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Fuentes fundamentales de la psique humana

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El origen y maduración de la psique ha sido abordado por diferentes perspectivas.

Una fuente primaria es la teoría evolucionista, de Charles Darwin, que enfoca la fuente biológica pero modulada por mecanismos adaptativos.

Stanley Hall
Stanley Hall

Otras teorías han sido la de Stanley Hall, Arnold Gesell, Alfred Binet y William Stern. Sigmund Freud, expone el desarrollo individual a través de etapas de maduración interna, y entre neo-psicoanalistas se encuentra Erik Erikson.

John Watson enfoca el tema desde la perspectiva Conductista, siendo esta posteriormente desarrollada por Frederic Skinner (Hergenhahn & Olson, 2007). Esta concepción, en su forma ortodoxa, hace caso omiso de las condiciones internas de la persona, teniendo en cuenta solo su expresión externa, o sea conducta. Las “lagunas” teóricas en las concepciones de Watson y Skinner fueron resueltas por sus derivaciones; entre ellas la teoría del Social Learning, de Albert Bandura.

Se agregan otras que también enfocan el desarrollo humano, la Sociocultural, expuesto por Lev Vygotsky, la cual tiene en cuenta el impacto de valores sociales en la acción social. Además, la teoría de Jean Piaget, donde este autor muestra la formación de la realidad en la mente del niño a través de los conceptos de acomodación y de asimilación, enfocándolos como adaptación biológica. Las teorías de Freud, Piaget y Vygotsky han sido cruciales en el estudio del desarrollo individual (Berk 2010).

El sistema psico-cerebral, en su filogénesis y ontogénesis, envuelve la polémica, aún no resuelta, de cuanto es genéticamente predeterminado o cuanto surge de la influencia del medio socio-ambiental. Desde que Aristóteles presentó su idea de “Tabula Rasa”, en su libro Sobre el alma, concepto desarrollado más tarde por el empirista John Locke, muchos pensadores se han ocupado de la cuestión del origen y evolución de la psique. Pero no es hasta el siglo XX, cuando se impone la pregunta de si es genético-hereditaria o aprendida (Berk, 2010).

Ludwig von Bertalanffy
Ludwig von Bertalanffy

Un concepto que puede resolver la indefinición sobre el origen genético o adquirido de la psique, es la teoría de sistema. Esta fue inicialmente expuesta por Ludwig Von Bertalanffy (19011972), pero sus premisas se hallan en la filosofía, entre ellas la hegeliana, y también en teorías como la de George Homans y Theodore Newcomb, clásicos de la psicología social.

Un sistema es un conjunto de componentes interconectados, donde uno incide sobre el otro. Se encuentra el sistema orgánico, cuyas partes están vinculadas acorde a una estructura fija y pre-establecida, con canales de interacción externa, y ubicado dentro de una estructura mayor. Por el contrario, se halla el no-orgánico, donde sus partes están vinculadas pero con determinado margen de libertad en sus interconexiones.

Todo sistema orgánico funciona a través de su estructura, regula la interacción interna y externa, y al mismo tiempo se autorregula. Se mueve según sus posibilidades de ajuste, y se reorganiza por sí mismo; a diferencia del no-orgánico, donde sus procesos internos operan a través de canales indefinidos e inestables.

Un sistema puede ser abierto, el cual posee entrada de alimentación (input) y brinda un resultado al exterior (output), incidiendo sobre otros sistemas vinculados; su interacción conduce al crecimiento de su estructura interna. Por el contrario, si es cerrado, resulta en su involución hasta destruirse, al no existir fuente de alimentación se desintegra. Es el proceso de Entropía, mientras el opuesto, la Homeostasis, supone el equilibrio entre las partes.

Puede afirmarse que la polémica en torno al origen de la psique humana, en teoría, se resuelve a través del enfoque sistémico, donde ambas fuentes se integran en unidad. Estudios actuales de genética niegan exclusividad a la Tabula Rasa, pero al mismo tiempo demuestran la mutación de las estructuras biológicas bajo el efecto de la influencia social (Pinker, 2004) (Santrock 2004) (Berk 2010).

Por ello es de suponer que la programación genética es heredada como inicial contenido psíquico, pero encauzada por influencia socio-ambiental a partir del nacimiento. El individuo nace con una pauta genéticamente predeterminada, pero se socializa dentro de un contexto cultural específico (Sue & Sue, 2003). Incluso el factor genético permanece inactivo hasta tener lugar la intervención de factores sociales (Cacioppo & Berntson, 1992).

La carencia del conjunto social implica para el individuo, en los casos que ha logrado sobrevivir ayudado por otras especies, estructuración interna equivalente al ambiente natural y animal. Es modelada su psique y conducta acorde a circunstancias con las cuales interactúa, por lo cual no se logra socialización ni consciencia.

Lynn Margulis

Tal es los niños-lobos encontrados en la selva, los cuales pudieron subsistir ayudados por animales. Ellos no hablan, no piensan, emiten sonidos guturales, no sonríen, como ha sido observado en los conocidos Amala y Kamala (la primera murió en poco tiempo). Tomaban agua a lengüetazos, comían carne cruda del suelo, y solo emitían rugidos porque no poseían lenguaje. Algo similar se observó en los niños Singh y Zingh, quienes no caminaban ni mantenían posición erecta.

El ambiente determina el sistema viviente, y este determina en el ambiente (Margulis, 2007) (González Martín, 1975). De hecho, la variedad de experiencias recibidas constituye un factor en el desarrollo cerebral de los seres humanos (Breedlove, Watson & Rosenzweig, 2010). De aquí que el crecimiento del individuo en un ambiente natural, alejado de humanos y criado por animales, lo convierte en cuasi-animal.

Un aspecto también polémico, y derivado de la fuente de la psique, es la consciencia. Esta posibilidad es solo inherente al hombre, quien conlleva el paquete genético y físico para su aparición, pero también se requiere de la intervención de la influencia social. Este efecto en la evolución filogenética, se repite en la ontogenética. El interés por definir la consciencia despierta curiosidad desde la Edad antigua y el Medioevo, pero el pensamiento en torno al tema alcanza maduración con la axiomática frase de Renato Descartes, escrita en su libro El Discurso del método: “Pienso, luego existo.

La conciencia permite incorporar subjetivamente la realidad en la psique en un grado de apropiación que rebasa la simple adaptación. Consciencia no es solo definir o comprender, sino saber que sabes, sentir que sientes, saber qué necesitas, pensar lo que piensas, recordar que recordaste o no pudiste recordar; en fin, saber que existes.

Con el surgimiento de monos antropoides se suceden en el mundo cambios naturales, climáticos entre otros, que hicieron variar sus condiciones de subsistencia. Según últimos y cruciales hallazgos arqueológicos, unas especies de monos antropoides se separan del mundo animal a través de un escabroso salto cualitativo hasta llegar a convertirse en humanoides.

Jean Piaget
Jean Piaget

Pero estos cambios no se producen por igual en todas las nuevas especies, anatómica y fisiológicamente unas estaban mejor preparadas que otras ante el medio, y por consiguiente, algunas fueron desapareciendo hasta quedar la más adaptable; hombre moderno. Por ejemplo, al Cromañón le favorecían posibilidades para subsistir como el aparato vocal, lo cual permitía la adquisición de lenguaje hablado, pero esta anatomía le estaba vetada al Neanderthal.

De cualquier manera, se requería entonces de transformación del entorno para facilitar la alimentación, defensa y abrigo. Esto implicaba el dominio, la producción, y el manejo de instrumentos. Ya no se trataba de la simple obtención de medios de vida apoyado en los modelos innatos de conducta como en las anteriores especies, sino de su creación.

Estas circunstancias obligaban a comparar, recordar, saber a qué temer, y de quien defenderse. A ello se agregaba la necesidad de agrupación y comunicación con los demás congéneres para lograr subsistencia. En consecuencia, el individuo comienza a sentir que existe como un ente separado de lo que le rodea; empezaba a conocerse a sí mismo.

De ese modo la psique deviene consciente por medio de la acción, y surge el lenguaje hablado. Las señales modeladoras de la realidad, al ser recibidas por aquellos primeros hombres, se reproducían subjetivamente, y sin darse cuenta, el nuevo ser inicia comparación de estas señales, visualiza el ensayo-error, y se percata de la acción eficiente. Con ello la conducta deja de ser instintiva.

A partir de ese momento, la señal sensorial recibida por aquellos primeros hombres, implica la representación psíquica de una configuración arcaica del objeto. Esta se hacía paulatinamente más compleja, enriquecida y definida por medio de la sucesiva reiteración, acumulación y yuxtaposición de las nuevas señales recibidas.

Al mismo tiempo estas señales se diferenciaban, estratificaban, y articulaban entre sí. En el cerebro del humano no se producía entonces una mera acumulación como en el animal, sino unas unidades de información servían de referencia a las posteriores. Por consiguiente, las imágenes se hacían racionales, y por ende se generalizaban. Ello era complementado y reforzado por la satisfacción de las necesidades.

Theodore Newcomb
Theodore Newcomb

Cada acto, casual y fortuito que condujera a la satisfacción de impulsos instintivos, implicaba la intención de reproducir el evento. Su imagen quedaba en los circuitos neurales dada la impronta afectiva de satisfacción. En consecuencia, objeto, acontecimiento y entorno, tendía a evocarse espontáneamente en memoria. Las imágenes por consiguiente, se cruzaban entre sí para generar otras nuevas. Se intentaba hacer realidad el evento placentero, obligando a pensar, aunque aún por medio del pensamiento concreto. Por ejemplo, conocer el fuego lo impulsaba a reproducirlo y a controlarlo.

En la medida que se reforzaba cada esquema de conducta en la mente, este terminaba, reiteración tras reiteración, por nutrir su imagen hasta hacerla humanizada. La incipiente imagen racional adquiere entonces el papel de plataforma para la anticipación, prevención, y preparación para la defensa y subsistencia individual.

A partir de la imagen representada, el humano primitivo quedaba obligado a razonar para resolver problemas inmediatos y cotidianos, por lo cual desarrolla la conceptualización y abstracción. En consecuencia, la psique se expande cada vez más, el individuo conoce el medio circundante, y este se fija como experiencia; finalmente, llega a conocer y controlar a plenitud su propia existencia.

Este logro conducía a la comunicación verbal, lo cual le permitía agruparse, coordinar y cooperar para facilitar alimentación y defensa. Al mismo tiempo, aún con una consciencia rudimentaria, y a diferencia del animal, la satisfacción de unas necesidades generaba otras, dejando su desarrollo de ser instintivo para adquirir carácter social.

En consecuencia, la contradicción entre individuo y su entorno comienza a resolverse en la asimilación y conversión de uno en otro, la realidad se humaniza y el hombre integra su realidad. En este salto cualitativo la adaptación pasiva deviene en transformadora, y por lo tanto, la interacción ambiente-psique deja de ser natural, espontánea, para ser controlada por el propio individuo consciente.

En otras palabras, el hombre, en su acción sobre el medio, imprime a la realidad su sello particular, por lo cual el medio exterior, en su transformación, refleja la impronta dejada por la acción humana. Al mismo tiempo esa realidad, objetiva y subjetiva, delinea la forma y contenido de la psique individual o colectiva del humano, le deja su huella, y se reproduce dentro de ella. Realidad y psique son contrarios, se inter-penetran entre sí, el individuo es expresión del mundo donde vive, y éste es exponente del humano; cada uno supone, y es condición, de la existencia del otro. Según Hegel: “La conciencia solo sabe y concibe lo que se halla en su experiencia” (Fenomenología del espíritu).

Paralelo al estudio de la consciencia ha marchado su contraparte, el inconsciente; aunque ninguno de los dos ha terminado de definirse por la ciencia. La evolución supone el surgir de psique consciente, pero no excluye la no-consciente.

William James
William James

El funcionamiento adaptativo de la corteza cerebral implica la cualidad consciente de la información que circula por sus circuitos cuando coadyuvan condiciones integrativas y suficientes, pero solo en el sector cuyo sentido afectivo es, o ha sido, pertinente al individuo.

La información se acumula y procesa en el plano no-consciente a diferentes niveles, y sus resultados pueden manifestarse involuntariamente en un momento dado. Pueden influir subrepticiamente sobre el funcionamiento consciente, o incluso no manifestarse nunca. Esta polaridad en la dimensión consciente se observa en la evidencia ofrecida por la investigación experimental, y práctica clínica.

El inconsciente, como antítesis de la conciencia, ha sido objeto de polémica a través de la historia. Unos filósofos se han inclinado a su existencia pero otros no; por ejemplo, Descartes, el cual lo excluye. William James, filósofo entre los siglos XIX y XX, refutando la existencia del inconsciente, expone que “…a la par del campo de la conciencia, el campo de las huellas mnesicas de los pensamientos y los sentimientos que estando más allá de la conciencia, son hechos de conciencia de un tipo especial capaz de revelar sin errores la realidad. Ninguna otra conquista lograda en el campo psicológico puede ser considerada de importancia similar.” (Citado por Bassim, 1972).

Otros autores, por el contrario, afirman la existencia del inconsciente. Entre ellos Leibniz (1646-1716), el cual expuso su concepto de Percepciones sin conciencia. Friedrich Wilhelm Joseph Schelling (1775–1854) considera inconsciente al contenido mental el cual existiendo, aún no ha ingresado a la consciencia. Arthur Schopenhauer (1788–1860) expuso su concepto de voluntad inconsciente. Y Johann Friedrich Herbart (1776–1841), expuso la representación perceptual por debajo del umbral de conciencia, mientras que posteriormente Gustav Theodor Fechner (1801–1887) aportó su concepto de las Percepciones subliminales. Wilhelm Maximilian Wundt (1832–1920) expuso independencia funcional del inconsciente.

 Johann Friedrich Herbart
Johann Friedrich Herbart

En Rusia, en la primera mitad del siglo XX, también estudiaban detalladamente el problema de conciencia-inconsciencia. Entre ellos Ivan Mikhaylovich Sechenov (1829-1905), quien se refirió a sensaciones recibidas bajo diferentes grados de vigilia del individuo. Este autor escribió acerca de re-elaboración de impresiones gruesas, estabilizadas en el fondo de la memoria, fuera de la conciencia, y por lo tanto sin que intelecto y la voluntad participen. Otro autor ruso, Vladimir Mikhailovich Bekhterev (1857-1927), consideraba inconsciente al reflejo de la realidad independiente de la voluntad del individuo.

Iván Pavlov puntualizó la coexistencia de las funciones conscientes e inconscientes en la psique. Según este:

“En las zonas de los hemisferios cerebrales, que tienen una excitabilidad óptima, fácilmente se forman nuevos reflejos condicionados y con éxito se elaboran las diferenciaciones. O sea, que de esta manera se puede decir que en el momento dado éstos son los sectores creadores de los hemisferios cerebrales.

Otros segmentos, otras zonas de los hemisferios cerebrales, que tienen una excitabilidad disminuida, no tienen esta capacidad y estas zonas pueden funcionar a lo más únicamente a expensas de los reflejos condicionados creados anteriormente. Estos reflejos aparecen de una manera estereotipada siempre que se presente el estímulo. La actividad de estos segmentos de la corteza cerebral es lo que nosotros, subjetivamente, denominamos actividad inconsciente o automatizada” (Los reflejos condicionados aplicados a la psicopatología y la psiquiatría).

Dmitrii Nikolaevich Uznadze
Dmitrii Nikolaevich Uznadze

Víctorov, en la segunda mitad del mismo siglo, define el inconsciente como actividad nerviosa superior que no concientiza sus resultados. Dmitrii Nikolaevich Uznadze identifica plenamente el inconsciente con la actitud: “La actitud no puede ser un acto de la conciencia del sujeto, ella no es más que el modo, el estado del sujeto entero. Si hay alguna cosa en nosotros que podemos creer que se produce inconscientemente es la actitud” (Uznadze, 1979).

Quien destaca el inconsciente como pieza clave en la psique fue Sigmund Freud. Según este autor, el concepto de represión consiste en el desplazamiento de la información traumática del ámbito consciente. Otros conceptos se relacionan con la función inconsciente según Freud, entre ellos, catexia, actos fallidos, imágenes oníricas, entre otros.

Según Uznadze, el aspecto más débil en la concepción de Freud sobre el inconsciente, es que lo describe como un ente separado de la consciencia, mientras Uznadze considera que la estructura y funciones de uno y otro es lo mismo, solo que el inconsciente no es regulado por la consciencia durante la interacción con la realidad (Uznadze, 2009) (Imedadze, 2009).

Cook et al. (2011) reconocen la no-consciencia, pero con la diferencia de que en la recepción de los mensajes que alcanzan ser conscientes se reciben también influencias no racionales, sugestivas, que ejercen su efecto fuera de la consciencia.

El sueño ha sido estudiado en torno al inconsciente. Se ha observado el efecto de los estímulos externos e internos sobre imágenes oníricas mientras la persona duerme, también el despertar a una hora preconcebida, o el despertar de una madre cuando siente el llanto de su hijo pero que no despierta ante un sonido intenso. Se evidencian también soluciones a los problemas y cambios de actitud durante la fase REM del sueño. Otros fenómenos que apuntan al inconsciente son el insight, o cuando se siente determinado estado anímico y no se puede definir, o no sabe, la causa.

Según Bassim (1972), las imágenes circulantes durante la vigilia, desencadenan una inercia que al llegar el individuo al nivel REM del sueño, continúan como imágenes oníricas. Junto a estas se integran otros contenidos sensibles, subyacentes fuera de la consciencia.
Lenore Jacobson
Lenore Jacobson

Otra manifestación de la psique no-consciente es el efecto Pigmalión (Rosenthal & Jacobson, 1992), que consiste en la influencia inconsciente e imperceptible de un individuo sobre otros, las cuales implican cambios inconscientes en el comportamiento; ha sido este hecho estudiado en el ámbito educacional, laboral y social.

La conciencia no posee límites discretos, sino que es una dimensión cuyos polos opuestos marchan desde el funcionamiento inconsciente más profundo, hasta la nítida y plena consciencia. Los diferentes niveles de esta dimensión están determinados por el grado de excitación de la corteza cerebral. Ejemplo de ello es la transición entre sueño y vigilia; el sueño es principalmente estado inconsciente, y del cual no se sale ni se entra, aunque así parezca, de forma brusca sino paulatina. El propio mecanismo fisiológico de la conciencia determina que incluso en este estado se produzcan resultados que se tornan conscientes o no.

De cualquier manera, la relación consciencia-inconsciencia se inserta como parte de la estratificación psico-cerebral. Este sistema se erige, crece y se desarrolla a través de una intrincada madeja de interacciones. Estas tienen lugar entre, y dentro, de los diferentes estratos que se construyen y superponen uno tras otro, desde el tejido neuronal hasta los eventos más subjetivos de la psique. Es decir, este sistema no es un contexto homogéneo, monolítico, sino que está constituido por niveles, con características particulares en cada uno. De ello resulta que la relación del individuo con su entorno es extensión de su dinámica interna.

En consecuencia, el individuo se conduce, siente y piensa según cómo interactúan entre sí estratos subyacentes del sistema psico-cerebral para refractar información operante. En otras palabras, recepción, evaluación, y elaboración de la respuesta final, atraviesan internamente por múltiples “filtros” reguladores, llegando incluso a nivel fisiológico; por citar solo un ejemplo, la producción de estrógenos y los eventos neuroquímicos en la mujer propician las cualidades de su respuesta social (Cacioppo & Berntson, 1992).

 Robert Rosenthal
Robert Rosenthal

No obstante, la relación entre procesos encefálicos y funciones psíquicas no es directa ni equivalente; o sea, reacciones similares del individuo pueden estar fundamentadas en diferentes movimientos neurales. El funcionamiento de la psique trasciende la fisiología que la fundamenta, un nivel neural no se reproduce de modo idéntico en función psíquica, aunque estructuras más complejas incluyan menos complejas. Además, la modificación estructural puede originarse en diversas causas, transitar por diferentes cauces, y estar fundamentada en múltiples niveles (Koehler, 2011) (Cacioppo & Berntson, 1992). Por ejemplo, diferentes zonas cerebrales intervienen de modo inespecífico en la memoria (Breedlove, Watson & Rosenzweig, 2010).

El surgimiento del sistema psicocerebral está dado por la necesidad adaptativo-defensiva a través de la evolución, operando y modificándose a sí mismo en la interacción con la realidad. Su estadio básico, y fuente generadora, es la fisiología cerebral. De este emana la psique como su superestructura subjetiva (Koehler, 2011). El cerebro y la psique constituyen dos planos de un mismo sistema, y como subsistemas, se componen de estructura y funcionamiento propio. Cada uno a su vez, se organiza en estamentos, estructuras, las cuales se superponen unos sobre otros, desde lo fisiológico hasta la plenitud de consciencia.

El funcionamiento de este sistema deja como huella la tendencia de sus procesos a operar según un contenido y dirección determinado, abarcando lo fisiológico y lo psíquico, aunque con características diferentes cada uno. Estas tendencias se fijan, consolidan y son las que devienen estructuras reguladoras a su vez del funcionamiento. Es decir, la estructura no es más que la tendencia a funcionar en una forma particular de recibir, procesar, y elaborar información; de ese modo se modifica a si misma además.


Bassim T. N. (1972) El Problema del inconsciente. Buenos Aires: Editorial Granica

Berk, L. E. (2010). Development through the lifespan (5th Ed.). Boston, MA: Allyn & Bacon.

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Cacioppo, J. T. & Berntson, G. G. (1992) Social Psychological Contributions to the Decade of the Brain, Doctrine of Multilevel Analysis. American Psychologist, 47, 8, 1019-1028

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José Ramón Ponce

José Ramón Ponce

Doctor en Psicoanálisis, Universidad de Psicoanálisis Humanístico, Brasil.

Master en Psicología de la Salud, por la Walden University, Minnesota.

Licenciado en Psicología, certificado Josef Silny & Associates, Inc. Licencia de Hipnoterapia, USA.

Investigador Agregado por la Academia de ciencias de Cuba.

Fue miembro de la Sociedad de Neurociencias de Cuba, Sociedad de Psicología de la salud de Cuba, Grupo Nacional de Termalismo. Fundador y creador de la Sociedad Cubana de Hipnosis, en la Academia de Ciencias de Cuba. Miembro de la Sociedad Venezolana de Hipertensión arterial. Participante de eventos científicos nacionales e internacionales. Le han realizado numerosos reportajes de prensa por su trabajo.

Libros publicados:

Dialéctica de las actitudes en la Personalidad
El Sistema Psíquico del Hombre
Estrés emocional y su afrontamiento
Como estudiar mejor y sin estrés
Conversando con adolescentes
Un Hombre ante sí mismo
Hipnosis y relajación emocional.
Folletos en apoyo a la docencia.​

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