Las nueve musas
Portada » Artes » Artes musicales » Música clásica » Vivaldi: conciertos para instrumentos de cuerda

Vivaldi: conciertos para instrumentos de cuerda

La importancia del músico veneciano Antonio Vivaldi (1678-1741), que ya expusimos en nuestro anterior artículo sobre su figura (Vivaldi: el veneciano rojo), trasciende el barroco italiano y europeo para convertirse en una referencia fundamental para la música de cuerda, pues sus numerosas composiciones influirían en las del clasicismo de la segunda mitad del siglo XVIII y en las del romanticismo, ya en el siglo siguiente.

Hijo del violinista Gianbattista Vivaldi, cuyo nombre aparece en ocasiones transcrito como Gianbattista Rossi debido que era apodado Rosso, fue de él y de Giovanni Legrenzi, maestro de capilla en la iglesia de San Marcos, de quienes el músico recibió sus conocimientos de composición y violín que le llevarían a convertirse muy pronto en maestro de este instrumento en el Ospedalle della Pietà, cuando ya era conocido como il prete rosso (el cura rojo) debido al color de su cabello.

L’estro armonico (op. 3)

Cuando acababa de cumplir 33 años de edad, Vivaldi publicó la primera de sus colecciones para instrumentos de cuerda, L’estro armonico (op. 3) —cuyo título podría traducirse como Inspiración armónica—, un conjunto de doce conciertos que el autor dedicó al duque florentino Fernando de Médici, un mecenas de la época que se había convertido en protector de Haendel y Scarlatti. Vivaldi utilizó en estos conciertos las tonalidades mayor y menor a partes iguales y los ordenó de forma cronológica, si bien en el catálogo de su obra realizado por el danés Peter Ryom no aparecen de forma consecutiva.

L’estro armonico (op. 3, 1711) está compuesta por las siguientes obras:

  • Concierto n.º 1 para cuatro violines, violonchelo, cuerda y continuo en re mayor RV 549.
  • Concierto n.º 2 para dos violines, violoncelo, cuerda y continuo en sol menor RV 578.
  • Concierto n.º 3 para violín, cuerda y continuo en sol mayor RV 310.
  • Concierto n.º 4 para cuatro violines, cuerda y continuo en mi menor RV 550.
  • Concierto n.º 5 para dos violines, cuerda y continuo en la mayor RV 519.
  • Concierto n.º 6 para violín, cuerda y continuo en la menor RV 356.
  • Concierto n.º 7 para cuatro violines, violonchelo, cuerda y continuo en fa mayor RV 567.
  • Concierto n.º 8 para dos violines, cuerda y continuo en la menor RV 522.
  • Concierto n.º 9 para violín, cuerda y continuo en re mayor RV 230.
  • Concierto n.º 10 para cuatro violines, violonchelo, cuerda y continuo en si menor RV 580.
  • Concierto n.º 11 para dos violines, violonchelo, cuerda y continuo en re menor RV 565.
  • Concierto n.º 12 para violín, cuerda y continuo en mi mayor RV 265.

Como vemos, las tonalidades mayor y menor están presentes de modo casi alterno, mientras que los conciertos para cuatro violines (RV 549, 550, 567 y 580), para dos violines (RV 578, 519, 522 y 565) y para violín solo (RV 310, 356, 230 y 265) están ordenados en forma de cuatro tercetos iguales y consecutivos: 1 (cuatro violines)-2 (dos violines)-3 (violín solo), 4-5-6, 7-8-9 y 10-11-12.

Todos los conciertos de L’estro armonico tienen al menos tres movimientos, los numerados como 2 (RV 578) y 4 (RV 550) se componen de cuatro y los catalogados como 7 (RV 567) y 11 (RV 565) están formados por cinco. Y de estas estructuras destaca la correspondiente al concierto RV 567, pues entre sus cinco movimientos se encuentran tres adagios.

Pueden escuchar el Concierto n.º 8 para dos violines, cuerda y continuo en la menor RV 522 (op. 3) en la interpretación dirigida por Mikhail Gantvarg al frente de la Orquesta de Cámara de San Petersburgo.

L’estro armonico no pasaría inadvertida para un compositor como Johann Sebastian Bach, que compondría los conciertos para clave en fa mayor BWV 978, re mayor BWV 972 y do mayor BWV 976 a partir de los conciertos para cuerda en sol mayor RV 310, re mayor RV 230 y mi mayor RV 265, respectivamente, así como los conciertos para órgano en la menor BWV 593 y re mayor BWV 596 a partir de los de cuerda en la menor RV 522 y re menor RV 565, y el concierto para cuatro claves y orquesta de cuerda en la menor BWV 1065 basado en el de cuatro violines en si menor RV 580.

La stravaganza (op. 4)

Los doce conciertos de L’estro armonico conocieron el éxito que no habían tenido sus anteriores sonatas para violín, publicadas entre 1705 y 1709, y Vivaldi aprovechó una interrupción en su trabajo como maestro de violín y coro en el Ospedale della Pietà para componer una nueva colección de conciertos para cuerda que tituló La stravaganza (op. 4) y que publicó en 1716. Dedicadas al mecenas veneciano Victor Delfín, perteneciente a una familia en la que no eran raros los obispos ni los cardenales, las doce obras están compuestas para un solo violín, cuerdas y bajo continuo, lo que sin llegar a ser una extravagancia, sí fue un alarde de inventiva y creatividad musical que incrementó la reputación del músico hasta el punto de que muy poco después fue nombrado maestro di concerti del Ospedale.

La stravaganza (op. 4, 1716) está formada por los siguientes conciertos:

  • Concierto n.º 1 para violín, cuerda y continuo en si bemol mayor RV 383a.
  • Concierto n.º 2 para violín, cuerda y continuo en mi menor RV 279.
  • Concierto n.º 3 para violín, cuerda y continuo en sol mayor RV 301.
  • Concierto n.º 4 para violín, cuerda y continuo en la menor RV 357.
  • Concierto n.º 5 para violín, cuerda y continuo en la mayor RV 347.
  • Concierto n.º 6 para violín, cuerda y continuo en sol menor RV 316a.
  • Concierto n.º 7 para violín, cuerda y continuo en do mayor RV 185.
  • Concierto n.º 8 para violín, cuerda y continuo en re menor RV 249.
  • Concierto n.º 9 para violín, cuerda y continuo en fa mayor RV 284.
  • Concierto n.º 10 para violín, cuerda y continuo en do menor RV 196.
  • Concierto n.º 11 para violín, cuerda y continuo en re mayor RV 204.
  • Concierto n.º 12 para violín, cuerda y continuo en sol mayor RV 298.

Vemos también, como en L’estro armonico, que las tonalidades mayor y menor quedan distribuidas de modo casi simétrico, aunque en el caso de La stravaganza no se producen los cambios de instrumentación que el autor introdujo en los conciertos de 1711. Si con aquellos había logrado situarse en la primera línea de los compositores barrocos, con estos conseguiría ser reconocido como un virtuoso del violín, lo que le abriría también las puertas del mundo de la ópera, tanto en su aspecto musical como en el empresarial.

En la siguiente grabación pueden escuchar el Concierto n.º 9 para violín, cuerda y continuo en fa mayor RV 284 (op. 4) a cargo de Fabio Biondi y el conjunto de cámara Europa Galante

Mientras tanto, y a la vez que conocía los primeros éxitos y fracasos operísticos, el autor compuso seis sonatas para violín y bajo continuo (op. 5), seis conciertos para violín, cuerda y bajo continuo (op. 6) y doce conciertos agrupados en su opus 7. De ellos, el n.º 1 (RV 465) y el n.º 7 (RV 464) son para oboe, cuerdas y bajo continuo en si bemol mayor, mientras que los diez restantes son para violín solista.

Il cimento dell’armonia e dell’inventione (op. 8)

Con el inicio de la década de 1720, Felipe de Hesse-Darmstadt —gobernador de Mantua, territorio gobernado entonces por los Habsburgo— le ofreció el codiciado puesto de maestro de capilla, lo que para Vivaldi supuso el abandono de ciudad natal y el alejamiento de la junta administrativa del Ospedale della Pietà, que de modo constante le exigía nuevas composiciones con las que mantener su hegemonía musical en la capital veneciana. Fue en Mantua donde la vida personal del músico cambió, donde escribió algunas de las óperas que le proporcionarían fama internacional y donde compuso Il cimento dell’armonia e dell’inventione (op. 8), la colección de conciertos en la que se incluyen los que forman Le quattro stagioni.

Con un título traducido como La prueba de la armonía y de la invención —aunque en ocasiones cimento aparece como concurso—, Il cimento dell’armonia e dell’inventione (op. 8, 1725) está compuesta de los siguientes conciertos:

  • Concierto n.º 1 para violín, cuerda y continuo en mi mayor RV 269, La primavera.
  • Concierto n.º 2 para violín, cuerda y continuo en sol menor RV 315, L’estate.
  • Concierto n.º 3 para violín, cuerda y continuo en fa mayor RV 293, L’autunno.
  • Concierto n.º 4 para violín, cuerda y continuo en fa menor RV 297, L’inverno.
  • Concierto n.º 5 para violín, cuerda y continuo en mi bemol mayor RV 253, La tempesta di mare.
  • Concierto n.º 6 para violín, cuerda y continuo en do mayor RV 180, Il piacere.
  • Concierto n.º 7 para violín, cuerda y continuo en re menor RV 242, Per Pisendel.
  • Concierto n.º 8 para violín, cuerda y continuo en sol menor RV 332.
  • Concierto n.º 9 para oboe, cuerda y continuo en re menor RV 454.
  • Concierto n.º 10 para violín, cuerda y continuo en si bemol mayor RV 363, La caccia.
  • Concierto n.º 11 para violín, cuerda y continuo en re mayor RV 210.
  • Concierto n.º 12 para violín, cuerda y continuo en do mayor RV 178.

Le quattro stagioni es, sin duda, el conjunto de conciertos más conocido y popular del maestro veneciano, si bien es necesario decir que no siempre ha sido bien tratado por intérpretes ajenos a una correcta lectura de las partituras barrocas y que en no pocas ocasiones ha sucumbido a una simplificación comercial que en nada le favorece. A pesar de ello, se trata de una de las obras más importantes de su época cuya trascendencia merece que nos detengamos en ella.

La primera innovación que hay que destacar de Le quattro stagioni es que el autor publicó los cuatro conciertos —cada uno de ellos formado por tres movimientos— acompañados de unos poemas que probablemente sean de su autoría. Se trata de cuatro sonetos divididos cada uno de ellos en tres partes, en correspondencia con los movimientos de los conciertos, que constituyen junto a las partituras un conjunto de música programática en la que el elemento narrativo adquiere especial singularidad. Por supuesto, la música programática estaba todavía muy lejana en el tiempo, por lo que es fácil de entender que el público del primer cuarto del siglo XVIII pasara por alto este aspecto de la obra.

Así, el soneto correspondiente al concierto en mi mayor RV 269, La primavera, comienza con Giunt’è la Primavera e festosetti la salutan gl’augei con lieto canto [Llega la primavera y festejándola la saludan los pájaros con alegre canto], que es como comienza el primer movimiento, allegro. Tras el largo, el último movimiento, también un allegro, finaliza con la descripción de pastores y ninfas que bailan di primavera all’apparir brillante [a la alegre llegada de la primavera].

El allegro non molto del concierto en sol menor RV 315, L’estate, se inicia con el verso Sotto dura stgaione dal Sole accesa [Bajo esta dura estación por el sol encendida], continúa con el adagio e piano, en el que se presenta il timore de’ lampi e tuoni fieri [el miedo al relámpago y los fieros truenos] y finaliza con un presto que tronca il capo alle spiche e a’ grani alteri [trunca las cabezas de las espigas y los granos altera].

El comienzo de L’autunno, el concierto en fa mayor RV 293, es también un allegro que celebra la vendimia con balli e canti [con bailes y cantos] y que da paso a un adagio molto en el que Fà ch’ ogn’uno tralasci e balli e canti [Hace cada uno saltos y bailes y cantos]. Finaliza con un allegro que describe una escena de caza en la que la pieza languida di fuggir, mà oppressa muore [lánguida con huir, pero abrumada muere].

Por último, el concierto en fa menor RV 297, L’inverno, comienza con un allegro non molto que describe el Aggiacciato tremar trà nevi algenti [Helado tiritar entre la nieve plateada] que impulsa el adagio, narrado como Passar al fuoco i di queti e contenti mentre la pioggia fuor bagna ben cento [Estar junto al fuego, tranquilos y contentos, mientras afuera la lluvia lo moja a ciento], para concluir con un nuevo allegro que finaliza con una afirmación: Quest’ è lìnverno, mà tal, che giogia aporte [Así es el invierno, pero qué alegría nos trae].

Tal vez, tras estas pequeñas pinceladas, la audición de Le quattre stagioni resulte más completa y, por lo tanto, más placentera y ausente de los artificios que tantas veces la industria discográfica ha añadido por su cuenta. Es el caso de la interpretación que llevó a cabo la violinista Janine Jansen en el Internationaal  Kamermuziek Festival de Utrecht, celebrado en 2014.

La cetra (op. 9)

La divulgación de sus obras por toda Europa hizo que Vivaldi fuera llamado a Roma por el papa Benedicto XIII, ciudad a la que se trasladó tras haber obtenido no pocos éxitos en Mantua y Milán con sus composiciones vocales e instrumentales y donde escribió su siguiente colección de conciertos para violín, La cetra (op. 9). Dedicada astutamente en 1727 al emperador Carlos VI, Vivaldi fue recompensado en Viena con el título de caballero y con lo que para él era más importante: el estreno de sus obras en la capital austríaca y en Praga, época en la que compuso algunas de sus óperas más aclamadas.

La cetra (op. 9, 1727) se compone de los conciertos siguientes:

  • Concierto n.º 1 para violín, cuerda y bajo continuo en do mayor RV 181a.
  • Concierto n.º 2 para violín, cuerda y bajo continuo en la mayor RV 345.
  • Concierto n.º 3 para violín, cuerda y bajo continuo en sol menor RV 334.
  • Concierto n.º 4 para violín, cuerda y bajo continuo en mi mayor RV 263a.
  • Concierto n.º 5 para violín, cuerda y bajo continuo en la menor RV 358.
  • Concierto n.º 6 para violín, cuerda y bajo continuo en la mayor RV 348.
  • Concierto n.º 7 para violín, cuerda y bajo continuo en si bemol mayor RV 359.
  • Concierto n.º 8 para violín, cuerda y bajo continuo en re menor RV 238.
  • Concierto n.º 9 para dos violines, cuerda y bajo continuo en si bemol mayor RV 530.
  • Concierto n.º 10 para violín, cuerda y bajo continuo en sol mayor RV 300.
  • Concierto n.º 11 para violín, cuerda y bajo continuo en do menor RV 198a.
  • Concierto n.º 12 para violín, cuerda y bajo continuo en si menor RV 391.

Como se puede observar, Vivaldi repite la distribución de tonalidades de las colecciones anteriores. Y si en Il cimento dell’armonia e dell’inventione la excepción a los conciertos para violín solista lo constituía el concierto para oboe RV 454, en La cetra esa condición la cumple el concierto para dos violines RV 530, que pueden escuchar en la interpretación de la orquesta de cámara I Filarmonici.

Sin embargo, y además de las colecciones de conciertos para violín comentadas hasta ahora —L’estro armonico (op. 3), La stravaganza (op. 4), Il cimento dell’armonia e dell’inventione (op. 8) y La cetra (op. 9)—, Vivaldi compuso unos cuatrocientos conciertos más, la mayoría de ellos de cuerda, por lo que resultaría imposible reseñarlos todos. Y como era habitual en el barroco, muchos de ellos toman movimientos de otros y algunos son utilizados también en su producción operística, de la que nos ocuparemos en una próxima ocasión.

El catálogo musical de Vivaldi está formado además por decenas de sonatas para violín y para violonchelo y por otros tantos conciertos para guitarra, para laúd, para viola y para mandolina acompañados con cuerdas y vientos —para molti instrumenti—, lo que hace de él uno de los más extensos en cuanto a los instrumentos de cuerda y uno de los más influyentes en la historia de la música.

Por lo tanto, son también numerosas las grabaciones dedicadas a la obra para cuerda del músico veneciano y conciertos como los que forman Las cuatro estaciones son fáciles de encontrar en el mercado discográfico. No obstante, hemos de recomendar las aparecidas bajo el sello Naïve, que desde hace tiempo edita el catálogo completo de Vivaldi y recupera obras consideradas perdidas para poder valorar la figura e importancia del músico veneciano más allá de sus conciertos más divulgados y populares. Y, si nos lo permiten, un consejo: no acudan a él con Las cuatro estaciones en la cabeza, sino olvídenlas, escuchen el resto y regresen a ellas después. Es seguro que descubrirán así un nuevo compositor.

(Cabecera: Mantua, donde Vivaldi compuso Las cuatro estaciones)

Vivaldi: música vocal

Fran Vega

Fran Vega

Nací en Logroño en 1961.

Cursé estudios de Filosofía, Biblioteconomía y Musicología, pero mi trayectoria profesional ha estado siempre vinculada al sector editorial barcelonés, en el que he dirigido numerosos proyectos durante los últimos veinticinco años.

Mi afición a la música clásica comenzó con vinilos y casetes y se centró desde un principio en el barroco y el clasicismo, aunque la ópera me ha llevado a otras épocas y movimientos.

He participado en diversos cursos y seminarios sobre historia de la música en España, Francia y Alemania y colaboro en diversos medios digitales, en los que escribo principalmente sobre temas históricos y musicales.

En la actualidad preparo el ensayo titulado Las artes en el siglo XVIII. Música y literatura.

Desde hace un tiempo compagino mi actividad editorial con la bloguera (Crónicas del Helesponto) y con colaboraciones como las aquí se presentan.

Agregar comentario

lamejordemisvidas
II Premio "Las nueve musas" de Relato Breve
Travel with Rose
Boletín semanal

Promocionamos tu libro

promocionamos tu libro

Nuestras redes

No seas tímido, ponte en contacto. Nos encanta conocer gente interesante y hacer nuevos amigos.