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Las nueve musas
sin vivienda

Vivir sin vivienda

Al final, todos los grupos parlamentarios, excepto el PSOE, hallaron un consenso común, y además en un tema muy delicado, aunque a ninguno le tembló el pulso para derogar el Real Decreto-ley 21/2018 de medidas urgentes en materia de vivienda y alquiler que el Gobierno quería aprobar en un intento por aportar más seguridad a un sector tan cuestionado, polémico y que tanto dolor y desigualdad esta trayendo a este país.

Así, la pretensión de hallar un punto de acuerdo que contentara a propietarios e inquilinos, la búsqueda de un modo de frenar los fondos buitre, la creación de un parque de 20.000 viviendas sociales o el facilitar la accesibilidad universal, se diluye en lo que debía ser su tramo final.

Conviene recordar lo que afirma el artículo 47 de la Constitución:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Parece que todos se han saltado ese punto.

Podemos, principal aliado para que Sánchez siga en la presidencia, ha justificado su rechazo aduciendo que la ley propuesta no recogía las medidas en materia de vivienda que ellos habían pactado en Octubre en su acuerdo para dar vía libre a los Presupuestos Generales.

Ana Zurita, diputada del PP,  señaló las razones para no aprobar el decreto asegurando que “no resuelve los problemas urgentes de la vivienda social porque las medidas afectan al mercado libre, y el problema fundamental es la falta de oferta y de seguridad jurídica”.

Ciudadanos, náufragos de su propia inercia en una escora hacia la extrema derecha que niegan, amenizó el debate con insultantes desplantes como afirmar que el hecho de que 30.000 familias han sido o estén a punto de ser desahuciadas por no poder afrontar alquileres desproporcionadas “son cosas de la economía”.

Es la vivienda, amigos. De todos los factores a tener en cuenta, según ellos, el factor humano no es ni siquiera relevante, y el artículo 47 un mal chascarrillo.

Y con motivos similares, de mayor o menor calado, más o menos tendenciosos o populistas, el resto de grupos parlamentarios dio la espalda a una ley que desde luego dista mucho de ser la ideal, pero que al menos pretendía comenzar a poner parches a tan terrible problema  (el cual deja al descubierto una insoportable falta de solidaridad y sensibilidad social, además de generar abusos, desmanes, especulaciones e indefensión legal para arrendadores y arrendatarios).

Así que toca seguir viviendo en esta abisal paradoja: según el último censo de poblaciones y viviendas, datado en 2011, existen al menos tres millones y medio de viviendas vacías, mientras miles familias son desahuciadas y poder acceder a un alquiler que no sea desorbitado, o no sea un periplo sembrado de complicaciones, es una tarea poco menos que imposible.

Y todos hacen cuanto pueden para no seguir haciendo nada.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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