Las nueve musas
plata quemada

Un lector que no conoce la obra de Piglia, se enfrenta a “Plata quemada” para efectuar un trabajo académico

 El lector debe efectuar un trabajo académico y se dispone a leer esta obra de Ricardo Piglia  (1941-2017) , pensando que así esa información no contaminará su trabajo con influencias previas.

Plata quemada
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Ve en la contraportada que “Plata quemada”, es una “crónica policial” que relata la historia real del asalto a un Banco, que tuvo como escenario Buenos Aires y Montevideo en 1965. También indica que el autor tuvo acceso a materiales confidenciales (legajos judiciales, grabaciones policiales, declaraciones de testigos y crónicas periodísticas) lo que le permitió reconstruir la historia y personajes con una “precisión admirable”, y que se trata de “una historia de amor, traiciones resistencia y heroísmo” que permite que los hampones hagan una “entrada desafiante en la literatura”. La contraportada se cierra con favorables extractos de varias críticas, y un breve currículum del autor, considerado “uno de los grandes escritores argentinos de nuestro tiempo”.

Al abrir el libro, ve que se publicó en 1997 y le extraña este lapso de más de 30 años entre hechos y relato, teniendo en cuenta que Piglia tenía unos 25 años cuando sucedieron los acontecimientos, por lo que los debió conocer en primera persona. Intrigado, se va al final, al Epílogo, donde el autor desvela algunas de las claves. Reproduzco, a continuación, las notas que toma el lector, como borrador para su trabajo académico con un párrafo para cada capítulo y repitiendo, al final, la lectura inicial del epílogo.

 Borrador del resumen de la obra que efectúa el lector

En el epílogo, Piglia indica que esta novela más que basarse “cuenta” una historia real, y esta precisión es importante porque el autor explica que ha reconstruido la historia a partir de la documentación confidencial judicial y policial, y las crónicas periodísticas. Según él, ha preferido omitir las partes de la historia de las que no ha conseguido documentación para evitar especulaciones o hipótesis no comprobadas. Precisa, que si hay diferentes versiones de los hechos las presenta así al lector, para darle una visión más amplia de la historia. Por otra parte, la “película” que muestra Piglia no se limita a la descripción de las imágenes, sino que recrea los decorados, el estilo de las crónicas periodísticas, y el habla de de los personajes. Así, el lector puede vivir el desarrollo de la historia como un espectador privilegiado, que contempla el desarrollo de los acontecimientos con mucha más información que la que tuvieron, en su momento, los protagonistas de los hechos.

El primer capítulo comienza presentando a tres miembros de la banda: el “Gaucho Rubio” (Dorda), el”Nene” (Brignone) y Malito. El narrador los va siguiendo, como si llevase una cámara que va efectuando flashbacks para conocer con más profundidad a los personajes. Las declaraciones de testigos del asalto dan otra visión  alternativa con contradicciones e imprecisiones. Aparecen más personajes: el Chueco Bazán, el Cuervo Mereles, Nocito y la Nena. Conocemos, también, el refugio de los maleantes y la preparación del atraco.

Marcelo Brignone y Héctor Dorda.
Marcelo Brignone y Héctor Dorda.

En el segundo capítulo, va presentando a los asaltados, para que tengamos otro punto de vista, “desde el otro lado de la mesa”, del escenario donde se desarrollará la acción. Luego, describe el asalto y la huida posterior, y mezcla declaraciones de testigos con informes policiales. Como en toda la obra, la voz del narrador va rellenando los huecos, y aunque diga que solo transcribe las fuentes consultadas, va mucho más allá y se adentra en los personajes, en sus vivencias y en aspectos que, evidentemente, no  podrían facilitar “las fuentes consultadas”.

En el tercer capítulo, el asalto aparece en los periódicos con la prosa de los redactores de sucesos. Comienzan las pesquisas policiales y el Comisario Silva se perfila como otro personaje importante del relato. El narrador profundiza en el pasado del Gaucho y del Nene. La banda decide no pagar a informantes e implicados externos, y comienza su loca huida hacia delante. Después de su reunión con Fontán Reyes, Chueco es detenido, y nos enteramos que Fontán era un informante de la policía. No es posible delimitar hasta donde llegan las implicaciones de policías y políticos.

En el cuarto capítulo, el Chueco aparece muerto, se supone que por la policía para eliminar un testigo incómodo, y nos enteramos de que “la Nena” ha sido detenida, ya que está siendo interrogada por Silva, pero no sabemos ni dónde ni cuándo ni cómo. Emilio Renzi, un chico que hace policiales para “El Mundo”, comienza una crónica periodística de los hechos, mezclando el pasado de “el Nene” con la narración de la historia, y en la que se descubre que la banda ya ha conseguido llegar a Montevideo. El Nene, en su deambuleo por los ambientes gays de esta ciudad, conoce a “la Chica”, que luego se identificará como Giselle o Margarita, y acaban yendo al apartamento de ella, donde discurrirá la parte final de la historia. La relación entre ellos, y las conversaciones que mantienen, nos permiten descubrir más recovecos de la personalidad de “el Nene” y en especial de su sexualidad.

Edificio Liberaij
Edificio Liberaij

En el siguiente capítulo, la banda está intentando cambiar las placas de un coche robado, cuando son descubiertos por la policía y comienza otra sangrienta persecución en la que abandonan a un compinche herido, que será quién ponga a la policía tras sus pasos. El Nene, el Gaucho y el Cuervo tienen que abandonar su refugio y se trasladan al apartamento de Giselle, donde transcurrirá el asalto final de la policía. La policía ya ha estado antes allí y ha colocado micrófonos, recurso que permitirá que el narrador reproduzca las conversaciones. En el relato se entremezclan declaraciones de testigos y partes policiales, que dan sus visiones parciales de la historia, frente al narrador que maneja las distintas versiones y fuentes, pero que no se decanta por ninguna de ellas. Malito, el jefe de la banda, desaparece del relato y ya no se hablará más de él; es un cabo suelto sobre el que el autor no quiere pronunciarse, ya que, como indica en el epílogo, no tiene información fiable. El comisario Silva llega a Montevideo, al enterarse de que los asaltantes han sido localizados.

El inicio del capítulo sexto es un travelling por el nuevo refugio que permite conocerlo con detalle, a través de la crónica de Renzi, para poder localizar el escenario de la batalla final. La policía les comunica que están rodeados, y ellos pueden seguir el cerco policial por su propia televisión, al igual que los habitantes de Montevideo, que están siguiendo en directo el asalto de la policía. Otra visión del escenario, la del público que ve la representación de la obra.

En el capítulo séptimo sigue el asalto policial. Se entremezclan versiones de la policía, los testigos y los medios de comunicación. También se reproducen las conversaciones de los cercados que obtiene la policía a través de los micrófonos que han instalado previamente a la llegada de los asaltantes. Los malhechores insultan a la policía, queman el resto del botín y lanzan los billetes a la calle, ante la desesperación del público, de ahí el título “Plata quemada”. Los tres miembros restantes de la banda, continúan su huida final hacia ninguna parte, que ya estaba planteada subyacentemente por el narrador desde el inicio del asalto y la muerte de los cuidadores del dinero.

LiberaijEn el siguiente capítulo, Renzi sigue elaborando sus crónicas y Silva, que no soporta a este tipo de periodistas, se enfrenta con él. Desde el apartamento, los cercados ven a Giselle entrevistada en televisión (otro recurso del narrador para entremezclar los diferentes planos de la historia), y en un nuevo enfrentamiento matan y hieren a varios policías más. El comisario Silva piensa: “están muertos, son como cadáveres vivos y sólo quieren saber a cuántos pueden llevarse con ellos”. Se inicia el asalto final, el Cuervo es alcanzado y muere, luego el Nene también es herido por la policía y muere en brazos del Gaucho.

En el capítulo final, el noveno, el Gaucho, que es ya el único superviviente, rememora su vida mientas se defiende sin ninguna posibilidad de éxito. Por fin, es detenido herido y cuando lo sacan del apartamento en camilla, policía y público se ensañan con él a puñetazos. El narrador, en boca probablemente del redactor Renzi dice: “el primero que veían de los terribles malhechores que habían combatido heroicamente durante dieciséis horas”. Así, la prensa refleja el pensamiento del pueblo que, a la vez que los desprecia, adora la capacidad de resistencia de los cercados. El comisario Silva pide calma, tiempo para que la justicia haga su labor, pero a la vez muestra a la multitud su puño manchado de sangre diciendo: “Yo le di el último puñetazo”.

En el Epílogo, Piglia relata sus fuentes y su método de trabajo, en un ejercicio de verosimilitud. En todo el relato, el autor ha tenido un especial cuidado en que la historia, sea percibida como una crónica de unos hechos reales, basada en fuentes fidedignas. Por ello, rellena la acción con comentarios íntimos de los protagonistas, que evidentemente no ha podido obtener, pero que intercala para apoyar la historia de forma que sea creíble esa comentada verosimilitud. Cerrando el círculo, al final del epílogo, el escritor conoce a uno de los protagonistas, la Nena (la amante de Mereles), que es quién en 1966, pocos meses después de los hechos, en un encuentro fortuito le explica parte de la historia, lo que le induce a él a iniciar el proyecto de este libro que abandona en 1970. La aparición inesperada de esos borradores, muchos años después, hizo que retomara el tema  y  la obra se  publicara en 1997.

Los siguientes pasos del lector

A nuestro lector le ha gustado bastante el libro, pero está un poco desorientado, no sabe cómo enfocar el trabajo que debe realizar y le cuesta distinguir entre realidad y ficción. Se trata de un relato verosímil, que supuestamente describe unos hechos reales; el autor en el Epílogo ha precisado que: “no está basada, sino cuenta una historia real” y así también lo indican las crónicas y reseñas, que ha empezado a recopilar, pero algo no le cuadra, y sabe que detrás de todo escritor hay un creador dispuesto a que su obra supere a todas las fuentes, por mucho que diga que se va a atener totalmente a ellas.

Como nuestro lector es ordenado y eficiente, trabaja en paralelo. Repasa el catálogo de una biblioteca desde su ordenador, y encuentra un ensayo reciente sobre Piglia y también otra obra de Piglia ”, pero no encuentra “Respiración Artificial” (1980), que según le han dicho fue la obra que le hizo famoso. Eso no le arredra y consigue descargar en su E-Book una versión digital de “Respiración artificial”, nos tememos que pirateada, ya que en nuestra búsqueda no la hemos encontrado en los catálogos digitales oficiales; también aprovecha para descargarse (1975), un conjunto de cuentos, que fue una de las primeras publicaciones del autor, y de Truman Capote, que recuerda vagamente, ya que lo leyó hace muchos años, pero le parece que sería muy interesante de comparar con este libro, por aquello de las influencias y de cómo transformar un tema periodístico en un relato.  Como  también le han indicado que se puede catalogar a Piglia dentro de la posmodernidad, busca y encuentra dos títulos que parecen, en principio, interesantes, de Jean-François Lyotard y de Gonzalo Navajas. Sonrríe, pensando que pronto los títulos tendrán que poner “La modernidad elevada a la cuarta potencia”, y solicita estos libros, que de momento no están disponibles, y entra en Wikipedia y en Google para conocer algo más de su autor.

 Donde el lector, empieza a perder su inocencia

Wikipedia no le descubre las claves que está buscando. En todo caso destaca que Piglia estudió Historia, que es un apasionado de Faulkner y de los escritores de serie negra americana (Hammett, Chandler, Goodis…) y que le interesan dos poéticas antagónicas, una aparentemente popular basada en la oralidad (João Guimarães Rosa, Juan Rulfo…) y una vanguardista que busca estilos plurales (Joyce, Manuel Puig), además de Kafka y  la literatura argentina.

Le parece más interesante un artículo de Ernesto Schoo (La nación, 1.8.1997), que define la obra como un “calidoscopio narrativo”. Dice que: “Si Stendhal aspiraba a una prosa tan reticente como la del Código Civil, Piglia aspira a la de un acta policial” (…/…) Lenguaje llano, exento de metáforas, el de la calle, el de la gente incapaz de expresar algo más que una demanda de necesidades primarias. Dinero, sexo…”  Resalta la dificultad de construir una tragedia clásica desde estas premisas y los éxitos de Faulker, que lo consiguió al bordarlo poéticamente , , ) y de Capote (A sangre fría) desde una perspectiva opuesta stendhaliana. El lector respira y sonríe satisfecho, ha encontrado un crítico con quien puede conectar, reconoce en sus palabras algunas de sus lecturas y comparte sus conclusiones, expresadas a través de un lenguaje llano. Por fin, se dice, alguien que escribe para sus lectores y no para demostrar algo ante sus colegas de profesión. Al proseguir la lectura, Schoo destaca el espacio claustrofóbico y la transmisión cenestésica del encierro, como una de las mejores virtudes de la novela, y como la menos lograda “la tendencia a describir la psicología de los personajes en vez de dejarlos actuar y que el lector forme su opinión propia”. El lector se siente feliz al aflorar su soberbia, él había pensado lo mismo de acerca de ese exceso de análisis de la sicología de los personajes, que achacaba a la nacionalidad de Piglia. Además, no le parecía muy coherente esa declaración de principios del autor, de “contar una historia (como historiador de formación que es Piglia) en vez de basarse en ella”, con intromisión en mundos interiores, a los que evidentemente no pudo acceder, por mucho que usase recursos, quizá amañados, como el de acceder a las notas del siquiatra de la cárcel. Nuestro lector es bastante “cartesiano” y se pierde muchos de los placeres de la literatura.

El artículo de Schoo concluye con otra frase, con la que también muestra su conformidad, acerca de que la narración es un “caleidoscopio”, y se pregunta si Schoo, por su edad,  habrá visto alguna vez ese antiguo instrumento. El oráculo Google le aclara que sí (ya que nació en 1925), y acrecienta su orgullo personal, ya que coincide en opiniones con alguien de importante currículum que considera la narración “construida a modo de calidoscopio, a partir de puntos de vista variados y opuestos, muestra asimismo una consumada destreza en la articulación, sin marcas visibles de sutura, de los diversos lenguajes utilizados. Siempre en un registro inmediato, cotidiano, donde inesperadamente aflora la ternura, en la compleja relación del Nene Brignone y el Gaucho Dorda”. El lector continúa su trabajo académico, ya más tranquilo, está empezando a perder su inocencia respecto a la obra y ha encontrado un académico con quien coincide y que le sirve para empezar a construir el armazón de su trabajo.

Liberaij Apartamento 9
Liberaij Apartamento 9 – obra de José María Novo

Su siguiente lectura es un artículo de Carlos Luis Torres Gutiérrez, publicado en 1999 en la revista “Espéculo” de la Universidad Complutense. De este artículo le interesa lo que es evidente para cualquier lector: La novela aborda esa posibilidad de lo humano de desatarse de todo control, (…/…) y avanzar hacia ese abismo atrayente que es el mal absoluto sin riendas ni sentido. (…/…) ese callejón que constituye la maldad absoluta, donde no existen valores o el antivalor es la norma.” También es interesante el comentario del cambio de velocidad del tiempo desde la primera parte trepidante, a la última lenta y claustrofóbica. Se detiene, luego, en una frase: “Un leguaje directo, sustantivado con el metalenguaje del bajo mundo, cotidiano, nos lleva a lo largo de una novela…” y le parece pedante y superflua la inclusión del término metalenguaje; aquí el lector ha hecho trampa y ha consultado anteriormente el perfil de Torres Gutiérrez y, al ver que no es tan destacado como el anterior, se atreve a rebatirlo. El tiempo apremia y, al final del artículo, descubre una frase que le intranquiliza: “Esta novela es un buen intento en la construcción de un género que empieza a tomar los rasgos de la posmodernidad”. ¿Qué debe ser eso de la posmodernidad?, antes ya hemos escuchado una reflexión irónica, que encerraba bastante desconocimiento sobre el término, y recuerda que tiene que ir a buscar unos libros sobre el tema, ya que le han aconsejado que debe relacionar esta obra con la “postmodernidad”.

Para concluir su documentación, antes de efectuar las lecturas de otros libros de Piglia y de consulta pendientes, repasa unos fragmentos de un artículo de Germán L. García, publicado en Hispanoamérica nº 85, revista de literatura de la Universidad de Maryland donde, como Saulo, se producirá su caída del caballo. Inicialmente, le llama la atención un frase extractada del epílogo del libro: “El conjunto del material documental ha sido usado según las exigencias de la trama…” y el comentario del articulista de que “existen inferencias exigidas por la trama”, pero se tranquiliza al releer en su libro, que Piglia había añadido “es decir que cuando no he podido comprobar los hechos en fuentes fidedignas he preferido omitir los acontecimientos”. ¿Qué quería decir el articulista?, su comentario parece equívoco a tenor de la precisión de Piglia. Continua diciendo que “la verdad no es la exactitud, la verdad es una dimensión que supone un sujeto que no siempre puedo inferir de la exactitud de los hechos. Por eso se trata de “reconstruir” con materiales “verdaderos”, de realizar un bricolage que muestre la lógica sensible, el pathos de una leyenda, referido a la “violencia ilegal”. No acaba de ver por dónde quiere ir el articulista y sigue leyendo: “El chico de El Mundo es Emilio Renzi, que aparece en otros libros de Ricardo Piglia”.

La frase es como un fogonazo, es verdad, cuando se descargó en su E-Book Nombre falso, el libro de cuentos de 1975, leyó ese nombre en la primera página donde se presenta al protagonista, que ahora relee frenéticamente: “Perdido en el hall de la estación semivacía, Emilio Renzi mira los andenes mal iluminados…” Teclea el nombre del otro libro que se ha descargado, el famoso “Respiración artificial” y descubre que el narrador se llama Emilio (se supone que Renzi). Cierra el E-Book, el andamiaje, que había empezado a construir, se le derrumba estrepitosamente, ¿miente Piglia, ha inventado toda o parte de la historia que, según él nos ha contado rigurosamente? Una lectura rápida al resto del artículo no le aporta más información sobre este tema, que es el único que ahora le interesa. Interrumpe su trabajo y se dirige a la Biblioteca, esperando que el ensayo sobre Piglia, le saque de dudas.

 Donde el lector se enfrenta a la realidad.

 agente Luis Cancela
El agente Luis Cancela. Muerto en los sucesos del Liberaij

Abre con ansia “El lugar de Piglia”, (una recopilación de artículos sobre el escritor, efectuada por Jorge Carrión) y ya en la primera línea del Prólogo descubre que el segundo apellido de Piglia es Renzi, y poco después que Emilio Renzi es su “alter ego” literario. Ahora ya sólo le interesa hasta qué punto ha podido mentir Piglia, si sólo usa a Renzi como un segundo narrador o si el tema es mucho más grave y toda o parte de la historia es pura ficción. Repasa, rápidamente, el indicé de artículos en busca de información sobre Renzi, y uno le parece adecuado: Ricardo Piglia en clave rusa: ascetismo y falsificación, de Jimena Néspolo.

Comienza a leer ese artículo y ¡bingo!, trata bastante de Plata quemada, pero piensa que ya volverá más tarde a ese análisis global de la obra, ahora busca a Renzi y lo encuentra en la parte final: “En el epílogo de Plata quemada, Ricardo Piglia se presenta como el verdadero narrador que ha trabajado con documentos gráficos, informes psiquiátricos, crónicas periodísticas de E.R. (Emilio Renzi, su conocido alter ego). El personaje ‘Piglia’ es aquí quien corporiza la triple figuración de la serie apuntada (célibe-detective-artista) y quien recolecta, maneja y dosifica la información para crear la obra.” Es verdad, se había olvidado de que el propio Piglia cita entre sus fuentes a su “alter ego”, ¿dónde queda la declaración de principios del autor, en el sentido de que está contando una historia real? Nuestro cartesiano lector está indignado, pero su propia racionalidad le salva del ridículo, se da cuenta de que los lectores habituales de Piglia ya conocen este juego y al encontrarlo saben que se presenta la otra voz del narrador, la que propone el discurso en el que no puede implicarse dicho autor-narrador, que tiene que adoptar una posición más neutral. Ha sido él, nuevo en esta guerra, a causa de su desconocimiento de la obra de Piglia, quien se ha dejado engañar como aquellos pueblerinos que agredían al malo de la representación teatral pensando que estaba representando su propio papel.

Ya más tranquilo, vuelve al oráculo de Google para saber más sobre esa dualidad Piglia/Renzi y encuentra un interesante artículo de Susana Inés González: Piglia y Renzi: el autor y un personaje de ficción, publicado por la Associaçao Brasileira de Hispanistas en el que se repasa la presencia de Renzi en la obra de Piglia y más concretamente en , Tierna es la noche, , y La loca y El relato del crimen.  La articulista dice que, para abordar a Renzi, “toma como punto de partida el concepto de perspectiva, es decir de atender a la idea de de situarse en quién ve y cómo ve y no en quién narra” y que el narrador fija el foco en Renzi. Éste, comienza como estudiante y va envejeciendo con su alter ego creador, como universitario, periodista o escritor, y “su mirada es, en síntesis, reflexiva”. Un segundo trazo de su perspectiva es su “facultad de relatar”. En “El fin del viaje”, Renzi ya es un personaje con identidad completa, un adulto que parece más cansado que viejo, un periodista que hace crítica literaria y lleva una libreta de tapas negras para escribir los recuerdos y no perderlos. Eso le hace al lector recordar lo que dice Piglia de sí mismo en el epílogo de “Plata quemada”: “tomé algunas notas de lo que me contó (porque en aquel tiempo yo consideraba que un escritor debía ir a todos lados con una libreta de notas)”.

 En “La loca y el relato del crimen”, la articulista indica que Renzi da un paso más en su oficio. El lector, recordando que es uno de los cuentos de Nombre falso que tiene descargado en su E-Book, quiere tomar personalmente el mando de la acción y deja a su lazarillo para conocer el texto a través de su propia lectura “A Emilio Renzi le interesaba la lingüística pero se ganaba la vida haciendo biografías en el diario El Mundo (…/…) El tipo que hacía policiales estaba enfermo la tarde que la noticia del asesinato de Larry llegó al diario. El viejo Luna decidió mandar a Renzi a cubrir la información porque pensó que obligarlo a mezclarse en esa historia de putas baratas y cafishios le iba a hacer bien”.  Y es él quién descifrará el misterio del crimen, ese Renzi de ficción descubre la verdad, la no-ficción, utilizando su bagaje de lingüista —la teoría frente a la práctica—, y en un gesto quijotesco se autoinmola para salvar a un “cafishio”. Un alter ego ejecutando lo que el ego predica y no realiza. Retorna el lector a su lazarillo y el artículo concluye: “Se instala de esta forma, una perspectiva, una voz, un recorrido del relato ficcional que presenta asociaciones fuertes con la recuperación de la memoria, y con la restitución de lo verosímil, porque la vida parecería ser el lugar de la ambigüedad y la ficción el de la certeza. Emilio Renzi es quien está facultado para relatar, volver a contar desde su punto de vista, se apropia de un discurso para mantener la autoridad del relato. El que cuenta tiene la verdad.”

apartamento 9 del Liberaij
Durante el cerco al apartamento 9 del Liberaij

Donde el lector se rebela y autoinmola

El lector, que leyó Plata quemada, por imperativo académico aunque luego le atrajo, ha sido seducido por este cuento de La loca… , lee vorazmente todos los cuentos de Nombre falso, y Piglia le atrapa. Entonces, es consciente de que el oficio de crítico suele matar el gusto por la lectura relajada, de que “el buen salvaje” disfruta mucho más que el erudito, obligado a buscar relaciones e influencias, y a hacer metaliteratura que en fondo sólo interesa a los de su raza, cada vez más endogámica y, queriendo regenerarse, decide autoinmolarse académicamente y cierra su trabajo en este punto, dejando un montón de material trabajado y resumido, que estaba listo para intentar concluir ordenadamente su monografía sobre Piglia y Plata quemada.

 Donde el narrador de esta historia intenta poner un poco de orden

El lector nos ha abandonado y este narrador, en funciones de “ángel de la guarda” se dirige a su mesa de trabajo e intenta poner un poco de orden.

Ricardo Piglia
Ricardo Piglia

 Encuentro El lugar de Piglia, abierto por el artículo de Jimena Néspolo, con una serie de anotaciones que ha efectuado sobre Renzi y “Plata quemada”. De ellas me parece interesante la que hace referencia a la demanda que interpuso Blanca Rosa Galdeano, la amante de Mereles, “por daños y perjuicios, por violación al derecho de intimidad, honor, privacidad, daño moral y usurpación de nombre”, ya que el lector había escrito en el margen “podría ser el inicio de otro relato en un nuevo círculo, vicioso o virtuoso, que se cierre sobre el relato”. También está el libro Plata quemada, con muchas anotaciones y un indicador amarillo en cada página en que aparece Renzi. Sobre La postmodernidad de Lyotard ha puesto un pósit que dice “no le encuentro utilidad directa para el trabajo, releer”. Más allá de la modernidad, está subrayado en los primeros capítulos (parece que no ha completado la lectura) y encuentro una hoja con anotaciones que indica: “Interesante, parece que en la postmodernidad cabe todo. Incluir la anécdota del político liberal nacionalista que respondió a la pregunta de cómo se podía ser a la vez liberal y nacionalista, diciendo que los liberales eran tan liberales que aceptaban hasta a los nacionalistas”. No encuentro Prisión perpetua, supongo que lo estará leyendo.

Descubro su E-Book, lo abro y en “Leído recientemente” aparecen “Piglia, Ricardo. Nombre falso (cuentos). – Piglia, Ricardo. Respiración artificial – Capote, Truman. A sangre fría –  Faulkner. Santuario -. Además, sobre la mesa hay una serie de fotocopias de artículos e información que parece bajada de internet. Hay párrafos subrayados a lápiz y otros marcados con fosforito amarillo. Encuentro la entrada de Wikipedia de Ricardo Piglia, una reseña general de Piglia y otra de Plata quemada de la librería “La Central”, y los artículos que ya citados, de Schoo, Torres Gutiérrez, Germán García y Susana Inés González. También hay un resumen de “Plata quemada”, bajado de algún portal de apuntes, que parece que no ha sido utilizado.

El lector se ha dejado el ordenador abierto, y veo su trabajo sobre Piglia y “Plata quemada” a medio concluir. Lo leo y me pongo a escribir para darle un poco de orden, intentando respetar sus intenciones. Ya que hoy era el último día para entregarlo, lo imprimo y lo llevo a la Facultad con su nombre.

Esa tarde recibo en mi móvil un mensaje del lector: “Conociéndote, supongo que estarás intentando presentar mi trabajo inconcluso. Gracias por todo, estoy disfrutando con “Prisión perpetua”, lo de la veracidad y Renzi tampoco era tan importante, con la verosimilitud es suficiente. Un abrazo”. Decididamente, mi amigo el lector ya ha empezado sus vacaciones y también a disfrutar de la lectura.

Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)

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