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Rajoy el pensionista

Quién le iba a decir a Rajoy que su tan loado manejo del “ya veremos qué pasa” del que lleva haciendo gala durante dos legislaturas que parecen mil, ese inmovilismo suicida frente a lo decisivo, puede terminar convirtiéndose en su esquela política.

Porque ya están pasando cosas, muchas, y algunas no se pueden resolver por la vía judicial o con la guillotina de los “decretazos”.

La semana pasada, decenas de miles de pensionistas se manifestaron por toda España para protestar contra la indignidad con la que se les viene azotando sin tregua alguna, con perlas tan notorias como las recientes declaraciones de Fátima Báñez, quién, siempre amparada en ese semblante que oscila entre la ineptitud y la de perpetua candidata a la santidad, se salió del plasma para decirle a la cara a los casi nueve millones de pensionistas que hay en este país que sus pensiones han subido, y que se ajustan a la subida del coste de la vida (unas palabras que, si tuviéramos un presidente con algo más que “Marca” en las venas, hubieran debido provocar su inmediata destitución, pero no solo como ministra de Empleo y Seguridad Social, también como ser humano). Y los afectados están enfadados, y su protesta es ronca y amarga, y llevan insultos clavados en sus pancartas (de repente, la fiscalía ha enmudecido, raperos sí, yayos, no), y tienen todo el aspecto de que esta es una batalla que no van a perder. Las ideologías estaban de paso. Ahora imperan las emociones. El voto cautivo se ha liberado.

Cómo es posible que M Punto Rajoy no haya contado con esta explosiva contrariedad sabiendo, si es que alguien se lo ha soplado, que los mayores, con sus pensiones, han sido los que han permitido la supervivencia de millones de personas sin trabajo, sin hogar, sin gente que les represente allí donde se gestan las decisiones. Han gastado sus mandíbulas con el sonsonete de que este es un país de viejos y ahora se asombran de que estén por todos lados quejándose de no dan para más, que muchos ni se acercan a cobrar el sueldo mínimo. ¿De veras esperaban que no llegase el momento en que ya no podrían seguir navegando por la singladura de la burla y el desprecio? Un error infantil, teniendo en cuenta que derecha y empresarios buscan aumentar la edad de jubilación a los 75 años, en una más que probable escalada que acabará cuando la población no pueda jubilarse hasta los 102 años, y el resto del país pueda celebrar con júbilo cada vez que un español se alce con tan preciado logro, como en otros tiempos (lejanos y muy cercanos a la vez) se premiaba a las familias numerosas.

El Presidente asegura haber entendido el problema (lo cual, por desgracia, no es augur de nada bueno), pero que las soluciones que le propone la oposición (que no escuche a la gente, que siga fingiendo que oye a los que cobran por recortar y amparar una reforma laboral que ya es un abismo sin final) no son realistas. Cheques sin fondo, según sus propias palabras. Aunque él tampoco parece que tenga la intención de aportar otra solución que la acostumbrada: esperar a que pase el temporal. Sólo que esta vez el temporal puede que no amaine.

Pero quizás nos sorprenda con alguna de sus soluciones, que nos han colocado ya entre los grandes países dedicados al delirio. ¿Aplicará también el artículo 155 y dará por suspendida la vejez hasta nuevo aviso? ¿Privatizará a los ancianos y tendremos que pagar si queremos abuelos? ¿La clásica imagen de los jubilados acodados en las vallas de las obras será sustituida por otra de esas mismas personas, sólo que ahora apostando sobre cuál será el trabajador octogenario que la palmará primero mientras lleva ladrillos de un lado a otro?

Tal vez debería preocuparse más teniendo en cuenta que a un lado P Punto Sánchez está muy atareado haciéndose con el poder absoluto en su propio partido (y ya de una vez por todas sustituir la rosa por el rosario) y al otro A Punto Rivera se limita a esperar, sonriendo como si todo él oliera a corona de laurel, el momento en que verá pasar delante suyo el cadáver político.

Y aún queda otra herida por supurar. El próximo día ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, hay prevista una huelga general de las mujeres de este país para que su voz se oiga como no se había oído antes. Está claro que no será secundada por la Sección Femenina del Partido Popular, que debe comprender las razones por las cuales su presidente, al ser preguntado sobre la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, respondió: “No nos metamos ahora en eso”. Ellas son más partidarias de la disparidad que de la paridad. Y los tertulianos extremistas (incluyendo mujeres) arremeten contra las feministas porque ahora lo que prima es el derecho a no exigir derechos.

Aunque quizás no sea tan sencillo enturbiar con insultos o predecir el fracaso de esa convocatoria. Hablamos de mujeres hartas. Y pese a los intentos incesantes de este gobierno, el cansancio no conduce siempre al hastío. A veces te lanza justo hacia su contrario.

La verdad está tomando las calles, con convocatorias programadas o sin ellas.

Y la imagen de los pensionistas rodeando el Congreso de los Diputados con carteles llamando ladrón al Presidente es prueba de que nadie se da por derrotado, por mucho que lo intenten. Ya sería paradójico que Rajoy viese adelantado su despido y se convirtiese en un pobre y arrastrado pensionista, porque seguro que lo que cobre como ex Presidente no debe dar para muchos chuches.

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemente infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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