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El tesoro de Carambolo: el mito de Tartessos

Tesoro de Carambolo

HISTORIA DEL HALLAZGO

     Los cerros de la Meseta de Aljarafe, en el municipio de Camas, Sevilla, con conocidos por los habitantes como “carambolos”. Desde tiempos inmemoriales corría una leyenda sobre un tesoro escondido tiempo atrás, pero como casi todas las leyendas, (no todas, claro) se acabó diluyendo en el tiempo.

     En uno de esos “carambolos”, que se elevan 100 metros por encima del Guadalquivir, en 1940 la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla compró unos terrenos para ubicarse definitivamente allí. En 1958 comenzaron unas obras de ampliación del edificio debido a un torneo internacional que iba a celebrarse. El arquitecto de las obras era Medina Benjumea, que el 30 de septiembre, antes de marcharse al aeropuerto, dijo a sus obreros que excavaran 15 centímetros más para que las ventanas del próximo edificio fuesen más altas. Fue este, como tantos otros, un hallazgo fruto de la casualidad.

     El albañil Alonso Hinojos del Pino, por aquel entonces un joven trabajador, se dispuso a excavar, y a pocos centímetros de la superficie dio con un objeto metálico. Era un brazalete de oro de 24 quilates de incalculable valor, tanto artístico como histórico y sobre todo, arqueológico. Al comunicárselo a sus compañeros, vieron que le faltaba una pequeña pieza, por lo que siguieron buscando. Nadie imaginó lo que encontrarían. Varios centímetros más abajo dieron con un lebrillo, un recipiente de barro cocido que contenía el resto del tesoro. Por descuido y desconocimiento de los trabajadores, el lebrillo se rompió. En su interior se encontraron huesos de animales, cerámica de pequeñas proporciones que también se rompió y un total de 20 piezas de oro de 24 quilates. Los trabajadores sin embargo, no dieron importancia a lo encontrado, ya que creyeron que se trataba de copias de latón y cobre de joyas antiguas. Tanto es así que se las repartieron entre ellos y uno llegó incluso a doblar y partir un brazalete para demostrar que no era oro el material usado.

     Pensemos por un momento en el arquitecto y su cálculo de última hora, 15 minutos antes de partir. Si no hubiese decidido en el último momento cavar solo 15 centímetros más en ese justo y determinado sitio, a los pocos días se hubiese cimentado la zona y el tesoro se hubiera perdido para siempre. La casualidad (o no) ayudó esta vez y la leyenda que circulaba por la comarca se hizo realidad.

     Los trabajadores comentaron el hecho, lo que llegó a oídos de la Real Sociedad de Tiro de Pichón, autora de las obras, que, con muy buen criterio, decidió que los trabajadores devolvieran las piezas y buscaron ayuda para averiguar de qué se trataban. Recurrieron a Don Juan de Mata Carriazo y Arroquia, natural de Jaen. Fue discípulo del gran historiador Manuel Gómez Moreno y era, además de un gran arqueólogo, Catedrático de Prehistoria e Historia de España Antigua y Medieval en la Universidad de Sevilla. No pudieron elegir a alguien mejor, desde luego. Don Juan de Mata se desplazó inmediatamente para ver las piezas y quedó deslumbrado. Hay que apuntar que dedicó gran parte de su vida a encontrar, sin éxito, la mítica ciudad de Tartessos, teniendo muchas publicaciones y libros en su haber con este tema.

     Tras un minucioso y detallado estudio de las piezas, el profesor Carriazo llegó a la conclusión de que eran de origen Tartessico. Una de sus frases más famosas de dicho informe dice así:

“El tesoro está formado por 21 piezas de oro de 24 quilates, con un peso total de 2,950 gramos. Joyas profusamente decoradas, con un arte fastuoso, a la vez delicado y bárbaro, con muy notable unidad de estilo y un estado de conservación satisfactorio, salvo algunas violencias ocurridas en el momento del hallazgo”

     A lo que agregó:

“Un tesoro digno de Argantonio, legendario rey de Tartessos.”

     Estos dos párrafos se hicieron muy famosos, repetidos hasta la saciedad en libros, webs e incluso en el propio Museo Arqueológico  sevillano donde se encuentran las réplicas de las piezas.

     A lo largo de su vida, el profesor Carriazo siguió buscando la ciudad de Tartessos, aunque con pocos resultados. Dató las piezas entre el siglo VII a.C y el siglo III a.C.

EL TESORO

     El Tesoro está compuesto, como bien decía el profesor Carriazo, por 21 piezas de oro, de 24 quilates todas, con un total de peso de casi tres kilos de oro. Se compone de un collar con dos ramas de cadenas de 30 cm que terminan en 7 pequeños colgantes con aspecto de sello y con signos de que falta un octavo colgante. Dos brazaletes cilíndricos prácticamente idénticos de 10 cm de altura por 12 de diámetro. Dos pectorales en forma en equis, con la misma decoración que los brazaletes (rosetones, semiesferas soldadas y pequeños pinchos). Ocho placas de 9 cm por 5 confeccionadas por dos placas juntas unidas por remaches. Cuatro placas algo mayores con idéntica decoración que los brazaletes. Por último, otras cuatro placas semejantes a las anteriores pero sin la decoración.

Tesoro de Carambolo

     El tesoro como vemos es algo único, la decoración quizá pueda calificarse como tosca ya que no lleva motivos que lo identifiquen, letras o dibujos, solo medias esferas, pinchos y rosetones esquematizados. Recuerda mucho a la decoración de las joyas celtas por cierto. Algunas de las piezas llevan huecos redondos, donde supuestamente ha ido insertada alguna piedra, joya o similar, actualmente desaparecida. Las técnicas usadas para crear estas obras de arte fueron, la fundición a la cera perdida, el laminado, el troquelado y el soldado. No nos olvidemos que hablamos de la Edad de Bronce…

     Consultados varios orfebres y joyeros, todos dicen lo mismo. Para fabricar semejante cantidad de piezas de esa calidad y con esa cantidad de oro, mínimo son necesarios 5 años de trabajo aparte de la preparación previa y el diseño. Y hoy, como ayer, no se hace una obra así por gusto. Se hace por encargo… o por fe.

     Al comprobar el incalculable valor de las piezas, aun entonces con muchas incógnitas por resolver, la Junta de Andalucía decidió exponerlas en el Museo Arqueológico de la ciudad. Sin embargo, con los años, se decidió exponer unas replicas idénticas, que son las que se pueden ver hoy en dicho museo, y guardar el tesoro en la caja fuerte de un banco, donde permanecen. Actualmente se ha calculado que para garantizar la adecuada custodia de las piezas, se necesitarían unos ciento cincuenta mil euros al año en seguridad, coste que no puede asumir.

Tesoro de Carambolo

ULTIMAS NOTICIAS.

     Si bien por muchos años se creyó la hipótesis del profesor Carriazo sobre que el tesoro era de origen Tartessico, probablemente perteneciente a un alto dignatario, las recientes excavaciones han dado otras opciones.

     Para empezar, se han datado las piezas en la primera mitad del siglo VII a.C. excepto el collar, que podría ser posterior (no más de un siglo). La mayoría de especialistas hoy en día, tras las excavaciones que comenzaron en 1979 y aún continúan, creen que podría tratarse en realidad de un santuario fenicio dedicado a la divinidad Astarté (de la que se ha encontrado una imagen con inscripciones) y que el tesoro por tanto, sería obra de artesanos fenicios, no Tartessos, si bien estos fueron famosos por su comercio de metales, descritos como una rica y prospera ciudad gracias a esto y grandes orfebres.  Debo comentar que la imagen de Astarté encontrada en el cerro le fue entregada al profesor Carriazo por un obrero afirmando haberla encontrado en la excavación pero sin decir el lugar exacto.

    También tradicionalmente se ha atribuido el tesoro a un gran dignatario, opinando actualmente diversos especialistas que las piezas serían un adorno para algún animal en el contexto de un ritual de sacrificio en el templo de Astarté.

     La arqueóloga Araceli Rodriguez explica que la cerámica encontrada fue hecha “a torno”, elemento que introdujeron los fenicios en la península y que los aborígenes de aquel entonces no conocían. Respecto a lo suntuoso del tesoro, siguen sin pronunciarse. Hay aun miles de preguntas en el aire. ¿Fue el Carambolo lugar de culto a Astarté? Parece ser que sí. ¿Es el tesoro tartessico o fenicio? Sigue habiendo pruebas que apoyan las dos hipótesis. ¿Perteneció a un hombre o a un animal? Yo creo que pertenecían a un hombre, las placas más pequeñas podían ser parte de un cinturón como se ha demostrado, los pectorales están hechos a la medida humana, al igual que los brazaletes, pero el hallazgo junto a huesos de animales puede dar lugar a muchas hipótesis.

     A falta de excavaciones más profundas y de los informes de las excavaciones de los últimos años, nos quedaremos con la duda un poco más. De lo que no cabe duda es de que aquel 30 de septiembre de 1958 no solo se encontró un tesoro, también un misterio, ¿y a quien no le gustan los misterios?

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Quiteria Méndez Fernández

Quiteria Méndez Fernández

Murcia, 1983

Licenciada en Historia del arte por la Universidad de Murcia, promoción 2001/2006 (Fin de los estudios en el curso 2014-2015)

Curso de restauración de maderas doradas y policromadas por la Academia TABA (Murcia). Curso de restauración de patrimonio eclesiástico por la Academia TABA con prácticas en los talleres de la Catedral de Murcia.

Perito judicial en falsificación de obras de arte impartido por INTESA (Barcelona) en su modalidad on line.

Diplomada en Historia y arqueología por la UNED (cursando 3º curso)

Actualmente realizando prácticas en el Centro de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (CEPOAT) con el proyecto AEGYPTIACA y en labores de biblioteca y radio.

Colabora en Revista MUNDO MISTERIOSO (Bimensual) Revista on line www.lasnuevemusas.com y Revista HISTORIA Y VIDA (Mensual)

EXCAVACIONES:

* Campaña de excavación en Villaricos (Mula, Murcia), veranos 2015, navidad 2015 y verano 2016. Yacimiento romano siglo II d.C.
* Excavación y exhumación de cadáveres de la guerra de la independencia española. Badajoz. Verano 2014.
* Ayudante en la prospección del Castillo de los Velez de Mazarrón (Murcia) a tiempo parcial durante 2007 y 2008. Medieval.
* Excavación de las Cuevas del Lido (Venecia, Italia). Medieval. Desde mayo de 2005 hasta septiembre de 2006.

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