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Ŷamĩla, la indomable beréber

“Ŷamĩla, la hermana de Mahmũd, tuvo en este combate una actuación destacada y excelente, que fue comentada por la gente en las diversas comarcas de al-Andalus, siendo su hazaña cantada en las bodas de las regiones de Occidente durante largo tiempo“.[1]

Así nos habla —haciéndose eco de los al-Razĩ— el historiador andalusí ben Hayyãn de esta mujer, ignorada por la Historia, desconocida en la actualidad incluso por los amantes de nuestro periodo andalusí, y solo informados de su existencia y hechos algunos especialistas. Pero ¿quién era Ŷamĩla?

pueblo bereber, Ourika, Alto Atlas marroquí
Pueblo bereber, Ourika, Alto Atlas marroquí

Ŷamĩla bint Abd al-Ŷabbãr ibn Zãqila era una mujer beréber, perteneciente a la cabila Masmuda. Según el polígrafo cordobés ben Hazm, su padre, Abd al-Ŷabbãr ben Zãqila habría sido en el pasado el promotor de una revuelta en Mérida de la que no existen referencias en otras fuentes, revuelta acontecida durante el reinado del emir omeya al-Haqem I. Su familia, aunque de la cabila Masmuda, habíase naturalizado como andalusí cuando, desde largo tiempo atrás, su clan (de los Beni Tarif de Osuna)[2] se asentó primero en una zona peninsular de Sevilla y, después, en la comarca de Mérida. La vida y hechos de esta rebelde mujer acaecieron en el siglo IX y durante el reinado del emir Abd al-Rahmãn II ben al-Haqem, pero siempre integrados en la revuelta que protagonizara su hermano Mahmũd.

Son abundantes las noticias que los textos recogen sobre el levantamiento de Mahmũd ben Abd al-Ŷabbãr. El cronista ben al-Qutĩyya lo relaciona con otra rebelión acontecida en el pasado contra al-Haqem I y protagonizada por un tal Qãnab de Morón, probablemente la misma en que estuvo involucrado el padre de Mahmũd. Vencido Qãnab, se refugió en Mérida, donde permaneció hasta su muerte; tras su desaparición tomaron el mando de la revuelta los hermanos Beni Abd al-Ŷabbãr, encabezados por el primogénito, Mahmũd. El protagonismo de este rebelde comenzó en marzo del año 828 y, según Levi-Provençal, era colaborador suyo un muladí[3], Sulaymán ben Martín.

El emir Abd al-Rahmãn II acudió personalmente en numerosas ocasiones para tratar de pacificar la región y los sometió a sucesivos asedios. Habíanseles unido gran cantidad de muladíes, mozárabes y beréberes, ya que eran numerosos los levantamientos que por entonces surgían contra el poder central y contra sus clientes árabes. Pero lo excepcional en este caso estriba en que una mujer, Ŷamĩla, destacase por sus dotes guerreras en la sociedad andalusí.

De ella informan los cronistas que era una mujer de gran hermosura que se unía a las tropas de su hermano Mahmũd ben Abd al-Ŷabbãr, el héroe levantisco enfrentado al sultán. “Ŷamĩla la virgen, famosa entre la gente por su gran belleza y gracia” (al-Muqtabis), que se distinguía en el combate, seguida por un grupo pequeño de mujeres —familiares y amigas que la secundaban— y que participaba en justas y torneos para medirse con los hombres. “Famosa por su bravura, valentía y dotes caballerescas, y por salir al encuentro de los caballeros y competir con ellos…” asevera el polígrafo cordobés ben Hazm al referirse a ella[4].

También el cronista ben al-Qutĩyya nos habla de esta mujer al mencionar “el levantamiento de Mahmũd y el de su hermana Chemla (Ŷam[i]la) en tierras inmediatas al río Tajo, al norte de Mérida y comarcas circunvecinas”.

Hacía ya largo tiempo que deseaba yo dedicar un artículo a Ŷamĩla. Me seducía centrar mi atención en esa mujer excepcional, como excepcional fue su actividad guerrera en una época en que las mujeres, en general, y las andalusíes, en particular, veían reducidas sus vidas al ámbito familiar y privado. Y aún me seduce más, tras este breve inicio, proseguir investigando en torno a un dato que las fuentes nos brindan y que podría ser el hilo del que seguir tirando para avanzar en la documentación: “Que esta beréber combativa casó con un noble cristiano y acabó siendo madre de un obispo de Compostela“.

¿Cómo una mujer de la cabila Masmuda pudo en el siglo IX lograr vivir la vida que ella quiso vivir? El pueblo beréber, originario del norte de África, no constituye un solo pueblo, sino un conjunto étnico muy heterogéneo, integrado por numerosas tribus y, a su vez, éstas por diversas subdivisiones y clanes. Es precisamente el sistema tribal una característica de su identidad[5]. Si difícil resulta indagar en la Historia del pueblo beréber, más arduo aún lo es desentrañar la de las mujeres beréberes dentro de esa Historia, y más la de tiempos tan remotos, escrita solo por hombres y sometida a la visión reductora que entonces ellos tenían de la mujer.

Los beréberes en al-Ándalus constituyeron una parte muy numerosa de la población, más aún que la de origen árabe, pues lo emires omeyas desde su llegada a la península hicieron venir constantemente a grandes contingentes de tropas berberiscas, que no acudían a ningún sitio sin sus familias. Aquellos de los clanes beréberes que entraron en al-Ándalus sin islamizar no tardaron en islamizarse y arabizarse, pero, asimismo, al ser tan discriminados como los muladíes por el poder omeya y sus clientes árabes, se unieron a aquellos, integrándose en los diferentes focos de rebeldía que surgieron en el siglo IX dispersos por todo el territorio andalusí.

mujer bereber
Mujer beréber

La mujer beréber que se asienta en la península por aquel tiempo disfrutaba de mayor libertad y peso en su sociedad tribal que la mujer árabe en la suya. Una de las razones debíase a que la mujer beréber fue en su cultura el alma en la conservación y difusión de sus tradiciones ancestrales, entre las que sus lenguas y dialectos eran de las más prioritarias. “Incluso había un lenguaje propio de las mujeres, una comunicación entre mujeres vedada a los hombres” (Mª del Mar Jiménez Estacio). Y aún era más libre la mujer beréber que habitaba las áreas rurales que la de las grandes ciudades; aunque también podían darse enormes diferencias entre las mujeres de las distintas tribus. No obstante, es sabido que entre ellas hubo incluso mujeres-ulemas que alcanzaron reconocimiento entre los hombres y que llegaron a figurar en los diccionarios biograficos de su época[6].

Y, pese a esto, la sociedad beréber del periodo andalusí no dejaba de ser —como las de los demás grupos sociales— patriarcal, agnática y patrilineal, pero todos, hombres y mujeres, subordinados al mismo tiempo a la autoridad de la tribu. La familia beréber posee una fuerza de cohesión muy grande, de forma que en numerosas ocasiones mujeres y niños seguían a los hombres a la guerra para darles aliento y cuidarlos si resultaban heridos. Tanto las crónicas arábigas como las cristianas nos hablan de que muchas mujeres bereberes fueron hechas prisioneras (y otras murieron) en la batalla de Las Navas de Tolosa y también en los días que la sucedieron[7]. Pese a la consideración que la mujer recibe en las comunidades beréberes, aquellas tribus más en contacto con las culturas mediterráneas antiguas y, posteriormente, con la árabe, sobre todo las más islamizadas, mantienen su filiación y herencia por línea paterna, en contraste con las ramas desgajadas de los berberiscos situadas más hacia el Sahara, los tuaregs, que conservan una filiación matrilineal.

Sobre esto comenta la arabista Mª Jesús Viguera Molins:

Es interesante el espacio, comparativamente extenso, que Ibn Hayyan dedica a las peripecias y cualidades de aquella mujer andalusí, Yamila / “Hermosa” [8], de pleno siglo IX de nuestra Era, cuando aquellas andalusíes estaban restringidas al ámbito de lo privado y familiar, pues, sin protagonismos públicos establecidos, las mujeres de los contextos patriarcales agnáticos no aparecían en escenarios militares, como tampoco en los políticos, para lo cual se requería explícita y legalmente la condición de varón (dukuriyya), aunque haya habido alguna soberana (en circunstancias limitadas o en momentos y/o territorios más o menos atípicos) formando parte de la docena, o poco más, de las “Sultanas olvidadas” cuya trayectoria excepcional —y tan restrictiva en su ejercicio del poder— analizó Fatima Mernissi[9], en el contexto arabo-islámico general”[10].

En efecto, y, de todos modos, el destino final de toda fémina beréber andalusí era el matrimonio y la procreación, como en cualquier otra comunidad o grupo social de su tiempo.

mujer bereber
mujer bereber

Es en este contexto en el que surge la figura de Ŷamĩla bint Abd al-Ŷabbãr. Esta mujer guerrera y tan hábil en el manejo de las armas, como nos describen las fuentes antes citadas, se alzó junto con el resto de su familia contra el emir Abd al-Rahmãn II. Ya desde el final del reinado de al-Haqem I, padre de aquel, el clan familiar habíase declarado en rebeldía contra el poder real —como ya avanzamos—, pero fue a partir de 823, reinando ya Abd al-Rahmãn, cuando los cronistas al-Razĩ (padre e hijo) nos aportan mayor número de datos sobre dicha rebelión. En el año 828 d.C. es cuando Mahmũd ben Abd al-Ŷabbãr al-Maridĩ (el de Mérida), en alianza con el muladí Sulaymán ben Martín, acabaron durante una asonada con la vida del gobernador de la comarca emeritense, Marwãn ben Yanus ben al-Ŷilliqĩ[11]; Abd al-Rahmãn II en persona acudió a combatirlos y los sometió a sucesivos asedios, pero no logró vencerlos, conformándose con derruir la muralla de Mérida. A primeros de Marzo del 829 el emir volvió a intentarlo y realizó el intercambio de algunos rehenes, pero no logró el dominio de la ciudad.

Muy joven debía de ser Ŷamĩla —adolescente tal vez— cuando, en torno al año 830, comienza a aparecer citada como participante en las lides familiares junto con otro de sus hermanos menores y ambos supeditados al mando del hermano mayor, Mahmũd, caudillo de aquella partida de rebeldes. Sin embargo, en este mismo año el emir alcanzó algunos acuerdos con ellos, llegando a nombrar nuevo walí de Mérida a Harit Ibn Bazi, que mantuvo el cargo por poco tiempo, ya que, en el año 832, de nuevo vuelve Abd al-Rahmãn a atacar la ciudad y a sus sediciosos defensores. Pero aquellos insurrectos, buenos conocedores de su entorno rural, lo burlaban una y otra vez y lo conducían hacia los peores pasos del terreno, hasta que el emir hizo venir en su ayuda a tal cantidad de refuerzos que, viéndose perdidos, los Beni Abd al-Ŷabbãr y sus partidarios resolvieron abandonar sus tierras. Suleymán ben Martín huyó hacia el norte, asentándose en la comarca de Trujillo, mientras que Mahmũd y los suyos remolonearon por el valle del Guadiana durante algún tiempo.

No obstante, Levi-Provençal afirma que en el año 219 de la Hégira (834-835 d. C.) la ciudad de Mérida y sus términos ya habían sido pacificados, según dejan constancia del hecho dos inscripciones existentes en la alcazaba de dicha población.

Corría el año 833 d.C. cuando aquellos rebeldes beréberes se asentaban en la sierra de Monsalud y, algo después, entraban hasta el corazón del Algarve y se apropiaban de la fortaleza de Barrancos, no lejos de Beja. Cuando los moradores de esta ciudad trataron de recuperar aquella plaza tan estratégica para ellos, formaron un gran ejército para ir contra Mahmũd y sus secuaces, quienes habían quedado en desventaja numérica. Salieron al campo los beréberes y formaron a cierta distancia de los muros de la fortaleza de Barrancos; los de Beja gritaron exultantes al comprobar que el bajo número de sus adversarios les permitía acariciar la victoria. Pusieron sus monturas a galope mientras los rebeldes manteníanse inmóviles en formación y en monacal silencio.

Bereberes contra cristianos

Cuando las fuerzas de Beja galopaban con mayor entusiasmo, al punto alguno de los caudillos que avanzaban en cabeza reparó en que la cima y ladera de un cerro vecino hallábanse sembradas de abigarrado ejército y erizadas de lanzas. Eran las mujeres beréberes —aunque con la distancia los de Beja no podían advertir el engaño—, acaudilladas por una jovencísima Ŷamĩla que montaba sin silla un ligero corcel y empuñaba en su diestra la espada y en siniestra aferraba un tremolante estandarte.

“Al ver los de Beja a este grupo, no dudaron de que fuesen refuerzos de Mahmũd o una tropa que se les unía, …. por lo que salieron huyendo en franca derrota…. Ŷamĩla, la hermana de Mahmũd, tuvo en este combate una actuación destacada y excelente que fue comentada por la gente en las diversas comarcas de al-Andalus, siendo su hazaña cantada en las bodas de las regiones de Occidente durante largo tiempo[12].

Sobre estos mismos sucesos escribe Manuela Marín: “Pero la insistencia en el valor y arrojo de Ŷamĩla no deja de llamar la atención y supone la pervivencia admirativa de un modelo de conducta que se aparta claramente del esperado en una mujer musulmana. Su actuación, sin embargo, no solo no se censura, sino que se presenta como una de las virtudes que, junto a la hermosura y la nobleza, la adornaban…… Quizás esta excepcionalidad es la que explique la falta de acrimonia con que se describe la conducta de Ŷamĩla por cronistas y otros autores, conscientes de que no estaban retratando un fenómeno usual” [13]. En esta línea se manifiesta también Mª Jesús Viguera Molins en algunos de sus trabajos[14].

Alfonso II el Casto
Alfonso II el Casto

Los rebeldes Beni Abd al-Ŷabbãr prosiguieron desde Beja su avance por el Algarve hasta alcanzar la costa meridional y establecerse durante algún tiempo en Oksonuba (Faro). Pero las huestes del emir de Córdoba no cesaban de hostigarlos, siendo expulsados de allí por las tropas reales en 223 (838 d.C.); hubieron de huir hacia el norte, resolviendo Mahmũd buscar refugio en Ŷilliqia (Galicia), donde con el tiempo acabó por pedir ayuda al rey de Asturias, Alfonso II el Casto. Y es entonces cuando Ŷamĩla deja bien patente su rebeldía y su independencia de criterio respecto a su hermano, abandonándolo y, según aseguran las fuentes, enfrentándosele, lo que nos lleva a suponer que ella, en aquellos momentos de división, fue seguida por gran número de partidarios. La joven beréber hace evidente en este episodio su nobleza, ya que, aunque hasta entonces siempre se había opuesto al emir omeya, no aprobaba llegar al extremo de aliarse con cristianos para combatir a musulmanes.

Entretanto, Mahmũd ben Abd al-Ŷabbãr era bien acogido por el monarca asturleonés: “Alfonso le recibió, le honró y le otorgó su confianza, lo enriqueció y le dio como residencia un castillo (hisn) que hoy lleva su nombre (de Mahmũd), con su llanura que llega hasta las tierras del Islam[15]. Los cronistas sitúan ese castillo cedido en encomienda al rebelde beréber entre Oporto y Lamego, añadiendo que el rey le encomendó la defensa de la frontera y que, desde allí, colaboró en numerosas incursiones contra los dominios del emir musulmán. Otras fuentes aseguran que el castillo donado fue el de Santa Cristina, al sur del Miño.

Primera iglesia sepulcro Santiago
Primera iglesia sepulcro Santiago. A Franco Taboada

Tal vez fueran la división familiar y la pérdida del apoyo de muchos de sus hombres las causas que pudieron influir en el ánimo de Mahmũd para conducirle a tratar de reconciliarse con Abd al-Rahmãn II y solicitar su perdón (aunque hay voces que achacan el cambio a su conveniencia). Lo cierto es que el emir le otorgó su amán en 840 d.C. y Ŷamĩla pudo volver a la unidad familiar y de nuevo al castillo, junto a su hermano. Dicen las fuentes que un traidor comunicó al rey asturleonés el doble juego de aquel beréber, por lo que el monarca cristiano ordenó atacar el castillo fronterizo que antes le concediera; un gran ejército invadió el feudo de los Beni Abd al-Ŷabbãr, saliendo Mahmũd con todas sus huestes a enfrentársele. Dicen que en medio de la lucha el caballo del caudillo beréber tropezó, derribando a su jinete y siendo este apresado y muerto en raŷab de 225 de la Hégira (mayo de 840 d.C.).

A raiz de estos hechos, el castillo (de Santa Cristina o de Mahmũd) fue conquistado y apresados todos sus moradores, así como los supervivientes de la familia beréber Beni Abd al-Ŷabbãr, ordenando Alfonso II el Casto que todos fueran conducidos a la capital de su reino, Oviedo. Entre ellos iba la indomable Ŷamĩla, famosa por su belleza y valentía, quien, codiciada por nobles y grandes señores del reino asturleonés, fue entregada por el rey Alfonso a uno de ellos (sin que las fuentes cristianas y arábigas aporten datos sobre su identidad). Entre las crónicas cristianas que informan de este hecho podemos citar a Sebastian y a la Crónica Albeldense.

Pero veamos cómo se refiere dicho suceso en Al-Muqtabis de ben Hayyãn: …”fue apresada Ŷamĩla bint Abd al-Ŷabbãr, hermana de Mahmũd… y por ella porfiaron los notables cristianos, dadas las virtudes que tenía: abolengo, hermosura y valentía, hasta el punto que la sortearon, y quedó para uno de los grandes entre ellos, que la hizo cristiana, se casó con ella y la tuvo en gran estima. Tuvo hijos con ella, uno de los cuales fue después arzobispo de la iglesia de Santiago (de Compostela), prestigioso entre los cristianos de entonces. Esta Ŷamĩla era una muchacha hermosa, de constitución proporcionada, que vivió entre los cristianos una larga vida[16]. Similar es la narración que nos ofrece el cronista Ahmad al-Razi.

Santa María de Iria Flavia
Colegiata de Santa María de Iria Flavia – Padrón (Galicia) España

Sin embargo, nadie menciona un nombre que aluda al esposo, ni siquiera identifican al hijo arzobispo, por lo que únicamente podemos conjeturar que su sede radicaría en Iria-Flavia. En efecto, la sede de aquella diócesis estaba en el siglo IX en Iria-Flavia y era sufragánea de la de Braga; a partir del descubrimiento de la tumba del apostol Santiago el Mayor, acaecido hacia el año 829 (algunos autores creen que algo antes), pasó a ser llamada diócesis de Iria y de la Sede Apostólica, y algo más tarde, de Iria-Compostela. No es hasta el 5 de diciembre de 1095 cuando, edificada ya la catedral nueva, el Papa Urbano II concede la Bula por la que la sede pasa de Iria a Santiago de Compostela y se considera extinguida la sede iriense en favor de la compostelana.

Este es un hilo del que poder tirar y que alienta a proseguir la investigación, con la esperanza de lograr algún día la identidad del esposo y el hijo de la rebelde Ŷamĩla.


[1] -Ben Hayyãn, “Al-Muqtabis” volumen II-1.- Traducción de M.A. Makki y F. Corriente.- Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Próximo, 2001.- Traducción matizada por Mª Jesús Viguera Molins, sobre todo en la transcripción del nombre de la rebelde beréber, que los citados traductores llaman “Gamilah”, mientras Viguera la cita como “Ŷamĩla”, más acorde con la mayoría de las referencias.

[2] – Que la familia de esta rebelde pertenecía al clan Beni Tarif, de Osuna, es un dato proporcionado por Fátima Roldán Castro (haciéndose eco de ben Hazm) en su libro “La mujer musulmana en la Historia” (Uhu.es publicaciones).

[3]Muladí, persona de raza hispana conversa al Islam. Hispanorromano o hispanogodo islamizado.

[4]Yamharat ansab al-`arab (“Recopilación de los linajes árabes”), de Abũ Muhammad `Alí ibn Hazm.- Edit. Abd al-Salam Muhammad ibn Harun.- El Cairo 1962.

[5]“Las mujeres beréberes de al-Andalus“, de Mª del Mar Jiménez Estacio.- Congreso Virtual sobre Historia de las Mujeres.

[6]Identidad y onomástica de los beréberes de al-Ándalus“, de Helena de Felipe.- Madrid, CSIC, 1997.

[7] – Mª del Mar Jiménez Estacio.

[8] . Se refiere Viguera Molins a que Yamila significa “Hermosa” en árabe.

[9]“Sultanes oubliées: femmes chefs d`État en Islam“, de Fatima Mernissi.- Paris, 1990.

[10]“Una andalusí en Galicia y sus cuatro “transgresiones”, de Mª Jesús Viguera Molins.- Estudios de Frontera. Alcalá la Real. Homenaje a Cristina Segura.- Noviembre, 2010.

[11] – Según Levi-Provençal.

[12] – “Al-Muqtabis” II-1, del cronista ben Hayyãn, traducción de Mª Jesús Viguera Molins.

[13] – “Mujeres en al-Andalus“, de Manuela Marín.          

[14]“La mujer en al-Andalus. Reflejos históricos de su actividad y categorías sociales“, de Mª Jesús Viguera Molins. Madrid-Sevilla, 1989.

[15]“Al-Muqtabis” II-1, de ben Hayyãn, traducción de Mª Jesús Viguera Molins.

[16]“Al-Muqtabis” II-1, de ben Hayyãn.- Traducción de Makki y Corriente.

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado nació en Córdoba (España). Estudió Profesorado de Educación General Básica (Magisterio, Escuela Normal de Ciudad Real, 1971) y ejerció la enseñanza. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Complutense de Madrid, 1985.

Ganadora del XV Premio de novela corta "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo (2017).

Pintora con sólida experiencia, estilo personal en la línea constructivista figurativa. 24 exposiciones individuales, 25 colectivas y 3 premios conseguidos. Con obra en museos y colecciones públicas y privadas de España, Alemania, Portugal, Estados Unidos y Reino Unido. Representada con obra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

Novela histórica:
— “La Cruz y la Media Luna”. Publicada por Editorial VíaMagna (2008). 2ª edición en bolsillo bajo el título de “La Fortaleza de Alarcos” (2009). Reeditada como libro eléctronico “La Cruz y la Media Luna” por la Editorial Leer-e, Pamplona, abril, 2012, y en papel por CreateSpace (Amazon) en mayo de 2015.
— “ El Collar de Aljófar”. Editada por Leer-e (Pamplona) en soportes papel y electrónico, mayo, 2014.
—“El Halcón de Bobastro”, editada en Amazon en soportes electrónico y papel (CreateSpace) en agosto de 2015.
— “La Estirpe del Arrabal”, editada por Carena Books (Valencia) en 2015.
Ensayo:
— "Los Andaluces fundadores del Emirato de Creta" (ensayo de investigación histórica). Editado en Amazon en soporte digital en julio de 2014 y en papel (CreateSpace) en mayo de 2015.

Novelas de misterio y terror (novela fantástica):
— “La Horca y el Péndulo” (XV Premio de narrativa "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo), 1ª Edición en marzo de 2017 por Ayuntamiento de Toledo. - 2ª edición en mayo de 2017 por Impresion QR 5 Printer, S.L. (Ciudad Real).
— “Encrucijada”. Inédita.
— "Maleficio Fatal". Inédita.

Parodia de Novela Histórica:
— "Iberia Histérica" (novela corta en clave de humor). Editada en soporte digital en Amazon y en papel en CreateSpace en mayo de 2018.

Autora también de relatos históricos y Cuentos de literatura infantil.
Colabora con artículos en diversas revistas culturales. (Tanto en papel como en webs digitales): Fons Mellaria (F.O.Córdoba), Letras arte (Argentina), Arabistas por el mundo (digital), "Arte, Literatura, Arqueología e Historia" (Diputación de Córdoba), Revista Cultural Digital "Las Nueve Musas" (Oviedo).

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