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Variaciones sobre el infierno. La afasia y el caballo de Nietzsche

Hortus Deliciarum
Miniatura del siglo XII extraída del Hortus Deliciarum

La sospecha de estar en la mitad del incendio de las palabras, amándolas, estrangulándolas, alojándolas en la boca  para poder luchar contra Dios, para poder alojarse en ese lugar abandonado por Dios que es el lenguaje, que es esta pesada carga de dulces y sales que se mezclan en un solo fruto maduro. la sospecha de estar diciendo un alfabeto fragmentado en esquirlas como pequeños gritos invisibles.

 

El “yo que afirma” es el mismo que aún no sabe diferenciar el lenguaje de la vida del lenguaje del Cine del lenguaje de la muerte del lenguaje  de Dios, el yo que afirma sobre la existencia de Dios, Santo Tomás y las pruebas sobre la existencia de Dios, San Agustín hablando sobre la fisiología del tiempo

 

Bataille a través de uno de sus personajes decía que  la palabra Culo Era la palabra más hermosa del sexo. El lenguaje es erótico por si mismo, en si mismo, pero no es el erotismo blanco de la pureza romántica del pudor, es  un erotismo negro de la desvergüenza, de la desesperación de los cuerpos que se desean a la distancia de dos gritos, de dos sexos que se atraen como campos magnético disputándose el imperio del deseo.

 

La palabra Bataille- BlanchotKlossowski la circularidad de la locura, la locura del habla encerrada en si misma, el grito denso de lo blanco, de la nada blanca, el mutismo la afasia, la rabia la imposibilidad de terminar con el lenguaje de una vez por todas, el Deseo, la muerte y el sexo, la escritura del desastre, la des-obra, lo neutro,-el circulo vicioso, Nietzsche, el deseo que ve más allá de la metafísica de lo visto.

 

El lenguaje como medio de comunicación tiene que ser puesto en duda, duda metódica, radical, brutal, Artaud gritando en la mitad de un desierto, escribiendo gritos en un asilo, muriéndose de cáncer en el recto a la hora del desayuno,1948.

 

A la afirmación de Nietzsche “el desierto crece” y  Blanchot “el abismo crece” yo afirmo: el infierno crece, y más aún, el vacío, más allá de la palabra “vacío”, el vacío, el vacío crece.

 

Y si el “infierno son los otros”  y si “yo soy otro” no hay escapatoria posible, no hay escapatoria posible ni dentro ni fuera del pensamiento, porque lo que ponemos, o pongo en juego, es todo ese territorio baldío que es la realidad vista, mentada, pronunciada, suplicante.

 

 Y la parte del infierno que nos corresponde?, toda salida en falso es la ventaja que nos otorgamos a nosotros mismos por  aceptar sin remedio la realidad parpadeante, el parpadeo de lo real es horrible, insoportable, un intento ¡por Dios bendito! de soportar el terror, simplemente soportarlo, porque todo terror es territorio y viceversa.

 

El territorio es potencialmente infierno, todo territorio como un lugar para el infierno, estar en el lugar en el sitio del infierno, el mundo cuando es posible habitarlo lo es con la particularidad de estar en el borde exacto en el que se podrá franquear el límite de lo posible, entonces el infierno está a cada paso, dado en cualquier dirección.

 

El infierno es advertencia, la amenaza de toda metáfora, el lenguaje es la casa del  ser en el infierno, el habla la escritura del habla, la escritura del infierno

 

La distancia que hay entre uno y otro, entre la palabra infierno y el infierno de la palabra, la carencia de un lenguaje que es imposible escuchar, decir, comunicar, el infierno es la imposibilidad del habla de ese lenguaje que es lo real hecho de realidad, producto del lenguaje, de ese lenguaje

 

El Hortus deliciarum (1167)  nadie habla, hablar es imposible, para ello se está, es la suficiencia de lo absoluto o Dios o los límites de Dios que no es extensión e intensión, y aun no sabemos a ciencia cierta si el verbo se hizo carne: pero el infierno lo traemos en la lengua.

 

Demiurgo en GnosticismoVisiones como un ardor en el alma, Hildegard Von Bingen, los Cataros, Demiurgo, Bach; así como Dios le debe mucho a Bach (Cioran), así mismo el infierno y todo lo que de allí podemos nombrar, las Variaciones Goldberg BWV 988, en la posibilidad de morir y no poder decirlo mientras ocurre, la imposibilidad de decir, allí, en ese instante, que falta la palabra, lo último como rebasamiento ilimitado. Nuestro infierno como casa del ser.

 

Por lo que el infierno puede y no puede servir de metáfora, alegoría, según la distancia que media entre el lenguaje y todos las huellas que deja en el discurso sobre lo prohibido como el deseo, el ardor, la imposibilidad de mantenerse en los límites de lo prohibido a sabiendas que el placer  del deseo es esa distancia.

 

No se puede  hacer de la advertencia del deseo más que habla  de la espera de lo que es ciego devenir desesperante, si pudiéramos anticipar el deseo en su objeto inmediato, es decir en el habla del deseo, ya no sería deseo sino hambre sin boca sin habitáculo sin cuerpo, en otras palabras: es imposible hablar del deseo con deseo

 

Hay entonces un deseo en el infierno, en las palabras que lo nombra, la desnudez de esa palabra que no se puede desenvolver en otra palabra que lo adelgace, lo haga más cálido en su estar en las postrimerías del cuerpo de la boca que lo nombra todo, al final esta ese lugar deshabitado esperándome solo a mi, nada más que a mí.

 

Habrá que intentar  una ontología del infierno o un infierno ontológico que sería lo que del lenguaje nos queda después de las crisis cotidianas de afasia, la angustia por no poder nombrar lo que está pero no se puede,  ese lenguaje con el que decimos las palabras del habla.

Luego entonces, el lenguaje es el lugar de las palabras que se hablan, se cortan unas a otras, para descifrar lo que de realidad concreta no hay en las cosas de afuera, las palabras como el lugar donde se cocinan las cosas de allá afuera acá adentro, acá nos estamos jugando al hombre y su relación con el lenguaje de las cosas hechas palabras del detritus de la vigilia que no-s habla

 

Por ello es imposible el infierno sin las palabras, sin palabras; por ello son imposibles las palabras, el lenguaje, la lengua, esta lengua sin el infierno, este vacío sin el cual sería imposible hablar: lo  posible es siempre ese infierno, Hades.

 

Miedo, temor del temblor de las palabras al golpear la frágil sustancia de que están hechas las cosas, ese nudo de alambres de púas que encierra lo dicho en la palabra “cosa”.

 

Entonces, es tiempo y la duración de lo que ocurre allí adentro, pero ese abismo aparentemente ocurre fuera del límite cartesiano del espacio, es decir de la razón como espacio del “ser”, mas este ser se encuentra “entre” es la sospecha por el afuera y el adentro, esto lo digo con la sospecha de no saber cuál es el lugar de quien habla aquí

Entonces salir nunca es absolutamente cierto, afuera es o adentro ha sido

Se piensa con el miedo de no saber si es hacia dentro o hacia afuera que viene lo que acontece con el tiempo o es uno o no es nadie, el solipsismo del mudo ante el grito del desesperado de dentro.

 

Ahora bien, si suponemos que nombrar es conjugar  el verbo ser bajo la sombra de lo que aún no es posible  advertir que allá afuera existe como acá adentro, y luego el desespero el afán por abandonar la tarea diaria de cosificar el habla en algo que viene de ninguna parte; el cuerpo tiende a no saber para que esta hecho ni para donde es posible no ir, allí adentro sucede el ardor, el estigma que nombra lo que solamente es  Dios agonizando.

 

Si la verdad es decir la verdad, decir verdad, y es la angustia de esa verosimilitud como  afirmación del temor al decirla  la que hace que la primera afirmación sea un no-lugar  donde lo que se dice arde como  un incendio en el infierno, y la lengua, después, la lógica allí se sostiene sobre pies de recién nacido.

 

Si deseo en el poema, el deseo o la falta, la carencia, lo no, me soy extensión, la tensión de esa extensión de mí que no quiere salir  pero  para no salir tiene que primero salir, huir del afán del adentro.

 

No se trata de seguir diciendo  la traducción de lo que es posible decir, o lo que ya es  imposible, la afasia es no saber qué hacer con el lenguaje cuando apenas viene subiendo por la médula, no se trata de la lógica advirtiendo la última batalla contra la nada, sino todo lo contrario.

 

La sola soledad de la escritura en las manos de quien aún no es correspondido ni por el silencio ni por el grito, ni por lo dicho ni por Dios ni por la lengua que tiene en la boca y que no puede morderse  y  que no puede arrancarse de tajo, escribe luego, más tarde, más acá, ayer, nunca.

 

Pero sucede que decir infierno no es lo mismo, siempre no es lo mismo, pero el infierno in situ siempre es uno, pero nunca es el mal, ni su representación simbólica significado-significante, ni su símbolo ni su signo, no hay una analogon entre este y aquel; el mal es teológico como la pornografía, esta correspondencia es singular pero aquí si se puede hablar de comunión, aquí si, allá no; el verbo al hacerse carne se hizo también el infierno de la carne, el habla desesperada cual cerdo gimiendo después del garrotazo, el eco es lo que nosotros llamamos… lo que escuchamos.

 

El insoportable ardor en la lengua cuando son las palabras las que al intentar el mundo de las cosas, por ello la boca simula un exterior de abismos hacia adentro, por allí trata de pasar, e cruzar lo real, sin lograr siquiera lograrlo se queda en las comisuras afiladas de los labios, allí el poema, allí lo que no se puede, lo que no se pudo.

 

La utilización de la palabra dentro del poema, esos mismos huesos agrietados, son la certeza ya olvida de que teníamos que decir a algo a un alguien que no  nunca existió  ni habrá existido como escucha. El habla no es escucha, ni la escucha es necesidad de habla, de alguien que tiene que hablar, mal-decir.

 

Y todo el abismo del nacimiento es absolutamente la abertura hacia  el radical afuera que no es más que la huida de-hacia el infierno del adentro: cualquier de los dos entrecruzamientos son imposibles, la vida hace del infierno la imposibilidad  de  cualquier equilibrio posible

 

Acá abajo solo es posible un más abajo insoportable, ninguna otra alternativa es posible, porque arriba es otra forma de descender así corrijamos en subir hacia allá, es otra manera  de acercarse a lo que de arriba tenemos de más bajo, mientras subes es que subes en el abismo que viene de arriba, luego entonces todo cielo es imposible.

 

Todo allí, es decir aquí, desde donde intento, desde donde lo intento, todo, es infinitesimal, imposible el movimiento, imposible el ser, no se trata de hablar de olvido o de superar la inmanencia en la trascendencia y viceversa, aquí abajo todos nos estamos desvaneciendo ad infinitum sin mas.

 

La  vida ha consistido en la  pasar desapercibidos ante los ángeles crucificados, y cuando insisto en la carne que me habita la extensión que soy  se trata de esa lógica concreta  que se adhiere  al alma como Dios en los huesos

 

Alguien nos dijo que nos estábamos convirtiendo en lo que habíamos sido antes de haber nacido, en ese pedazo de  locura blanca ante la cual no teníamos más remedio que  alegar un poco de amor un poco  de abandono para poder quererse uno a solas con la luz apagada a escondidas de Dios que alguien nos dijo que mañana los días estarán esperando  que la muerte no venga sin antes habernos convertido en la conversación silencio entre él que huye y yo que me oculto con miedo.

Diego Fernando Gallo Casas

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