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El poder demiúrgico de la poesía

Maite León: Solo de clarinete

Desde luego la afirmación de Wittgenstein: Niemand kann seinen eigenen Tod erleben (Nadie puede vivir su propia muerte) sólo puede entenderse desde la estricta lógica de la razón, pero demasiado bien sabemos que nada humano escapa a lo que, en la misma medida que la razón, atañe también a su complemento dialéctico: lo irracional, lo sensible.

Solo de clarinetePorque la muerte –la propia y la del otro- también es susceptible de vivencia. La muerte, como la vida, es un proceso y como tal la percibimos –la propia y la del otro-, tanto más cuanto que la del otro no nos es ajena, tanto más cuanto que con la del otro se va una parte de nosotros mismos. Este poemario de Maite León, el segundo que publica en solitario (en 2006 vio la luz Os cedo la nostalgia) nos ofrece la crónica de este proceso, de ambos procesos: el de la muerte del ser amado y el del desgarramiento del alma de quien pierde a un ser querido.

 Aún era música, Arenas y Te dejo ir constituyen las tres estaciones de un calvario. Solo de clarinete nos hace partícipes del necesario camino doloso que restituye la vida, ya nunca más intacta, tras una pérdida sensible: el acompañamiento hasta el final (Aún era música), el lacerante aturdimiento de la interminable travesía en solitario (Arenas) y el renacer a la vida en un estado diferente (Te dejo ir).

Como ya hiciera en el primero, Maite León nos ofrece su experiencia en un registro sencillo, no por ello menos poético y profundo, que nos permite compartir el desconsuelo de su trayectoria, común a todo ser humano, y se redime con ello a sí misma y nos redime.

Así nos describe la infinita soledad de quien se encuentra en el definitivo trance: Te miro y no adivino qué pasa por tu frente./Absorto en el rítmico bajar de una esperanza,/ausente, vives en soledad/esa realidad que nos envuelve./[…]/ y espero que al volver, la casa huela todavía a pan tostado (Huele la casa a pan tostado). La desazón perpetúa la espera: Nunca fueron tan deseadas/ las caricias,/ni tan lento mi corazón, a la espera de un día nuevo/que traiga la esperanza,/un signo, de que no hay sólo silencio (Huyes de mis manos), la impotencia y la frustración del deseo de acompañar íntimamente el trance: No sé llegar a ti./[…]/Una capa tras otra,/coraza tras coraza/me impiden ver tu centro./Escarbo, trepo, araño,/no hallo piel que pueda acariciar./Buceo en el fondo de tus ojos/y un lago de tristeza/impide mis braceos (No sé llegar a ti), la reflexiva comprobación del dolor, inherente al ser humano: Cosieron el dolor a nuestra espalda/como marca indeleble de ser hombres (Cosieron el dolor a nuestra espalda).

Y tras el fatal desenlace, él árido vacío, la perplejidad del caminante obligado a seguir la ruta en solitario: Y ahora el desierto./Sólo el Siroco clavándose en la carne,/[…]/Dunas infinitas, soledad sin arcadias./Arenas, arenas, arenas (Y ahora el desierto), la pertinaz renuencia: Por si escuchas mi lamento/dejaré la puerta abierta (Se avista un nuevo invierno) o bien: El corazón encerrado en tu ausencia/reteniendo tu voz (Yo en mis sábanas frías).

Sin embargo la pulsión vital impele a la voz poética a la cautela: Busco a tientas/para no caer en un lugar remoto,/llamado pasado,/para no abandonar todos los sitios (Se rompió el arado), que, con todo, se resiste a afianzarse y da paso a la ponderación pesimista: Somos un sueño y un olvido./Nacemos desnudos de memoria./[…]/y no perdemos el deseo/de creernos inmortales./[…]/mas siempre/volvemos/a la soledad que nos habita./Ignorantes, tornamos al olvido (Somos un sueño y un olvido), y se percibe, lenta, la mutación hacia un nexo diferente, transmutado, espiritual, con quien ha partido: ¿Oyes mi corazón?/Se alza a lo más alto/a las cimas donde has nacido,/donde somos uno./En este acercamiento/te oigo, te respiro./Nacemos otra vez a los cerezos, […] (¿Oyes mi corazón?), aunque la reticencia persevera: ¿Has descubierto el misterio de la vida?/No logramos averiguar/lo absurdo de nacer para morir./Quizás sólo estemos para recordar (¿Has descubierto el misterio de la vida?).

La desazón da paso a la nostalgia amortiguada, a la aceptación redentora: Te dejo ir, sueño,/aire, ave, libre (Has regresado al río de tu infancia); el sujeto poético se rescata pausadamente a la vida: Lágrimas blancas, limpiarán la tristeza,/y esperaré mañana, más serena,/más fuerte, en este mundo raro,/duro, hermoso, al que amo (Abro los ojos, ahí está), Se instalará la calma/y dejaré en sus calles/todo el amor que tengo (Zarzales en el paseo atardecido). La memoria se revela como garante de la vida en otra fase: Te seguiré pensando, malherida,/mas volveré a nacer/sin dejar que el canto se extinga./Como ave Fénix, levantaré el vuelo (Te seguiré pensando, malherida) y, con la memoria, también las palabras –la escritura- manifiestan su carácter salvador, el proceso poético deviene demiúrgico: Las palabras que tanto amo/han vuelto a tener sentido,[…]/Tu recuerdo alcanza una dimensión desconocida,/que se abre sin barreras/hacia ese lugar en el que habitas (Empiezo a despertar del letargo).


Maite León

Solo de clarinete

Parnass Ediciones, Barcelona, ​​2016, 100 págs.


 

El poder demiúrgico de la poesía
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Anna Rossell

Anna Rossell

Anna Rossell (Barcelona –España, 1951)

De 1978 a 2009 profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona en la especialidad de Lengua y Literatura Alemanas (Filología Inglesa y Germanística) y crítica e investigadora literaria en Barcelona, Bonn y Berlín.

Actualmente se dedica a la escritura creativa, la crítica literaria y la gestión cultural. Como gestora cultural organiza los recitales poéticos anuales estivales Poesía en la Playa, en El Masnou (Barcelona) y ha sido miembro de la comisión organizadora de los encuentros literarios bianuales entre continentes TRANSLIT. Actualmente organiza los Recitals de Poesia i Música VinsIdivina.

Colabora regularmente en numerosas publicaciones periódicas literarias nacionales e internacionales: Quimera, Ágora de arte gramático, Crítica de Libros, Revista Digital La Náusea, Realidades y ficciones, Las nueves musas, Nueva Grecia, Terral, Núvol y en revistas especializadas de filología alemana.

Entre sus obras no académicas ha publicado los libros Mi viaje a Togo (2006), El meu viatge a Togo (2014), Viaje al país de la tierra roja, Togo y Benín (2014), Viatge al país de la terra roja, Togo i Benín (2014), los poemarios La ferida en la paraula, (2010), Quadern malià / Cuaderno de Malí (2011), Àlbum d’absències (2013), Àlbum de ausencias (2014), Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls/La pradera de los abedules (2015) y las novelas, Mondomwouwé (2011) y Aquellos años grises (España 1950-1975) (2012), Aquells anys grisos (Espanya 1950-1975) (2014).

Es coautora del libro de microrrelatos Microscopios eróticos (2006).

Cuenta en su haber con algunas traducciones literarias del alemán al español, entre ellas El Elegido, de Thomas Mann.

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