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Savia española en la población de Fez

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Tras la muerte de más de 2.000 personas —trescientas de ellas, crucificadas— y el destierro de los supervivientes del motín del arrabal de Sequnda en Córdoba (818 d.C.) por el emir al-Haqem I, la población de la capital mermó en un cuarto del total de sus habitantes.

La ausencia de aquellas 22.000 mil familias (en torno a 130.000 personas) iba a suponer gran pérdida de riqueza para la ciudad.

Curtidores en FezCuando el arrabal había sido ya evacuado, iniciaron los obreros su demolición, y todo aquel que fue encontrado escondido, en flagrante desobediencia de las disposiciones del soberano, murió crucificado. Luego, el arrabal de Sequnda fue explanado, roturado y sembrado, cumpliéndose así el decreto del emir.

Entretanto, la fama, que vuela más rauda cuanto más infaustos son los sucesos que divulga, había esparcido ya por todo al-Ándalus tan aciagas noticias. El emir trataba de hallar la forma de justificar ante el pueblo su despiadado proceder con los insumisos cordobeses. A tal fin, se redactó un Parte de la Victoria para que se publicase en las principales ciudades y se hiciese llegar hasta los últimos confines del reino. El documento decía así:   

En el nombre de Alá, el Único, el Clemente, el que dispone de la gracia y el favor, del poder y la justicia, que, por atesorar en su santa mano la misericordia, la equidad y la potestad, tiene a bien otorgar el acierto y el poder a quien se ha hecho digno y merecedor de ello, sin que nadie tenga derecho ni autoridad para oponerse a tales designios.

Mas, en olvido de estas santas y justas razones y en pleno mes de Ramadán, en vez de entregarse a la oración y al ayuno para su santificación, juntáronse los depravados, la canalla y grey ínfima de Córdoba, esparteños[1] de corto alcance y rústicos en actitud petulante e insolente, y empuñando las armas manifestaron su rebeldía y mala condición, sin que de parte de este Emir y su gobierno mediara desmán, mala acción ni hecho censurable alguno.

Este ganado de ignorantes y groseros, que despreciaban a su soberano con descaro y calumniaban su conducta sin mostrarle el respeto debido, se arrogó una autoridad que Alá, el Alto, no le había conferido para disponer del destino de sus criaturas e invadir el ámbito de sus sentencias.

Por eso yo, su Emir, tomé las medidas militares oportunas y desplegué mis tropas contra los depravados que se confabulaban contra mí en los arrabales. Y con el auxilio de Alá, que allana lo arduo con su concurso y socorro, mis ejércitos se encargaron de escarmentar a esos esclavos que no tuvieron más opción que entregar sus miserables cabezas en castigo por la violación del juramento de lealtad y por el desacato a su Emir. Porque no fue sino Alá quien me autorizó como Emir a humillar, destruir y matar a los rebeldes, puesto que me otorgó su benevolencia y la capacidad para hacerlo.

No obstante, en agradecimiento al socorro de Alá, antorcha iluminadora, yo, al-Haqem ben Hixem, afirmo haberme abstenido de expoliar las propiedades de los insurrectos, así como de cautivar a sus mujeres e hijos y de matar a inocentes.

 Por eso bendigo y ensalzo su nombre, por eso he de mostrarle mi agradecimiento, por haberme ayudado a acabar con esa chusma envilecida, proclive a los politeístas, a los que se inclinaban en espera de su protección. Tal demasía solo merecía la muerte, que no alcanzó a mayor número de personas por el perdón y la piedad que Alá inspiró a vuestro Emir, que como a hijos propios os ama.

Os invito y aliento, walíes, nobles y pueblo, desde el más alto al más bajo, a uniros a los agradecimientos que vuestro Emir eleva a Alá, pues con su sabiduría me ha iluminado.[2]

Puente-romano ahogados Tras abandonar sus hogares, los infelices proscritos cruzaron ríos, montes y valles, cargados, inseguros, con los pies llagados. El itinerario hacia la costa estuvo sembrado de abrojos para los desdichados del arrabal de Sequnda. Ignoramos si se preguntarían dónde se hallaban en aquel momento los alfaquíes, que habían sido los máximos inductores antes del motín; ellos no sabían que ya habían recibido el perdón del emir (a excepción de dos de ellos)[3]. Algunos llegarían a preguntarse cómo se las apañaban los alfaquíes para encender siempre la mecha y nunca quemarse; cómo esos ventajistas y resentidos religiosos de este desdichado país se las han ingeniado siempre para inflamar a las masas e inducirlas a matarse, abandonándolas luego a su suerte cuando ya lograron lo que procuraban; dónde se escondían en aquellos tristes momentos aquellos instigadores hipócritas de los ojos en blanco y los golpes de pecho[4].

La mayor parte de los proscritos dirigíase hacia Algeciras, pero otros tomaron el rumbo de Pechina para embarcarse en su puerto, Almería. Como el emir los había obligado a viajar en grupos pequeños, “soldados y malhechores les salieron al atajo cuando llegaban a ciertas angosturas y malos pasos del camino” (Crónicas arábigas), y les robaban las pobres pertenencias que habían conseguido salvar; muchos murieron en defensa de sus bienes. La zozobra, el horror y la desesperación debieron de anonadarlos en las ocasiones en que se toparan con algún desdichado del arrabal colgado de un árbol. Es sabido que casos así acontecieron.

Azulejos - FezEl emir había dado instrucciones para que se facilitase pasaje incluso a quien no lo pudiera pagar, y habíanse dispuesto barcos exclusivamente para los deportados de Córdoba, con órdenes de hacer cuantos viajes fueran necesarios hasta la costa de África. Al embarcar debieron de ser testigos del callado desconsuelo de muchos, de los lamentos de otros, de la postrera rebelión de algunos que, cuando su nave íbase retirando pausadamente de la costa, determinaban saltar al mar desde la borda. 

Los deportados —hombres, mujeres y niños—, que se hacinaban en las cubiertas y en los niveles inferiores de los navíos, verían alejarse, incrédulos, la costa andalusí. Se sentirían arrancados, despojados… Unos lograrían llorar; otros verían alejarse su suelo patrio con los ojos secos, preñados de rebelión, retadores. Más de uno llegaría a envidiar a los que murieron libres en el motín, que se ahorraron vivir las calamidades y humillaciones que les aguardaban.

Finalmente, las naves atracaron en Ceuta. Pero la ciudad costera no podía absorber tan ingente multitud, y millares de andaluces, al cerrárseles sus puertas, prosiguieron hacia el sur; la mayoría se asentó a la orilla del río Martĩl y cerca de su desembocadura, junto al cabo Kehãl. Quizás en Ceuta muchos de ellos adquirieran jaimas beréberes; importaba lograr un techo, aunque fuera liviano, y dejar de dormir al raso.

Artesanía andalusíA principios de verano de 818, en el campamento de aquellos maltratados cordobeses las condiciones de vida seguramente llegaron a mejorar. No tenían mezquitas ni alfaquíes, pero a un musulmán le basta con clavar una lanza al sol para orientarse, purificarse con agua, tierra o arena, mirar hacia La Meca, extender la alfombra y prosternarse sobre ella para convertir tan pequeña superficie en su propia mezquita. Ya algunos oficios habrían logrado iniciar su producción y, sin embargo, no podían dejar de añorar su paraíso perdido ni olvidar que aquel era para ellos sólo un lugar de paso.

Entonces recibieron las primeras noticias sobre una población recién fundada no lejos de allí —Fèz— e incluso el ofrecimiento de crear en ella  asentamiento estable para parte de las familias cordobesas desterradas. Al otro lado de la cordillera del Rif, aquellas montañas que ellos veían desde su campamento, hallábase una ciudad que solo hacía diez años (808) el rey Idris I había levantado y amurallado, pero que aún estaba semidespoblada.

Los beréberes Yebala del Rif les enviaron correos para hacerles saber que se necesitaban pobladores a millares para aquella ciudad. Luego, recibieron la invitación procedente del mismo Fèz; el rey Idris pretendía dar a su nueva urbe un aire más cosmopolita, ya que hasta entonces solo habían acudido a ella beréberes de Qayrwãn, y el monarca procuraba con los cordobeses desberberizar la capital (Levi-Provençal).

Fèz se encontraba dividida en dos por el río, y uno de esos sectores era el que ya estaba habitado por gentes de Qayrwãn, pero existía en el sector opuesto, al otro lado del río, un arrabal que llamaban al-Aliya, asegurado ya y circuido de murallas, con canalizaciones de agua y servicios, pero aún sin edificar. El soberano brindaba ese arrabal a los desterrados.  

La presencia de mozárabes (cristianos andalusíes) entre ellos está documentada, porque en el arrabal de Sequnda convivían como vecinos sin demasiadas complicaciones. El historiador griego Vassilios Christides en su obra “The Conquest of Crete by the Arabs”, refiriéndose a la composición étnica y religiosa de estos desterrados, escribe: “Es probable que cristianos españoles arabizados se les unieran. Se ha verificado que las distintas ramas de musulmanes cordobeses que se establecieron en Fèz  incluían mozárabes, como también ocurrió en el grupo de Abũ Hafs. Otro indicio de la presencia de cristianos entre los seguidores de al-Ballutĩ se ha encontrado en el hadĩt publicado por J. Aguadé, así como en otros hadices”.

Calle de Xauen Los desterrados cordobeses no dejaron pasar aquella oportunidad. Eran gentes de ciudad y tratarían de reproducir en Fèz la que fuera su existencia en Córdoba. Ansiaban brindar a sus familias un hogar con techo y lumbre, la protección de altas murallas, la defensa de un ejército profesional, jardines, mezquitas, escuelas y madrasas para sus hijos, trabajo estable, calles empedradas, aguas dulces y salubres, zocos y baños públicos.

De Fèz los separaba una elevada cordillera, el Rif, erizada de escarpadas cumbres y profundos despeñaderos. Incluso, antes, tenían que  avenirse con las cabilas beréberes que hallarían al paso. Tras días de marcha, divisaron dos prominentes montañas a lo lejos. Las formaciones rocosas de sus cumbres mostraban el peculiar aspecto de dos cuernos; eran los montes Megou y Tisouka, a cuyos pies, abrazado por ambas laderas se extendía un populoso campamento: Xãuen (Chaouen) —la ciudad no sería fundada hasta el siglo XV—, que en bereber significa “los cuernos”. Allí se asentaba en verano la cabila yebala, cuyo jeque los acogió y guió hasta Fèz. Pronto supieron que la ciudad que recién despuntaba no podría acoger a más de siete u ocho mil familias.

Fèz se encuentra en una vega fértil, cruzada por un río bordeado de tejos, tamariscos, cipreses y acacias. Levi-Provençal escribe que el río se ramificaba en su interior en múltiples acequias, que iban circundando  casas, jardines, mercados, mezquitas, baños públicos y, tras mover las ruedas de los molinos, salía de la población arrastrando sus inmundicias hasta desaguar en el río Sebu, del que es afluente. 

Los cordobeses que allí se quedaran darían muchas gracias a Alá, pues su nueva ciudad hasta tenía un río, como Córdoba. Y no era un río cualquiera, según Levi-Provençal; basándose en fuentes arábigas, asegura en “La Fondation de Fèz” que sus aguas son de las más dulces y delgadas de la tierra, que pueden diluir los cálculos y eliminar la fetidez del sudor corporal a quien se lava con ella y la bebe. “Tal agua —dice— suaviza la piel, erradica los piojos y facilita la digestión”; hasta un médico famoso la recetaba en ayunas como afrodisíaco. Ese río, asimismo, gesta perlas de excelente calidad, por eso lo llaman Wadi al-Ŷawãhir, “Río de las Perlas”, y proporciona cangrejos, sargas, múrices, carpas y barbos.

La población ofrecía medios para el recreo de sus moradores, porque a cuatro millas hallábanse las deliciosas termas de Jaulãn. Aseguraban los beréberes, además, que las gentes que ya la habitaban eran acogedoras y que, desde su fundación, no cesaban de conceder asilo a quienes lo necesitaran, de modo que quien entraba en la población la adoptaba por su patria y mejoraba de situación[5]. Pero eran decenas de miles las familias cordobesas desterradas, y el arrabal de Fèz que se les destinaba solo podía albergar a siete u ocho mil.

Sistema de riego y jardineríaCuando les comunicaran esta limitación, los desterrados se sumirían en la inquietud y el desencanto. Se ignoran los criterios de selección acordados para su establecimiento en Fèz: ¿las familias con hijos pequeños, con mujeres embarazadas, con ancianos y enfermos…? Está documentado que los andalusíes lograron que no se discriminase a las familias mozárabes y, entre ellos, se establecieron tambien cierto número de cristianos cordobeses desterrados. Pero los sinventura del arrabal que no lograron acomodo experimentaron de nuevo el desgarro de la separación y la incertidumbre del vagar sin rumbo; sabemos por mis artículos anteriores que prosiguieron camino hacia Alejandría y, más tarde, hacia Creta.       

Cuando los cordobeses llegaron, Fèz no era más que un gran pueblo con modestas casas de ladrillo crudo y techadas de ramas. Presto se transformó. Con el asentamiento de los andaluces, el sector que les había sido adjudicado creció con esplendor y pasó a denominarse Madĩnat al-Andalusiyyĩn. El cronista al-Bakri afirma que la ciudad se llenó de jardines tras su llegada y que los andalusíes eran trabajadores y artesanos hábiles.

Aquellos miles de familias de proscritos del arrabal de Sequnda —más de 40.000 personas—, que poblaron buena parte de la naciente ciudad, implantaron allí no solo su experiencia de vida ciudadana, también (según Levi-Provençal) sus técnicas ancestrales de edificación, de jardinería y de artesanía, de música, poesía y artes culinarias, marcando para siempre con su impronta la fisonomía y la vida de la acogedora ciudad.


[1]“Esparteños“, se usaba despectivamente para referirse a las clases humildes, que solían usar calzado con suela de esparto, al estilo de las alpargatas.

[2] – Sacado, aunque resumido, del Parte original aparecido en “Al-Muqtabis”, obra del historiador cordobés ben Hayyãn (s. XI).

[3]“El Alfaquí Yãhya ben Yãhya al-Laythĩ, el inteligente de al-Ándalus”, de Maribel Fierro. Además de en ben Hayyãn, ben al-Qũtiyya, Levi-Provençal, Reinhart Dozy, etc.

[4]“Los Andaluces Fundadores del Emirato de Creta”, de Carmen Panadero.

[5]“La Fondation de Fèz”, de Levi-Provençal; Reinhart Dozy; “The Conquest of Crete by the Arabs”, de Vassilios Christides; Los Andaluces Fundadores del Emirato de Creta (ensayo) de Carmen Panadero  y La Estirpe del Arrabal (novela), de Carmen Panadero, etc.


 

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado

Carmen Panadero Delgado nació en Córdoba (España). Estudió Profesorado de Educación General Básica (Magisterio, Escuela Normal de Ciudad Real, 1971) y ejerció la enseñanza. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Complutense de Madrid, 1985.

Ganadora del XV Premio de novela corta "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo (2017).

Pintora con sólida experiencia, estilo personal en la línea constructivista figurativa. 24 exposiciones individuales, 25 colectivas y 3 premios conseguidos. Con obra en museos y colecciones públicas y privadas de España, Alemania, Portugal, Estados Unidos y Reino Unido. Representada con obra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

Novela histórica:
— “La Cruz y la Media Luna”. Publicada por Editorial VíaMagna (2008). 2ª edición en bolsillo bajo el título de “La Fortaleza de Alarcos” (2009). Reeditada como libro eléctronico “La Cruz y la Media Luna” por la Editorial Leer-e, Pamplona, abril, 2012, y en papel por CreateSpace (Amazon) en mayo de 2015.
— “ El Collar de Aljófar”. Editada por Leer-e (Pamplona) en soportes papel y electrónico, mayo, 2014.
—“El Halcón de Bobastro”, editada en Amazon en soportes electrónico y papel (CreateSpace) en agosto de 2015.
— “La Estirpe del Arrabal”, editada por Carena Books (Valencia) en 2015.
Ensayo:
— "Los Andaluces fundadores del Emirato de Creta" (ensayo de investigación histórica). Editado en Amazon en soporte digital en julio de 2014 y en papel (CreateSpace) en mayo de 2015.

Novelas de misterio y terror (novela fantástica):
— “La Horca y el Péndulo” (XV Premio de narrativa "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo), 1ª Edición en marzo de 2017 por Ayuntamiento de Toledo. - 2ª edición en mayo de 2017 por Impresion QR 5 Printer, S.L. (Ciudad Real).
— “Encrucijada”. Inédita.
— "Maleficio Fatal". Inédita.

Parodia de Novela Histórica:
— "Iberia Histérica" (novela corta en clave de humor). Editada en soporte digital en Amazon y en papel en CreateSpace en mayo de 2018.

Autora también de relatos históricos y Cuentos de literatura infantil.
Colabora con artículos en diversas revistas culturales. (Tanto en papel como en webs digitales): Fons Mellaria (F.O.Córdoba), Letras arte (Argentina), Arabistas por el mundo (digital), "Arte, Literatura, Arqueología e Historia" (Diputación de Córdoba), Revista Cultural Digital "Las Nueve Musas" (Oviedo).

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