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Las nueve musas
Aznar, Zaplana y Rivera
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Rivera y otros ciudadanos ejemplares

A Albert Rivera se le acumulan los aprietos.

Absolutamente cegado por las recientes encuestas (mientras otros cuentan ovejas para dormir, él, para soñar, cuenta los votantes que se van sumando a su propuesta política), ya “no ve ni a trabajadores ni a empresarios, no ve a jóvenes ni a mayores”, no ve hombres ni mujeres, no ve corruptos ni honrados, no ve tres en un burro, no ve militares o pacifistas, no ve adoradores de símbolos franquistas ni cunetas por donde muy pocos pasan, por no ver, no ve ni la que está cayendo encima.

Qué va. Sólo ve españoles, como si fuéramos una plaga (esperemos que esto no le esté provocando secuelas, y cada vez que deje el país siga viendo españoles hasta en la Laponia profunda o cada vez que visite el zoológico).  Pero, en contraposición, ahora los españoles también le vemos a él. La detención y posterior encarcelamiento de Eduardo Zaplana, rescató de la oscuridad antiguas fotografías del acusado y de Rivera, momentos entrañables y emotivos, lo que vuelve a situar una vez más al posible próximo presidente dentro de las áreas de influencia de Aznar, quien no para de loar al líder de Ciudadanos, como si de un infiltrado suyo se tratase, un cachorro sabiamente adoctrinado por el ex presidente más fotogénico de nuestra democracia, pues no sólo quedó inmortalizado en la mítica foto de las Azores, sino que ahora también suma otra en la que 17 de sus 19 ministros están juzgados, encarcelados, en proceso judicial o han pasado por los tribunales, y no de visita a las instalaciones. Seguro que logra el pleno.

Y ahora que el bueno de Rivera hacía sus cábalas celestiales, precisamente a resultas de la sentencia sobre el caso Gürtel, ha llegado el momento de que deje de ir zigzagueando en ese “modus operandi” tan suyo de decirlo todo para no decir nada (normal, él solo ve españoles, su visión de estado es muy corta, debió ser muy complicado explicarle quién jugaba con quién en la pasada final de la Eurocopa). El que por motivos ajenos a este cronista se sigue haciendo llamar Partido Socialista pone en marcha una moción de censura, una decisión que, de quedarle algo de sangre real de su ideario, ya debió hacer con la bruta reforma laboral, por ejemplo.

Curiosamente, aquí Rivera ya no ve españoles a diestro y siniestro.

Ha entrado en un campo de minas, y no parece de los que se lo juegan todo por aquello en lo que creen. Piensa que tiene todos los ases, hasta los de debajo de la manga. Hacer algo en contra de cualquiera de sus posiciones, le podría valer el calificativo de tramposo. Y no es buen momento para espantar posibles adhesiones en las urnas.

Muchos chascos se van a llevar los que piensen que esta moción de censura puede sortear los innumerables escollos que ya están alzándose en el camino. El interés general, el compromiso con los que viven o malviven aquí, puede esperar. Es la hora de sacarle brillo a los egos, de ponerse puntilloso para mostrar agudeza en las descalificaciones, de contentar a todos con frases que no signifiquen nada, abajo el sentido común, arriba la perogrullada y la fantasmada, hora de ponerse muy serios y lograr contener la risa mientras se esté hablando en público. Y mientras Sánchez y Rivera (con el ya habitual desdén a Podemos, pese a que representan legítimamente a muchos millones de votantes) fingen ser grandes estadistas capaces de solventar sus diferencias (se admite la carcajada), no se debe olvidar que también es necesario el apoyo de fuerzas políticas minoritarias, sí, como los nacionalistas, pero las cuales ya han dado prueba de que pueden tumbar unos presupuestos generales tan solo con un chasquido de sus dedos. Y así es como entre unos y otros le renovarán a Rajoy su gran privilegio: ganar tiempo.

Porque mientras él siga al frente, el festín del saqueo está asegurado.

Ya vendrán otros que los hagan peores, dirán algunos. Puede ser. Lo único que se puede asegurar es que le costará superar el nivel alcanzado.

Para ir amenizando este nuevo retraso a la hora de abordar la gravedad de la situación en la que vivimos, el ingenio de los protagonistas se desborda, y asombra la osadía de su inventiva verbal. El coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo, ha sido de los primeros en proclamar terribles vaticinios, claramente de inspiración bíblica, como por ejemplo afirmar que Pedro Sánchez “pasará a la historia de España como el Judas de la política”. Si le prestan una mitra, lo condena directamente a los infiernos. ¿Acaso insinúa que Sánchez podría ser tan rastrero como para, a cambio de treinta escaños de nada, traicionar al Mesías Punto Rajoy? ¿Habrá también un musical al respecto? En esta apasionante analogía propuesta por Maillo, ¿Rivera es María Magdalena?

Nos esperan tiempos muy difíciles para intentar descifrar estas flores de mediocridad.

Y aún peores si nos atrevemos a creer que personajes como Rivera o Sánchez, como casi todos nuestros políticos en general, son capaces de hacernos arribar a una costa amiga y sacarnos de la tormenta. Ellos están ahí para redactar sus memorias, para que, como en otro tiempo se hacía, se loen sus obras y se repartan por los colegios como muestras de vidas ejemplares. Ninguno de ellos es capaz de aportar un proyecto político que no se diluya en un montón de ideas dispersas sin otro hilo de unión que el desprecio hacia los que representan.

Ya no somos personas.

Somos encuestados.

Alimento para dioses hechos de cartón.

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Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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