Las nueve musas
Miguel Veyrat
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Miguel Veyrat, un poeta inusitado

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Advertencia previa: La lectura de un poemario de Miguel Veyrat no es un paseo por la bella e idílica Arcadia.

Adentrarse en su poesía requiere un esfuerzo egregio del que salimos exhaustos.

DiluvioPorque nos enfrentamos a un espíritu ilustrado y docto de insondable calado, inconformista, exigente e innovador. Veyrat es un poeta inusitado, que persigue hitos que pocos osan abordar: descubrir para la poesía un lenguaje nuevo, capaz de transmitir verdad en el sentido más genuino de la palabra.

La poesía de Miguel Veyrat (España, 1938, como él quiere presentar su lugar de nacimiento) es una complejísima construcción, un edificio de ingeniería intelectual de gran altura que, a primera vista, parece contradecir lo que yo entiendo como su teoría poética, cuando alude a la escritura automática de Breton, aunque no sea precisamente lo que él practica, o a las Investigaciones de Wittgenstein. Al contrario de lo que Gabriel Celaya reivindicara como técnica de escritura poética necesaria para otros tiempos, la de Veyrat sí es una poesía gota a gota pensada; cada sílaba remite a otro lugar, a menudo a un autor, a una cita, un poema, una obra, un icono cultural, una línea de pensamiento. En cada una de las piezas (átomos, nómadas, como él a menudo las denomina) de su escritura se abre un mundo, que, a su vez, nos conduce a otro, como si, en cierto modo, de un caleidoscopio se tratara —en mi reseña de su poemario El hacha de plata (Quimera, 30 de enero, 2017):  ya me referí a la poética de Miguel Veyrat como semiosis—. De ello dan fe las citas, previas a cada uno de los capítulos en que divide sus poemarios. En Diluvio son sus referentes Claudel, Cioran, Stefan George, Juan Ramón Jiménez, Sophia de Mello Breyner-Andersen, Stefan George, George Steiner, Aben Alarabí El Mursí, Lewis Carroll, Gertrude Stein, Wittgenstein, Tennyson, Novalis, Paul Celan, Maurice Blanchot, Goethe, Chantal Maillard, Ali de Montferrat y Philippe Jaccottet, por nombrar solo a los explícitos. Ellos son clave para el lector. Índice de la complejidad de su caleidoscópica escritura son también la Alcabala de deudas & notas prescindibles con las que el poeta acompaña sus poemarios, que, si bien él califica de «prescindibles», suponen una fuente necesaria de iluminación del cómo, el por qué y el para qué de su escritura.

Veyrat opone radicalmente el poeta al filósofo, así la lengua, tal como la conocemos y usamos —el logos—, no sirve para transmitir verdad: ¿Lengua mía por qué te opones a mi pensamiento/por qué corres enloquecida sin alcanzarlo? (Arquetipo). En su nota 12 hace suya la cita de George Steiner, quien, en su libro Poesía del pensamiento, del Helenismo a Celan, cita a su vez el de Durs Grünbein, Das erste Jahr: «Al contrario que los poetas, los filósofos aparecen increíblemente bien ataviados. Sin embargo están desnudos, lastimosamente desnudos, si se considera con qué pobre imaginería tienen que manejarse la mayor parte del tiempo» y añade otra de Anne Carson, quien en su Eros-Poética del deseo afirma: «[…] solo hay una correspondencia simbólica entre las palabras escritas y el logos verdadero. La persona que confunde símbolo y realidad se queda con un jardín muerto […]». Y Veyrat concluye: «Los textos escritos ponen pues a nuestra disposición la noción de que uno sabe lo que uno ha simplemente leído». El lenguaje del filósofo llevaría a esta confusión. Para Veyrat el lenguaje poético es la única vía de acceso al verdadero conocimiento, al auténtico saber, al verdadero logos, que dista de ser el discurso que procura razón. Y traslada esta idea a un poema: La música y su hermana/la poesía/son metáforas del Logos/primero/el murmullo Filosofía es/su ruido/un eco del caos rumiado (Las mandíbulas del caos).

O bien: Bajo el diluvio del habla bajo la luz del ser/inspiraban lástima tan desnudos/ los filósofos Sólo uno se dio cuenta de que/debía pensar en verso para decir/de aquello que no pueda ser dicho Pero los/más ardidos aprenden la danza a/fin de llegar a no hallar que no hay más allá (El canto dice lo indecible).

El verdadero logos sabe de un modo mucho más complejo de conocimiento, que exige una forma de comunicación rompedora con la ortodoxia normativa al uso, de la que su escritura telescópica busca ser una aproximación. Me atrevería a decir que el autor aspira a recuperar un estadio previo al lenguaje, un logos primigenio, que se hubiera perdido en el albor de los tiempos, cuando el ser humano depositó en la gramática el poder de transmitir sabiduría. De ahí que Veyrat abra el poemario invocando a Nietzsche en El ocaso de los ídolos: «La ‘razón’ en el lenguaje: ¡Oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática».

El poeta explora, pues, incansable, otra gramática, una que logre transmitir, miméticamente, el verdadero proceso del conocimiento humano, el auténtico camino de acceso a la verdad: […] Tus signos serán/los límites de un saber de normas o códigos tabúes cifras/—Vagando errante sílabas sigo en busca de transparencia (Errante sigo).

Aunque no lo nombra en ningún momento (pero sí a Novalis), en su exploración de este lenguaje prístino el autor se acerca a Schelling, filósofo exponente del idealismo alemán quien, distanciándose de la filosofía griega clásica, considera el mito como la esencia en la que se manifiesta el yo creador (das schöpferische Ich). Schelling, como Veyrat, supo detectar las deficiencias de los filósofos clásicos griegos a quienes recrimina el error básico de la filosofía reflexiva en su obstinada separación entre lo real y lo ideal, entre lo mítico y lo lógico, excluyendo así del ámbito de consideración de la filosofía el mito y el arte. El filósofo romántico alemán reivindica la Anschauung (la intuición), la fantasía creativa, que se manifiesta en el lenguaje simbólico, y concluye que la naturaleza se nos muestra tanto más claramente cuanto menos reflexionamos sobre ella. Para Schelling la intuición estética (die ästhetische Anschauung) no debe considerarse aparte de lo lógico-racional, ambos se complementan necesariamente y constituyen una unidad y el único camino hacia la verdad, que a menudo aparece ante nosotros como un relámpago.

La poesía —la verdadera poesía— se sirve de una lengua específica que nos acerca a esta forma de conocimiento. Veyrat se pone a la labor: […] cantar como único modo de acercarme a la realidad/[…] (Cuando canten los muertos), y experimenta sendas novedosas que profundicen en ella.

La necesidad de este otro lenguaje, el primigenio, para acceder al conocimiento y a la comunicación verdaderos, caracteriza la poesía de Veyrat en el fondo y en la forma —en Veyrat están estrechamente unidos forma y fondo—; en el fondo, en tanto que es uno de sus temas esenciales, y en la forma, en tanto que experimenta constantemente los límites significativos de la lengua jugando con ella: […]/Daremos pues un gran rodeo/hasta la interna nervadura donde se da el sentido/Y despertaremos ahí todo lo/dormido entre tus marcas —enigma de lo oculto/en la secreta gramática de tu/verdad o tu mentira Escalpelo o tono de lo sacro (Grammatica).

O: Excavaremos pues en busca de palabras/con que pensar cuando ya/no baste lo sobradamente conocido En/la tiniebla de la pérdida no/queremos más tiniebla dispersa en el si/lencio Pensaremos hechos/pensaremos actos en la noche misteriosa (Si Eleusis se diluye).

Así nuestro autor echa mano de la mitología griega (Atenea, náyades, Bóreas, nostos, Aion, sirenas, Narciso, Ulises…), de la tautología narrativa «como modos de conciencia sin garantía alguna de secuencia interiorizada, en todo comparables a la escritura automática…», como aclara el autor en su nota 13; del acabamiento de los versos donde menos pudiera esperarse, de la ausencia absoluta de signos de puntuación, de la separación inesperada de palabras, de la transgresión sintáctica y ortográfica, de la separación silábica, de la unión inusual de palabras, de la multiplicación de letras o de la atomización lingüística, juega con cuanto puede para liberarse de la tiranía de la norma. Por ello exclama: […]/¡Poesía libre y salvaje belleza sin ley alguna madre de/toda sabiduría desata ya a tus hijos de cualquier norma!/Caigan como rayos en limpios versos a las lenguas/dizer de un solo verso que todo pensamiento inaugura/a igual ritmo que el mundo No a partir de un Verbo/sino de una tonadilla callejera Rápida pero dolorosa (Nobodaddy dice no con la cabeza). Por ello hace un homenaje al dadaísmo: Lo no dicho se arracima/el vacío/se hace fértil o vide frais/mi paradoja/blanca silenciosa jamás/dicha non/proclamée en Delfos mis/gestos son/de fuego de águila solar/en mi dich/a canta ya sobre racimos/de lenciosi/clara rusiente garganta b/ruit de folie/casa enigmática en dada (Partículas de igitur).

Aunque su primer poemario, Coplas del vagabundo, data de 1959, Veyrat, que se ha entregado completamente a la poesía desde los años noventa del siglo pasado, es un vanguardista del siglo XXI.

 Miguel Veyrat es economista, periodista, poeta y traductor. Dedicado sobre todo al periodismo y a la poesía, es autor de cuarenta libros, la mitad de ellos poemarios.


Miguel Veyrat

Diluvio

Ediciones de la Isla de Sistolá, ​​2018, 156 págs.

Anna Rossell

Anna Rossell

Anna Rossell (Barcelona –España, 1951)

De 1978 a 2009 profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona en la especialidad de Lengua y Literatura Alemanas (Filología Inglesa y Germanística) y crítica e investigadora literaria en Barcelona, Bonn y Berlín.

Actualmente se dedica a la escritura creativa, la crítica literaria y la gestión cultural. Como gestora cultural organiza los recitales poéticos anuales estivales Poesía en la Playa, en El Masnou (Barcelona) y ha sido miembro de la comisión organizadora de los encuentros literarios bianuales entre continentes TRANSLIT. Actualmente organiza los Recitals de Poesia i Música VinsIdivina.

Colabora regularmente en numerosas publicaciones periódicas literarias nacionales e internacionales: Quimera, Ágora de arte gramático, Crítica de Libros, Revista Digital La Náusea, Realidades y ficciones, Las nueves musas, Nueva Grecia, Terral, Núvol y en revistas especializadas de filología alemana.

Entre sus obras no académicas ha publicado los libros Mi viaje a Togo (2006), El meu viatge a Togo (2014), Viaje al país de la tierra roja, Togo y Benín (2014), Viatge al país de la terra roja, Togo i Benín (2014), los poemarios La ferida en la paraula, (2010), Quadern malià / Cuaderno de Malí (2011), Àlbum d’absències (2013), Àlbum de ausencias (2014), Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls/La pradera de los abedules (2015) y las novelas, Mondomwouwé (2011) y Aquellos años grises (España 1950-1975) (2012), Aquells anys grisos (Espanya 1950-1975) (2014).

Es coautora del libro de microrrelatos Microscopios eróticos (2006).

Cuenta en su haber con algunas traducciones literarias del alemán al español, entre ellas El Elegido, de Thomas Mann.

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