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Las nueve musas
Foster Wallace

Mentes que brillan: David Foster Wallace

Con Foster Wallace se cumple aquella sentencia de que no hay temas, sino autores. Pues el tema por excelencia es el propio estilo y la mirada personal celebrando la imperfección del mundo.

La galaxia Wallace está habitada por planetas y estrellas dispares, y estos, nunca son monocordes ni siquiera a lo largo de un único relato.

La escoba del sistema
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Cuando se está frente a una de sus páginas cualquier objeto común, acción o circunstancia quedan impregnados de su obsesiva mirada microscópica devoradora de detalles, de su fibra original acercándose al dorso de la realidad. Un alma a la intemperie que  nunca parece abandonar ese efecto de lupa que resulta de extraviar la prosa sobre los más inusuales personajes.

Sus textos son excesivos, versátiles, copiosos como una tormenta que no cede, que empapa de los pies a la cabeza sin intervalo. Es notable el modo en que logra desplazar la atención del cuerpo del texto a zonas menos exploradas literariamente por otros autores, como son las notas al pie. Estas llegan a competir en extensión e importancia abriendo nuevos sentidos al texto central, encontrándole arterias inesperadas a un episodio en apariencia lateral para luego ramificarse en asombrosas digresiones.

En 1987 publica su primera novela, La escoba del sistema[1], que forma parte de su tesis de licenciatura, donde una operadora telefónica teme ser un personaje literario[2], mientras  escucha y lee una nutrida cantidad de relatos escritos por Fieldbinder con títulos tales como Historia de Monroe Fieldbinder, pirómano.

En el ínterin, desaparece su bisabuela y otros veinticuatro ancianos de la residencia donde viven, y mantiene una relación amorosa con su jefe (dueño de una cacatúa que profiere discursos un tanto elaborados… para una cacatúa, claro), quien le acerca todos los relatos que proliferan en la novela pues son los manuscritos a los que tiene acceso como editor. Cada capítulo tiene un registro diferente en tanto mezcla puntos de vista, voces y procedimientos, pero siempre es el hombre y su sed de relatos. Como reclama Lenore, su protagonista: “Una historia, por favor”. Este sistema que da nombre al libro tiene su propia parábola en una madre que al barrer la cocina le pregunta a su hijo si es más importante las cerdas o el mango, y la respuesta correcta dependerá del uso que quiera darse a la escoba, pues esta servirá tanto para barrer como para romper una ventana.

Su segunda novela, La broma infinita (1996), presenta un futuro donde los años tienen nombres de auspiciantes; a saber, Año de la Ropa Interior para Adultos Depend, Año del Superpollo Perdue, etc., y a pesar de que se interrumpe a sí mismo permanentemente (notas al pie mediante) en un fárrago de más de mil páginas, conocemos la vida de aspirantes a tenistas profesionales (Wallace mismo practicó este deporte)[3] en la Academia Enfield, y en paralelo la rutina en una residencia de recuperación de drogas.

la broma infinitaMuchos otros temas se desprenden de la trama principal (si es que esto existe en un texto de F. W.), una familia difícil, la tiranía del entretenimiento, un régimen político onanista y una extraña película llamada justamente La broma infinita.  Largometraje que provoca placer hasta la muerte a todo aquel que lo mire, al punto de caer en un estado vegetativo en el que solo se desea ver una y otra vez el filme. En otras palabras, la película se convierte en una idea fija, y así surgen las consideraciones acerca del deseo como compulsión, el placer como adicción y el entretenimiento como factor anestesiante pues “Perversamente, a menudo es más divertido querer algo que poseerlo”.

Hablemos de langostas (2005), forma parte de los escritos de no ficción, y donde tal vez brille más su genio. A propósito del Festival de la Langosta de Maine, y sin hacernos perder el interés por temas en apariencia anodinos, hace un retrato de los asistentes del festival, de los intereses de los organizadores y los pormenores de la industria, del impacto del turismo en la zona, de la dieta del americano promedio, de los escenarios y actuaciones pensados especialmente para la ocasión y del espectáculo principal, la olla para langostas, donde hierven vivos a estos animales. De manera que la crónica se transforma en una radiografía de la estupidez, el absurdo, la crueldad y la violencia más despiadada del hombre, pero sin perder la compostura lingüística ni lanzar panfletos lacrimosos acerca del dolor de estos animales.

La descripción del sistema nervioso de las langostas en torno a la ética de estos festivales resulta en un tratado sobre la hipocresía y la indiferencia programada que atrapa al lector y apela a la empatía y la conciencia: “¿Es posible que las generaciones futuras contemplen nuestra producción de comida y nuestras prácticas alimentarias en gran medida tal como ahora contemplamos los espectáculos de Nerón o los experimentos de Mengele?”.

En el mismo libro, otro ensayo llamado “Gran hijo rojo” comienza con un dato escalofriante:

La Academia Americana de Medicina de Urgencias lo confirma: entre una y dos docenas de hombres adultos americanos ingresan todos los años en urgencias después de haberse castrado a sí mismos. Normalmente, con utensilios de cocina, y a veces con cortalambres. A modo de respuesta a la pregunta obvia, los pacientes que sobreviven a menudo explican que sus deseos sexuales se habían convertido para ellos en una fuente de conflicto y ansiedad intolerables. El deseo de un alivio perfecto, unido a la imposibilidad en el mundo real de obtenerlo, en el momento deseado, les había producido una tensión que ya no podían soportar.

Hablemos de langostas
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W. en función de ofrecer una posible alternativa a la locura de los cortaalambres ofrece un ensayo de solución al alcance de la mano. Como enviado especial a los premios AVN —Adult Video News—, una publicación al estilo Variety que otorga premios anuales desde 1982 a la industria pornográfica, recrea la cronología de la ceremonia que se prolonga por dos días. Como corresponsal nos instruye con cifras de las ganancias que estas películas generan, nos introduce en la fauna de sus realizadores, directores, actores y actrices que pasean por el festival escoltadas por guardaespaldas, ovacionadas por grupos de nerds y caballeros entusiastas del cuero y el color negro, de los discursos de los ganadores de ternas, del perfil del presentador de la ceremonia, de los inverosímiles argumentos de las películas, y por supuesto, la descripción de Las Vegas como ciudad anfitriona con su arquitectura deslumbrante y ambivalente. Entre premiaciones del estilo Mejor Temática Anal o la redundante Mejor Escena de Sexo, sigue los pasos de un célebre en su medio, T.T. Boy, que arroja frases del estilo “Un plano de porno es una ecología intrincadamente delineada” o el retrato de la famosa estrella italiana Rocco Siffredi, de los momentos pasados junto a Max Hardcore (¿una especie de Tarantino del porno?) en la suite personal del Sahara, todo esto a la vez que examina la adicción a la pornografía y sus alcances en la salud masculina.

Las notas al pie son inolvidables. En una especie de recuento de anuncios nos enteramos de las bondades del lubricante Wet Platinum, de una corporación californiana que produce a escala real “muñecas arrodilladas”, “pechos turgentes y deliciosos para estrujar” y, finalmente, nos ilustra la curiosidad por un tal Goldstein que es aplaudido de pie y llevado a cuestas… Los intereses y la ductilidad de F. W. lo abarcan todo. Puede discurrir sobre la descomposición de un tomate durante diez páginas y mantenernos abstraídos por completo.

En “La autoridad y el uso del inglés americano” el epígrafe de San Agustín[4] nos pone en línea con lo que vendrá. El contexto de la frase refiere al uso de la Biblia en la educación de los padres hacia sus hijos, dejándose guiar por el principio del afecto y el amor. En su artículo, Wallace no trae la frase de San Agustín con ánimo aleccionador, más bien, opera en el texto como una ironía. El tema es la publicación del Diccionario de Uso del Inglés Americano Moderno que reseña no sin explorar las conexiones sociales, económicas y hasta sentimentales de la lexicografía americana, en particular, aunque es aplicable a cualquier lengua a partir de su trasfondo ideológico.

¿Qué es lo correcto e incorrecto en el lenguaje? ¿Es válida toda normativa? ¿Qué legitimidad sustenta esos usos? Lo cierto es que su análisis en la década del noventa, en los Estados Unidos, trae al debate actual (en el español) una luz similar a la reclamada por las nuevas prácticas de pretensión inclusiva que ciertos sectores de la población acerca a la arena pública. Más allá de los argumentos de naturaleza lexicográfica y habiendo sido él mismo un preocupado y obsesivo por el mejor decir en su lengua, nos deja una conclusión válida a la hora de observar cualquier fenómeno que exceda los recintos académicos:

El verdadero Espíritu Democrático está al mismo nivel que la fe religiosa y la madurez emocional y todas esas cualidades que hay en lo alto de la Pirámide de Maslow[5] y en las que la gente se pasa la vida entera trabajando. El rigor y la humildad y sinceridad con uno mismo que constituyen el Espíritu Democrático son, de hecho, tan difíciles de mantener en relación con ciertas cuestiones que resulta casi irresistiblemente tentador alinearse con algún bando establecido y dogmático y volverse Inflexible, y creer que los demás bandos son o bien malvados o bien están locos, y gastar todo el tiempo y energía que uno tiene intentando gritar más fuerte que ellos. Sostengo, pues, que es indisputablemente más fácil ser Dogmático que Democrático, sobre todo al tratar temas que son al mismo tiempo controvertidos y muy emocionales. Sostengo que las cuestiones relacionadas con «lo correcto» en el uso del inglés americano contemporáneo son también controvertidas y muy emocionales, y que las preguntas fundamentales que suscitan son preguntas cuyas respuestas no hay que limitarse a encontrar, sino que hay que resolverlas literalmente. Un rasgo distintivo del DMAU es que su autor está dispuesto a reconocer que un diccionario de uso de la lengua no es una Biblia ni siquiera un libro de texto, sino más bien el simple registro de los intentos que ha hecho una persona inteligente de resolver las respuestas a una serie de preguntas muy difíciles. A mí me parece que esta voluntad responde a un Espíritu Democrático.

David Foster Wallace (1962-2008) es notable por donde se lo lea. Fue un distinto en su generación (Jonathan Franzen, Jeffrey Eugenides o Bret Easton Ellis), y considerado una de las voces más representativas. Se distanció del minimalismo de su tiempo proponiendo una mirada aventuradamente personal y lúcida que indaga la Verdad como dispositivo discursivo. Wallace no para. Leerlo es como estar sentado en una montaña rusa monumental con desviaciones inimaginables, tan solo para caer de diferentes alturas y volver a empezar tomados de los fierros laterales aguardando nuevos giros. Una experiencia que sobresalta y aligera, así era su voz. Su literatura siempre será una promesa cumplida.

Desde el sur del Sur escribe Adriana Greco


 

[1] D. F. W. escribe esta novela a los 23 años. Su traducción llega al español durante el 2013

[2] Parece ser que un comentario casual de una novia que le había dicho que prefería ser un personaje de ficción disparó la idea inicial de la novela.

[3] Se presentaba a sí mismo como “el escritor que, en otra vida, estuvo a punto de dedicarse a dar raquetazos”. Ver El tenis como experiencia religiosa (Random House, 2016)

[4] Dilige et quod vis fac [Ama y haz lo que quieras].

[5] La pirámide de Maslow es una teoría de motivación que trata de explicar qué impulsa la conducta humana. La pirámide consta de cinco niveles que están ordenados jerárquicamente según las necesidades humanas que atraviesan todas las personas.

Corrección de textos

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Adriana Greco

Adriana Greco

Adriana Greco nació en Buenos Aires,

Es docente, correctora literaria y bibliotecaria.

Tiene publicados en colaboración tres libros: Poetas y Narradores Contemporáneos (Argentina: Editorial de Los Cuatro Vientos, 2004) donde recibió medalla de plata y el tercer premio de poesía de un jurado seleccionado por la editorial; participó de la antología Poesía y Narrativa Actual (Argentina: Nuevo Ser, 2006), y colaboró con cuentos, poesías, y en la redacción de contratapa para La Tinta y el Blanco (Argentina: Ediciones Mallea, 2010).

En 2011 crea el blog Correctores en la Red.

Durante el 2012 y 2013 participó con columnas literarias en el programa Paranormales de Radio Zoe.

En 2015 obtiene con Mala entraña el tercer premio en el II Certamen "palabra sobre palabra" de Relato Breve (España).

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