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Monopolio de la violencia

Según asegura Santiago Abascal “el estado tiene el monopolio del uso de la violencia”, aunque por desgracia se le olvidara mencionar en uno de esos videos tan navideños cuál es el artículo de la Constitución que lo indica con tan prístina contundencia.

Por desgracia también, quizás a causa de ese olvido al citar el origen de dicha atribución, se ve que pocos lo saben y ejercen la violencia a su total antojo, ignorantes de que atentan contra algo que ya ha sido monopolizado.

Liberales y violencia. Qué moderno.

En estas arenas movedizas en las que ahora apenas nos logramos mover, el nuevo y flamante gerifalte de la oposición quiere incendiar el fuego. Y se erige en defensor absoluto de las víctimas que él mismo quiere restar derechos. La alucinante cobardía de los miembros del Partido Popular y de Ciudadanos, cobardía que no logra ocultar la admiración que despierta en ellos este sexto jinete del apocalipsis, se restriega de nuevo en su sempiterna inconsciencia (ese su tan querido “todo vale”, sobre todo si se logra hacer el mayor daño posible). Y juntos de la mano, parten en busca del desastre. Mientras en estos días nuevos casos de violencia de género les hacen bostezar, se afanan en trastocar los términos en su afán por hacerse con el control de ese monopolio. Revisable, perpetua, género, doméstico. Marear la perdiz hasta matarla. Ser mujer se ha convertido ya en un estado de ansiedad perpetuo. No sólo por las escalofriantes sentencias que se van conociendo. Sobre todo porque se pretende legislar en contra de lo ganado, y que se esfume de golpe cualquier pobre logro que se haya conseguido. En Andalucía ya se piensa en tumbar algunas leyes al respecto para ser sustituidas por otras que favorezcan la caza y los eventos taurinos, ambos anclajes de un calado imprescindible, y sin los cuales una sociedad decente no puede avanzar.

La sangre corre a cuenta del estado.

Forma parte de su monopolio.

Qué mayor prueba de ello que ese video publicado por el Partido Popular (ya borrado, pero que recorre las redes como el cáncer que es) en que el que un niño llamado Adolfito le pide a los Reyes Magos que acaben con la vida de Pedro Sánchez. Mensaje institucional. Palabras de unos que se dicen demócratas. Eso sí, por no caer directamente en lo hediondo, un adulto acompaña al pequeño mientras escribe la carta y es el que se asegura (el niño debe ser demasiado imbécil) de que la misiva no se pierda y llegue a los correspondientes sicarios venidos de Oriente. ¿Exaltación del magnicidio? No, de eso nada. Es hacer un llamamiento para ungir de beneplácito a los irresponsables. Es ejercer como matones de oficio en ese su monopolio.

Como adultos son los que irán a votar en nombre de sus hijos si es que Vox logra modificar la ley y que los menores se hagan la ilusión de que van a las urnas, donde no necesitan depositar nada porque ya tienen a quien lo haga por ellos (pero no queda muy claro si solo puede ir uno de los padres, o los dos, o puede que hasta ex maridos y ex esposas, ya saben eso de un niño, diez votos), y así incluirlos el aterrador engranaje con el que pretenden mover un país con las esperanzas muertas.

Hasta el Arzobispo de Sevilla, al que suponemos un experto en la materia tras década entregado al estudio, ha concluido que el feminismo, radical, claro, está “amasado de supremacismo, resentimiento e ideología de género y tiene inequívocos orígenes marxistas”. Y esto lo suelta sin penitencia alguna, escandalizado porque algunos acusan al Papa Francisco de feminista, los mismos que saben que la tierra es plana, por mucho que los rojos insistan en su curvatura. Y se le olvida mencionar el insólito alcance que va tomando la cada vez más arrolladora e imparable denuncia de casos de abusos a menores por parte de la Iglesia. Quizás es que, al igual que la violencia es de uso exclusivo del estado, la pederastia también tiene su monopolio.

Será complicado ver nada claro en los próximos meses sin tener los ojos manchados de tanta suciedad como se nos viene encima gracias a estos preclaros ególatras.

Pero ya sabiendo que es el estado el dueño de la violencia y cuáles son sus ideas al respecto, algo hemos ganado.

Mujeres y hombres ya somos iguales.

Porque podemos vivir igual de aterrorizados.

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Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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