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En mi plaza hay un kiosco que ofrece wifi gratis
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En mi plaza hay un kiosco que ofrece wifi gratis

En mi plaza hay un kiosco que ofrece wifi gratis. Alrededor de él crece una generación de gente joven que sentados en el suelo despliegan cada tarde sus portátiles y dejan que los niños y los adultos se sitúen junto a ellos para que todos aprendan lo de copiar y pegar, aunque lo que más les llama la atención a la colonia de aprendices es la rapidez de movimientos en los dedos de esos voluntariosos muchachos que en algún momento dan la sensación de tener diez dedos en cada mano. El quiosquero sale de su aposento y va ofreciendo caramelos, pipas, altramuces, paloduz y agua fresquita. Los niños se tiran al suelo de cualquier forma, en esos momentos trascendentales les dejan las muñecas a sus padres y el balón de reglamento a alguna madre, ahora lo interesante es llegar a captar la desenvoltura de esos genios de los dedos y observar la rapidez con la que cambia de imagen la pantalla led. A las personas mayores les cuesta más trabajo seguir ese ritmo, pero disfrutan de igual manera. Se llevan cojines para estar más cómodas o sillitas plegables. Cada día aprenden algo nuevo y eso es lo importante, según dicen ellas. Yo les alumbro lo que puedo y con eso contribuyo también al trabajo en equipo.

Mi plaza es multiconfesional, lo mismo nos encontramos con un desfile procesional protagonizado por niños, que con una familia musulmana que pasan la tarde en compañía de su hija con uniforme colegial —falda escocesa, calcetines verdes y zapatos negros—. No hace mucho en uno de estos desfiles, donde los niños llevan el incienso y algunas personas mayores protestan porque les cae todo el humo dentro de la bolsa de pipas, la niña que iba de capataza dio un martillazo en el paso y éste fue a detenerse justo donde estaba la niña musulmana de falda escocesa. Su madre que lucía un vestido hasta los pies de color morado con estampaciones en azul y capucha de seda, se quitó el velo azul de la cabeza y en presencia de todos los turistas y demás seres habituales del lugar, se lo dio a su marido para que se lo metiera en el bolsillo, le alargó la mano y éste depositó en su blanca palma unas monedas que la señora introdujo en la hucha que uno de los niños del cortejo procesional llevaba en la mano.

Otras veces llegan dos señores de esos con camisa blanca de manga corta, corbata oscura, pantalones grises y zapatos negros y se colocan en las gradas que rodean a la estatua ecuestre, dejan sus mochilas en el suelo y poniéndose uno en un extremo y otro en el extremo opuesto, comienzan su oratoria con una biblia o similar en una mano y la otra mano libre para poder gesticular. Enseguida se forma un corro alrededor de ellos y acuden los zagalones que escuchaban música hip-hop en un banco, la abuela de las pipas, los papás y mamás, los viandantes, los curas, los concejales que han bajado a fumar y un grupo de gitanas que regalaban semillas de romero a cambio de un piropo. Conforme va subiendo el tono de los exaltados portadores de la voz sagrada, la gente se va animando, las palmas y vítores se confunden con su acento del Norte de Carolina, sudan como pollos ecijanos y hasta acude algún cámara de televisión local o reportero gráfico con escalera de tres peldaños para poder obtener unas buenas tomas.

Mi plaza no es particular, cuando llueve se moja como todas las demás, pero es de divertida que a mí me apena cuando llegan las siete de la mañana y me cortan la corriente.

 

José Rodríguez Infante

José Rodríguez Infante

Nace en Paymogo (Huelva) el 12/08/1951.

Eescritor por afición, bloguero y autor de numerosas obras tanto en narrativa como en poesía. Colaborador de revistas y prensa diaria, donde tiene publicado algunos escritos.

Profesor E.G.B. Oposita a la Diputación de Sevilla y trabaja como administrativo en el Hospital de San Lázaro de Sevilla.

En literatura, tiene una extensa obra inédita (novela, poesía, cuento), fraguada a lo largo de toda una vida, puesto que siempre le gustó escribir.

Tiene publicada las novelas “Trece días” en Publicatuslibros.com, y “Cuando los bosques mueren” en la editorial Amarante.

De igual manera ha publicado los libros de relatos “A la sombra de la Encina Gorda” en la Sociedad Pagos de la Sierra y “Una parada obligatoria” en la editorial Círculo Rojo.

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