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“Mejoral” infantil

Esta es una historia de censura “softy”. Una censura blandengue, legal y de perfil bajo. Hablar de ella no es ninguna heroicidad, no es un gesto de valentía ante la tiranía porque es una censura consentida, cotidiana e incluso deseada por el público.

Se trata de una censura analgésica que nos es administrada de modo parecido a cómo mamá nos daba, al menos a los que ya peinamos canas, un “Mejoral infantil” para bajarnos la fiebre antes de arroparnos y darnos un besito de buenas noches. Porque mamá nos cuidaba como sólo las grandes empresas saben hacerlo.

Mejoral infantilComo suelo hacer, este verano dediqué unos pocos euros a promocionar mi último artículo  con un anuncio en Facebook. Suelo proponer a la revista dos o tres imágenes de cabecera que adjunto al propio artículo pero en esta ocasión se decantaron por otra imagen, menos amable que las mías pero sin duda certera. Se trata de esa tremenda foto de Santi Palacios que nos muestra descarnadamente la cotidiana tragedia de los migrantes en las costas libias. La publicación fue aprobada y comenzó la promoción pero al cabo de unos días fue bloqueada. Aduje que era una imagen periodística ampliamente reproducida, que era informativa y carecía de contenido violenta o sexualmente explícito.  La respuesta fue que la imagen usada contenía escenas demasiado violentas o sangrientas, que no aceptan imágenes “para impactar o asustar a las personas que los vean” y que este tipo de anuncios puede recibir muchos comentarios negativos. Me ofrecían la posibilidad de “editar” la publicación para poder seguir promocionándola pero, coincidiendo en mi opinión con la dirección de la revista, decidí dar por finalizada la promoción sin cambiar la imagen.

El mismo artículo, publicado en mi perfil personal, no tuvo consecuencia alguna y sigue publicado sin mayor problema. Al parecer en aquello que no hay negocio, la censura no hila tan fino pero cuando están en juego los beneficios no hay lugar a consideraciones y una imagen con un fin humanitario acaba en el mismo lugar que la pornografía o el gore.

Mejoral infantil El mercado debe ser ciego al horror. Felices consumidores viviendo en un inmenso show de Truman a la inversa en donde es la mayoría quien  vive en la pecera. El mercado propicia para nosotros una prolongada infancia multitudinaria en donde vivir tranquilos sin nada que perturbe nuestro consumo. Mejoral Infantil para mantenernos tranquilos en un lugar confortable donde todos vivimos una existencia productivamente naive para beneficio de unos pocos, para esos que conocen el montaje, lo observan desde afuera y paternalmente deciden qué se nos puede o no administrar para mantener sus beneficios.

Pero esto no es una de esas ingenuas historias en las que unos pocos malvados oprimen a muchos inocentes. En este caso la publicación fue “aprobada” en principio por la gran empresa y durante dos o tres días transcurrió con normalidad, supongo que hasta ser denunciada por alguien. Resulta curioso observar la generalizada alegría con que usamos la herramienta de la denuncia ante cualquier cosa que nos contraría. En este leve mundo de las redes sociales, si alguien discrepa podemos bloquearle, si algo nos agita podemos denunciarlo, no vaya a ser que nos distraiga de nuestro consumo  tranquilo o, lo que es peor, nos haga tomar partido por algo. Tiene así el mercado miles de ojos que escarban en la ingente masa volviéndola abarcable y doméstica, ojos ingenuos pero no inocentes que escrutan nuestras estelas y denuncian la anomalía. En cierto modo resulta siniestro ver cómo nos administramos nosotros mismos el Mejoral mediante la autovigilancia creyendo en cambio que hacemos uso de nuestra libertad. Resulta paradójico ver cómo esa supuesta libertad va poco a poco estrechando los límites de lo censurable.

En este punto surge la cuestión de si esa vigilancia es total o como me supongo, en este mundo infantilizado y pusilánime, se circunscribe al ámbito de la imagen porque leer requiere demasiado esfuerzo y pocos censores llegan más allá de los títulos.

   En este punto se me ocurre plantear un juego cómplice con quienes lleváis leídas hasta el momento las seiscientas ochenta y seis palabras que llevamos de artículo. Plantearé una imagen amable y edulcorada para ilustrar este texto. Por otra parte introduciré ahora una descripción escrita de la imagen censurada. Intentaré, si puedo, hacerla tan descarnada y sórdida como me parece la propia imagen. Mi apuesta es que nadie denunciará por ello el artículo y la promoción transcurrirá con total normalidad porque el nivel de intolerancia es inversamente proporcional al de lectura. En mi próximo artículo os contaré lo ocurrido, Allá vamos:

La imagen tomada en picado, que es la perspectiva con que solemos mira el cubo de basura cuando lo usamos,  muestra en su parte superior el agua serena y profunda del Mediterráneo. Una franja amarilla recorre el centro partiendo la composición en un violento contraste. Reconocemos con la ayuda del cabo que la recorre que se trata de la borda de plástico de una enorme zodiac. Plástico que refuerza la impresión de enorme bolsa en cuyo fondo hallamos aquello que no queríamos intuir. Girones de piel se entremezclan con girones de tela a medida que vamos dando forma al horror que nuestra intuición anticipaba. Piel negra, de esa que duele menos, recién muerta entre ropas arrugadas, siete u ocho cuerpos que han sido lucha y esperanza pero ya no son más que residuo. Cuerpos brillantes de un mismo sudor que ya es frío, y abandono de miembros retorcidos en el fondo de la gran bolsa de plástico en que cuelgan sobre el abismo. Ese abismo azul que esta vez no nos ha ahorrado la visión del espanto por culpa del plástico traidor. Hoy el mar cómplice no se pudo tragar nuestra vergüenza. O quizás después de todo, siempre nos devuelve lo que tiramos…

“Mejoral” infantil
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Alfredo Llorens

Alfredo Llorens

Alfredo Llorens (Valencia).

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia en la especialidad de Escultura.

Máster en producción artística y profesor asociado del Departamento de Escultura en dicha Universidad (2010-2012).

Realizando en la actualidad su tesis doctoral que compagina también con su trabajo como escultor para la compañía Lladró.

Aborda en sus obras una revisión marcadamente irónica, mecanicista y caricaturesca de los comportamientos humanos, con especial atención al concepto de Poder.

Realiza esculturas y dibujos organizados en exposiciones temáticas que van desde la pieza de pequeño formato hasta la instalación de gran volumen.

Exposiciones individuales:
- 1997 "La Grandeur" (con sus secuelas "La Grandeur Encore" y "La Grandeur Encore Plus").
- 2005 "Elogio del Artefacto".
-2009 "La vida Ingrávida".
-2012 " Mecánicas del Dominio".

Cuenta con obra en "Museo de Escultura al Aire Libre" de la Universidad Politécnica de Valencia así como en numerosos organismos oficiales y colecciones particulares.

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