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Autobiografías de la transición

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Una visión de la transición política en España en varias autobiografías

Fernando Savater, Jordi Solé Tura, Luis Racionero y Fabián Estapé

Introducción

El objetivo del artículo es explorar cómo reflejaron varias personas en sus autobiografías los acontecimientos políticos ocurridos en la década de los setenta. Estos personajes han estado directa o indirectamente relacionados con la política en nuestro país y vivieron intensamente la transición política que experimentó España en esos años. A través de la lectura de sus memorias, extraeré párrafos o ideas sobre lo que les ocurrió o sobre lo que pensaban de los hechos políticos de esos años que, con un sentido amplio, pueden abarcar desde el Mayo del 68, ya en los estertores de la dictadura franquista, hasta la toma del congreso por el teniente coronel Tejero, que significó la vacuna final contra  actitudes predemocráticas. En ese periodo, España sufrió una fuerte evolución cultural, social y política, que nos llevó desde una dictadura —que algunos ya calificaban de dictablanda— y un alejamiento de nuestros vecinos europeos, hasta la instauración de un régimen democrático y la integración en Europa que, aunque ocurrió en 1986, se fue forjando en esos años.

 Es interesante ver si esos acontecimientos políticos quedan reflejados en las autobiografías de esos personajes, y que opinan de los mismos, teniendo en cuenta que ellos fueron protagonistas activos de esa época y tuvieron una amplia relación directa o indirecta con lo que se estaba cocinando en los cenáculos políticos y culturales. Cada persona enfoca sus memorias de una forma distinta, contando lo que le apetece o cree más importante, y dando mayor o menor importancia a los distintos entornos. Veamos cómo lo hacen los escogidos.

 También intentaré reflejar la opinión de un espectador —yo— que querría ser objetivo, tarea casi imposible por lo que al menos  promete ser sincero. Viví esa época entre los 23 y 33 años, cuando empezaba mi carrera profesional y cuando mantenía inquietudes políticas —aunque no militancia— localizadas en la izquierda no dogmática y no nacionalista. Por fin, como epílogo, compararé las distintas posiciones de los personajes tratados frente a los acontecimientos políticos de la década, e intentaré responder la pregunta de si la lectura de estos libros ayuda a mejorar nuestra visión sobre esta época crucial en el desarrollo político y cultural de España.

Las obras y autores escogidos son:

Fernando Savater. Mira por dónde. Autobiografía razonada. Editorial Taurus, Barcelona, 2003.

Jordi Solé Tura. Una Història optimista. Memòries.  Edicions 62, Barcelona, 1999.

Luis Racionero. Sobrevivir a un gran amor, seis veces. Memorias. RBA Libros S.A., Barcelona, 2009.

Fabián Estapé. De tots colors. Memòries. Edicions 62, Barcelona, 2000.

Savater

Fernando Savater. “Mira por dónde. Autobiografía razonada” (2003)

Savater nació en 1947, o sea que la década de los 70’s transcurrió entre sus 23 y 33 años. En esa época concluye sus enseñanzas universitarias y empieza a ser conocido en el mundo filosófico, periodístico y literario.

Cuenta Savater que empezó a oponerse al franquismo más por tema de costumbres que por asuntos de justicia social, aunque hay que tener en cuenta la ironía que usa para rebajar su compromiso, cuando nos cita sus motivos iniciales de oposición al régimen franquista: “Se dedicaban a prohibir cuanto a mis ojos juvenilmente lúbricos podía hacer la vida grata, divertida o intensa. A fin de cuentas, empecé a oponerme al franquismo mucho más por cuestiones de costumbres que por temas de justicia social o falta de libertades políticas”[1]

Dice sobre el Mayo del 68 y sus repercusiones en la universidad española: “La verdad es que quienes entonces nos movíamos para incordiar a los poderes públicos éramos una minoría, tan enérgica como escasa, y la mayoría de los estudiantes se añadía de vez en cuanto al coro con notable inconstancia, más por dócil curiosidad que por cualquier tipo de convicción arraigada. …/… Y lo peor es que no éramos en modo alguno políticos, en el sentido democrático del término, sino revolucionarios”[2]

No obstante sus disculpas, y el tono irónico que da a sus palabras, Savater conoció las cárceles franquistas: “En realidad mis fechorías guerrilleras fueron tan mediocres que ser detenido a causa de ellas representó para mí casi un ascenso”[3] “Mi padre (Manolo García Guerra) siempre nos cuenta cuánto les hacías reír en Carabanchel”[4]

“Una vez no hace mucho, me preguntaron cómo veía mi trayectoria política y repuse que había sido un izquierdista sin crueldad que aspiraba ahora a convertirse en un conservador sin vileza. Pero para eso antes hace falta lograr que se instauren instituciones dignas de ser conservadas: la cárcel tal como yo la conocí, no figura desde luego entre ellas.[5]

Luego relata su inicio en la docencia universitaria: “Pero a mí lo que me tiraba de veras era la concupiscencia política o, más bien, antipolítica, el afán de conspirar contra la dictadura y dar disgustos a quienes la consideraban como inevitable”.[6]

Curiosamente, Savater agrupa los recuerdos del posfranquismo, desde la muerte del dictador a la llegada de los socialistas al poder, en un capítulo titulado “Los mejores años de nuestra vida”. Respecto a la transición dice que “nadie sabe con exactitud por qué resultó razonablemente bien el tránsito español a la democracia constitucional”[7]. Aunque, luego añade como motivo lo carcomido que ya estaba el régimen a la muerte de Franco y la razonable salud económica del país. También apunta a la posibilidad de que “los españoles no respondiésemos ya al modelo fanático y cainita[8] que nos había acompañado en la historia.

En ese periodo el amuleto era la palabra “cambio” y el rumbo a seguir era lo de menos. Savater hace una serie de observaciones muy interesantes[9] y cuenta que en esos años, con pocas excepciones como la matanza de Atocha, “el clima imperante fue en lo fundamental más esperanzado y lúdico que revanchista o maximalista”. Así dice: “Mucho más que una ideología, el franquismo era ya una coalición de intereses; y la sociedad democrática liberal ofrecía formas de defenderlos de manera más eficaz”. O también: “La dicotomía entre reforma y ruptura era capciosa …/… la llamada reforma no fue más que una hondísima ruptura gradual con el horizonte dictatorial, que no desmontó todas las injusticias ni los abusos pero acabó eficazmente con la autocracia como sistema político”.

Tomando un claro partido entre “la ruptura” y “la reforma”, que constituyó uno de los caballos de batalla de esa época, nos indica que los rupturistas no tenían otra legitimación más que la bota de Franco sobre nuestras cabezas y su capacidad de persuasión murió con él; cosa que no lamenta en absoluto Savater. Él considera a esos “desinteresados” radicales como un peligro público, y cuando dicen “que la transición fue una estafa” les responde que, entonces y ahora, estafa la suya[10] (la de los rupturistas).

Su tono es irónico, pero esconde muchas verdades, ya que para que la reforma fuese posible los demócratas tuvieron que aceptar muchos imposibles. Ello, también queda presente en la siguiente frase: “Preferimos disfrutar enseguida de las licencias de la libertad que vengarnos de quienes nos la habían quitado tanto tiempo”[11]

Savater nos dice que no votó la Constitución por no estar de acuerdo con el modelo monárquico (aunque reconoce que se abstuvo de votar porque estaba seguro de que ganaría el “sí”). Luego ha votado siempre, aunque fuera en blanco, y procurando hacerlo de modo “compensatorio”, es decir buscando que la mayoría no votara como él.[12]

 Como piedra de toque final para decidirse a apoyar la democracia constitucional por encima de todo (hasta de los revoltosos como él), cita el intento de golpe de estado de Tejero. “Nada cimentó tan eficazmente la incipiente democracia como su esperpéntica intentona”[13]

La obra de Savater tiene, para mí, un carácter entrañable que él intenta disimular con su ironía, para que no se desvele la desnudez con que el autor se enfrenta a la explicación de su vida. Asimismo, demuestra su amor por la literatura y la filosofía, y su compromiso político en el que sigue involucrado intentando defender sus ideas, cuando ya han pasado treinta años desde la época analizada.

 Jordi Solé Tura

Jordi Solé Tura. Una Historia optimista. Memorias (1999)

Solé Tura nació en 1930, o sea que la década de los setenta transcurrió entre sus 40 y 50 años; a esa edad Solé ya atesoraba una gran experiencia política y humana. Desde sus orígenes humildes como panadero, consiguió estudiar una carrera universitaria, militar en partidos políticos clandestinos en la época del duro franquismo, fue detenido, se exilió en Francia, fue locutor de Radio España Independiente en Bucarest, volvió a Cataluña siguió militando en la clandestinidad y contribuyó a la resistencia antifranquista trabajando sobre todo en los medios universitarios.

Sus memorias, en la década a las que nos referimos, son fundamentalmente políticas, y probablemente no podría ser de otra forma, ya que reflejan su frenética actividad en este ámbito. Su militancia en el PSUC, su expulsión, la creación de Bandera Roja y su vuelta al PSUC por la fusión de 1974. Por el libro van desfilando los protagonistas de la actividad política en Cataluña (en especial la de los partidos o grupos en que militó), y también, aunque en menor medida,  del resto de España y de Europa.

Lo que podría haber sido un ejercicio de prepotencia de alguien que comenzó como panadero para llegar a ser diputado, ponente constitucional y por fin ministro; es por el contrario una relación sincera de sus actividades, sus dudas, sus éxitos y sus equivocaciones. En resumen, es la actividad de una persona que consideró que había que implicarse para colaborar en sacar a su país de una dictadura y no desde cómodas posiciones teóricas, sino desde la trinchera. Estas memorias acaban en 1978, cuando está empezando su labor como ponente constitucional, por lo que no reflejan su último cambio de partido que le llevó a PSOE y a ser nombrado Ministro de Cultura. Es curioso que de esta lectura, y de los cambios de partido por los que pasó, no se desprenda un interés personal o el ansia de poder en esa carrera política, sino el intentar servir a su pueblo desde la opción que consideraba más conveniente en cada momento.

Es difícil extractar párrafos de esta autobiografía, ya que la densidad política de sus memorias lo hace difícil, pero ciñéndonos a la época acotada, comentaré una serie de aspectos que considero de interés.

Uno de ellos son sus relaciones con Jordi Pujol. Aunque lo trata con respeto, se advierte que no es “santo de su devoción”, tanto por la distancia de sus posiciones políticas como por una distinta visión de la patria. Debe tenerse en cuenta que cuando se escribieron las memorias no se habían hecho públicos los escándalos financieros de la familia Pujol. Dice Solé: “También Jordi Pujol se interesó por la iniciativa y mostró su disposición a colaborar financieramente, y también se desentendió cuando vio que aquel movimiento masivo no se orientaba hacia su nacionalismo”[14] O cuando refiere el comentario de Tarradellas “Todo esto de los nuevos dirigentes es discutible y ya veremos qué pasa. Pero hay uno que me preocupa mucho. Es este chico que se llama Jordi Pujol (…/…) este chico si no lo paramos nos echará a todos”[15] Pero reconoce que Pujol tenía más razón, en cuanto a la social democracia, que él y otros que tenían una posición más radical y abstracta de la política europea[16]. Solé despide sus citas respecto a Pujol diciendo que a pesar de todo lo respetaba, ya que jugó fuerte frente al franquismo y sufrió las consecuencias. “No compartí ni he compartido nunca su sectarismo, pero siempre tuve muy claro que el enemigo era Franco, y no los que lo combatían desde distintos ángulos”[17]

También es interesante destacar las seis conclusiones que sacó tras vivir en directo el Mayo del 68 en París. Como dice, unas fueron acertadas y otras erróneas, y unas realistas y otras utópicas.  Primero: No sólo USA y la URSS eran las culpables de todos los males del mundo, sino que había que acabar con la división de Europa en dos bloques antagónicos. Segundo: los partidos de izquierda tradicional (socialistas y comunistas) habían entrado en una crisis profunda e irreversible. Tercero: Entraba en la escena una nueva generación que llegaba a los veinte años sin vivir una guerra devastadora como las anteriores. Cuarto: esta generación pedía cambios radicales en costumbres, cultura, oportunidades profesionales e igualdad entre sexos. Quinto: Los trabajadores querían su participación en crecimiento económico y estaban dispuestos a conseguirlo con los sindicatos o sin ellos. Sexto: Todo esto no se podría resolver ya en el marco de cada país y había que impulsar organizaciones internacionales. La conclusión de Solé fue que eran precisos nuevos instrumentos de acción política, nuevas organizaciones y nuevos partidos. Pero cuando, tras el diagnóstico, busca soluciones se da cuenta de la magnitud del problema y de la situación en España, donde sin sacarse de encima la losa de la dictadura, era imposible plantearse estos cambios.[18]

Otro de los acontecimientos que relata Solé es el asalto al rectorado de la Universidad de Barcelona en Enero de 1969. Aunque él era contrario a ello, estuvo indirectamente implicado al intentar disuadir a los organizadores o, al menos al buscar disminuir la participación colaborando en un acto alternativo. Como consecuencia de todo ello estuvo encarcelado durante seis meses, a pesar de que se le ofreció la libertad si delataba a otros organizadores del acto. Este asalto, con defenestración de un busto de Franco, quema de bandera española y algún otro “desmán” que me han contado (pero que no cito por no tener pruebas documentales) tuvo una gran repercusión en la época y provocó la declaración de “Estado de excepción” en toda España[19]. Por cierto, algunos de los asaltantes —olvidados ya aquellos furores juveniles— acabaron militando en el PP[20].

Es interesante la reflexión de Solé sobre con quién debía fusionarse Bandera Roja, si con los comunistas o los socialistas y la elección de PSUC, ya que lo veían más fuerte y cohesionado, “el partido por excelencia” dice él[21]. Y así era realmente, en la clandestinidad los que tienen posiciones más radicales suelen ser más fuertes porque arriesgan más.

El regreso al PSUC de Solé es otro de los pasajes que me parecen más interesantes políticamente. Como dirigente de Bandera Roja, pasó directamente a ser miembro del Comité Ejecutivo del PSUC y dirigente del núcleo de profesores universitarios e intelectuales. Esto último le supuso una serie de problemas por ese rápido desembarco y Solé reconoce el error inicial de colocarle directamente en esa posición. Respecto a la incorporación global de Bandera Roja al partido comunista, destaca lo insólito del hecho que en 1974 un millar de militantes clandestinos se incorporasen a otro partido aún más clandestino todavía en la época, aunque fuese final de la dictadura.[22]

De la última época antes de la muerte de Franco, Solé destaca las últimas sentencias a muerte contra militantes de ETA y del FRAP (que, junto a otros, intentó evitar sin éxito), los contactos con empresarios catalanes (que preparaban lo que debería ser la futura transición) y la siniestra manifestación en la Plaza de Oriente que nos devolvía a épocas anteriores de la dictadura y en la que junto al deteriorado dictador aparecía la imagen del sucesor, el príncipe Juan Carlos. Dice que la imagen del futuro rey era triste y dramática, y que quizá estaba pensando en el futuro, pero ellos no sabían de qué futuro se trataba[23].

La muerte de Franco le cogió en una reunión clandestina en la Costa Brava, y como tantos otros sabía que se acercaba un cambio que podía y debía ser positivo, pero por si acaso aquella noche durmieron en un domicilio seguro.[24]

Otro de los temas que menciona en varias partes de la obra es la necesaria recuperación del catalán para crear un entorno bilingüe en Cataluña. Solé no es en absoluto dogmático, quiere que su lengua  pueda convivir con la otra que también es la de muchos catalanes. Y para ello cita una frase de Espriu en una entrevista de 1976 que traduzco del Catalán:

“Creo que podemos estar muy  contentos de aspirar a la cooficialidad. Si proscribimos la lengua castellana cometeremos un montón de errores o estupideces. (…) Por otro lado, proscribir una lengua universal, como es el castellano, me parece contraproducente y no político, es descabezar la cultura de la juventud, ya que eliminaríamos una de las lenguas universales. (…) Nos hemos de esforzar en demostrar al castellano el respeto que merece una lengua que ha producido el Quijote entre otras muchas obras (…) Sería querer  vejar a los castellanoparlantes.”[25]

A Solé le preocupaba la ruptura en Cataluña entre hablantes de una lengua o de otra y la utilización que de ello podrían hacer los radicales. Dice, en 1977, que cuando hablamos de Cataluña es una Cataluña formada no sólo por los catalanes de origen sino que es un conjunto complejo y contradictorio de los que viven y trabajan aquí, sea cual sea su procedencia y su cultura de origen.[26] Esta frase tiene gran similitud con aquella de Jordi Pujol “Catalán es aquel que vive y trabaja en Cataluña”, pero no sé quién la pronunció antes, ni sí la volverían a pronunciar en el actual contexto de radicalización de los nacionalismos.

Es muy interesante su descripción de la legalización del partido comunista[27], cuando era él era miembro del Comité Central, con la intervención de Carrillo, y la anécdota de la sustitución de la bandera republicana por la rojigualda, como símbolo de pragmatismo, y de la aceptación teórica y práctica del eurocomunismo ante las inminentes elecciones.

Es una pena que no trate en profundidad sus experiencias como ponente constitucional representando al partido comunista. No sé si las guardó para una segunda entrega, que desgraciadamente no ha aparecido, o son temas que consideraba que necesitaban todavía de una especial confidencialidad. Hay, al respecto, un párrafo al final de sus memorias acerca de la necesaria reconciliación entre unos y otros, cuando él reflexiona en una de las primeras reuniones de los siete ponentes en el Congreso[28]. Solé piensa que ha llegado el momento de pasar de la teoría a la práctica y que él tenía la suerte de ser uno de los protagonistas del proceso de cambio que se avecinaba, y recuerda la frase de Carrillo, después del “asesinato” de Julián Grimau,  cuando les dijo: “A pesar de todo algún día tendremos que ponernos de acuerdo con algunos de los que ahora son nuestros enemigos”

Para acabar las referencias a estas memorias, una definición que le hizo la Hoja del Lunes de Madrid[29] en 1977, cuando era ponente constitucional:

“Con sus cuarenta y siete años y su aspecto de payés endomingado, es un hombre tranquilo, de exquisita corrección y claro decir en el momento oportuno. Diríamos que es un hombre amable, sociable, abierto al diálogo (…) El Sr. Solé Tura —nos dice un diputado comunista— es el ala derecha de nuestro partido”.

Luis Racionero

Luis Racionero. Sobrevivir a un gran amor, seis veces (2009)

Racionero nació en 1940, por lo que la década de los 70 fue la de su época de treintañero. Entonces ya había vuelto de su  experiencia en Berkeley, empezaba a ser conocido como urbanista y aún no había iniciado su actividad literaria, en la que se empezó a dar a conocer en la segunda mitad de la década. Racionero tenía buenas relaciones con la intelectualidad barcelonesa de la época, aunque él se declarara “hippie” y enfrentado los “Gauchistas divinos” aparentemente más politizados. No obstante, todos ellos (los seudo hippies y los gauchistas) compartían lugares de esparcimiento y de discusión política superficial; la política con letras mayúsculas creo que discurría por otros derroteros.

He escogido sus memorias por lo atípicas, ya que nos cuenta su vida a través de las seis mujeres con las que ha convivido. La primera mitad del libro es un ensayo teórico sobre las relaciones entre hombres y mujeres; y la segunda parte, su práctica por décadas de los cuarenta a los noventa. Por la época, analizaré el capítulo “El desmadre. Los años setenta”.

Dada la intención de reflejar su vida a través de sus relaciones sentimentales, hay muy pocas alusiones políticas directas. Como todo joven de la época tuvo que tener relación con los hechos políticos, aunque sólo fuera en el ámbito de conversaciones de café o gin-tonic. Además, Racionero fue delegado de curso de económicas[30] cuando compartía clase con Pascual Maragall y Narcís Serra; y ser delegado y tener esos compañeros tenía que implicar connotaciones políticas. Por ello, es curiosa esa falta de actividad política explicita cuando más adelante coqueteó con Convergecia, en los ochenta fue candidato al Congreso por Esquerra Republicana, y en el cambio de siglo militaba en el PP, como nos recuerda su cargo de Director del Instituto Cervantes en París y de la Biblioteca Nacional en Madrid.

Su ya indicada adscripción al bando “hippie” al inicio de los setentas puede ser también motivo de esa “indiferencia política”. Racionero es un intelectual que nos dice que no quería vivir como un “burgués izquierdoso[31]” y esa podría ser la explicación fundamental, ya que entonces la política sólo podía ser de izquierdas, y los nacionalismos eran contemplados por la intelectualidad como algo “un poco casposo”.

Respecto a sus actividades subversivas, reconoce que se encauzaban a través de su comuna hippie, pero en otro tipo de actividades ilegales o pervertidoras, como las drogas, el amor fuera del matrimonio y la música alternativa. Así nos lo anuncia: “Droga, sexo y rock & roll son tan divertidos como parecen y mucho menos peligrosos de lo que muchos han querido creer”[32]. Además, cuando indaga si está fichado por la policía, es temiéndolo ser por ese tipo de actividades.

En resumen nada. Durante toda esa década no dedica ni una línea a la política directa, excepto las referencias a amigos o conocidos que sí que tenían una trayectoria política conocida o disimulada. Al principio del capítulo de la década de los ochenta sí que dedica un amplio párrafo, como resumen de su pensamiento sobre las actividades políticas en la España de los setentas:

“Los sesenta acaban con grandes entusiasmos políticos. A pesar de que habíamos, y habían, dejado a Franco morir en la cama, todos nos sentíamos —se sentían— heroínas o héroes combatientes contra el régimen, al igual que los franceses, que durante la Segunda Guerra Mundial hicieron muy poco contra Hitler y luego pretenden haber estado todos en la Resistencia.  Aquí, ahora resulta que todos fuimos antifranquistas: perseguidos, detenidos o encarcelados, pero muy pocos, en los años setenta, salvo las conocidas e intolerables tropelías a Puig Antich y demás, fueron machacados por el franquismo. Esos años fueron la época de la dictablanda, o sea, blanda en general, pero dicta, porque algunos todavía murieron a manos del franquismo. Y si se decía según qué en público, se iba a la cárcel. La mayoría íbamos de progres, criticábamos el régimen, nos reuníamos, salíamos a manifestaciones y hacíamos lo que podíamos, que en mi caso fue la revista Ajoblanco. Lo que habíamos vivido en Berkeley, y luego en el Shambala (su comuna hippie) del Puxet, lo teoricé en la revista que fundó Pepe Ribas.”

Y eso es toda la referencia política, aparte de un suelto posterior sobre el 23-F, pero sin ninguna intención política sino sentimental. Ese largo párrafo, en que resume sus impresiones políticas de los setentas, me parece algo hipócrita y una justificación de su no militancia de la época. Aunque esta militancia activa no era una obligación, tampoco parece conveniente descargar las conciencias con el “mal de muchos”, y debería reconocerse el valor y el sacrificio de los que sí que lo hicieron, ya que colaboraron en el camino para alcanzar esta democracia que, aunque algunos consideren imperfecta, hoy disfrutamos.

Fabián Estapé

Fabián Estapé. De tots colors. Memòries. (2000)

Fabián Estapé ha sido una persona que ha desarrollado su vida profesional en el ámbito de la docencia económica, tanto como catedrático, decano o rector de la universidad de Barcelona, o como consejero de grandes empresas. Es autor de numerosos libros sobre el tema y de innumerables artículos en prensa. Además, también ha participado en política en puestos de un cierto componente técnico, como lo eran los cargos de rector universitario en esa época (que llevaba adjunta la condición de “Procurador en Cortes”) y, sobre todo, cuando formó parte del gobierno como Comisario del Plan de Desarrollo, al inicio de los setenta (y anteriormente como consejero consultivo en los sesentas). Lo curioso de Estapé es que obtuvo esos puestos políticos sin ser una persona extremadamente afecta al régimen (o eso dice él, a pesar de sus “confianzas” con Franco) y que además coqueteó con la política prohibida y tuvo buenas relaciones con sus dirigentes. Se podría decir que fue uno de esos políticos técnico-camaleónicos, que se adelantaron al cambio democrático y consiguieron mantenerse a flote durante la tempestad de los setenta, logrando completar la singladura del franquismo a la democracia sin sufrir demasiados daños.

Estapé, nacido en 1923 comenzó la década con 47 años y siendo rector de la Universidad de Barcelona, la única que existía en aquel momento aparte de la Politécnica y la recién creada Autónoma.  En Enero de 1971 fue nombrado, por López Rodó, Comisario Adjunto al Plan de Desarrollo, cargo que tenía una gran importancia técnica dentro del gobierno y que además suponía situar su despacho en un pequeño palacete con su jefe y el vicepresidente del Gobierno, el Almirante Luis Carrero Blanco, que ocupaba un despacho justamente debajo del suyo.

En este libro, cuyas referencias son sobre la edición en catalán, Estapé indica que su incorporación a la política franquista[33] fue un error, como le anticipó Manuel Sacristán (que otra cosa podría decir en democracia para justificarse), pero también cita su carácter indomable, su afición a conocer lo que sucedía en los ámbitos del poder, y su interés por mejorar la situación económica de la época. Concluye reconociendo que fue caer en un  callejón sin salida, pero del que él pudo salir no mucho tiempo después.

Su periodo como comisario adjunto fue breve, ya que fue destituido directamente por Carrero Blanco en Junio de 1972, por unos motivos que no quedan nada claros[34] y que Estapé indica fueron consecuencia de la discusión con un asesor del Almirante. Sin tener más información sobre el tema, parecería que los motivos tuvieron que ser de mayor calado como, por ejemplo, las luchas entre las diferentes familias políticas que se disputaban el poder. En este punto, la explicación del autor no parece convincente.

Estapé se tomó muy mal está destitución, lo que casa poco, con sus dudas para incorporarse y con la sensación de callejón sin salida descrita anteriormente; sería porque realmente disfrutaba de su cargo, o por su dañada soberbia a causa de ese cese inmediato. El hecho es que intentó presionar a su Ministro, y pidió una audiencia a Franco en la que en su alocución, de tono muy patriótico, parafraseó el discurso de Franco cuando Azaña cerró la Academia de Zaragoza de la que Franco era director. En resumen, esa incorporación y ese cese, son temas explicados de una forma que parece poco veraz y con argumentos débiles.

Es curioso como Estapé describe sus encuentros con Franco y la franqueza  con que dice que se expresaba frente al dictador. El primero a solas fue en Diciembre del 69, como consecuencia de haber sido nombrado rector de la Universidad de Barcelona, y también aquí —según cuenta él— sus palabras[35] se salieron de lo establecido y le planteo al “Caudillo” un símil entre la organización universitaria y la del ejército, para explicarle lo difícil que era dirigir una universidad siendo sólo un “primun inter pares” que al cabo de unos años vuelve a ser un “par”.

 Su primer periodo como rector fue breve, porque en Enero del 71 fue nombrado Comisario Adjunto del Plan de Desarrollo, pero según él muy intenso en normalización académica y política, y en actuaciones “a su manera” entre las que destaca cómo se enfrentó a los estudiantes que querían hacer un homenaje a Ho-Chi-Minh[36]. No tengo información para contrastar la veracidad de sus palabras, a parte de las escuetas y positivas referencias que hace Solé Tura; simplemente sus afirmaciones —en una opinión evidentemente subjetiva— me parecen demasiado perfectas, y la época creo que no permitía a la vez, sin salpicarse, practicar la democracia y ser miembro del de los órganos rectores sometidos al poder político predemocrático. No es una crítica, creo que había que infiltrarse en el sistema para ayudar a cambiarlo, simplemente las afirmaciones de Estapé me parecen demasiado “perfectas”.

Su segunda etapa como rector, transcurrió entre Agosto del 74 y Noviembre del 76. Fue elegido ya por un medio “seudo democrático” (una terna al estilo de Suárez) y dimitió al adherirse a una huelga del “Personal no docente”, signo de que la democracia ya se estaba instaurando y ya se podía dimitir. En toda esa segunda época de rectorado no profundiza demasiado, aparte su buena sintonía con el gobernador civil de la época, Rodolfo Martín Villa[37] “…rector yo siempre te apoyaré en las decisiones que tomas, pero, por favor, hazlo de manera que no me salpique”, y sus filigranas para compaginar el cargo de rector con los vientos de cambio en España.

No hay referencias directas en las memorias a la segunda parte de la década, más que a través de citas en las descripciones de personajes que cierran el libro. Por cierto, estas descripciones son una de las partes más interesantes de las memorias y demuestran la cantidad de relaciones e intimidades que tuvo el autor con quienes dirigieron la economía y la política del país. Esta ausencia de comentarios directos, quizá se debe a que su proyección pública fue menor, algo difícil de digerir para una personalidad como la de Estapé.

 

La visión global de la época política a través de las cuatro autobiografías.

¿Se puede obtener una visión global y precisa de la transición política a través de las cuatro autobiografías analizadas? La respuesta breve sería no; las autobiografías no son manuales de historia política, sino que cuentan lo que le apetece a cada autobiografiado en esas descripciones que inciden más en algunos aspectos.

Jordi Solé Tura, es quién da mayor relevancia al entorno político, y no podría ser de otra forma ya que él es el único político de raza y profesión de los cuatro. Además, sus memorias destilan una sensación de entrañable proximidad y verosimilitud. Es la visión de un político de izquierdas, hecho a sí mismo y protagonista de esa época, en su madurez, en la que por fin pudo salir de la clandestinidad.

Fabián Estapé, también era una persona en su madurez y con cargos relevantes en la década. Pero él no es un político puro, es una persona experta en el área económica, con relevancia docente y mediática y a  que le gusta el poder y con un elevado grado de egocentrismo. Por ello hay política en sus memorias pero no se involucra totalmente, podríamos decir que intenta “nadar y guardar la ropa”, y en eso hemos de reconocer que es hábil, pero la transmisión de sus vivencias no consigue darnos la sensación de verosimilitud que logra Solé Tura.

Fernando Savater vivió la década en su juventud, por lo que sus posiciones políticas reflejan esa edad de formación y asentamiento del pensamiento. Él tampoco es un político nato, es un pensador enamorado de la literatura y la filosofía, con una gran ironía que utiliza, quizá por vergüenza, para disimular su veracidad. Como muchos jóvenes inquietos de la época, vivió muy vinculado a la política y lo que cuenta en sus memorias es muy útil para comprender a esa juventud universitaria. Luego ha mantenido una posición política clara, por mantener su ética personal y por enfrentarse a situaciones que considera imposiciones, aún a riesgo de daños propios.

Luis Racionero, evita la política en su autobiografía; el título ya lo indica, son unas memorias de relaciones sentimentales. Él tampoco es profesional de la política, aunque haya coqueteado y disfrutado de prebendas derivadas de la misma. Destaca ese párrafo extractado sobre la participación política en los setenta, con una visión algo cínica o hipócrita, que hemos de reconocer que es lo que piensan —o pensamos— muchos pero que pocos se atreven a reconocer públicamente.

En resumen, aunque estas autobiografías no sean libros de historia que ofrezcan una visión global y precisa de la época, sí que son un complemento muy valioso para refrescar, completar o modificar ideas obtenidas de lecturas más técnicas o de impresiones personales.


[1] Savater. Pag 234 

[2] Savater. Pag 248

[3] Savater. Pag 254

[4] Savater. Pag 268

[5] Savater. Pag 275

[6] Savater. Pag. 306

[7] Savater. Pag 364

[8] Savater Pag 365

[9] Savater. Pags. 365 y 366

[10] Savater. Pag 367

[11] Savater. Pag 367

[12] Savater. Pag 369 y 370

[13] Savater. Pag 374

[14] Solé. Pag 254

[15] Solé. Pag 266

[16] Solé. Pag 266

[17] Solé. Pag 267

[18] Solé. Pags. 279-280

[19] Solé. Pags. 285-297

[20] Sí que puedo citar como ejemplo, para que se vea hasta donde llegó la repercusión, que mi calificación en las Milicias Universitarias bajó varios puestos, ya que yo no firmé una carta de oficial de desagravio y a los que la firmaron les incrementaron la nota. De cualquier forma, las cosas nunca son tan simples como parecen y el primero de la promoción, por haber firmado la carta, era una excelente persona y amigo mío, que tuvo que firmar obligatoriamente por ser hijo de militar.

[21] Solé. Pag. 323

[22] Solé. Pag 345-350

[23] Respecto a esa manifestación, la última que presidió Franco, cuyo motivo creo que fue el desagravio ante los asaltos a embajadas españolas en Europa. Nos extrañó mucho, a mí y amigos míos catalanes, que bastantes colegas madrileños acudieran a la misma cuando los teníamos por personas tolerantes. Ellos adujeron que estaban atacando a España, pero nosotros teníamos claro que las protestas eran contra un gobierno español no democrático. En fin, el nivel de sensibilización europeo y de entendimiento de la realidad, no era el mismo en el centro que en la periferia.

[24] Solé. Pag 362-363

[25] Solé. Pag. 380

[26] Solé. Pag. 381

[27] Solé. Pag. 390

[28] Solé. Pag. 404

[29] Solé. Pag. 385

[30] Racionero. Pag. 138

[31] Racionero. Pag. 190

[32] Racionero. Pag. 191

[33] Estapé. Pag. 193

[34] Estapé. Pag. 228

[35] Estapé. Pag. 231

[36] Espapé Pag. 229

[37]  Estapé. Pag. 246

 

Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)

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