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¿Virgen o Mujer Verde?

Walter Benjamin, expresó, La misión del traductor es rescatar ese lenguaje puro confinado en el idioma extranjero para el idioma propio, y liberar el lenguaje preso en la obra al nacer la adaptación.

Inicio con esta frase para reflexionar brevemente en el vocablo Almá , voz basada en un versículo de Isaías, el cual se malinterpretó en el momento en el que la traducción se hizo a conveniencia y no en base a la profundidad etimológica.

Es importante tener en cuenta que traducir además de ser un trabajo arduo lleva en su propio trabajo la carencia de la profundidad del idioma que traduce, ninguna lengua es fácil de traducir principalmente porque quien lo hace debe de conocer el idioma a la perfección, la historia, cultura del autor y del país en el cual surge el lenguaje.   Cada época, siglo, milenio pierde y se enriquece de otras palabras y estás influyen claramente en la forma en la que se debe traducir, lo cual no sólo es interpretar sino hacer propio el lenguaje.

Existen lenguas con mayor complejidad particularmente porque guardan no sólo una historia en relación con otras civilizaciones sino porque su significado abarca diversos universos, esta complejidad la tienen las lenguas semíticas como el hebreo, arameo y árabe.   El hebreo tiene tres significados esenciales: letra, concepto y el número – lectura llamada gematría-, otorgando al significado de lo leído  diversas posturas e interpretaciones. Traducir del hebreo a un idioma moderno o indoeuropeo tiene una mayor complejidad, por una parte existen ideas, conceptos intraducibles  y sólo entendibles por la cultura, y/o palabras que no existen o no existieron, por ejemplo, la voz “muchos, demasiados”, en la época del Israel antiguo no existía, por ello se escribe a través de los números, de ahí que Matusalén viviese 900 años, Noaj 120, además del significado y profundidad de la simbología de los números, los cuales ofrecen otros mensajes.

Al estudiar el Judaísmo y el hebreo se percibe que las traducciones de los Evangelios y Cartas sobre Jesús en referencia al Antiguo Testamento, son incorrectas al no tomar en cuenta la cultura y el tiempo en el cual surgieron, es decir, no son tomadas desde su origen y significado sino para fundamentar intereses. Rav Shraga Simmons, remarca un claro ejemplo basado en el salmo 22, 17, el Salmo dice, como un león ellos están en mis manos y pies, donde la voz Ke-Ari, león gramaticalmente es parecido a clavado, así este Salmo se utiliza para hablar de la crucifixión cuando en realidad no tiene ese sentido. La traducción al griego en muchos casos ha utilizado la palabra no en su significado sino en cuanto al valor que quiere dar a entender al lector, el griego no se arameizó o hebraízo sino se tradujo desde la cultura griega y no desde la cultura semita, aplastando, por decirlo así, la profundidad de las palabras y en otras, la propia sencillez.

Antes de entrar al  vocablo Almá el cual se ha mal interpretado, dañando y causando mucha confusión en la historia del ser humano, es importante comprender que Jesús, María,  José, eran judíos, por lo cual llevaban en sí mismos toda una cultura, respeto a las enseñanzas, tradiciones de su pueblo y  de la Torah.  

Para el pueblo judío es fundamental la procreación, en ella Dios se manifiesta, se revela y sobre todo cumple con la promesa hecha a Abraham Wehirbeyri et-zar´aja kejojevey hasahmayim wnatati lezar´aja et hol-ha´aratsot ha´El wehitbaraju wezarája kol goyey ha´arets, es decir, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos, y daré a tu descendencia todas estas tierras, y serán benditas por tu descendencia todas las naciones de la tierra. [1] Aunado a esto, el Judaísmo no rechaza la materia ni el encuentro físico, para este pueblo la relación con el mundo físico es fundamental para contemplar y comprender a D/os, además la sexualidad es sagrada porque en el semen del hombre se perpetua el Pacto.

Por otra parte, el pueblo judío rechazó las creencias de las antiguas civilizaciones donde los dioses veían en el hombre y la mujer a seres creados para diversión y satisfacción, como Zeus, dios semental enamoradizo quien penetraba en las mujeres sin tocarlas provocando la procreación de infinidad de semidioses. A estos dioses sumerios, mesopotámicos se les consagraban vírgenes sagradas, mujeres a las cuales se les tenía prohibido relacionarse con hombres porque sus cuerpos e himen estaban destinados a la satisfacción de las deidades, estas vírgenes tenían su valor en el himen, en un punto físico al que sólo tenían acceso los dioses.  Esta es la concepción del significado de Virgen en el mundo griego.

A diferencia de este significado tan radical, en el hebreo se encuentra la voz Almá mencionada en el libro de Isaías, siendo su traducción más cercana Mujer verde, es decir, la niña que espera su menstruación, comprendiéndose como doncella.

El problema comienza cuando esta voz Almá se traduce Virgen,  dándole  un sentido griego y no el de su cultura de origen provocando un rompimiento con el significado original, creando un mundo de sumisión, de rechazo hacia el propio cuerpo y la sexualidad. La traducción del vocablo Almá fundamentándose únicamente en los conceptos griegos secuestran el significado y lo envuelven en un status de conveniencia donde toda mujer para estar cerca de Dios debe rechazarse a sí misma, su sexualidad y por ende el encuentro armónico con su pareja. Entonces el hombre y la familia se dedican a custodiar el Himen de la mujer sin importar si pisotean su dignidad tomando de pretexto lo escrito en los Libros Sagrados los cuales no tiene escrito fundamentalismos surgidos de la moral y ansia de poder del hombre quien los reinterpreta y da a conocer a su manera y no desde su espiritualidad y esencia.

¿Virgen o Mujer Verde?

La imagen de la virgen María, madre de Jesús tiene una gran profundidad, en ella, en su manera de expresarse y decidir denuncia el valor de la mujer, siendo un punto fundamental el Magnificat, en el cual encontramos valores dignificantes y de opinión en un mundo donde la mujer no podía decidir, la imagen de María la madre de Jesús tiene elementos humanos muy importantes los cuales se olvidan o se encierran para darle sólo un valor físico, siendo mostrada como ejemplo de pureza y virtud extrema solamente en cuestiones físicas, provocando interpretaciones falsas que han llevado al martirio a muchas mujeres y que aún hoy siguen dañando el crecimiento sexual y espiritual del ser humano.

María, la madre de Jesús era una mujer judía, era Almá por ello fue desposada un año antes del matrimonio porque era el tiempo en el cual se esperaba la menstruación, para una mujer judía estar embarazada es una bendición, una manera que D/os tiene de revelarse y acercarse a su pueblo. María y José se unen, el Espíritu Santo, el Amor, se posa en ella, así Jesús nace de una relación de Amor, raro en un pueblo donde se casaban entre miembros de las tribus.  

Jesús nació de una mujer bondadosa, fiel a su tradición judía y Almá.  En el Evangelio de Lucas lo importante es  que D/os a diferencia de los otros dioses consulta a la mujer, restituyéndole su dignidad, su opinión, donde la mujer guarda todo en su corazón, no en el significado occidental donde es un signo de sentimentalismos, sino desde el sentido semita donde el corazón ejerce el lugar del cerebro. Es en el corazón donde la persona razona y donde este órgano se vuelve la simiente de la unión de la razón con lo espiritual.   Pensar que Jesús nació de una virgen en sentido griego lo convierte en un semidiós, y a Yahvé en un dios paralelo a Zeus quien no valora al ser humano. Dios se encarna y se hace Hombre, en este acto, desde la lectura bíblica comprendemos la enseñanza, la valoración de la humanidad, de la sexualidad, donde el ser humano recupera su sentido sagrado como Templo de D/os, el cuerpo es la construcción donde D/os habita, donde se encarna.

Jesús no rechazó el judaísmo, ni pidió que se le adorase, María no se mostró como una mujer sumisa, ni los Evangelios deben de tomarse como biografías sino como enseñanzas de diversos maestros  creados para hablar a diferentes personas, judíos, judíos conversos y paganos. Jesús no creó el Cristianismo, el cual fue desarrollado por san Pablo. Jesús fue un judío de la escuela de Hillel quien manifestó la importancia de vivir ese Evangelio es decir, la Buena noticia de actuar con Amor y escuchar con Misericordia, así, la frase vayan y promulguen el Evangelio no significa toma este libro,  sino ama y no juzgues al otro antes de ponerte en sus zapatos.

Esta mala interpretación al olvidar el valor histórico de una voz y no resaltar su profundidad original trastoca principalmente el mensaje y se olvida de lo importante dando su valor sólo a través de cuestiones mágicas, milagrosas y sobrenaturales. Tener conocimiento de esto para un creyente amante de D/os acrecienta su fe y sobre todo engrandece su amor propio al consagrar sus lenguajes.

La profundidad que lleva en si misma la voz Almá entretejida con la profundidad del mensaje que lleva María en sí misma conduce a la persona a comprender el sentido místico de las enseñanzas de Jesús, las cuales están  muy lejanas de ser doctrina y religión, esto tiene su analogía en aquellas palabras de Maimónides en Pilares de la Torá VIII. Los judíos no creyeron en Moshé, nuestro maestro, por los milagros que realizó. Cuando la creencia de una persona está basada en ver milagros, tiene dudas persistentes, porque es posible que los milagros fueran hechos a través de la magia o la brujería. Todos los milagros realizados por Moshé en el desierto ocurrieron porque fueron necesarios, y no como prueba de su profecía. El judaísmo no está basado en “milagros”. Es la experiencia personal de cada hombre, mujer y niño, es desde esta esencia y significado que se deben entender los vocablos bíblicos y no desde interpretaciones grecolatina.


[1] Cf. Sefer Bereshit, 26, 4.


Los niños, fragmentos de Dios

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León… Silencio

Hermeneuta en libros Sagrados (Vedas, Talmud, Tanaj, Biblia y Corán).
Actualmente cursa la maestría en Estudios Hebraicos en la Universidad Hebraica.
Maestra en Ciencias Bíblicas y lenguas antiguas. Licenciada en Ciencias Religiosas, por la Universidad Pontificia de México.

Tiene 26 libros publicados (poesía, cuento, ensayo, literatura infantil), 12 de Teología, Ciencia y Arte para niños. Ha publicado en México, España, Estados Unidos e Italia y ha sido traducida al inglés, italiano y francés.

Conferencista a nivel nacional e internacional.

Actualmente escribe en el área de Religión de la revista española Las nueve musas.

Catedrática de Teología y Lenguas antiguas en la Universidad Intercontinental y Coordinadora de AIEMPR México.

Creadora de “la Teología del Silencio y de la Carne”.

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