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Giorgio de Chirico. Arquitecturas imposibles

“…en el momento que el artista emprende una obra de arte, su actitud puede ser doble. En ciertos casos, tiene ante sus ojos cierto número de obras de arte ya producidas que lo seducen, que satisfacen sus necesidades de orden y de conocimiento. El se esfuerza, entonces, en producir variantes más o menos ligadas a su experiencia personal. Así nacen  las “series”, así nacen los “estilos”, así se determina las grandes épocas de la historia de las civilizaciones”.

Pierre Francastel. Sociología del arte

Giorgio de Chirico

A través de este libro, el sociólogo francés Pierre Francastel trata de poner las bases de las condiciones de creación de la obra artística, así como de sus relaciones sociales más próximas, donde el espíritu humano es esencial para determinar su entorno histórico y social. Precisamente esto es lo que ocurre cuando vemos la obra del pintor y escultor griego, aunque de padres italianos,  Giorgio de Chirico (Volos.Tesalia. 1888 – Roma. 1978). Volos es una pequeña población situada a 300 km de Atenas. Su hermano Andrea, también conocido como Alberto Savinio, fue un reconocido escritor y pintor surrealista.

De Chirico es uno de los principales componentes, junto con Carlo Carrà, del movimiento metafísico, que se caracterizaba  por la aparición de imágenes de diversos objetos representados fuera de contexto e insertados en determinados marcos arquitectónicos vacios. Otros pintores relacionados con esta tendencia son los italianos  Filippo de Pisis y Giorgio Morandi. De hecho la pintura metafísica sirvió de punto de partida del surrealismo.

De todos modos, la producción pictórica de De Chirico no se centra solamente en el apartado metafísico, aunque sea éste el que más ha incidido en su reconocimiento internacional, ya que, como podemos ver  en la exposición antológica que ahora presenta CaixaForum en su sede barcelonesa, se exhiben un gran número de obras de otros momentos creativos en las que predominan las temáticas mitológicas dentro de un estilo clásico.

Giorgio de Chirico

La muestra El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad, la componen 142 obras, entre pinturas, esculturas, dibujos y litografías. Está organizada por la Obra Social “La Caixa”, junto con la Fundazione Giorgio e Isa De Chirico. Las piezas que se exhiben corresponden al período 1913-1976 que prácticamente configuran toda su producción artística, “desde las plazas italianas y los maniquíes que le dieron el reconocimiento inicial hasta su retorno posterior al mundo clásico y su etapa neometafísica de madurez”. Los comisarios son Mariaestella Margozzi, historiadora del arte del Ministerio de Bienes y Actividades Culturales de Italia  y Katherine Robinson, miembro del Consejo Directivo de la Fundazione Giorgio e Isa De Chirico.

Su formación artística se forjó a través de profesores particulares y del Instituto Politécnico de la capital griega, donde recibió clases de dibujo, aunque la muerte de su padre, cuando él sólo contaba 18 años, le influirá posteriormente, principalmente cuando representa las siluetas de unos personajes en unos horizontes vacíos. Él mismo señala que  lucha “en vano contra el hombre de los ojos suspicaces y enormemente dulces que se liberaba dulcemente de todos mis abrazos, sonriendo, alzando apenas los brazos…Mi padre aparecía así en mis sueños”. En esa época vive con su hermano y su madre en Italia, concretamente en Venecia y Milán, para luego irse a vivir durante un corto período de tiempo a Münich donde proseguirá sus estudios artísticos. Allí se sentirá atraído por el pintor romántico Alfred Kubin y por el simbolista Arnold Böecklin, a quien le interesaba la antigüedad clásica. También su interés por los filósofos alemanes Arthur Shopenhauer y Friedrich Nietzche, serán fundamentales en su devenir creativo, descubriendo “la melancolía de los bonitos atardeceres de otoño en Italia”.   Al regresar a su país de adopción se adentra, mediante diferentes lecturas filosóficas, en el arte y la arquitectura renacentista, descubriendo Turín por sus “plazas severas y solemnes con las arcadas que parecen responder a una necesidad”, así como también se interesará por las solitarias calles y  plazas de Ferrara.

Giorgio de Chirico

La exposición gira en torno a seis ámbitos, de los que hay uno que destaca sobre el resto como formando parte de un gran decorado teatral,  representando una  plaza porticada que sirve para dividir el resto de apartados. Esta puesta en escena refleja perfectamente este mundo onírico, donde la arquitectura es el centro de atención.  En primer lugar se exhiben una gran colección de retratos y autorretratos.  En la siguiente sala se muestra el mundo metafísico que tan famoso le ha hecho y que va relacionado con su estancia en Ferrara, en que la arquitectura renacentista es la protagonista, aunque también conviva a lo lejos la  ciudad industrial. En el tercer ámbito, el que podríamos señalar como el núcleo  de la exposición, se observa “La Plaza de Italia” de la capital italiana, donde la figura del maniquí es esencial para entender el universo metafísico. El resto de apartados describen a un De Chirico inmerso en el mundo clásico, en el que los Baños misteriosos, la Historia y la naturaleza y el Mundo clásico y los gladiadores, evocan el pasado cultural europeo.

Esta antológica está considerada como la más importante que se ha realizado en nuestro país. Curiosamente su primera exposición individual en España, fue en Barcelona el año 1929, en la sala Esteva.  En el 2007 ya se celebró otra gran muestra  en el IVAM de Valencia. Recientemente, en la Fundación MAPFRE de Madrid, se presentó Retorno a la belleza, que trataba el arte italiano de entreguerras, y en él se pudieron contemplar algunas de sus pinturas.

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En Retratos y autorretratos el público se encuentra delante de una serie de obras de diversos momentos creativos del artista, ya que es una temática que siempre le ha interesado, donde la “psicología, igual que la ironía, son características intrínsecas de sus retratos, que no son nunca representaciones de un personaje concreto, sino que acostumbran a captar las emociones más íntimas”. Posiblemente las obras de los años 40 sean las más peculiares, ya que suele representarse él mismo, vestido de formas diferentes  como homenaje a pintores famosos del siglo XVII, caso de Franz Hals, Rembrandt y Anton Van Dyck. Algunas de las piezas más impactantes son Retrato de Isa con un vestido rosa y negro (1934) y Autorretrato con vestido negro (1948-1954). En la primera, aparece su segunda esposa Isabelle Pakszwer, también conocida como Isabel Far, con quien compartió su vida desde 1930 hasta el momento de su muerte.  Y en la segunda, vemos a De Chirico vestido de época barroca, buscando la provocación del espectador.

La pieza Interiores metafísicos aparece relacionado con su etapa  militar en Ferrara, en ella los interiores son “composiciones en las que una perspectiva acelerada implica los elementos arquitectónicos de una estancia, en la que en el medio existe un conjunto de instrumentos de dibujo y otros objetos incoherentes”. Posteriormente seguirá pintando estos interiores hasta los años setenta. Parecen cuadros dentro de otros cuadros que, de algún modo, evocan al Renacimiento, ya que de una misma obra surgían diferentes escenas. Esta combinación de los diferentes elementos existentes es una dualidad entre el mundo interior y exterior.

En Las musas inquietantes (1916), el artista plasma en un escenario perturbador dos personajes, uno sentado y otro de pie, colocados encima de una columna, donde se confunden personajes y esculturas sin rostro. Giulio Carlo Argan, señala que “más allá de las figuras-espacio y de los objetos-espacio, el espacio es una pura figura de perspectiva, una profundidad sin capacidad, impracticable e inhabitable”. Aquí es donde se aproxima más al ideal surrealista, ya que el poeta y crítico  francés Guillaume Apollinaire calificará estos paisajes urbanos como “metafísicos”.

El tercer ámbito se basa en mostrar La plaza de Italia y los maniquís. El tema de la plaza surge en Florencia en 1910,  debido a una revelación que tuvo el artista  y que plasmó en el cuadro El enigma de una tarde de otoño, queriendo “expresar esta sensación  tan fuerte y misteriosa que había descubierto en los libros de Nietzche”. Son obras en la que aparecen esculturas, torres, chimeneas, relojes o trenes. Todo ello sirve de excusa para descubrir el pasado, el tiempo que parece imperturbable, y donde el ser humano es sólo una apariencia.

Giorgio de ChiricoLos maniquís con sus caras ovaladas y  lisas, a modo de estatua,  reflejan perfectamente el silencio, sólo roto por la aparición de unas sombras que a medida que va trascurriendo el día se irán modificando. En la obra Trovador (1972), ya al final de su trayectoria,  vemos  un ejemplo de la pintura neometafísica, surgida a partir de 1968, en donde los colores se vuelven cada vez más brillantes, vivos y luminosos.

En Los baños misteriosos De Chirico se muestra más enigmático. Esta temática nació en 1934  a través de unas litografías y dibujos que realizó para el libro Mitologia de Jean Cocteau.  En sus pinturas se observa como el agua se vuelve “espesa de líneas colocadas en forma de zig-zag, como el diseño de algunos suelos de parquet”. Los hombres desnudos se sumergen en las bañeras, mientras otros  que están vestidos observan la escena. Son escenas que entroncan perfectamente con el ideal surrealista y que recuerdan al Paul Delvaux de las mujeres desnudas paseando por lugares imposibles.

La sección dedicada a Historia y naturaleza trata el período 1940-1959, en  el que el artista va a la búsqueda de los valores del pasado del arte, iniciando la recuperación de algunos de ellos, más concretamente los relacionados con el Renacimiento y el Barroco, a través de imitar obras de  pintores de renombre. Se inspira en los poemas caballerescos de Orlando furioso, del poeta italiano Ludovico  Ariosto y del poema épico de la época de la contrarreforma Jerusalén  liberada de Torquato Tasso, que representa el asedio de Jerusalén durante la Primera Cruzada.  Según el historiador y crítico de arte Gaya Nuño, en ese momento creativo del artista este “lujo de paraorganismos inútiles y complicados resulta ser tan surrealista como el angustiante vacio de los cuadros de ciudades”.  La naturaleza muerta también ha sido un tema recurrente en este período, tal como vemos en el óleo Fruto con templo (1957), en el que se ve en primer plano un recipiente que contiene diferentes tipos de frutas y al fondo se perciben una escultura y un edificio clásicos, ocupando ambos lados de la composición. Son paisajes naturalistas irreales ya que no corresponden al mismo momento histórico.

Giorgio de Chirico

Finalmente en el ámbito El mundo clásico y los gladiadores, aparecido a finales de los años 20, los gladiadores como “héroes destinados a morir, se transforman en actores; la arena se convierte en una escenografía teatral; la muerte inevitable no es más que una representación”. Así es como los ve y los plasma en sus pinturas De Chirico, ya que la realidad es mucho más cruenta, y solamente desde la ironía y el juego intelectual se pueden contemplar estas obras, ya que se trata de una puesta de escena. Tal y como se percibe en Combate de gladiadores (1937), en lo que la lucha entre ellos parece más bien una escena desenfadada y agradable, y  no se percibe en absoluta la violencia y furia del combate.

La escultura también está presente en la exposición ocupando la zona de la plaza porticada, aunque paradójicamente no empezó a interesarse por ella hasta principios de los 40 y que se centraba en un primer momento en mostrar el clasicismo, para después  decantarse hacia parámetros metafísicos. De esta primera época,  él mismo manifiesta que su escultura es “blanda y cálida, y ha de poseer no sólo la morbidez de la pintura, sino también todos sus colores: una escultura bella siempre es pictórica”.

De los años sesenta y setenta, destaca entre otras piezas, Hector y Andròmaco (1970) de bronce plateado, temática que también aparece en diferentes momentos a nivel pictórico, caso de los óleos de 1917 y 1945  que coinciden con la I Guerra Mundial y con el final de la II Guerra Mundial, respectivamente. De hecho, estos dos personajes mitológicos representan el amor conyugal y familiar frente a los conflictos bélicos que conducen a la destrucción. Héctor era un héroe troyano y Andrómaca su esposa, personajes de La Ilíada de Homero. Se trata de una escena en la que se percibe el dramatismo del momento, cuando la pareja se despide, ya que Héctor debe enfrentarse al héroe aqueo Aquiles en una lucha singular.

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Ramon Casalé Soler

Ramon Casalé Soler

Ramón Casalé Soler (Barcelona. 1955)

Museólogo, historiador y crítico de arte

Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

Miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM)

Licenciado en Geografía e Historia, especialidad en Historia del Arte (Univ. Barcelona)

Máster en Museología y Patrimonio Cultural (Univ. Barcelona)

Curso de Anticuario (Barcelona)

He formado parte de la Junta Directiva, con el cargo de Tesorero, de la Asociación Catalana de Críticos de Arte (ACCA), durante el período 2001-2016

Colaborador del programa de radio “Formas y Ängulos en las cadenas Onda Cero y COPE de Barcelona durante 7 años

Excoordinador de Artes Plásticas del Museo de la Marina de Vilassar de Mar (Barcelona)

Exdirector artístico de la Galería de Arte Sant Pol Art, de Sant Pol de Mar (Barcelona)

Fui corresponsal en España de la revista italiana ARTE IN de Venecia durante 20 años

Formaba parte del Comité de Redacción de la revista digital Mur Crític (ACCA)

Actualmente soy crítico de arte de la revista BONART de Girona, de la revista digital Arqnou de Masnou (Barcelona), del periódico L’Independent de Gràcia de Barcelona y del Full Informatiu de la Societat Catalana d’Arqueologia

Asimismo, he sido crítico de las revistas Batik, Arte Omega, Marte de Barcelona, Papers d’Art de Girona, Zerovuittresquaranta y Vilassar Actiu de Vilassar de Mar (Barcelona), entre otras publicaciones, desde los años 1987 hasta la actualidad

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