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Sor Juana Inés de la Cruz. Teatro y prosa.

En el primer artículo de esta serie comente la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz. En éste trataré de su obra literaria en prosa y para teatro, y en el próximo y último de su obra poética.

La obra de Sor Juana, que fue muy extensa, circuló inicialmente de forma manuscrita. Pero pronto se publicaron en España los tres tomos de sus obras completas, el primero con la ayuda de la marquesa de La Laguna[1], y éste y el siguiente en vida de la autora, cosa que no era común en la época. Eso hizo que su obra fuese conocida rápidamente en la península y que fueran representadas sus obras teatrales. Como indica M. Serna[2]: “es el escritor más importante de toda la literatura colonial hispanoamericana”

Su obra literaria abarca los géneros de Poesía, Prosa y Dramaturgia. La poesía es lo que la hace ser más conocida y reconocida, aparte de las polémicas suscitadas por su “Carta Atenagórica” y “La Respuesta”. Pero  es interesante efectuar un repaso general de su obra en prosa y para teatro, antes de profundizar  en su poesía.

Obra para teatro

Schmidhuber[3] indica que “el corpus dramático sorjuanino es más copioso de lo que parecen apuntar algunos estudios críticos (…) la autora escribió más líneas de teatro que de poesía” .  Según sus estimaciones, y las de Lee A. Daniel, escribió más de 22 mil líneas de cada tipo, por lo que “al menos en lo cuantitativo, sor Juana fue más  dramaturga que poeta”.

Schmidhuber, divide sus obras para teatro en cuatro géneros: Festejos a lo humano, Festejos a lo sacro, Loas y Villancicos. En el primer grupo tres comedias: “La segunda Celestina”[4], en colaboración con Agustín de Salazar y Torres.  Los empeños de una casa” (inspirada en “Los empeños de un acaso” de Calderón) en la que se invierten los modelos habituales de la época; ya que la protagonista escoge a su marido, lo describe tal como lo haría un hombre de una mujer, y un criado se disfraza de mujer (no la inversa como era habitual). Por último, ”Amor es más laberinto”, en colaboración con Juan de Guevara, que es una refundición de “El laberinto de Creta” de Lope y se trata de una comedia galante, ingeniosa y chispeante que se estrenó para festejar el cumpleaños del virrey Conde de Galve.

Respecto a los “Festejos sacros”, escribió tres autos: El divino Narciso”;  “El mártir del sacramento, san Hermenegildo”; y “El cetro de José. Según Villarrutia[5], aunque no se traten de obras de primer orden son interesantes para la época y muestran influencias calderonianas. El más conocido es el primero de ellos, en el que presenta la caída y la redención del género humano por medio del sacrificio de Jesucristo descrito como una alegoría mítica. Dice de esta obra Octavio Paz[6], que no es indigna de los autos de Calderón. La obra comienza así:

¡Alabad al Señor todos los hombres!        

Un nuevo canto entonad              

a su divina beldad           

y en cuanto la luz alcanza,           

suene la eterna alabanza             

de la gloria de su nombre.

 

 En cuanto a los “Villancicos”, Schmidhuber recoge 12 originales y 10 atribuibles, escritos entre 1676 y 1692. Estas obras gozaron de un general aplauso de la crítica y en ellas domina la sencillez y el tono popular, pero sin hacer concesiones a la vulgaridad. Estas composiciones tuvieron un gran éxito por lo que recibió numerosos encargos.

Y por último, en cuanto a “Loas” recoge 18: Éstas tenían entidad propia (aunque formasen parte de Comedias o Autos sacramentales) y eran obras de tono culto que incluían alabanzas a los personajes homenajeados y solían ser representadas en palacio. Según indica González Boixo[7] son excesivamente aduladoras y artificiosas, como lo eran todas esas composiciones en el siglo XVII, lo que las hace desfasadas del gusto literario actual.

 

Obra en Prosa

En cuanto a la prosa, los ejemplos más importantes que conservamos, son la  “Carta Atenagórica” ya citada, la respuesta de Sor Juana a las críticas de Sor Filotea de la Cruz a esa carta: “La repuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz” y “La carta de Monterrey”.

No quiero extenderme en cuanto a los motivos de la escritura de “La carta Atenagórica”[8] , si Sor Juana fue utilizada para dirimir disputas entre Aguiar y Seijas, y Fernández de Santa Cruz , o sobre la influencia que pudo tener en estos temas las recomendaciones del Padre Nuñez. La “Carta Atenagórica”  es un documento de discusión teológica que se aparta de la orientación literaria de este artículo. Sor Juana no podía escribir sermones, tema reservado al clero masculino, pero sí podía comentarlos[9].

 Sí que es mucho más interesante analizar “La  Respuesta…”, ya que en ella, además de responder a las críticas de “Sor Filotea de la Cruz” (seudónimo que se cree empleó Fernández de Santa Cruz), Sor Juana cita rasgos biográficos de su juventud, y explica su amor por la cultura, la literatura  y las ciencias; así como, su forma de enfocar la vida religiosa y los motivos que la indujeron a tomarla. En “La Respuesta…”, Sor Juana defiende el derecho de las mujeres a ejercer su actividad intelectual al igual que los hombres, en contra de la opinión general de la época. Este tema lo destaca Xirau[10],  partiendo de una base de igualdad entre los sexos que no refleja amargura aunque ataque a los hombres.

Algunos párrafos de su “Respuesta…” en los que habla de sí misma. Éste sobre sus motivos para el estudio:

¿Qué entendimiento tengo yo, qué estudio, qué materiales, ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías superficiales? Dejen eso para quien lo entienda, que yo no quiero ruido con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna proposición malsonante o torcer la genuina inteligencia de algún lugar. Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos…

Estos sobre sus primeros estudios:

…no había cumplido los tres años de mi edad cuando enviando mi madre a una hermana mía, mayor que yo, a que se enseñase a leer (…/…) y viendo que la daban lección, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese lección. Ella no lo creyó, porque no era creíble; pero, por complacer al donaire, me la dio (…/…) y supe leer en tan breve tiempo, que ya sabía cuando lo supo mi madre  (…/…) Teniendo yo seis o siete años, y sabiendo ya leer y escribir, con todas las otras habilidades de labores y costuras que deprenden las mujeres, oí decir que había Universidad y Escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apenas lo oí cuando empecé a matar a mi madre con instantes e importunos ruegos sobre que, mudándome el traje, me enviase a Méjico, para estudiar y cursar la Universidad; ella no lo quiso hacer…

Sobre sus motivo para ingresar como religiosa:

Entreme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”

Sobre las trabas que tuvo para sus estudios:

… una prelada muy santa y muy cándida que creyó que el estudio era cosa de Inquisición y me mandó que no estudiase. Yo la obedecí (unos tres meses que duró el poder ella mandar) en cuanto a no tomar libro, que en cuanto a no estudiar absolutamente, como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió, sirviéndome ellas de letras, y de libro toda esta máquina universal.

En cuanto a la “Carta de Monterrey” que dirigió a su confesor el Padre Núñez en 1681, y que se descubrió recientemente en 1980, se trata de una defensa de su posición intelectual y religiosa en la época de su ruptura con él como padre espiritual, que sólo puede explicarse por la personalidad de Sor Juana y el apoyo que tenía de la corte virreinal. Dice M. Moraña[11] de esta carta: En ella sor Juana se sitúa, sirviéndose de la retórica barroca, en el cruce de caminos formado por el saber escolástico y la literatura profana, el ambiente cortesano y el medio conventual, el dogmatismo y los albores del pensamiento racionalista moderno. Veamos cómo comienza:

Aunque ha muchos tiempos que varias personas me han informado que soi la única reprehensible en las conversaciones de V.R., fiscalizando mis acciones con tan agria ponderación como llegarlas a escándalo público y otros epítectos no menos horrorosos, y aunque pudiera la propia conciencia moverme a la defensa, pues no soi tan absoluto dueño de mi crédito que no esté coligado con el de un linaje que tengo y una comunidad en que vivo, -con todo esto, he querido sacrificar el sufrimiento a la summa veneración y filial cariño con que siempre he respectado a V.R., queriendo más aína que cayessen sobre mí todas las objecciones  que no que pareciera passaba yo la lignea de mi justo y debido respecto en redargüir a V.R….

Tras esta visión de su obra para teatro y en prosa, en el siguiente y último artículo profundizaré sobre su poesía, que es lo que la ha hecho más famosa y ser denominada como “el escritor más importante de la literatura colonial hispanoamericana”  y “la mejor poeta del barroco en español” .


[1] Antonio Alatorre. “Para leer la fama y obras póstumas de Sor Juana Inés de la Cruz” Nueva Revista de Filología Hispánica, XXIX (1980) Pags. 457-458.

[2]  Mercedes Serna. Poesía colonial hispanoamericana. Ed. Cátedra, 2004. Pag.32

[3] Guillermo Schmidhuber de la Mora Sor Juana Inés de la Cruz, dramaturga”. Universidad de Guadalajara. Méjico.

[4] La coautoría de Sor Juana ha sido refutada por algunos críticos pero, entre otros, Octavio Paz, Luis Leal y  G. Sabat de Rivers la aceptan.

[5] Juana Inés de la Cruz. Javier Villarrutia. Universidad Michoacana nª28 Marzo-Abril 1952. Pags. 41-51

[6] Octavio Paz. Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz en su Tercer Centenario (1651-1695). París 1951

[7] Gonzalez Boixo (Ver Nota 7). Pag 41

[8] Alejandro Soriano Vallés. La Fe de Sor Juana. Artículo publicado en El Financiero.25-11-1991, p. 45.

[9] Mercedes Serna. Apuntes de clase literatura H.Americana I. Univ.Barcelona, 2009.

[10] Ramón Xirau. Genio y figura de Sor Juana Inés de la Cruz. Ed. Universit. de Buenos Aires 1967-70, p. 36

[11] Mabel Moraña. Viaje al silencio: Exploraciones del discurso barroco. Universidad nacional autónoma de México, 1998. Capítulo: Orden dogmático y marginalidad en la «Carta de Monterrey»


 

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Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)

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