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Arqueología de la guerra: La línea “P”

 Las montañas de nuestra frontera con Francia están llenas de búnkeres y fortalezas hechas tras la Guerra Civil por temor a una invasión.

Un regimiento del Ejército ha “descubierto” mas de doscientos en el Pirineo navarro, aunque se calcula que hay unos 1000.

Mapa La línea P     La “Línea Maginot”, la mayor fortificación militar de nuestro tiempo situada en Francia, tiene una réplica más modesta y mucho menos conocida en las cumbres del Pirineo español. Aquel colosal cinturón de búnkeres, levantado por los franceses para defenderse de los ejércitos de Hitler y Mussolini, se convirtió en una fortaleza inútil cuando tuvo que cumplir su función de frenar la maquinaria de  guerra nazi. Fue un fracaso en toda regla. Pero hoy, Francia y en especial los pueblos de alrededor, han conseguido rentabilizarla como un reclamo de turismo bélico.

     Una suerte parecida podría correr la española “Línea P”, una muralla defensiva que Franco mandó levantar  a lo largo del Pirineo (por ello la letra “P”) tras la Guerra Civil, por temor a una invasión de los aliados, de los republicanos organizados tras la frontera e incluso de la propia Alemania hitleriana, tantos eran los frentes que tuvo abiertos el dictador. En realidad, planificó cerca de 6.000 búnkeres a lo largo de los 450 kilómetros de la barrera pirenaica. No se levantaron todos, pero entre 1940 y 1950 se construyeron medio millar (la cifra exacta es aún desconocida), con sus  muros de hormigón, sus pasadizos y ramificaciones, nidos de ametralladora, arsenales, depósitos de víveres…, todo lo necesario para mantenerlos operativos bajo tierra en caso de un ataque enemigo. Sin embargo ninguno de ellos llegó nunca a albergar tropas, ni munición, ni piezas de artillería para defenderse  de la tan temida invasión imaginada por los franquistas. Sobra decir quien se encargó de construir tan titánica obra: presos políticos, muchos muertos durante las obras.

ENTRADA A UN BÚNKER     Esos viejos túneles y búnkeres siguen ahí, unos bastante visibles, aunque ya mimetizados con el paisaje por el paso de los años, y otros directamente tragados por el barro y las hojas. Otros son solo restos de lo que algún día fueron. Precisamente a desentrañar estos misterios de piedra, o mejor dicho, a localizar las fortalezas, darlas a conocer y ponerlas en valor, es a lo que se ha dedicado durante meses el regimiento de infantería de montaña América 66, que desde su acuartelamiento en Aizoáin, un pueblo a 7 kilómetros de Pamplona, ha “redescubierto” 221 búnkeres tan solo en el Pirineo navarro.

PASADIZO     La “Línea P”, que fue su nombre en clave, traza una sucesión de puntos fortificados a lo largo de la frontera. Sobre el papel, ya que así aparece recogido en los documentos oficiales del Archivo General Militar de Ávila (algunos aún clasificados por cierto) se contempló como hemos visto, la construcción de 6.000 asentamientos, casi un tercio en el Pirineo navarro.

     Los amantes de la montaña, de la naturaleza en general y también los aventureros con inquietudes culturales que quieran saber más sobre la historia de esos fortines, agradecerán, igual que todos nosotros, el trabajo que ha hecho el América 66 desde junio de 2016, día tras día, 500 hombres. Este regimiento ha diseñado diez rutas que permiten recorrer de manera fácil decenas de búnkeres, conocerlos por dentro y gozar  de la belleza del entorno que los rodea. Preparan un libro con toda la información, y este año colgarán en su web los itinerarios con consejos y detalles para disfrutar de una excursión. De los más de doscientos contabilizados, han seleccionado unos cien, atendiendo a criterios de accesibilidad, comodidad, entorno, e incluso de las vistas exteriores e interiores. Hablamos de Arqueología de la guerra como una alternativa de ocio. ¿Es ético? Mucha gente se hace esa pregunta, teniendo en cuenta en qué momento, cómo y porqué se construyeron.

VISTA EXTERIOR DE UNA FORTALEZA     Quizá el bunker más famoso sea el de Alkurruntz, uno de los más espectaculares y el más grande. Enclavado en el macizo del mismo nombre, en el precioso Valle de Baztán, desde la entrada hasta el otro extremo, y ocupado por un turbador nido de ametralladora, discurre un oscuro pasillo de 110 metros de largo entre muros de cemento armado. Hay que llevar linternas porque, salvo la poca luz natural que se filtra por las troneras (ventanucos estrechos para los tiradores) todo está a oscuras. El asentamiento, con su galería subterránea en pendiente, es completamente accesible salvo un espacio destinado a una estación meteorológica que el Gobierno de Navarra tiene cerrado a cal y canto. Esta fortaleza  está excavada en la roca de un pequeño pico que domina el puerto de Otsondo, a 930 metros de altitud. Hay más búnkeres en esa zona, pero son más pequeños. Este está perfectamente conservado.

David Vaquerizo     David Vaquerizo, Teniente Coronel de 51 años y “alma mater” del proyecto señala que está maravillado por las construcciones, hechas por jóvenes en 1938 y en unas condiciones meteorológicas extremas, frio, viento, hielo y nieve en invierno… además de las dificultades propias de la montaña, y sin embargo, los arquitectos así como los “trabajadores” aplicaron unas técnicas muy parecidas a las que se usarían hoy día si hubiese que construir una mole defensiva en el mismo sitio.

     Siguiendo el rastro de los documentos, los soldados del América 66 llegaron a descubrir varios búnkeres y túneles enterrados en la maleza, y alguno reconvertido en columbario, concretamente uno situado entre Vera de Bidasoa y Echalar, donde se encontraron con una decena de urnas funerarias perfectamente identificadas. No es el caso por ejemplo del bunker de Alkurruntz, refugio habitual de cazadores y excursionistas, y perfectamente conocido.

     Sin embargo, tanto trabajo en tales condiciones y tantas muertes, no sirvieron de nada. El miedo o la precaución franquista fueron en vano, nadie intentó entrar, y hoy, para “rentabilizar” esos búnkeres hechos para matar y defenderse, se pretenden convertir en un reclamo turístico. Nuestra propia “Maginot”

Quiteria Méndez Fernández

Quiteria Méndez Fernández

Murcia, 1983

Licenciada en Historia del arte por la Universidad de Murcia, promoción 2001/2006 (Fin de los estudios en el curso 2014-2015)

Curso de restauración de maderas doradas y policromadas por la Academia TABA (Murcia). Curso de restauración de patrimonio eclesiástico por la Academia TABA con prácticas en los talleres de la Catedral de Murcia.

Perito judicial en falsificación de obras de arte impartido por INTESA (Barcelona) en su modalidad on line.

Diplomada en Historia y arqueología por la UNED (cursando 3º curso)

Actualmente realizando prácticas en el Centro de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (CEPOAT) con el proyecto AEGYPTIACA y en labores de biblioteca y radio.

Colabora en Revista MUNDO MISTERIOSO (Bimensual) Revista on line www.lasnuevemusas.com y Revista HISTORIA Y VIDA (Mensual)

EXCAVACIONES:

* Campaña de excavación en Villaricos (Mula, Murcia), veranos 2015, navidad 2015 y verano 2016. Yacimiento romano siglo II d.C.
* Excavación y exhumación de cadáveres de la guerra de la independencia española. Badajoz. Verano 2014.
* Ayudante en la prospección del Castillo de los Velez de Mazarrón (Murcia) a tiempo parcial durante 2007 y 2008. Medieval.
* Excavación de las Cuevas del Lido (Venecia, Italia). Medieval. Desde mayo de 2005 hasta septiembre de 2006.

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