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Los tres momentos fundacionales de la novela

La novela aparece en la historia de la literatura para ocupar el espacio que en su momento ocuparon otros géneros narrativos, como la epopeya y la poesía épica. Sin embargo, a lo largo de su evolución, la novela tuvo tres momentos fundacionales que se dieron en períodos sucesivos. En este artículo recordaremos cuáles fueron.

 I

Friedrich Theodor Vischer
Friedrich Theodor Vischer

En un capítulo de su libro ‘Interpretación y análisis de la obra literaria‘, el crítico alemán Wolfgang Kayser parecería lamentarse por el profundo cambio que causó el paso de la poesía épica a la novela. Más allá de que esté o no de acuerdo con su punto de vista, considero que vale la pena rescatar la solidez de muchos de sus argumentos. Transcribo un fragmento a continuación:

Hegel y Vischer expusieron la difícil situación en que se encuentra el poeta épico en los tiempos modernos. No puede apoyarse en leyendas o mitos creídos; su mundo está «organizado prosaicamente», ha quedado sin mitos y sin milagros, y se ha convertido en una «realidad conocida experimentalmente». Y el poeta no encuentra ya auditorios reunidos, sino que tiene que escribir para lectores. Esto mismo modifica ya la actitud narrativa. Pero la transformación del mundo circundante, sobre el cual versa la narración, es aún más profunda. Así como el narrador ya no está en el sitio elevado del rapsoda, sino que habla como narrador personal… así como el auditorio se ha disuelto en lectores personales, así también se ha particularizado el mundo de la narración. El lector atiende como persona particular y, en consecuencia, se le cuentan vivencias personales. Incluso cuando el asunto… es todavía un gran acontecimiento que abarca pueblos enteros, en esta dirección se tratará siempre de vivencias personales: el tiempo de las cruzadas se llamará Ivanhoe (W. Scott); la ruina de los visigodos, Eurico (A. Herculano); el declinar del Renacimiento, Vittoria Accoramboni (L. Tieck).[1]

Si nos atenemos al razonamiento expuesto por Kayser en estas líneas, acaso tenga sentido lamentar la muerte de la épica, aunque más no sea por el hecho, siempre pavoroso, de perder un patrimonio cultural. Sin embargo, la novela moderna ha conocido un esplendor tan brillante y una historia tan llena de ricos avatares que no creo que debamos cuestionar el triunfo del imaginario novelesco por sobre el del épico, pues, después de todo, ambos imaginarios se nutren mutuamente. En el fondo, desde una perspectiva contemporánea, obras como la ‘Ilíada‘, la ‘Odisea o la Eneidapueden leerse también como novelas. Eso sin contar que hay verdaderas epopeyas ocultas bajo la forma novelesca, pienso en ‘Guerra y paz’, de Tolstoi, tan sólo por citar un ejemplo.

Ahora bien, desde un punto de vista histórico, la novela tuvo tres momentos fundacionales que se dieron sucesivamente en la Antigüedad, en la Edad Media y en el Renacimiento. En efecto, la Antigüedad vio la aparición de un género nuevo, que ciertamente murió, como murió la tragedia griega, sin que ello fuera obstáculo para que, de un lado, volviera a surgir un nuevo tipo de novela, la medieval, y de otro, apareciera otro tipo de tragedia en el Renacimiento, que conoció acaso tanta vitalidad como la antigua. Finalmente, tras la muerte de la novela medieval —escrita por lo general en verso y con un espíritu muy alejado de la narrativa contemporánea— surge, a fines del Renacimiento, la novela moderna, que entre los siglos XVI y XX vivirá su período de esplendor.

II

Dada la riqueza de estilos y manifestaciones, no es posible dar una definición que abarque todos los tipos de novela que afloraron a lo largo del triple nacimiento de este género. Por ello, me limitaré a ofrecer una breve nómina para cada uno de los períodos que lo representan.

Comencemos con la antigüedad clásica. La novela griega —que no tiene un nombre específico y que se solía llamar simplemente narración— surge hacia finales del siglo I a. de C con una propuesta basada fundamentalmente en historias de aventuras y amor. Ya en los siglos III y IV aparece una novela mejor construida, como lo es, sin duda, Etiópicas, de Heliodoro, también conocida como Teágenes y Cariclea, relato que no sigue una trama rectilínea, sino que empieza in medias res para retomar el principio ya avanzada la historia. También son destacables ‘Efesíaca’ (o Habrócomes y Antía, como prefieren llamarla algunos), de Jenofonte de Éfeso, y ‘Dafnis y Cloe’, de Longo. La literatura romana de este período nos ofrece, a su vez, el ‘Satiricón’, de Petronio, y ‘El asno de oro’, de Apuleyo.[2]

Chrétien de Troyes
Chrétien de Troyes

Desaparecida la novela clásica con el mundo romano, el género muere —aunque en Bizancio conocerá momentos de resurrección con aquello que se conoce como novela bizantina, que tanto tendrá que influir en los siglos XVI y XVII—, pero hacia el siglo XII, al darse unas nuevas condiciones sociales y culturales (como el amor cortés o la resurrección del platonismo), se va a crear un nuevo tipo de novela, más cercano a la épica y, por lo general, escrito en verso. Sus temas son variados. En unos casos, se remite a personajes o acontecimientos de la historia antigua —ya convertidos en leyenda— como en el ‘Roman de Thèbes’ o el ‘Roman de Troie’; entre otros, predomina la mitología céltica, como la leyenda del rey Arturo, Tristán e Isolda y sus amores, o el tema mítico del Grial. El autor más popular de este período es Chrétien de Troyes, creador de Lanzarote o el caballero de la carreta y Perceval o ‘el cuento del Grial’, entre otras obras. También podemos mencionar a Thomas y Béroul, autores que ofrecieron, cada uno a su manera, dos versiones muy difundidas del Tristán e Isolda.

El tercer y último momento fundacional de la novela tiene lugar en el Renacimiento con figuras como François Rabelais, autor de ‘Gargantúa y Pantagruel’, y Jacopo Sannazaro, Bernaldim Ribeiro y Jorge Montemayor, cultores de la novela pastoril. Llega después hasta el Barroco, período que ofrece, por un lado, la novela picaresca española y, por el otro, el Quijote, de Cervantes, considerada la primera novela moderna. En el XVIII, la novela se orienta hacia el análisis de las pasiones con obras como ‘Manon Lescaut’, del Abate Prévost, ‘Las penurias del joven Werther’, de Johann Wolfgang von Goethe, y un poco antes, La nueva Eloísa, de Jean-Jacques Rousseau.

DublinesesFinalmente, con el Romanticismo, la novela se afirma como uno de los grandes y variados géneros literarios de la nueva sociedad. Aparecen, entonces, la novela psicológica, como ‘Adolphe’ , de Benjamin Constant; la novela histórica, como Ivanhoe, de Walter Scott, o Nuestra Señora de París, de Victor Hugo; la novela poética, como ‘ Hiperión’, de Friedrich Hölderlin, o ‘Enrique de Ofterdingen’, de Novalis. Con la superación de los ideales románticos a partir de la tendencia realista, surge un tipo de novela representada por Tolstoi, Balzac, Dickens, Stendhal y Dostoievski que, pasando por el estilismo de Flaubert, poco a poco irá derivando hacia el naturalismo de un Zola y un Maupassant. En el siglo XX tenemos, por un lado, a los novelistas tradicionales, que decidieron seguir siendo fieles a las convenciones decimonónicas del género y, por el otro, a audaces renovadores, como Marcel Proust, James Joyce, Franz Kafka, Virginia Woolf y William Faulkner, cuyas innovaciones técnicas les marcarán el rumbo a muchos narradores de los años subsiguientes.

III

Es evidente que la novela —al menos, en la forma que hoy le conocemos— es el resultado de la refundación que se llevó a cabo en los albores de la Edad Moderna, refundación que le dio bríos para diversificarse de múltiples maneras, y que permitió que el discurso novelístico, por su capacidad de contener discursos provenientes de otros géneros, terminara convirtiéndose en el objeto de estudio preferido de las ciencias literarias.

Ahora bien, convengamos que, a primera vista, toda obra de arte puede ser entendida como una estructura autónoma, cerrada, ajena a la realidad que suponen las obras de arte vecinas. Sin embargo, este pensamiento nos llevaría a cuestionar la misma historia de la literatura en tanto proceso. Lo acertado sería, como sugieren Wellek y Warren, «entender la literatura como todo un sistema de obras que, con la acumulación de otras obras nuevas, va cambiando constantemente sus relaciones, creciendo como un todo cambiante»[3].

Está claro que la evolución de la novela obedece a este tipo de dinámica, y que los distintos períodos culturales necesitaron reelaborar sus patrones narrativos de acuerdo con la idiosincrasia de la época. Esto debería ponernos en alerta, pues la era tecno-comunicacional de mercado en la que estamos inmersos viene demostrando hace ya tiempo que el universo narrativo que mejor le cuadra no sólo está muy lejos de la literatura, sino también de la más elemental textualidad. Quizá, se esté gestando un cuarto momento fundacional de la novela, lo que sería todavía algo positivo, aunque lamentablemente veo que estamos más cerca de un intento de «superación» del género por otros medios, lo que nos obligará a cumplir, cuando esto sea, con el consabido ritual de añorarlo, del mismo modo que añoraba Kayser la poesía épica.


[1] Wolfgang Kayser. Interpretación y análisis de la obra literaria. Madrid, Editorial Gredos, 1954.

[2] Véase C. García Gual.’ Los orígenes de la novela’, 1972.

[3] René Wellek y Austin Warren. Teoría literaria, Madrid, Gredos, 1985.

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cuatro libros de poesía publicados:
"Por todo sol, la sed", Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
"La gratuidad de la amenaza", Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
"Íngrimo e insular", Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
"La ciudad con Laura", Sediento Editores (México, 2012);
"Elucubraciones de un 'flâneur'", Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, "Leer al surrealismo", fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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