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La ópera como experiencia vital

A veces olvidamos que la ópera, como cualquier otra arte, es un vehículo para acercarnos a nosotros mismos.

Nos olvidamos de que su glamour y su ostentación no es lo que la define, sino una consecuencia de su desarrollo en el devenir social e histórico.

La mayor parte de la gente cree que necesita pertenecer a un grupo especial para poder disfrutar de la ópera, tener conocimientos o una preparación específica. Pero si lo analizamos con calma, nos daremos cuenta de que pocas manifestaciones escénicas son tan ilógicas como la ópera. Desde el siglo XVIII se consideraba un entretenimiento exótico e irracional, y claro que lo es hasta nuestros días.

Mujeres que cantan mientras mueren, hechiceras que se confunden y matan a sus propios hijos creyendo que son los hijos de sus enemigos, filtros mágicos que unen a los amantes, gigantes, dioses y artesanos que hacen concursos de canto. Y cuando un tenor se entera de que su madre corre peligro se entretiene dando un do de pecho antes de correr en su ayuda. Sí, claro que es ilógico, claro que es absolutamente absurdo que alguien cante mientras come o pide en un restaurante.

Para José Antonio Alcaraz (1938-2001) es ahí donde la ópera expresaba mejor su naturaleza: “Precisamente al constituir el bastión más evidente de lo irracional en el arte escénico, la ópera sigue viva. Ahí reside su atractivo. Cuatro personajes —bufón, duque, tabernera y doncella— e incluso seis, pueden expresarse simultáneamente, en una epifanía manifiesta que rebasa con amplitud las posibilidades del teatro hablado. El absurdo, espléndido, ejerce su seducción con fuerza…”[1] Porque en el fondo los seres humanos necesitamos del absurdo, necesitamos de lo irracional y cuando se nos acaba lo que podemos explicar, necesitamos una forma de hablar de lo inexplicable.

La ópera no pide, no puede pedir, verosimilitud en las acciones. Pero sí en las emociones que expresa. Nunca fueron más verdaderas las manifestaciones amorosas o la pasión vital que cuando fueron cantadas. ¿Hay alguna forma más precisa de expresar la esperanza que con el “Nessun dorma…” de Turandot? ¿Hay algo más sensual que la habanera de Carmen o el aria de seducción de Dalila? ¿Hay una expresión más clara del miedo al amor que el “I love you…” de Aschenbach en Death in Venice?

Por su parte, la ópera de nuestro tiempo, a diferencia de lo que muchos pueden creer no excluye a nadie. Hace cuatrocientos años que está entre nosotros, y ha generado cualquier cantidad de fuentes de trabajo, de momentos inolvidables, de obras maestras, de progresos teatrales, musicales, dancísticos, actorales.

Hay óperas para todos los tipos de voces, para todas las edades, en todos los géneros teatrales, (quien habla de que los libretos son siempre melodramas no hace más que mostrar su enorme ignorancia sobre ella).

La ópera no te pide tener conocimientos previos, ni gran cultura, todos pueden al final quedar enamorados de ella y nunca saber qué es lo que dice exactamente un dúo o un aria, incluso hay niños que se enamoran irremisiblemente de ella sin los más mínimos antecedentes. También acepta a los que realmente quieren trabajar en ella. Puedes ser gordo, feo, o mudo, habrá un papel para ti. No importa en qué tienes talento, si lo tienes, seguro se necesitará en la ópera.

Hay óperas para todos: para los que creen en la moral de la sociedad, para los que la critican; para los que creen en el amor ideal, para los que no; para los que adoran la melodía, para los que no; para lo que creen que es un circo donde una persona hace acrobacias vocales, para los que esperan profundos conceptos, para los que esperan las grandes actuaciones, para los que se quieren reír, para los que no pueden llorar en la vida real pero sí en la ficción.

Los temas que trata son infinitos: la prostitución, la locura, los bajos fondos de la sociedad, la infidelidad, el amor y el desamor, la obsesión, la mentira, el engaño y todas las bajas pasiones de los seres humanos. Habla de los problemas de una relación de pareja, de los movimientos sociales que cambiaron la historia de los pueblos, de los conflictos de nobles y plebeyos, de todo y de todos.

Es un arte tan vigente porque en realidad, siempre habla de nosotros. Lo incluye todo y a todos, pero a cambio te exige amarla, y si trabajas para ella debes ser disciplinado, exigente, perfeccionista, y siempre querer saber más. Cuando en realidad la amas, nunca te conformas con lo que sabes de ella.

Y sí, resulta que es una experiencia vital, porque te acompaña durante tu divorcio, y también durante tu enamoramiento, te acompaña en las penas de la vida y te explica lo que no entiendes de ti mismo. Te une a los otros de una manera inexplicable, pero también llena cualquier soledad o puede curarte cualquier enfermedad del desamor. Pareciera una exageración pero los que la amamos sabemos que se parece a un milagro, que explica lo que sientes, porque ayuda a encontrar la respuesta existencial que buscas.

Porque el arte no es una evasión, ni para el que lo hace ni para el que lo disfruta. El arte es un milagro que se trabaja. Un milagro que repetiremos hasta la saciedad en nuestros equipos de sonido, mientras estamos solos o acompañados de nuestros cómplices escuchas, o que buscaremos en todas las salas de los teatros.

Un milagro que siempre nos dará una sensación que va más allá de lo que podemos decir, más allá de lo que racionalmente creemos o pensamos. Porque esa es la clave de la ópera: la posibilidad de llegar ahí a donde la palabra ya no pudo y el silencio se vuelve insoportable. Ahí donde el mundo se vuelve sensaciones. Ahí donde, de vez en cuando, somos lo que realmente queremos ser.

[1] Alcaraz, José Antonio. De la ópera como manifestación del absurdo. Suplemento cultural El Ángel.Periódico Reforma, México D. F. 24 de abril de 1994. Número 21.

Enid Negrete

Enid Negrete

Enid Negrete se ha formado profesionalmente tanto en el medio musical como en el ámbito teatral. Es Doctora en Artes Escénicas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Reside en esta ciudad desde hace quince años, donde ha trabajado como productora y directora de escena de teatro y ópera, así como especialista en archivos operísticos, crítico, profesora y articulista.

Como investigadora fue la primera en estudiar los archivos históricos de los dos teatros más importantes de ópera de España: El teatro Real de Madrid (actualmente consultable en el Institut del Teatre) y el Archivo histórico de la Sociedad del Gran Teatro del Liceo de Barcelona (en proceso de digitalización por la UAB). De 2013 a 2016 fue investigadora invitada del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información “Carlos Chávez” del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, donde realizó el diseño de la primera línea de investigación de la ópera en México.

Desde el año 2006 ha colaborado en diferentes publicaciones especializadas en ópera, música clásica y artes escénicas, tales como Ópera Actual, Opus Musica, La onda, Revista ADE de la Asociación de Directores de Escena de España, Heterofonía y Recomana.cat.

Actualmente es la presidenta de la Fundación Arte contra Violencia dedicada a apoyar a los artistas de escasos recursos, dar formación profesional y difundir el arte mexicano en Cataluña.

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