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¿Retorno al jardín del Edén? Las bestias nazis

LA RESURRECCIÓN DE CELIA Y LAS BESTIAS NAZIS

II

LAS BESTIAS NAZIS

En el siglo XIX la aproximación de las sociedades occidentales al mundo natural, con inclusión de la especie humana, experimentó un vuelco irreversible.

Charles Darwin (1809-1882) dictó el acta fundacional de la ciencia biológica al publicar, en 1859, El origen de las especies por medio de la selección natural.

James Usher
James Usher

La idea de la evolución de las plantas y los animales a través de la selección natural hizo tambalearse –con consecuencias que aun perduran– el que parecía inamovible edificio creacionista veterotestamentario que, hasta entonces, había constituido para muchos una verdad incontestable en tanto que revelación divina. Se trastocó la dimensión temporal de los acontecimientos bíblicos tal como la había calculado con meticulosidad sorprendente el arzobispo anglicano James Ussher a mediados del siglo XVII. Pocos siguieron creyendo que la creación de la Tierra se había producido en el anochecer previo al domingo 23 de octubre de 4004 a.C., o que Adán y Eva fueron obligados a abandonar el Paraíso el lunes 10 de noviembre del mismo año, ni que los animales y la familia de Noé descendieran del arca el miércoles 5 de mayo de 2348 a.C.

Asimismo, se validaron los descubrimientos del agustino austriaco Gregor Mendel (1822-1884) sobre las leyes que rigen la herencia genética en los seres vivos y, en base a los postulados de Darwin y Mendel, Francis Galton (1822-1911) –primo de Darwin– formuló la teoría de la eugenesia en su obra El genio hereditario, en 1869. Veinte años después, Galton publicó Herencia natural, donde formula una ley de regresión universal: cada peculiaridad de un hombre es compartida por sus descendientes, pero, en promedio, en un menor grado. Preconiza la eugenesia humana mediante la concertación de matrimonios para reforzar los caracteres positivos y diluir los negativos. En el último cuarto del siglo, se despierta en Europa una auténtica obsesión por lo racial. Se multiplican y codifican las razas de los animales domésticos con arreglo a un patrón ideal (standard), así como las exposiciones de belleza a las que pronto se añadirán las de machos y hembras del Homo sapiens.

Fuera del impreciso ámbito científico en el que la racionalidad se iba imponiendo, el siglo XIX europeo quedó marcado por los efectos sociales y políticos de la Revolución Francesa, el sentimentalismo romántico, con su idealización del pasado y el auge de los nacionalismos excluyentes, la creación de nuevos Estados (Italia y Alemania, entre otros) y el reparto colonial. 

Con el tejido resultante de entrelazar las fibras mencionadas y en un contexto de humillación posbélica para la Alemania derrotada en la I Guerra Mundial, no es de extrañar que los zoólogos germanos ya citados, los hermanos Ludwig y Heinz Heck, concibieran la posibilidad de llevar a cabo, a partir de 1923 y con propósitos más políticos que científicos, la recuperación de la fauna ancestral de la patria germánica (una iniciativa israelita de inspiración similar fue llevada a cabo por Avraham Yoffe con la organización Hai Bar para reintroducir en el desierto del Neguev, en la década de 1970 y a elevado coste, la llamada fauna de la Biblia: onagros, gacelas, orix, avestruces, leopardos…, es decir, todas las especies locales que se mencionan en el Antiguo Testamento).

Bosque de Białowieża
Reserva Natural Bosque de Białowieża

Los paleontólogos conocen con la expresión “taxón Lázaro” al redescubrimiento de especies que se ya se habían dado por extinguidas tiempo atrás. La idea de la “resurrección” de la fauna mítica de los antiguos germanos entusiasmaría a los gerifaltes nazis, especialmente al fundador de la Gestapo, el aviador y cazador Hermann Goering, quien prestó un gran impulso a la iniciativa de los Heck desde que se declara el III Reich en 1934. Ludwig ya se había incorporado a las SS como miembro de apoyo en 1933 y se adhirió al partido Nacional Socialista en 1937. Hitler le nombró director de la agencia forestal en 1938 y en tal condición, tras la invasión de Polonia en 1939, durante el curso de la II Guerra pudo saquear el zoo de Varsovia; intervenir en el ambicionado bosque de Bialowieza, en el que se llevó a cabo un programa de limpieza étnica –los pertenecientes a razas “infrahumanas”, como la eslava, no debían contaminar la pureza de un bosque primigenio alemán–; apoderarse de los estudios y los animales del profesor polaco Tadeusz B. Vetulani, quien también venía trabajando en la reconstrucción del tarpán y la protección del bisonte; apropiarse en Askania Nova de los caballos de Przewalski e instalar en esa reserva un rebaño de sus recreados “uros”… El III Reich necesitaba triunfar también en la esfera de la protección a la naturaleza porque la naturaleza significaba la pureza racial y el retorno a las fuentes de los valores germánicos. Y en este sentido, con independencia de las descalificaciones científicas que se han vertido y se siguen vertiendo sobre la obra de los Heck, y con toda la reprobación que merecen los desmanes y los crímenes de guerra, es preciso admitir que los hermanos zoólogos lograron conmocionar a la comunidad de biólogos en un tiempo record y, además, la estela de sus ideas aun persiste y, descontaminada de racismo, se encuentra en la base de proyectos tan actuales como el de Rewilding Europe (Asilvestrar Europa), es decir, reponer al estado primigenio las enormes extensiones que se están abandonando.

Bisonte
Bisonte – Białowieża

Antes del inicio de la II Guerra, el 22 de mayo de 1933, había nacido en el zoo de Munich el primer potro de “tarpán” y, en 1938, los Heck habían instalado en un coto de caza de Goering, en Prusia Oriental, un rebaño de “uros” (llamados despectivamente en la postguerra “vacas de Hitler” y “vacas nazis”), al tiempo que continuaban trabajando con ahínco para evitar la extinción del bisonte.  

La propuesta de la evolución artificial regresiva no es, sin embargo, original de los Heck. Ya la había formulado medio siglo atrás el médico y naturalista francés Joseph-Émile Cornay en su obra de título interminable y algo críptico:

DE LA RECONSTRUCTION DU CHEVAL SAUVAGE PRIMITIF PAR LA Reunion, chez un type idéal, de ses caracteres spéciaux et spécifiques qui se trouvent épars chez ses propres races domestiques, à l´éffet d´obtenir une race française de cabalerie et ses embranchements, qui pût, par ses marques originelles et legales, constituir la race sacrée, c´est-á-dire la race naturelle domestiquée, ET DE LA RESTAURATION PAR L´OMAIMOGAMIE DE NOS RACES CHEVALINES RÉGIONALES ALTÉRÉES PAR LA SELECTION ET LE CROISEMENT. Edición: París: P.Asselin, Librería de la Facultad de Medicina, 1861. (Traducción aproximada: “De la reconstrucción del primitivo caballo salvaje por medio de la conjunción, en un tipo ideal, de sus especiales y específicos rasgos que se encuentran dispersos en sus propias razas domésticas, a efectos de obtener una raza francesa para el arma de caballería y sus unidades que pudiera, por sus señas originales y legales, constituir la raza sagrada, es decir, la raza natural domesticada, y de la restauración por medio de la omaimogamia (¿) de nuestras razas equinas  regionales, alteradas por la selección y los cruces”).

Tarpanes
Tarpanes

 En la obra Animals, my adventure (Methuen, Londres, 1954), Ludwig Heck dejó escrito que, cuando era un niño, su imaginación giraba en torno a dos grandes bovinos salvajes que se habían convertido en legendarios y eran considerados como los representantes más poderosos de la caza primitiva alemana: el bisonte y el uro. En el , poema épico del siglo XIII que se convirtió en la epopeya nacional alemana –a la manera del  en España o la  en Francia– se describe el combate del héroe, Sigfrido, contra un bisonte y un alce, cuatro robustos uros y una feroz yegua salvaje.

Todos estos animales totémicos, junto con lobos, osos y otras especies, poblaban en tiempos de la antigua Roma la inmensa selva Herciniana que se extendía por el norte de Europa y era el hogar de los pueblos germánicos. El bosque de Bialowieza, entre Polonia y Bielorusia, es todo lo que actualmente queda de ese bosque primordial. En su obra  –las guerras de conquista que tuvieron lugar entre los años 58 al 50 a.C.– Julio César describe a los animales que pueblan los bosques de los bárbaros y dice del uro:

En tamaño se aproximan al elefante, aunque por su color y forma se asemejan a un toro…Su fuerza y rapidez es poco común y evitan al hombre o la bestia que encuentran en su camino. Son apresados mediante fosos cavados con ese fin y luego se los mata. Este método de caza es frecuente entre los jóvenes…Los cuernos se conservan con gran esmero y, con los bordes guarnecidos de plata, se emplean como copas en las fiestas más solemnes.

Moneda de Julio César
Moneda de Julio César

Es probable que la comparación con el elefante no sea muy exagerada si se tiene en cuenta que aun no se había extinguido la subespecie del norte de África, la que utilizaban los cartagineses como elemento bélico, de tamaño muy inferior al de los parientes subsaharianos. Lo cierto es que, a partir de la difusión de los Comentarios, se disparó la demanda de uros y bisontes para los espectáculos circenses de los romanos. El poeta Marcial menciona a un tal Karpophorus como el más diestro y famoso de los “matadores”. Y el primero con nombre propio.   

***

bisonte europeo
bisonte europeo

En el caso de la especie del bisonte europeo (Bison bonasus), cuyo último ejemplar en libertad había muerto en 1919, se trataba de incrementar su número con los animales cautivos para reintroducirlos en la naturaleza. Para la recreación del uro y el tarpán, la metodología a seguir estaba directamente inspirada por las tesis de Galton para mejorar la raza humana, es decir, la selección artificial regresiva, provocar repetidamente el fenómeno que en la genética humana se denomina vulgarmente “dar un salto atrás”. El profesor polaco Zdzislaw Pucek (1930-2007), que dirigió el programa de recuperación del bisonte europeo tras la II Guerra Mundial, afirmó que Ludwig y Heinz Heck habían llevado a cabo la mayor estafa científica del siglo XX. Hay, sin embargo, muchos otros expertos que no opinan lo mismo y que, cuando menos, es preciso valorar su contribución a la recuperación del bisonte europeo que estuvo al borde del precipicio en la primera mitad del siglo XX.

La expansión del ferrocarril no jugó en Europa el papel primordial que tuvo en los Estados Unidos para la aniquilación total de especies como la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) y el exterminio masivo de la subespecie de bisonte americano (Bison bison) por medio de la caza industrial. Los especialistas de la Smithsonian Institution han calculado que, al tiempo de la llegada de los españoles a América, entre ¡tres mil y cinco mil millones! de palomas migratorias sobrevolaban los cielos del oriente de Norteamérica, desde Canadá hasta Florida y las tierras altas de Tejas. La última persona que avistó una paloma salvaje fue un niño de Laurel, pueblo del condado de Franklin, Indiana, que la mató de un disparo el 3 de abril de 1902. El 1 de septiembre de 1914, a la edad de 29 años, murió Martha, la última Ectopistes migratorius, enjaulada en el zoo de Cincinnati. Como si se tratase de un diamante excepcional, Martha se exhibe hoy disecada y protegida con fuertes medidas de seguridad en una vitrina especial de la Smithsonian.

A su vez, el bisonte americano, Bison bison, al que denominaron cíbolo los españoles, primeros europeos que lo contemplaron –es el “toro raro” que llamó la atención de Hernán Cortés cuando visitó el zoo de Moctezuma y que conocen, erróneamente, como búfalo los anglosajones– nomadeaba por las vastas llanuras del continente en un número que se ha calculado entre sesenta y cien millones, sirviendo de medio de vida a muchas tribus indias. Para evocar la masacre del antaño rey de la pradera basta con mencionar nombres como el de Búfalo Bill y el lema “Sin búfalos no hay indios”, que presidió la conquista decimonónica del Oeste, o contemplar las fotografías de las colosales montañas de cráneos y huesos de Bison bison destinadas a elaborar polvo fertilizante. Los ingenieros ferroviarios sentían un odio especial por los bisontes americanos pues los inmensos rebaños retrasaban días enteros la marcha de los trenes y, además, los animales tenían la mala costumbre de rascarse contra los postes telegráficos hasta echarlos por tierra. El remedio aplicado fue peor que la enfermedad pues los postes claveteados con grandes puntas entusiasmaron a los animales. Sin embargo, nada pudo evitar que los vagones de los trenes se llenasen, día tras día, con las valiosas pieles y la carne para ser fácilmente transportadas y distribuidas en los centros urbanos. Según el censo que elaboró en 1899 el doctor William T. Hornaday, del zoo de Nueva York y fundador de la salvadora Sociedad del Bisonte Americano, no quedaban más de 1.091 bisontes vivos en el continente, con inclusión de los cautivos. La población actual se aproxima a los 350.000 y se han reintroducido en la tierra de los aztecas.

Bison bison
Bison bison

En Europa, la expansión humana y la consiguiente tala de bosques fue lo que arrinconó al Bison bonasus en las zonas del Nordeste. Cuando un cazador furtivo abatió al último bisonte de Prusia Oriental en 1775, se creía que solo quedaban rebaños en territorio ruso y polaco, especialmente en el bosque de Bialowieza. En 1853 se contaron allí unas 1.500 cabezas. El zar consideraba a los bisontes propiedad imperial y nadie podía cazarlos a excepción de su familia y sus invitados. En la década de 1890 se descubrió que en las montañas del Cáucaso permanecía un reducto de unos 700 bisontes de una variedad ligeramente diferente. En julio de 1914, el futuro del bisonte no preocupaba especialmente a los zoólogos pues al número de los divagantes por el Cáucaso y Bialowieza había que sumar la centena que los nobles rusos y alemanes mantenían en sus parques y varias docenas que se cuidaban en zoos de todo el mundo. Pero en agosto se desencadenó la I Guerra Mundial y en 1915 los alemanes habían derrotado a los rusos en Bialowieza. Aunque el káiser Guillermo II había ordenado que se protegiera a los bisontes de su primo el zar, el número se había reducido a 120. Cuando las tropas alemanas tuvieron que retirarse en noviembre de 1918, los campesinos y los soldados hambrientos de ambos bandos abatieron a todos los bisontes.

Hans Heinrich XV
Hans Heinrich XV

La revolución tampoco dejó vivo ni un solo bisonte en territorio ruso. En Silesia, en las propiedades del príncipe de Pless, permanecía un rebaño de medio centenar que se había ido formando a partir del macho y las tres hembras que el zar Alejandro II había regalado a esa familia en 1865. El príncipe Hans Heinrich XV había actuado como consejero del káiser durante la guerra y, después que las potencias centrales decidieron crear el reino de Polonia, sus latifundios quedaron divididos entre territorio alemán y territorio polaco. Tras los desórdenes de la llamada “Sublevación de la gran Polonia” (1918-19) el príncipe intentó proteger a los bisontes trasladándolos a sus dominios en el lado alemán, pero el nuevo gobierno polaco no lo permitió. Todos fueron ametrallados; tres quedaron con vida, aunque en sus cuerpos se alojaban numerosos proyectiles. La extinción parecía irremediable.

Por suerte para el bisonte europeo, el zoo de Hellabrunn, en Munich, se vio obligado a cerrar por falta de fondos en el año 1922. Heinz Heck, su director, dedicó entonces todos sus esfuerzos al renacimiento de los taxones Lázaro (la salvación del bisonte y el “renacimiento” del tarpán y el uro) con la ayuda de su hermano Ludwig, director del zoo de Berlín. Heinz volvió a dirigir el zoo de Múnich cuando, en 1928, reabrió como el primer geo-zoo del mundo, es decir, agrupando a los animales por su origen geográfico; la idea innovadora se debía al traficante de animales Carl Hagenbeck, cuya hija se había casado con Heinz Heck.

Copiando los métodos aplicados para el bisonte americano, pronto se creó en Europa una Sociedad Internacional para la Conservación del Bisonte y se inició un registro, un Libro de los Orígenes de los animales existentes, el primero dedicado a un animal salvaje. El inventario inicial resultó demoledor. Se computaron unos 56 animales viviendo en cautividad –la mitad de ellos machos– repartidos por quince países en distintos continentes. En los museos se conservaban 80 bisontes disecados, otros 80 esqueletos completos y 120 cráneos. Pronto se comprobó que los animales cautivos no se reproducían adecuadamente y los Heck decidieron realizar cruces con bisontes americanos. La medida fue ampliamente criticada en los círculos científicos, pero, poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, Heinz Heck replicó:

Llegamos a la conclusión de que era mejor tener híbridos que ningún bisonte puro. El bisonte europeo y el americano no son dos especies zoológicas distintas sino subespecies. Es como si usted aparea un zorro rojo americano con un zorro europeo… Por supuesto, siempre distinguiremos a estos híbridos de los bisontes puros”.

De hecho, los bisontes híbridos se utilizaron como cobayas para despejar el peligro. Las nuevas localidades se repoblaron con ellos y al comprobar que no había parásitos o gérmenes que les perjudicasen, se retiraban los híbridos y se soltaba allí a los bisontes puros.

La II Guerra Mundial interrumpió el proceso, pero, a pesar del desastre bélico, se logró la supervivencia del Bison bonasus con tan sólo doce de la cincuentena de ejemplares que permanecieron a salvo en zoológicos. Se estima que, en la actualidad, su número asciende a unos 6.800, la mitad de los cuales prospera en Polonia y Bielorrusia. La otra mitad está repartida por muchos países, España entre ellos. Fray Martín Sarmiento se hubiera alegrado de saber que, aunque no son los primeros ni serán los últimos en llegar a su país, en 2012 se soltaron seis bisontes en San Cebrián de Mudá, Castilla y León, donde su unieron a otros ocho. En Asturias, donde se cree que el bisonte ramoneó hasta finales de la Edad Media, se soltaron cuatro en un centro de cría del municipio de Siero y otros siete en Villayón, en una finca de unas 2.000 hectáreas en la que se espera dar acogida a más de cien en el futuro. En 2018 se introdujeron once en la provincia de Segovía.

***

La historia del “renacimiento” del tarpán y el uro fue muy similar. Pero en estos dos casos no existía ni un solo ejemplar originario y, además, en el caso del uro, tampoco se contaba con representaciones gráficas muy fiables que sirvieran como referencia morfológica.

Según parece, los tarpanes ancestrales, que se representan fidedignamente en cuevas paleolíticas como las de Altamira o Tito Bustillo, presentaban diversas coloraciones y se repartieron por toda Europa adaptándose a los diversos biotopos. Se distinguen, al menos, cuatro tipos: el tarpán de la estepa, el de Iberia (¿cebro?), el de los Balcanes y el de las tierras bajas. Simplificando, se habla de “tarpán de estepa” y “tarpán de bosque”.

Uros
Neouros – Parque Prehistoria (Teverga – Asturias)

A finales del siglo XVIII se capturaron en Bialowieza los últimos tarpanes de bosque para instalarlos en una reserva de los condes de Zamosk. Hacia 1812, el conde decidió repartir los animales entre los campesinos, de manera que se fueron hibridando con los caballos domésticos, aunque muchos descendientes conservaron características primitivas como el color arratonado. Caballos asilvestrados muy semejantes se podían encontrar asimismo en Lituania o Prusia y otras manadas de caballos menos primitivos pastaban en semi-libertad por otros territorios europeos, como la Camarga o las marismas de Doñana. En el siglo XX los científicos polacos fueron los pioneros en el estudio de la biodiversidad en general y sobre el caballo en particular. En 1921 se publicaron los resultados de la investigación sobre los caballos primitivos emprendida en 1914 por J. Grabowski y S. Schurch, bajo la dirección del profesor L. Adametz.  En la misma década vieron la luz los trabajos del prestigioso biólogo Tadeusz Vetulani (1897-1952) sobre el “konik” (“caballito” en idioma polaco), el pony descendiente de las tarpanas de Zamosk, físicamente tan similar al tarpán que casi siempre presenta la característica “línea mular” de pelo oscuro en el dorso y en invierno también muda a un pelaje mas claro y lanudo; suelen tener la cara y las patas más oscuras que el cuerpo, las crines y la cola de color pajizo pero oscuras en el centro. Vetulani, que se había negado a colaborar con los nazis en la II Guerra, continuó su labor de reconstrucción del tarpán tras la derrota de Alemania en 1944, mientras los hermanos Heck eran investigados por las autoridades encargadas de determinar los crímenes de guerra y Ludwig se aplicaba con especial diligencia en hacer desaparecer archivos comprometedores. Ellos también habían realizado cruces de ponis konik con otras razas primitivas para recrear rápidamente su “tarpán”. Habían seleccionado ponis de Islandia, de Dülmen y de Suecia. Aparearon a las yeguas de esas razas con sementales de tajé (Przewalski) porque consideraron que la sangre de éstos actuaría como catalizador para sacar a la luz las características latentes en las otras razas, más modernas.

Koniks
Konik

El interés de los parques zoológicos norteamericanos por el “tarpán de Heck”, presentado como un logro del III Reich en 1933, no tardó en manifestarse en la postguerra. En 1954 el zoo de Chicago importó al semental Duke, nacido en el zoo de Munich, y dos hembras de la misma procedencia en 1955. El zoo de Fort Worth, Texas, importó otra yegua. Pronto se constituyó la North American Tarpan Association en la que se integran instituciones y propietarios particulares. Procurando obviar toda alusión a los hermanos alemanes, se fueron creando reservas especificas para tarpanes en Holanda, Alemania, Polonia y otros países. Poco a poco, el tarpán fue dejando de ser una curiosidad zoológica contaminada por la incorrección política, fue perdiendo las connotaciones nazis para convertirse en un elemento necesario de la regeneración de los biotopos europeos. Son cada vez más los que utilizan el término “tarpán” sin comillas o letra cursiva, como la francesa Association pour le Retour du Tarpan et des grandes Herbivores dans les Espaces Naturels (“Asociación para el Retorno del Tarpán y de los grandes Herbívoros a los Espacios Naturales”).

Toros - Camarga
Toros – Camarga

Se siguieron unas pautas similares a las del tarpán en el procedimiento de retro-selección empleado por los Heck para conseguir el uro, el Bos primigenius, el ancestro de los 1.500 millones de cabezas de ganado vacuno que pastan en los cinco continentes. Los Heck experimentaron las hibridaciones por separado, alcanzando en once años –según ellos– animales con los mismos caracteres fenotípicos, con la misma apariencia que su antepasado. En 1932 nació Glachl, el primer becerro al que Heinz consideró similar al uro. Sin embargo, los hermanos zoólogos habían utilizado por separado cruces entre distintas razas vacunas para llegar al mismo resultado. Pensando, tal vez, en la afición venatoria de Hermann Goering, Ludwig había insuflado en sus ejemplares sangre de toros de lidia españoles y toros de la Camarga, entre otras. El toro de lidia –la única raza del mundo que no se cría por su leche, su carne o su trabajo– no solo cuenta con la forma más parecida al uro sino también con el grado de agresividad necesaria para defenderse de depredadores y procurar satisfacción a los cazadores. Los “uros” se soltaron en Alemania, Askania Nova y Bialowieza. Ludwig expresó su satisfacción:

Fue un proceso duro y laborioso que, finalmente, produjo una manada de uros válida y sana. Cada año, las vacas del programa traen al mundo nuevos becerros, creciendo y prosperando así esta nueva raza.

Los expertos en biología, sin embargo, fueron más críticos. Consideraron que el uro continuaba tan extinto como en 1627, cuando murió de muerte natural la última hembra en Jaktorów, Polonia. Aunque muchos de los animales de los Heck presentasen características propias de los uros primigenios –como la banda dorsal blanca o el pelaje negro en los machos y rojizo en las hembras– la configuración corporal y de la cornamenta no coincidía con la de los esqueletos prehistóricos analizados y el tamaño –muy inferior– quedaba lejos del animal que describía san Isidoro de Sevilla como capaz de arrancar con los cuernos un árbol y lanzarlo al aire o el que Julio César había comparado con un elefante. Pese a todo, el parecido con el uro resultó notable.

El suicidio de Adolf Hitler el 30 de abril de 1945 y la subsiguiente rendición incondicional de Alemania siete días después marcaron un paréntesis para la involución de las “vacas nazis”. Pero el proyecto no cayó en el olvido a pesar de que casi todos los animales habían desaparecido; según parece, solamente sobrevivieron algunos de los “uros” de Heinz Heck, en Munich. Cuando fue amainando la resaca de la guerra los entusiastas de los “tarpanes” y los “uros” se esforzaron por conservarlos y difundirlos en unas sociedades cada vez más conscientes de los problemas ambientales. Muchos pensaron que tanto los tarpanes como los bovinos de los Heck podrían facilitar las funciones de equilibrio ecológico que habían desempeñado en el ecosistema esas dos especies extintas.

WWFEn 1948 se creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), compuesta actualmente por 1.300 miembros, entre los que incluyen Estados, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y cuenta con la colaboración de más de 13.000 expertos. Tiene la condición de Observadora en las Naciones Unidas y, en 1964, creó la Lista Roja de Especies Amenazadas, la fuente de datos más completa sobre el riesgo de extinción de las especies. Actúa en asociación con el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). La UICN aglutina la acción conservacionista de las principales entidades ambientales del mundo, públicas o privadas, que se aplican en la restauración de ecosistemas y ha dado el visto bueno –de manera indirecta– a la idea de los hermanos Heck al prestar su apoyo al proyecto del WWF denominado Large Herbivore Initiative (Iniciativa para los Grandes Herbívoros), que pretende la reintroducción de los herbívoros endémicos de Europa, Rusia, Asia Central y Mongolia, con inclusión del “tarpán” y el “uro”; a la iniciativa holandesa Rewilding Europe (Asilvestrar Europa), ambicioso proyecto de conservación originado en 2010 por el WWF de los Países Bajos con la colaboración de ARK, Wild Wonders of Europe y Conservation Capital, para devolver a la naturaleza europea grandes espacios, y al Proyecto Tauro, dedicado por entero al “uro” (aunque ahora lo llamen “tauro”) que, desde 2012, prosigue la reconstrucción con el auxilio de los nuevos instrumentos de la genética. Desde la fecha indicada, la germana Fundación Tauro está integrada en la Red Europea de Asilvestramiento (European Rewilding Network). El uro se resiste a extinguirse en el imaginario europeo. Así como los nazis lo asociaban con la mitología nibelunga de la Gran Germania, el mito griego del dios Zeus seduciendo a la virginal Europa en forma de uro macho es compartido por el conjunto de las naciones del continente. Repartidos por toda Europa hay un número aproximado de 6.000 cabezas, y algunas más fuera del territorio continental.

European Rewilding Network

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En la base de todos estos programas está la inflexión sin precedentes que se ha producido en la agricultura europea desde mediados del pasado siglo. La desaparición de pequeños agricultores y pastores ha supuesto el abandono de un promedio anual de un millón de hectáreas de los terrenos agrícolas. Muchos consideraron el fenómeno como un grave problema social y económico, pero otros vislumbraron una oportunidad para un nuevo tipo de desarrollo rural basado en la naturaleza y los valores de la vida salvaje, con el retorno de la vegetación y la fauna silvestres que fueron suprimidas o exterminadas siglos atrás, la creación de una red de zonas protegidas y una legislación enfocada por entero a favorecer la restitución ambiental a los orígenes pre-agrarios de Europa.

sayaguesa de Zamora
Sayaguesa de Zamora

Como se comprueba día a día, la devolución a la naturaleza de las tierras abandonadas y la reintroducción de la fauna original está atrayendo a un creciente número de visitantes que disfrutan con la experiencia, al tiempo que se posibilitan nuevas oportunidades de negocio. Hay, además, otros efectos secundarios beneficiosos. Un grupo conservacionista alemán, el Arbeitgemeinschaft Biologischer Umweltschutz (ABU), también inició, en 1996, el cruce del ganado de Heck con razas primitivas del sur de Europa a fin de aumentar el parecido con los uros. Éste y otros programas, mencionados supra, para la configuración del tauro han dado un nuevo protagonismo a razas vacunas, razas de trabajo como la sayaguesa de Zamora o la pajuna de Andalucía, avocadas a la desaparición tras la mecanización del campo. Y algo similar ocurre con las razas equinas primitivas. El 27 de julio de 2012 y en la reserva biológica de Campanarios de Azaba, Salamanca, el presidente del Comité español de la UICN y también presidente de la española Fundación Naturaleza y Hombre, Carlos Sánchez Martínez, presentó a los medios la sección Oeste Ibérico del programa Asilvestrar Europa y en dicha ocasión se dio suelta en la reserva a 24 ejemplares del caballo salvaje de Doñana, conocido como “de las retuertas” (parte de las marismas que retiene el agua dulce), considerada por los genetistas como la raza del caballo más primitiva de Europa y, por tanto, el más cercano al tarpán (quizás también al cebro). La raza, de valor incalculable, estuvo amenazada y cuenta tan solo con otra manada de 150 individuos en el parque de Doñana.

caballo salvaje de Doñana
Caballo salvaje de Doñana

Las entidades comprometidas en las actividades dirigidas a asilvestrar Europa han redactado múltiples documentos en los que se pormenorizan las grandes ventajas que conlleva para la salud y el bienestar general del ser humano el permitir que la naturaleza se gestione y regenere a si misma, sin intervención humana, con la contribución de los modeladores del paisaje, los grandes herbívoros –bisontes, caballos y tauros, entre otros, a los que se van a añadir el búfalo acuático (Bubalus murrensis) y el asno europeo (Equus hydruntinus, una subespecie del hemión. Sin embargo, desde otras instancias científicas se escuchan voces discrepantes. Es cierto que algunas de esas argumentaciones no se atienen a razonamientos científicos de peso y están contaminadas por la aversión a todo cuanto se relacione con el III Reich en general y a los hermanos Heck en particular. Otras objeciones, en cambio, se circunscriben a la esfera biológica o jurídica y merecen una reflexión. Así, por ejemplo, se ha señalado que la legislación holandesa desvincula al tauro del ganado doméstico y lo considera especie “salvaje”, “animal de caza”, exento, por consiguiente, de las obligaciones sanitarias que se prescriben para los bovinos domésticos. Según parece, son portadores de la rinotraqueitis infecciosa bovina (IBR), razón por la cual el Consejo de Europa ha recomendado que se excluyan de la normativa encaminada a declarar a la cabaña bovina holandesa libre de la IBR.

gaur
Gaur

Al otro lado del Atlántico despierta entusiasmo la nueva ciencia de la ingeniería genética aplicada a la resurrección de especies. Desde 35 años atrás, el zoo de San Diego viene recolectando tejidos corporales de más de mil especies animales que se mantienen a 196º bajo cero, de modo que las células y el ADN permanezcan intactos. Con estos tejidos consiguió Robert Lanza clonar a un gaur y a un banteng, bovinos asiáticos que se encuentran en peligro de extinción. Pero el interés prioritario de las entidades gubernamentales y de las ONGs, como la Revive and Restore creada por Stewart Brand, se centra en “sacarse la espina” de la Ectopistes migratorius, la paloma migratoria que sirvió como mina de carne tan barata que se servía a los esclavos.

 banteng
Banteng

Mediante un procedimiento distinto al de la clonación, uno de los jóvenes gurús de la desextinción, Ben J. Novak, ha extraído ADN de las patas disecadas de la famosa Martha y de los tejidos de otras palomas migratorias conservados en museos y lo ha completado con fragmentos de una especie viva muy emparentada, la paloma americana de collar (Patagioenas fasciata). La idea consiste en injertar el genoma reconstruido en células germinales de palomas de collar e inyectar esas células en ejemplares jóvenes de esas palomas. Cuando éstas se reproduzcan, sus descendientes portarán los genes de la paloma migratoria.

 Paloma americana de collar
Paloma americana de collar

Está claro que la desextinción es posible, como se demostró en el caso de Celia, pero se han alzado voces autorizadas afirmando que presenta serios inconvenientes y que no tiene justificación a menos que la especie desextinta cumpla funciones específicas. Así, la especie de los osos pardos tiene valor si éstos continúan recorriendo nuestros montes y ningún valor si unos cuantos ejemplares, los únicos existentes, han de permanecer como curiosidad en un reducto cercado. En este sentido, es posible que las empresas privadas que financian las investigaciones en genética decidan recuperar sus inversiones patentando como organismos genéticamente modificados a los animales “resucitados” para lucrarse con su mera exhibición o comercialización. Por otra parte, la desextinción podría dar la falsa impresión de que el riesgo de los millones de organismos que se están extinguiendo a un ritmo mil veces superior al natural (animales –la inmensa mayoría, pequeños y poco vistosos– plantas, hongos y microbios) no es tan grave e irreversible. En el mejor de los casos, la desextinción contribuye a solucionar una parte infinitesimal de la crisis, pero detrae una cantidad ingente de recursos que podrían ser destinados a la prevención. Otro dato para tener en cuenta es el medio que va a acoger y el comportamiento que va a mostrar el animal resucitado. En el caso de la paloma americana, ¿dónde va a anidar si ya han desaparecido los bosques en que lo hacía? ¿Qué va a comer si también han desaparecido los castaños americanos? ¿Cómo se va a agrupar en bandadas si no tiene referencias de comportamiento? Un científico de reconocido prestigio ha llegado a decir que “la desextinción es una espectacular pérdida de tiempo para todos”.

Como es natural, los entusiastas del retorno de la paloma migratoria no opinan lo mismo. Confían en las pautas de conducta innata presentes en el ave y tienen previsto utilizar bandadas de palomas mensajeras, en caso necesario, para enseñarlas a agruparse.

Es posible que tanto los detractores como los partidarios de la desextinción esgriman argumentos válidos, pero no cabe duda de que, por un lado, nos encontramos ante una aventura científica que provoca curiosidad, emoción y expectación y, por otro, tranquiliza en cierta medida la conciencia de nuestra especie por el daño que hemos causado durante los últimos milenios a los seres que nos mantienen vivos y comparten con nosotros la nave espacial esférica en la que transcurre nuestra existencia.

¿Retorno al jardín del Edén? La resurrección de Celia

José Antonio Álvarez-Uría Rico

José Antonio Álvarez-Uría Rico

Nace en Pola de Siero, Asturias, el 31 de octubre de 1944.

Es licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo (1965) y diplomado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de España (1973).

Impartió clases de lengua española como profesor auxiliar en la Wallington Grammar School for Boys, Londres (1967-68).

Colaboró en la elaboración del informe para las Naciones Unidas sobre la descolonización del Sahara Occidental (1974). Es miembro del Instituto de Cultura de Sahara.

Trabajó como traductor autónomo para la Organización Sindical española, las editoriales Saltés, Júcar, Alhambra, el Ministerio de Educación y Ciencia, la Organización de Estados Americanos y la Organización Mundial del Comercio (O.M.C.) (1974-1998).

Trabajó en Ginebra como traductor oficial de la O.M.C. (1999)

Prestó servicios como técnico en los Ministerios de Trabajo, Asuntos Sociales y Economía y Hacienda (1979 a 2009).

Dirigió la revista Cibelae de la Corporación Iberoamericana de Loterías y Apuestas de Estado (2003 a 2009).

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