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Las nueve musas
smartflower

¿Aún queda esperanza para la Tierra?

 

“Si supiera que el mundo se acaba mañana,

incluso hoy yo plantaría un árbol”. 

Martin Luther King

Un sentimiento de culpabilidad puebla nuestros corazones en lo que a destrozo y abandono de nuestro planeta se refiere cuando vemos, impotentes, noticias sobre bosques arrasados, especies a un paso de la extinción, aguas contaminadas, terrenos desertizados, nubes de polución, codicia desmedida…

Pero, ¿y si no nos están contando toda la verdad? ¿Y si no todo es frustración y apatía? Porque, para acabar con la oscuridad, una sola vela basta. ¿Y qué podría iluminar más nuestro espíritu que, no encender una vela solitaria, sino miles de ellas, por toda la Tierra?

noticias ecologíaEn una época en la que solo las catástrofes son noticia, es preciso revolucionar el panorama periodístico y salir de la tibieza y pesimismo opaco de los medios de comunicación oficiales, para informar al ciudadano de esas muchas otras noticias que pasan también en el mundo, sobre las que también ha de estar al día, y no solo de forma esporádica o como noticia de entretenimiento y despedida del noticiario.

Porque hoy, amigo lector, vengo a hablarte de hechos.

De hechos que germinan por doquier pero que no interesa airear del todo, pues crearían tal corriente de optimismo y fe en la bondad humana, que quién sabe si la humanidad podría comenzar a ver la luz a sus desdichas; en una palabra, ser su propio motor de cambio. El miedo opresor y petrificante sería sustituido por sueños de un mundo equilibrado y dichoso.

Empecemos pues, pero para solventar los problemas ecológicos que acucian al planeta —y al hombre— es necesario estar previamente bien informados sobre ellos, es decir, saber que existen, dónde y cómo. Si no, ante la ignorancia, la manipulación arramplaría impunemente.

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Atlas de Justicia Ambiental

Gracias a los esfuerzos aunados de un equipo internacional de más de 100 expertos —desde el proyecto EJOLT de la Unión Europea—, con académicos de 23 universidades y organizaciones de justicia medioambiental de 18 países, se ha confeccionado un utilísimo Atlas Global de Justicia Ambiental.

Aún por completar sobre muchos países del mundo, esta importante herramienta cada año va sumando datos. Funciona como plataforma on line interactiva, permitiendo al usuario mapear de forma detallada más de 2.500 conflictos socioambientales desde cualquier punto terrestre, tanto resueltos como todavía por hacerlo, entre empresas, comunidades, estados y organizaciones.

Y, una vez sabedores de los problemas, ¿cómo aplicar esa inteligencia de la que el género humano hace gala sobre el resto de especies vivas, para resolverlos? He aquí algunos despliegues de su imaginación.

Todos conocemos la tímida pero cada vez más afianzada aparición de energías llamadas limpias o renovables. En Austria, una empresa vienesa apostó por perfeccionar el uso eficiente de una de las tecnologías más utilizadas: la energía solar.

¿Aún queda esperanza para la Tierra? » sentimiento de culpabilidadBasándose en el diseño del encantador girasol, el Smartflower, de más de 2 metros de altura y 750 kg, está formado por placas solares que hacen las veces de pétalos, y gira hacia allá donde vaya el sol, situando sus paneles siempre en un ángulo de 90º respecto a los rayos. Esto hace que optimice su producción de energía en un 40% respecto al clásico panel fijo de tejado.

Su instalación es sencilla y rápida. Al ponerse el sol o con vientos de más de 54 km/h, el dispositivo se cierra y se pone en posición de reposo, hasta las primeras luces de la mañana o cuando el viento amaina.

Este girasol solar se autolimpia y autorefrigera, incrementando así su rendimiento hasta un 10% respecto a otros sistemas fotovoltaicos. En un jardín puede abastecer de energía cualquier hogar, alcanzando hasta los 6.000 kWh al año.

Para los quisquillosos que sufren con los impactos ambientales visuales de los modernos molinos de viento, una compañía francesa ha creado un ingenioso diseño  basado en la estructura y tamaño de un árbol, en el que más de 70 turbinas eólicas en forma de hojas verdes se dispersan por toda su copa y se conectan con un tronco de acero, formando una red de aerogeneradores silenciosos.

El árbol del viento presenta una alta sensibilidad a vientos de 2 m/seg, duplicando sus días de funcionamiento al año respecto a los dispositivos habituales. Los hay de diferentes dimensiones, pudiendo conectarse tanto a viviendas particulares como a las redes públicas. Estos árboles eólicos pueblan ya calles de París y ciudades de Alemania o Suiza, aportando hasta 13.500 kWh de energía.

Existe otro tipo de producción de electricidad, la hidroeléctrica, aunque las complejas y caras construcciones de presas conllevan cierto impacto medioambiental sobre los ecosistemas del terreno.

Pero el talento de un joven ingeniero belga ha originado Turbulent, un sencillo sistema de bajo coste que puede generar energía las 24 horas del día, sin desviar el curso del río ni influir en su caudal, y sin alterar el ciclo biológico de ninguna especie ni afectar a los sedimentos y nutrientes fluviales.

¿Cómo consigue tal cosa? Excavando un canal recolector de hormigón, paralelo al río o en el mismo curso del agua; en su mitad va acoplada una microturbina acuática y su potente generador, que utiliza la energía cinética del paso del agua para producir electricidad de unos 20 kW, permitiendo el acceso sin peligro de los peces. Además, tiene una rejilla autolimpiable que filtra desechos del río.

A una mayor escala, esta sencilla tecnología podría abastecer toda una ciudad pequeña, creando una microplanta hidroeléctrica. Ya existen instalaciones en Chile o Indonesia.

Todas estas son adaptaciones de mejoras de energías ya existentes. Pero lo que tres estudiantes españoles han ingeniado a través de la empresa que han creado supone toda una innovación, pues han conseguido producir energía eléctrica a partir del proceso universal de la fotosíntesis de las plantas y sus residuos energéticos.

Utilizan unos paneles vegetales y una bacteria, sin dañar a la planta y con coste mínimo. El prototipo de demostración de este dispositivo Bioo es una maceta con una planta, que produce la energía verde necesaria para cargar un teléfono móvil. Su objetivo es crear paneles de vegetación que cubran las necesidades de un hogar estándar o de edificios públicos.

Otra de las energías limpias son los biocombustibles, fuente de controversias cuando se plantea el dilema ético ante el hambre de millones de personas; resulta inquietante que haya multinacionales dedicando enormes áreas de terreno cultivable para uso no alimentario de plantas como el girasol, la soja o la palma.

Pero, desde la Universidad Autónoma de Barcelona, los investigadores han descubierto que existe un aceite con un alto rendimiento y cuyo destino habitual, sin embargo, no es el de alimentar a ninguna población: el aceite de orujo, subproducto obtenido en la producción del aceite de oliva. Se ha podido producir biodiésel a partir de reacciones enzimáticas de este aceite de desecho, que resulta ser además no nocivo para el ambiente.

Expertos de esta misma universidad y de la Universidad de Sinaloa, en México, proponen también que otra alternativa a esta situación sea la creación de biodiésel y de biogás a partir de las microalgas, de alta eficiencia fotosintética y crecimiento celular, y mayor producción de biomasa que los cultivos agrícolas.

biocombustiblesUn último combustible verde que nombraremos es el hidrógeno, que puede separarse por electrolisis del agua, y con el que se obtienen grandes cantidades de energía al quemarlo y volver a generar agua. No obstante, desde el Instituto Nacional Suizo para la Ciencia y Tecnología de los Materiales aún buscan resolver el inconveniente de su almacenamiento, reto aún por solventar.

¿Y qué hacemos con tanta basura como generamos en esta sociedad consumista e irresponsable, en la que prima un envoltorio seductor a costa de una escalada sin fin de residuos?

Como parece que el hábito del reciclaje en las ciudades no es suficientemente atractivo como para arraigar en sus habitantes, en Noruega añadieron un incentivo que ha provocado una respuesta del 99% en la recogida de latas y envases de plástico.

¿La clave? El dinero. Si llevas tus residuos y los introduces en las máquinas expendedoras destinadas a tal fin, estas te devolverán el valor del impuesto extra de la compra de estos productos. Al fin y al cabo, tiene bastante sentido y es justo recompensar al que es respetuoso con el medio ambiente, ¿no es así? Pues puedes contribuir aún más, donando este importe, si lo prefieres, a la Cruz Roja.

retornoDe hecho, Noruega es tan eficiente y ecológica en el tratamiento de los residuos que produce —son utilizados como recurso para producir biogás, fertilizante y energía—, que está acabando por importarlos desde otros países, en lo que podríamos denominar la industria de la basura. Mientras hombre y naturaleza salgan beneficiados, bienvenidas sean las industrias de esta guisa.

Pero en sitios tan desoladores como son los campamentos de refugiados, ¿cómo podría, no ya ofrecerse compensación económica, sino plantearse tan siquiera una gestión de residuos?

Pues la creatividad está en la mente humana y no en su condición, hasta tal punto que un joven arquitecto de uno de los campamentos de acogida situados en la provincia de Tinduf, en Argelia, debido al conflicto sahariano, dio con una alternativa a la acumulación de toneladas de botellas de plástico y, al unísono, a la precariedad de las viviendas de sus habitantes.

A pesar de que no quieren propiciar sentimientos de arraigue en estos lares ni construir ningún tipo de edificación permanente —ellos solamente están de paso hasta volver a su tierra—, este arquitecto apostó más por la dignidad de un techo decente y resistente al calor y a las tormentas de arena o lluvias torrenciales que azotan sus frágiles tiendas (haimas) y casas de adobe.

Con paciencia y tesón, el loco del desierto ha construido —generando puestos de trabajo— 25 pequeñas casas por cinco campamentos, de planta circular, con paredes construidas con 6.000 botellas de plástico rellenas de la rojiza arena del desierto, y con cemento de cubierta y mezcla de paja y tierra.

Resultado: una construcción que aísla tres grados de las altísimas temperaturas del desierto y que resiste todo tipo de tormentas, realizando de esta forma, más que reciclaje, una reutilización de cantidades de residuos.

Y ahora, si zarpamos hacia la mar, nos encontraremos con el problema medioambiental de la acumulación de residuos, que forma auténticos vertederos. Mas, en Kenia, tampoco se quedan de brazos cruzados y sacan una doble tajada: limpiar sus playas de miles de residuos en forma de chanclas, que llegan desde China, India y otros países asiáticos —debido a las corrientes oceánicas—, y crear empleo en una comunidad pobre que sale beneficiada.

En Ocean Sole, sus 150 trabajadores recolectan los restos de este calzado desechado, de pobres y turistas, que llegan hasta las costas africanas; los lavan y los condensan en bloques multicolores, que serán la base de encantadoras figuras decorativas esculpidas, juguetes o artículos del hogar, con los que han creado ya un comercio global.

No obstante, el hombre se enfrenta al monstruo de las gigantescas balsas de plástico a la deriva por nuestros mares, que acaban concentrándose en franjas oceánicas, como en el Pacífico Norte, entre Hawai y California.

Es aquí donde acaba de comenzar un ambicioso programa de limpieza que un holandés de tan solo 24 años ha ideado, para acabar a lo largo de tan solo cinco años con el 50% de este gran parche de basura de miles de toneladas.

El proyecto The Ocean Clean Up se basa en un flotador de alta tecnología de 600 metros de longitud que se dispone en forma de U, provisto debajo y a todo lo largo de un faldón cónico de 3 metros. Aprovechando el viento y la fuerza superficial de las olas, el sistema se moverá más rápido que los plásticos, permitiendo su acumulación y posterior evacuación, para ser reciclados. La falda crea una corriente descendente, por lo que la vida marina no peligra y puede deslizarse por debajo.

¿Y en nuestras ciudades? ¿Existen expectativas para no morir ahogados de polución en esas insalubres urbes en las que nos encerramos?

Parece que, dentro de estas nuevas tecnologías verdes, hay un sitio para las cada vez más a la última ciudades de dicho color, con infraestructuras igualmente verdes y soluciones basadas en la Naturaleza.

Cada vez se llevan a cabo más construcciones con azoteas de masas vegetales o con paredes de jardines verticales, que absorben CO2, purifican el aire y provocan mejoras climáticas. Para la provisión de estos jardines se está comenzando a introducir un tipo de material cementicio (que origina sustancias con base de cemento) para la construcción, que favorece la proliferación de vida vegetal en su seno, actuando como sustrato biológico.

También la aplicación de la permacultura va sumando adictos, que persiguen una filosofía arquitectónica sostenible basada, entre otros aspectos, en la consecución de rendimientos energéticos a partir de recursos basados en los ciclos naturales.

jardines verticales
jardines verticales

En el interior de los hogares, un nuevo ahorro de energía y contaminación cero es el horno solar urbano, construido con materiales domésticos usados y que suple el controvertido microondas gran parte del año, en países con alto número de días soleados anuales.

Todo este último puñado de ejemplos son muestras del afán amable del ser humano por enmendar sus propios errores, ingeniándoselas para volver a su sitio los desequilibrios que provoca en el medio ambiente.

Pero no deja de fascinarnos que, en esta lucha sin cuartel, sea la misma Naturaleza la que ofrezca sus múltiples cualidades para ayudar al mismo hombre que la hostiga. Tal es el caso de la biorremediación, proceso por el cual el ser humano dispone de plantas, algas o bacterias, con sus procesos bioquímicos, para remediar el antiguo conflicto de la contaminación de la tierra, el agua y el aire.

zarzaparrillaUna de las plantas más recientemente descubiertas por su actividad fitorremediadora es la zarzaparrilla, típica de ecosistemas mediterráneos. Aunque todavía son necesarios más estudios, desde la Universidad Autónoma de Barcelona han confirmado su capacidad para tomar del suelo metales contaminantes sin transferirlos a las hojas, donde entrarían en la red trófica alimentaria a través de los herbívoros.

Terminaremos con unas cuantas personas que promueven el amor por Gaia, en cualquiera de sus manifestaciones y en toda su magnitud, incluyendo al mismo hombre.

La india Vandana Shiva, activista, filósofa y física, lleva décadas enfrentándose a  las pretensiones de algunas corporaciones del negocio del alimento por monopolizar o incluso patentar lo que la Madre Tierra ofrenda a todo ser viviente. Ha creado, en este sentido, más de 100 bancos de semillas de variedades antiguas que siglos de evolución en la agricultura proporcionaron a la humanidad.

Ante la creciente deforestación que sufren numerosos sectores del planeta, un joven empresario alemán decidió crear un buscador por internet original, novedoso y ecológico, pues las acciones de búsqueda del usuario reverterían en la plantación de árboles por todo el mundo.

Desde 2009, Ecosia lleva ya más de 40 millones de árboles plantados, en países como Etiopía, Brasil, Indonesia o España. Pero no solo repueblan zonas desahuciadas, donde comienza a rebrotar el agua, la fertilidad y la frondosidad, sino que lo hacen a través de agrupaciones autóctonas, contribuyendo así a potenciar la economía local y a ilustrar sobre el valor añadido de la tierra y su biodiversidad.

En paralelo a la repoblación de árboles, hay también múltiples personas repoblando refugios con animales maltratados, víctimas de la inhumana y agresiva industria cárnica, de la caza furtiva o de la intolerable destrucción de sus hábitats.

Son los santuarios de animales, que pueblan multitud de países en donde, brotando desde una compasión genuina, ofrecen una segunda oportunidad a miles de vidas animales, rotas por la insensibilidad del animal humano.

Jane Goodall
Jane Goodall

Y nos despedimos con una Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, Jane Goodall, conocida primatóloga y antropóloga, experta en el comportamiento de los chimpancés desde los 26 años, en que comenzó su investigación en Tanzania.

A sus 84, no deja de recorrer el mundo luchando por devolverle a este primate su hábitat y su dignidad, aunque solo sea porque es uno de los dos primos homínidos más cercanos en la evolución al Homo sapiens. Recupera desde su institución individuos rescatados de las atrocidades del ser humano y colabora para potenciar las comunidades locales, teniendo en cuenta sus necesidades, puesto que son los únicos que pueden conservar su medio ambiente.

Y dime ahora, querido lector que has llegado hasta aquí, ¿aún crees que el mundo está agonizando, que estamos acabando con la vida que hay en él y que solo infringimos destrucción y crueldad?

Esa realidad está ahí, no hay duda. Pero, ¿no crees que, de tanto escuchar hablar sobre ello y no dejar de hurgar en las heridas, especialmente las de la culpa y la recriminación, el terror acaba paralizándonos y la desesperanza hacernos tirar la toalla?

Precisamente por eso, más admirables son todas estas personas —y muchas más—, pues son capaces de dejar a las generaciones futuras mensajes de esperanza sobre un hombre que regresa a la cordura y una Tierra fuerte y sabia que se autorregenera a sí misma.

Creen en los frutos del tesón de quienes saben que su grano de arena, sus actos, no son en vano, porque siempre habrá almas nobles por cualquier rincón del planeta deseando ser rozadas en su sensibilidad, para comenzar a actuar.

No se contentan con un No se puede, un Esto es irreversible o un No hay nada que hacer, sino que apuestan por un cambio en las conciencias, una nueva posibilidad para todo y todos, un anhelo de hermandad en un trabajo conjunto, tan necesario como posible, por una Gaia en paz…, en paz con nosotros mismos.

Mar Deneb

Mar Deneb

Mar Deneb nació en Sevilla. Es bióloga, escritora y música.

Como bióloga, fue supervisora en el Proyecto de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía “Generación y Captura de Datos de los Subsistemas de Relieve y Uso del Programa Sistema de Información Ambiental de Andalucía (SINAMBA)”.

Fue Directora Técnica del Proyecto de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía “Plan Rector de Uso y Gestión (P.R.U.G.)” del Parque Natural Bahía de Cádiz y Coordinadora en el del Parque Natural Barbate.

Trabajó como Técnica de Medio Ambiente y Educadora Ambiental en el Ayuntamiento de Sevilla.

Como escritora, publicó las novelas “Zenia y las Siete Puertas del Bosque” (2016), de fantasía épica, y “Ardo por ti, Candela” (2016), de género erótico.

Formó parte de las Antologías de Relatos “Cross my Heart. 20 Relatos de amor, cóncavos y con besos” (2017) y “Ups, ¡yo no he sido!” (2017), junto a otros escritores.

Fue redactora de la sección de Ciencias en la Revista Cultural “Athalía y Cía. Magazine”.

Colaboró en el Programa Cultural de Radio “Tras la Puerta”, con alguno de sus relatos.

Formó parte del jurado del I Certamen de Relatos Navideños del grupo literario “Ladrona de sonrisas”.

Como música, fue Jefa de Seminario y Profesora de Música de Enseñanza Secundaria y Bachillerato.

Fue Socia y Coordinadora de Producción en varias empresas de Producción Musical.

Formó parte como instrumentista de diversas agrupaciones musicales.

En la actualidad, imparte talleres sobre la inteligencia de las plantas y sus elementales.

Lleva la sección “Más que plantas” en su canal de YouTube.

Trabaja en sus dos próximas novelas, en diversos relatos y escribiendo artículos para su propio blog.

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