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Santiago Sierra
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Santiago Sierra. El arte de la provocación

“No debemos buscar, sino encontrar, no debemos juzgar, sino observar y comprender, inspirar y elaborar lo inspirado. Tenemos que sentir nuestra propia esencia integrada y ordenada en el todo. Sólo entonces tendremos relaciones verdaderas con la naturaleza”

 Hermann Hesse. Lecturas para minutos

 

Recientemente la figura del artista madrileño Santiago Sierra (1966) ha aparecido de modo frecuente en los medios de comunicación del mundo entero con motivo de la retirada de la obra Presos políticos en la España contemporánea, que debía exponerse en ARCO, concretamente en el stand de la galería Helga de Alvear.

IFEMA, responsable del recinto ferial, fue quien comunicó a la galerista esta circunstancia, “petición a la que accedió” según el comunicado de ARCO.

Santiago SierraAhora bien, no voy a entrar en la causa concreta –aunque es obvio que se debe a circunstancias de índole política- del por qué se ha producido este hecho tan grave, ya que lo que me preocupa es que aún hoy en día se siga persiguiendo la libertad de expresión artística, como también ocurre en otros terrenos, pero la razón del artículo se basa exclusivamente en el apartado artístico.

De todos modos, antes de comentar la obra prohibida en ARCO, que se expone actualmente en el Museo de Lleida y que posteriormente viajará al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), quisiera aludir a la trayectoria de Santiago Sierra para dejar patente que desde siempre ha sido un artista interesado en mostrar “acciones de clara intencionalidad política”. Precisamente el profesor de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Albarrán, señala que el artista en estas “últimas décadas ha desarrollado un trabajo coherente y reconocible que ha contado con un considerable impacto crítico internacional, hasta el punto de afirmar que, a día de hoy, y desde finales de los noventa, se ha convertido en el artista español más aclamado fuera nuestras fronteras. En demasiados casos, no obstante, las lecturas y aproximaciones a su obra han estado condicionadas por su dimensión provocadora, y rara vez han atendido a los contextos políticos y culturales en que cada trabajo era producido”.  

Santiago SierraSantiago Sierra se formó en la Universidad Complutense de Madrid, licenciándose en Bellas Artes. Posteriormente amplió estudios en Hamburgo, en la Hochschule für Bildende Künste. Actualmente vive y trabaja en México, aunque también estuvo residiendo en Alemania durante el período 1990-1991.  En 2003 la comisaria Rosa Martínez lo eligió para representar a España en la Bienal de Venecia por “su conexión con los lenguajes internacionales más significativos”, con un proyecto sobre la historia y simbología del edificio a través de la instalación A palabra tapada, que consistía en impedir la entrada en el pabellón español a quien no llevara consigo un DNI español, lo cual era difícil y complicado teniendo en cuenta que la mayoría de los visitantes eran de otros países. Se trataba de denunciar la política de inmigración, tanto española como europea –de hecho, sigue siendo un tema de plena actualidad-, lo que ocasionó la indignación del público que acudía al recinto. Para él, “la mercancía más sofisticada es el ser humano, que vende su tiempo y su cuerpo. La lucha de clases está en todos los mundos y pasa de uno a otro”. En el   2010 se le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas, pero lo rechazó, argumentando que “El Estado no somos todos: el Estado sois vosotros y vuestros amigos. Por tanto, no contéis conmigo porqué yo soy un artista serio. Salud y libertad”. A modo anecdótico señalar que la carta en la que rehusaba el premio se vendió en ARCO por 30.000 €, que casualmente era la misma cantidad del galardón.

Santiago SierraAhora quisiera referirme a algunas de sus acciones que considero más importantes en su devenir creativo, donde predominan el arte conceptual, la performance y el minimalismo, siendo la fotografía el principal elemento transmisor de sus propuestas. Sus primeros trabajos se movían dentro del minimalismo, a base de incorporar contenedores y cubos oscuros en diversos espacios de Hamburgo y de Madrid. Más adelante, en el 2000, sus obras ya reflejan un claro contenido provocador, de gran impacto mediático, sensacionalista y radical, preocupado por el ser humano, sobre todo el inmigrante al ser el más frágil frente a una sociedad depredadora y sin escrúpulos. De ese momento son diversas intervenciones en diversos países, como Cuba (donde un grupo de diez hombres se masturba), Puerto Rico (a dos heroinómanos se les afeitan las cabezas a cambio de percibir una dosis de droga) y Finlandia, concretamente en Helsinki, en que se solicita a un indigente que permanezca cuatro horas cada día dentro de un pequeño habitáculo bajo tierra durante quince días. En 2001 realizó una intervención en un barco del puerto de Barcelona en la que logró que se amontonaran una veintena de inmigrantes en su bodega. En 2002 contrató a un grupo de inmigrantes africanos para cavar 3000 agujeros de 180x70x70 cm. Esta acción duró un mes y se llevó a cabo en la localidad gaditana de Vejer de la Frontera. Feita Jarque señala que las acciones del artista “requieren la presencia del espectador en el proceso de la realización para dejar en evidencia, con mayor crudeza, los mecanismos de dominación y sometimiento”. En 2004 coloca un cubo negro macizo de 4 metros de lado en la plaza de Las Veletas del barrio medieval de Cáceres. En una de las caras del cubo aparece el título de la obra: 586 horas de trabajo. Inscripción que puede tener diversos significados.

Santiago SierraPoco antes de participar en la Bienal de Venecia efectúa dos acciones que serán muy controvertidas, ya que tratan temas muy polémicos al despertar sensibilidades y heridas que hoy en día aún están abiertas:  En 2005 realiza en Bucarest la obra El pasillo de la casa del pueblo, donde pagó a 400 mujeres para que solicitaran limosna, colocándolas en fila en un estrecho pasillo situado en el antiguo palacio del dictador rumano Nicolae Ceausescu. Un año más tarde, instala en la ciudad alemana de Pulheim la obra 245 m3, que representa una cámara de gas simulada construida en el interior de la sinagoga Stommeln reconvertida en un centro cultural, y en la que participaron también artistas como Jannis Kounellis, Rebecca Horn, George Baselitz y Richard Serra, entre otros.  Esta instalación pretendía denunciar el holocausto nazi, pero se consiguió que la cerraran al poco tiempo de su inauguración, ya que las comunidades judías la denunciaron calificándola como una “acción de mal gusto”. Y eso que el artista trataba de “honrar la memoria de los judíos asesinados masivamente para robar sus bienes durante el pasado siglo”. En el mismo año participa en la Feria de Frankfurt con Las castigadoras, donde pone a unas voluntarias de cara a la pared durante un corto espacio de tiempo, como culpándose de la barbarie nazi. Por ello Rocío de la Villa destaca la importancia de que “sus intervenciones han adquirido profundidad historicista”.

Santiago SierraJuan Albarrán destaca que Sierra “no oculta su responsabilidad en los proyectos que acomete. Asume su papel en el diseño de la performance –con todas sus consecuencias- y deja claro cuáles son las condiciones bajo las cuales se va a realizar el trabajo artístico”. Por ello, en todos los proyectos en los que aparece un grupo de personas actuando, el artista negocia con los trabajadores, dejando claro cuáles son sus planes y el dinero u otro tipo de remuneración que percibirán por su intervención.

Después de comentar estos antecedentes artísticos, ¿alguien puede pensar aún que la obra prohibida en ARCO es más provocadora que los ejemplos anteriores? Verdaderamente creo que no. Lo único que sucedió, y de hecho fue el causante del problema, es que por las circunstancias políticas que se están viviendo actualmente en el país, cualquier tema en el que esté implicada Catalunya es motivo suficiente para que exista polémica, cuando en la obra censurada solamente aparecen algunos políticos y activistas culturales catalanes entre los veinticuatro retratos de la instalación, siendo el resto personajes de otras comunidades.

En el Museo de Lleida la obra Presos políticos en la España contemporánea, se exhibe sola en una sala adyacente al museo, lugar donde suelen celebrarse las exposiciones temporales. La instalación consta de 24 fotografías en blanco y negro con las caras de los protagonistas parcialmente pixeladas, aunque se pueden identificar de algún modo. Debajo de las obras aparece un texto explicativo del porqué están en la cárcel, pero sin dar nombres. Entre ellos, podemos adivinar a Oriol Junqueras, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, junto a otros detenidos: artistas –músicos, actores-, simpatizantes del movimiento 15-M, miembros del grupo ecologista Solidari@s, directivos del diario Egin, etc. O sea, una amalgama de presos de distintos sectores sociales, políticos y culturales. La obra la adquirió el empresario Tatxo Benet por 80.000 € y luego la cedió para que se expusiera en diversos lugares, como por ejemplo el propio Museo de Lleida. Según Benet, “Cada año compro en ARCO obra de artistas jóvenes y rompedores: la de Santiago Sierra me interpeló, obliga a pensar sobre los límites de la libertad de pensamiento y de palabra”.

Precisamente es una noticia de esta índole, como es la de prohibir una obra de arte que me produce un gran malestar, ya que la falta de libertad de expresión, y no sólo la artística, conduce a una indefensión total del ser humano. Desde siempre esta temática me ha preocupado, ya que he comprobado con el transcurso del tiempo, que la censura dentro del terreno artístico no es exclusiva de España, pues ocurre en cualquier parte del mundo. Pero lo alarmante es que suceda en países con notoria tradición democrática. Sólo recordar las exposiciones prohibidas al fotógrafo americano Robert Mapplethorpe en estas dos últimas décadas, principalmente en su propio país, ya que sus obras de marcado contenido erótico provocaban urticaria en determinados sectores de la sociedad estadounidense.

Santiago SierraEs cierto que históricamente temas como la religión, la política y el desnudo han sido siempre motivos de controversia en el mundo del arte, pero no tiene sentido que actualmente suceda. Nos podríamos hacer la siguiente pregunta: ¿Actualmente determinados dibujos que aparecían en revistas como los semanarios catalanes L’Esquella de la Torratxa (1872-1939), La Campana de Gràcia (1870-1934) o La Codorniz (1941-1978), podrían publicarse hoy en día con total normalidad?, ¿Una obra tan importante dentro del terreno pictórico como El origen de mundo de Gustave Courbet, si se expusiera ahora por primera vez, no la censurarían?. Tampoco tengo claro que la última exposición que se celebró en España de Mapplethorpe, en la Fundación Miró de Barcelona, pudiera exponerse con todas sus obras de nuevo aquí. Es inaudito que no exista libertad de expresión en nuestro país, ya que cualquier tipo de prohibición lo único que consigue es que se hable más de ella. Precisamente en ARCO se comentaba más la obra de Santiago Sierra que el resto de las piezas existentes en la Feria. Los únicos que consiguieron obtener algún beneficio de todo ello fueron el artista y la galerista. Además, esta situación le hizo un flaco favor al prestigio de una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del mundo. En su momento ya manifesté que el responsable de ARCO, Carlos Urroz y la junta directiva tendrían que haber dimitido y no haber aceptado la imposición que les hizo la dirección de IFEMA, así como la propia directora de la galería tendría que haberse marchado de la feria y no sustituir las obras.

Sin ir más lejos, el año pasado ocurrió lo mismo en una exposición colectiva en el MACBA:  en una obra aparecía presuntamente la imagen del anterior rey de España en una instalación; fue retirada antes de la inauguración, aunque al día siguiente, debido a las protestas que hubo por parte de todos los sectores culturales de la ciudad, se volvió a exponer. En medio de todo ello dimitieron los dos comisarios de la exposición y, posteriormente, el director, aunque éste lo fue por su pasividad y falta de reacción y no por haber defendido al artista y a los comisarios. Para Pilar Parcerisas con la censura “que esconde la obra o manipula algunas partes, lo que se pretende es privar de la libertad de interpretarla. No es sólo, pues, privar de libertad de expresión, si no cortar toda posibilidad de interpretación, para que no se multipliquen los posibles lectores y que no se propague el mensaje”

Ramon Casalé Soler

Ramon Casalé Soler

Ramón Casalé Soler (Barcelona. 1955)

Museólogo, historiador y crítico de arte

Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

Miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM)

Licenciado en Geografía e Historia, especialidad en Historia del Arte (Univ. Barcelona)

Máster en Museología y Patrimonio Cultural (Univ. Barcelona)

Curso de Anticuario (Barcelona)

He formado parte de la Junta Directiva, con el cargo de Tesorero, de la Asociación Catalana de Críticos de Arte (ACCA), durante el período 2001-2016

Colaborador del programa de radio “Formas y Ängulos en las cadenas Onda Cero y COPE de Barcelona durante 7 años

Excoordinador de Artes Plásticas del Museo de la Marina de Vilassar de Mar (Barcelona)

Exdirector artístico de la Galería de Arte Sant Pol Art, de Sant Pol de Mar (Barcelona)

Fui corresponsal en España de la revista italiana ARTE IN de Venecia durante 20 años

Formaba parte del Comité de Redacción de la revista digital Mur Crític (ACCA)

Actualmente soy crítico de arte de la revista BONART de Girona, de la revista digital Arqnou de Masnou (Barcelona), del periódico L’Independent de Gràcia de Barcelona y del Full Informatiu de la Societat Catalana d’Arqueologia

Asimismo, he sido crítico de las revistas Batik, Arte Omega, Marte de Barcelona, Papers d’Art de Girona, Zerovuittresquaranta y Vilassar Actiu de Vilassar de Mar (Barcelona), entre otras publicaciones, desde los años 1987 hasta la actualidad

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