarinas montadas en asnos y con las aspas del molino en el fondo, y que fue su primer encargo para el Moulin Rouge cuando ya era un cartelista de reconocido prestigio. De Tolouse-Lautrec hay diversos carteles, entre los que sobresalen Reine de joie (1892), en que se muestra a un hombre mayor besando a una joven en un restaurante; Salon des Cent (1895), con motivo de la Exposición Internacional de carteles, y el cartel publicitario P. Sescau, fotógrafo (1894).

Baile en el Moulin Rouge
Baile en el Moulin Rouge – cartel de Jules Chéret
La Goulue y su hermana
La Goulue y su hermanav- Tolouse-Lautrec

En Cafés, conciertos y salas de baile, hay escenas de lo que suele ocurrir en estos lugares donde la gente se reúne, baila, divierte y conversa distendidamente. Durante el período 1880-1890 en París había más de 350 locales de estas características. Los primeros cafés concierto aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX, llegando a caber entre 500 y 1500 personas, siendo los primeros Les Ambassadeurs, L’Alcazar y L’Horloge, situados en los jardines de los Campos Elíseos. Más adelante aparecieron el Folies Bergère, el Bataclan, el Divan Japonais, el Moulin de la Galette y el Moulin Rouge, entre otros. En los espectáculos que se celebraban, tanto los cantantes como las bailarinas tuvieron una gran influencia en los artistas de la época por “los efectos visuales innovadores de sus actuaciones que impresionaron profundamente a artistas como Steinlen, Toulouse-Lautrec, Charles Maurin, Raoul Larche y Rupert Carabin, que la representaron en grabados, carteles, dibujos y esculturas”. De Tolouse-Lautrec hay diversas pinturas y litografías de esta temática como En el Moulin Rouge, la Goulue y su hermana (1892), Jane Avril en el Jardín de París (1893) y Troupe de Mademoiselle Églantine (1896). En ellas se observa a las bailarinas en el escenario bailando el can-can o a gente conversando y bebiendo alegremente.

El Teatro y las representaciones teatrales, también fueron motivo de representación por los artistas parisinos. Las obras más vanguardistas de aquel momento se mostraban en teatros como el Libre y el Oeuvre, de las que el comisario de la exposición señala que “el simbolismo, que pretendía acceder al reino de la existencia real y no terrenal, lejos de lo que llamamos realidad, era una reacción contra el naturalismo y el realismo, es decir, contra el arte que trataba de la vida cotidiana y del mundo visible”. De Toulouse-Lautrec hay dos litografías de los programas de las obras Los dineros y El carro de cerámica, que se representaron en Le Théâtre Libre y en el Théâtre de l’Oeuvre respectivamente en 1895. De Steinlen hay una litografía de una escena de La trampa, que se mostró en el Théâtre de la porte Saint-Martin en 1900.

En el circo
En el circo Fernando – Toulouse-Lautrec

El circo siempre ha sido un tema recurrente en los pintores, como también lo era la tauromaquia, principalmente por el colorido y movimiento que se aprecia en este tipo de espectáculos. Dentro del ámbito de El circo hay diferentes ejemplos de la gran atracción que les despertaba, entre ellos Toulouse-Lautrec con una serie de dibujos coloreados muy interesantes: En el circo: el paso español (1899) y las páginas del álbum En el circo (1905). De Pierre Bonnard hay la acuarela Acróbata y caballo en el circo (1890) y de Joseph Faverot los óleos El jefe de pista del circo, Dos payasos y Payaso y perro, todos ellos de 1885. De hecho, todas las obras nos sirven para entender y conocer mejor este mundo tan particular, marginal y nostálgico del circo. Aunque esté dirigido a un público infantil, detrás se esconden toda una serie de sensibilidades y sentimientos que están más próximos al mundo de los adultos, y del que se percibe la existencia del “drama, humor y destreza física. Fuerza las habilidades humanas hasta el límite y hace posible lo que normalmente se considera imposible”. En aquella época existían en la capital francesa tres circos permanentes, donde actuaban payasos y acróbatas, así como también había espectáculos ecuestres. Los circos eran el Cirque d’Été, el Cirque d’Hiver y el Cirque Fernando. Asimismo, había circos ambulantes, denominados forains, con funámbulos, luchadores, malabaristas, acróbatas y personajes extravagantes, como, por ejemplo: la mujer barbuda, el gigante y la mujer tatuada.

Eugène Delâtre
La muerte con estola de piel – Eugène Delâtre

Finalmente, en La representación de la mujer, se observa que fue motivo de atracción de estos artistas, sobre todo desde la perspectiva de la prostitución que, en algunos casos, se identificaba con la muerte debido a que era la causante de la sífilis. En la segunda mitad del siglo XIX varios artistas y escritores famosos murieron por esta enfermedad venérea, entre ellos el propio Toulouse.-Lautrec. La figura “de la prostituta respondía al mito de la llamada femme fatale y encarnaba muy bien la muerte: era, de hecho, el origen de todos los males”. En el aguafuerte y punta seca Prostitución (1888) de Louis Legrand, se ve a una joven desnuda sentada en una silla que representa la muerte, o bien, en otro aguafuerte de Eugène Delâtre, La muerte con estola de piel (1897), la muerte es la misma mujer. Pero también hay obras más alegres, como la acuarela La bella judía va a comprar (1896) de Hermann-Paul y el pastel Mujer desnuda medio acostada (1895) de Charles Maurin, en que se aprecia la belleza de la figura femenina.

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Ramon Casalé Soler

Ramon Casalé Soler

Ramón Casalé Soler (Barcelona. 1955)

Museólogo, historiador y crítico de arte

Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

Miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM)

Licenciado en Geografía e Historia, especialidad en Historia del Arte (Univ. Barcelona)

Máster en Museología y Patrimonio Cultural (Univ. Barcelona)

Curso de Anticuario (Barcelona)

He formado parte de la Junta Directiva, con el cargo de Tesorero, de la Asociación Catalana de Críticos de Arte (ACCA), durante el período 2001-2016

Colaborador del programa de radio “Formas y Ängulos en las cadenas Onda Cero y COPE de Barcelona durante 7 años

Excoordinador de Artes Plásticas del Museo de la Marina de Vilassar de Mar (Barcelona)

Exdirector artístico de la Galería de Arte Sant Pol Art, de Sant Pol de Mar (Barcelona)

Fui corresponsal en España de la revista italiana ARTE IN de Venecia durante 20 años

Formaba parte del Comité de Redacción de la revista digital Mur Crític (ACCA)

Actualmente también soy crítico de arte de la revista BONART de Girona, de la revista ARTE por EXCELENCIAS de La Habana, de la revista digital EL TEMPS DE LES ARTS de Valencia , del periódico L’INDEPENDENT DE GRÀCIA de Barcelona y del FULL INFORMATIU de la Societat Catalana d’Arqueologia de Barcelona.

Asimismo, he sido crítico de las revistas Batik, Arte Omega, Marte de Barcelona, Papers d’Art de Girona, Zerovuittresquaranta y Vilassar Actiu de Vilassar de Mar (Barcelona), entre otras publicaciones, desde los años 1987 hasta la actualidad

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