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Shamaim (Cielo), Adama (Tierra),Tofet (Inframundo)

El Cielo, el Infierno y el Mundo entero, están en nosotros

Henri-Frédéric Amiel

 

Conforme pasan los días, la cotidianidad extirpa la contemplación de la naturaleza, todo parece normal, ordinario, parece que todo se repite sin un sentido claro de la enseñanza o el sentido real de lo que realmente se necesita saber.

Conforme pasan los días, la vida pasa de ser algo sorprendente y extraordinario a ser algo agotador, cotidiano, que sólo toma sentido a través del poder, de la riqueza, moda, etc., pero que deja a un lado lo más valioso.

Conforme pasan los días la existencia a pesar de su falta de conocimiento de sí misma se aferra al tiempo, a la piel, a la juventud, muestra miedo a la vejez  y  al mismo tiempo desea  vivir muchos años,  hace todo lo posible por alejar de su físico el paso de este, como si pudiese engañar a la biología.

Conforme pasan los días, el hombre y la mujer se acercan a la muerte, a ese lugar idílico que resguarda un gran misterio pero a la vez un gran miedo, y a pesar de todo dentro de este gran curso de las horas la muerte está con nosotros más no convive.

La Muerte es parte de nuestro ser, es uno de los grandes lenguajes, es un instinto, una voz, el fundamento del  misterio, separarla de la vida  ha llevado a personalizarla, a crear bellas obras artísticas como la Catrina de Posadas,  a creer en espíritus, fantasmas y posesiones, creer que la muerte se presenta para llevarse a una persona muestra la falta de conocimiento espiritual que se tiene de uno mismo.

Un principio básico es todo lo que comienza lleva en sí mismo un final.  El nacimiento lleva  la muerte, y se hace presente una y otra vez a lo largo de la vida, de manera cercana, lejana, pero siempre entretejida en el lenguaje de todos los seres humanos y muestra la importancia de convivir con ella de manera especial y dialogada.

El Ser humano tiene muchos lenguajes: corporal, espiritual, emocional, sensorial, sexual, instintivo, visual, y el de la muerte, pero este se omite, se opaca porque se le tiene miedo y se deja de escuchar cuando todos estos lenguajes tienen que convertirse en uno mismo. El ser humano no puede desarrollarse sin ninguno de ellos, todos son para él y él se encuentra en sí mismo para todos, negar alguno lo vuelve incompleto, por ello, siempre existe algo que le hace sentirse incompleto y no se satisface con nada.

Este misterio y lenguaje oculto que es la muerte, ha provocado que el ser humano a lo largo del tiempo desarrolle diversas creencias, dioses, para otorgarse a sí mismo una explicación de aquello inexplicable entre ello lo que le duele y  provoca dolor.

Las religiones, las mitologías, los Libros Sagrados fueron creados para dar paz al ser humano, para que crea en la existencia de un lugar donde llegará y continuará haciendo las mismas cosas que en vida, por ello, las antiguas civilizaciones como la egipcia enterraban a sus faraones con sus riquezas y esclavos así en la otra vida seguiría teniendo poder y exento de carencias. 

Los creyentes creen en lugares alternos donde las almas van, se dispersan, y dividen el mundo en Tierra, Inframundo y Cielo,  los personifican y/o los hacen lugares parecidos a la tierra, pero en ellos el dolor y la mortalidad desaparecen.  Esta concepción conforme el curso de las épocas edificó lugares terribles donde las almas van si comenten actos impuros y lugares fabulosos donde se dirigen los justos, y en medio de este discurso se habla se un Dios amoroso. Entonces ¿Puede un Dios padre amoroso crear un lugar para castigar a algunos y premiar a otros creando una discordia espiritual?

Esto que se ha mencionado a primer lectura parece absurdo y de cierta manera lo es. Para la esencia de los Libros Sagrados, Dios padre, llamado Eye Asher Eye, es decir, Seré el que Seré, en el Judaísmo, Abba en el Cristianismo, Allah, Brahma, entre una gran diversidad de nombres es un Dios que habita en todo, siendo su morada más importante el ser humano, es decir,  la eternidad de Dios, de su sabiduría es tan grande y eterna que se expande, se contrae para ser y pertenecer en todo lo existente, en la Humanidad, en la naturaleza y en todo lo que percibimos y dejamos de percibir pero que existe.

Esta trinidad Cielo, Tierra, Inframundo no son lugares físicos sino estancias espirituales que el ser humano vive en su cotidianidad y que desarrolla conforme al conocimiento de sus lenguajes.  Las religiones y la ciencia convergen en que el ser humano es un microcosmos del macrocosmos, es decir,  así como Dios se contrajo para expandirse en todo, el ser humano se contrae para reconocerse en sus pensamientos, emociones, instintos, sexualidad, espiritualidad, etc., y esto lo lleva a ser parte de todo lo que sucede en la Creación quien no sólo es madre de lo que se ve sino de aquello  oculto a la visión del ser humano y lo cual se irá mostrando a lo largo del tiempo.

La tierra tiene las mismas características que el cuerpo humano, las diferencias físicas son abstractas, pero el cuerpo y la naturaleza tienen las mismas reacciones,  nacen, crecen, se desarrollan, mueren, y entretejidas en estos procesos se encuentran características como la respiración, la piel, lo sensorial, la reproducción sexual. Los animales,  vegetales,  todo lo que se encuentra en la tierra y se deja ver tiene una conexión clara en la forma en la cual el Hombre se reproduce y muestra al mundo.  La luna afecta la fertilidad, el carácter; las mareas alteran el sentido reproductor; las estrellas como señala la Kabbalah son la presencia del pasado.  Todo esto está presente día a día para dar respuestas y contestar las preguntas que el ser humano lleva en su interior. Los grandes sabios explican, no existe algo que no sea respondido por Dios a través de la naturaleza, el problema central es que se ha dejado de contemplar. La infinitud de Dios y su omnipresencia se hace presente en lo más pequeño,  siendo esta una manera de enseñar al Hombre a percibir en lo más pequeño lo más grande, por ello, grandes maestros como Jesús dicen una y otra vez Quien tenga oídos que escuche y quien tenga ojos que vea, porque las respuestas no se darán en milagros estruendosos sino en lo más sencillo y hermoso como puede ser la caída de una hoja al caer a entre los pies.

Por otra parte está el Inframundo, ese lugar  representado como un lugar tenebroso  y llamado y/o proyectado como infierno. El Inframundo es la representación del interior del ser humano, de lo secreto, de lo que no entiende en si mismo, de sus miedos, desconfianza, dolor, tristeza, de todo lo inexplicable que nos sumerge en un pozo sin fin, en un abismo sin respuesta que no encuentra la luz y que confunde el camino. El inframundo es un lugar estático porque el ser humano no encuentra la salida al tener  miedo a enfrentar cada paso porque duda y se paraliza ante la grandeza de sí mismo y porque en muchas ocasiones es más fácil ocultarse en la pasividad del olvido  que en la responsabilidad de cada paso, por ello, en este lugar nace el Leteo, esas aguas  productoras de olvido.  Es más fácil desertar que enfrentar y continuar, en contraparte, este lugar puede ser un espacio agradable si así lo desea el ser humano, una estancia de paso que acrecienta la sabiduría, un lugar para reflexionar, meditar, y crecer para resurgir de nuevo como lo hace toda semilla  la cual necesita la oscuridad de la tierra para crecer y fortalecerse, sólo quien sabe vivir en la oscuridad podrá recibir la maravilla de la tierra y ver de frente al sol.

El Cielo, es el otro fundamento de esta triada, el Cielo es la totalidad del ser humano consigo mismo, es el espacio interior donde la persona se ha encontrado a sí misma, se ha escuchado, ha reconocido sus errores. El cielo es el complemento del Inframundo y de la Tierra, sólo quien ha entendido la belleza de la oscuridad, escuchado el respirar de la tierra podrá contemplarlo y absorber su sabiduría. El Cielo, es el símbolo de la infinitud, de lo inexplicable, de lo que puede ser leído cuando ya se tiene un conocimiento propio. El cielo describe el pasado, el presente y el futuro del ser humano, es un espejo no sólo de la Naturaleza sino del propio Inframundo, en él  la Tierra se devela y el Inframundo encuentra su paz, por esta razón se ha equiparado con el espacio donde van las almas de los justos y donde habita Dios, pero Dios no puede habitar en un único lugar y exclusivamente en donde se encuentra la tranquilidad. El Dios de las grandes religiones está presente en la historia del ser humano, es su tiempo, en su momento de vida en su Inframundo, en su sufrimiento, en su dolor, no es un Dios alejado del ser humano quien sólo disfruta de la pasividad y de la paz, el Dios creador de los Libros Sagrados está presente en todo lo que es el ser humano.

Tofet

El Dios de las grandes religiones es un Dios de vida y muerte porque ambas son una sola, la Muerte es la continuidad de la Vida, no existe una pérdida, no significa carencia, así como el bebé deja cierto cuerpo para ser un niño y este va dejando y cambiando hasta llegar a la vejez, de igual manera el cuerpo cambia para vivir este proceso y lenguaje.  

La muerte no es consecuencia de ningún pecado,  es un proceso de sabiduría donde el ser humano se expande. 

Aquí las grandes religiones encuentran un sentido importante con la ciencia, la energía no se destruye sólo se transforma, entonces el ser humano debe aceptar a la muerte como ese proceso donde se transformará y expandirá en el universo acrecentando la sabiduría del universo.

Los grandes sabios explican,  el ser humano es tan infinito como él mismo quiera comprenderse y tan finito como como él mismo necesite aliviarse. La finitud del ser humano la define él mismo, él se comporta de la manera en la cual anhela pertenecer al mundo, es decir, puede crear una existencia para el olvido, una existencia para el recuerdo, o una existencia para ser consagrada entre todos los tiempos.

El ser humano pasa por la Tierra, el Inframundo y el Cielo todos los días, está en él la manera en la cual pasa por él,  en sus acciones y actitudes, al lugar al que quiere pertenecer en la vida de las otras personas.

Cada unos de estos lugares considerados estados del alma son la expansión de lo que somos, ocultamos y deseamos ser. En este acto el nombre de Dios  Eye Asher Eye se hace presente y se hace de cierta manera comprensible, se entiende que Dios está en todo momento, lugar, que no tiene un rostro determinado porque es todo, en ello se encuentra el sentido de la sabiduría y del proverbio anónimo, la sabiduría comienza donde termina el conocimiento, porque la sabiduría es experiencia y contemplación, es Vida y Muerte donde el tiempo no es un reloj, porque todo es  dualidad en proceso de ser unidad al hacerse presente  al dialogar  los lenguajes y escucharse  siempre acompañados del Silencio de Dios, en contraparte del conocimiento que es la repetición de  dicho,  de aquello que se memoriza sin contemplación.

Los grandes Libros Sagrados mencionan continuamente el Cielo, la Tierra y el Inframundo, y cuando se mencionan siempre están juntos, escasamente se mencionan separados, esto nos enseña que el ser humano no puede separarse de lo que es, no puede negar lo que lleva en sí mismo, no puede dejar de escucharlo y pronunciarlo.

El ser humano es una dualidad infinita fundamentada en la Vida-Muerte la cual tiene que pasar por otros lenguajes y espacios interiores para poder expandirse y hacerse parte de esa energía infinita llamada por las grandes religiones Dios.

Shamaim (Cielo), Adama (Tierra),Tofet (Inframundo)
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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León… Silencio

Hermeneuta en libros Sagrados (Vedas, Talmud, Tanaj, Biblia y Corán).
Actualmente cursa la maestría en Estudios Hebraicos en la Universidad Hebraica.
Maestra en Ciencias Bíblicas y lenguas antiguas. Licenciada en Ciencias Religiosas, por la Universidad Pontificia de México.

Tiene 26 libros publicados (poesía, cuento, ensayo, literatura infantil), 12 de Teología, Ciencia y Arte para niños. Ha publicado en México, España, Estados Unidos e Italia y ha sido traducida al inglés, italiano y francés.

Conferencista a nivel nacional e internacional.

Actualmente escribe en el área de Religión de la revista española Las nueve musas.

Catedrática de Teología y Lenguas antiguas en la Universidad Intercontinental y Coordinadora de AIEMPR México.

Creadora de “la Teología del Silencio y de la Carne”.

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