Las nueve musas
Charly García
Portada » Say no more, Charly

Say no more, Charly

 Charly me lleva exactamente 20 años, dos días y una genial canción.

Él ha llegado a tientas a los 67: paso lento. Yo aún no pierdo mi velocidad al andar, pero con mis 47 años de cuando en vez, también voy a tientas.

Retrato de Charly Garcia
Retrato de Charly García por Gris Trémulo

Hoy que festejo a Charly García, escuchando esa discografía que selecciono del youtube, me doy cuenta que este tipo se ha encargado de ponerme la banda sonora a mi vida desde ya más de 30 años, y que yo, como buen fan enamorado rindo culto a su genialidad que desborda desde su piano de juguete, cuando descubrió que había sido seleccionado por los dioses más paganos para habitar ese Olimpo destinado a ciertos tipos como él.

De una familia aristocrática bonaerense, se crío en el barrio Caballito, a ese que pide que no bombardeen y junto a sus tres hermanos (Enrique, Daniel y Josi) disfrutará de los dividendos de la primera fábrica de formica del país.

A los cinco años inicia sus estudios de piano clásico, tras ser descubierto por la abuela jugando a ser músico con un pianito artesanal, pero la hégira de sus padres a Europa trastoca al niño Carlos y cae en una depresión que causará ese vitíligo que marcará su clásico bigote. El retorno de sus padres de Europa significó la quiebra familiar, y una nueva forma de ver la vida (su padre se dedicó a la enseñanza) y su madre a dirigir un programa llamado Folklorísimo, donde el niño empezó a ser reconocido por los cantantes de la época de oro del folclore argentino.

A los doce años, y ya recibido de profesor de música clásica, García se vuelve una superestrella en el mundo de la movida culta de Buenos Aires, donde era considerado un niño genio que interpretaba a Chopin, Mozart; pero el quiebre no tardaría en llegar, Charly escuchó a los Beatles y su historia cambió, rompe con el convencionalismo de su padre, se deja el pelo largo y las ideas mucho más y empieza a crear al nuevo Carlos Alberto García Moreno; con su madre en cambio fue diferente, como ella misma lo dice: “Carlitos, yo sabía que era especial”.

En la escuela conoció a Nito Mestre y fue macerando lo que tiempo más tarde sería Sui Generis, verdaderamente único en su género, banda con la cual grabaría los discos: Vida, Confesiones de invierno, Pequeñas anécdotas de las instituciones y el Adiós Sui Generis. Toda una etapa de iniciación que combina con esa locura primaria que da el arte y tras empaparse de los primeros tragos, drogas, amistades como la de León Gieco, Litto Nebbia, Raúl Porchetto se acerca a eso que llaman la fama.

Tras reunir a 25000 personas en el Luna Park para el llamado Adiós (ningún grupo de rock antes había conseguido eso) y ya enamorado de María Rosa Yorio arma al lado de Gieco, Porchetto y Nito: Por SuiGieco, banda de amigos que celebraba la amistad y con el cual graban un disco del mismo nombre del grupo. A punto de ser padre, del que será su hijo Miguel Ángel, su inestabilidad emocional volvió a reaparecer y se entregó de lleno al trabajo de creación formando lo que será La máquina de hacer pájaros, la primera experimentación de rock progresivo en Argentina, aun la gente no estaba preparada para ese García. La máquina sacó un primer disco homónimo a la banda y el segundo lo tituló Películas.

Ya separado de María Rosa Yorio y de su hijo que será criado por su amigo Nito Mestre, Charly se enamora perdidamente -para muchos su gran amor, porque ella “lo adivinó”- la brasilera Marisa Zoca y como el amor te hace cruzar barrios, ciudades, países, García partirá a Brasil donde al lado de su amigo David Lebón formará lo que para muchos consideran la selección del rock argentino: Serú Girán. Sumergido en la pobreza, Charly apuesta por un talentoso joven de nombre Pedro Aznar y por su ya conocido Óscar Moro con los cuales se gasta lo poco que le queda de dinero e inicia los ensayos que lo llevarán a grabar Serú Girán en 1978, aunque será recién con La grasa de las capitales que toquen la fama para que luego llegue Bicicletas y luego la mítica Peperina, nuevamente se gesta un adiós, pero esta vez llevará por nombre: No llores por mí, Argentina, poniendo en el año 1982 fin a la etapa de García con grupos para abrir el telón al genio solitario y demencial.

Cuando explotó la Guerra de Las Malvinas, Charly ya en modo solista y en búsqueda de nuevas experimentaciones publica Yendo de la cama al living, con ocho tracks que hasta hoy retumban exactos porque no queremos volvernos tan locos y rogamos que mientras vamos inconscientemente colectivos del living a nuestras camas no vayan a bombardear a nuestros superhéroes y menos a “Peluca telefónica”. Un año después, a su regreso de NY, trae bajo el brazo Clics modernos, en el cual se unirá con los Git y hará debutar a un Fito Paez casi adolescente y es el disco que adolescente bailo hasta el día de hoy: Nos siguen pegando abajo y No me dejan salir son los temas que hacen que pierda el miedo escénico y de paso: el ridículo. Completa esta trilogía su disco Piano bar y en este su Cerca de la revolución y Demoliendo hoteles que completan para mí también, mis bailes adolescentes.

Con estos tres discos llegó a Perú, a la mítica Feria del Hogar, en donde compré una permanente para, exclusivamente, llegar a verlo a él: para mí, no había juegos, ni estantes con novedades, ni provocativas degustadoras, ni rock nacional, ni discoteca, para mí solo existía Charly García, y creo, que hasta hoy, cuando él cumple 67 y yo 47 seguimos en ese estado de re-unión.

Su disco Tango (grabado con Aznar) y Parte de la religión (para muchos críticos su mejor álbum) que nos abre una nueva ruta de García para buscar símbolos de paz y jamás ir en tren pero sí en la ruta del tentempié para terminar dando giros con Adela en algún carrusel afianzan a Charly como el genio del rock argentino y Latinoamericano, aunque la oscuridad creativa empezaba a asomarse por los altos grados de libertad que marcaba Charly en su vivir-existir. Él sí quería volverse muy loco y lo prueban ya discos algo, por decir lo menos, experimentales: Cómo conseguir chicas (1989) Filosofía barata y zapatos de goma (1990) La hija de la lágrima (1994).

García tuvo que ser internado en varias oportunidades, y quién en su vida no ha tenido alguna vez esa necesidad (solo que no vinieron por nosotros). Agredió a algunas personas, aunque él se agredía más, fue encarcelado más de una vez por traspasar la impuesta libertad del sistema, y ni el himno nacional de su país se salvó de su tropel artístico, aunque hoy nadie puede negar que la versión de García posee una estética casi mágica y rejuvenecedora.

No digas nada, Charly, mundo, humanidad, gente, fanáticos, reprimidos, say no more y dejémoslo allí. Tras el concierto desenchufado del 95, donde le rinde un homenaje al genio de Cobain (pintada de pelo incluida) García, que acababa de salir de una dura rehabilitación y limpieza de alma, reúne sus mejores temas en ese unplugged para dar paso a un constante suicidio voluntario y kamikaze en donde irá sacando discos que acompañen esa maratónica cadena de excesos que lo harán saltar un día por los aires y no de Buenos Aires de un edificio de 9 pisos.

Discos con Mercedes Sosa: Alta fidelidad y El aguante que son una manera de vivir para él en esos momentos, que lo llevan a que esa voz (una de las mejores del rock en nuestro idioma) se extinga poco a poco de los micrófonos y esos Salieri de Charly empiecen a aparecer. Tras Influencia y Rock and roll, yo y si bien armó a Sui Generis nuevamente para mí y mi compañera, Charly ya empezaba a sucumbir ante él mismo, ante su propia genialidad, ante todo lo que había creado imposible de superar, pero siendo García siempre esperábamos esas chispas de virtuosismo que los dioses se empeñaban en seguir donándole y lógico, él, elevándolas al cuadrado de su talento: Kill Gil, 60 x 60 y Ramdom son el último esfuerzo de Charly por seguir vivo para nosotros, por ofrendarse a nuestros deleites y regalarnos aun esos minutos que los hizo canción y que hoy se han vuelto una vida que nos acompaña en esas nubes que se encienden al ritmo de su piano y de su voz.

Ciudad de Palomino, a días de partida de mi príncipe enano

Renato Salas Peña

Renato Salas Peña

Renato Salas Peña
Lima-Perú 1971
Docente universitario, Licenciado en Educación con especialidad en Lengua y Literatura, asimismo llevó una Maestría en Docencia a Nivel Superior y Gestión Educativa.
Ha publicado los poemarios Desde el Colchón, Lima-Vitarte y Corsé
Sus artículos han sido publicados en diversas revistas latinoamericanas y de España, guarda aun con vergüenza un disco con sus composiciones musicales.

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

publi

¡Suscríbete a nuestro boletín!

  • SeedingUp | Digital Content Marketing

Secciones


¡Suscríbete a nuestro boletín!

Nuestras redes

No seas tímido, ponte en contacto. Nos encanta conocer gente interesante y hacer nuevos amigos.

Centro de preferencias de privacidad