Las nueve musas
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¡Más madera! ¡Es la guerra!

Cada día aumenta la percepción de que ese viejo dicho de que “el espectáculo debe continuar” debe ser sustituido cuanto antes por un mucho más actual y mucho más español “la farsa debe continuar”.

Por doquier uno encuentra más y más brotes de lo frágil y huidizo de una realidad impostada, siempre con el cartel de recién pintado, aunque de tonos progresivamente oscuros.

Mongolia¡Pasen y lean!

Mongolia”, una revista de humor (profesión de riesgo), puede tener sus días contados en otro nuevo azote de estos sinsentidos judiciales, tan lleno de estos aires añejos a Inquisición y barbarie. Un tribunal condena a la publicación a pagar cuarenta mil euros a Ortega Cano por vulnerar su derecho al honor. En el cartel promocional de un musical, se podía ver a un extraterrestre, donde se había superpuesto la cara del ex-torero exclamando “estamos tan a gustito”. Ahí es nada. Toda una ofensa. Escalofriante. Imaginar el impacto emocional que tuvo que sufrir es imposible, y debería añadir a su petición la cifra de dinero que se va a gastar en tratamientos para apaciguar el demoledor trauma. Cabe incluso pensar que su honorabilidad esté tan dañada después de esta afrenta que ya no pueda recuperarla por completo nunca. Queda el consuelo de que al menos sí ha recuperado casi la mitad del dinero que tuvo que pagar por cometer homicidio imprudente, al conducir borracho y provocar un accidente mortal después de chocar contra otro vehículo. Y asombra comprobar que ser el responsable de algo así, no logró que el honor del torero se replegara y se escondiese en un lugar donde no tuviéramos que verlo nunca más, pero es que una cosa es acabar con la vida de un ser humano y otra muy distinta que te vayan dibujando por ahí como un ser de otro planeta, aunque muy habituado a los gustos etílicos de este.

Doy por hecho que la Presidenta de la Comunidad de Madrid emprenderá acciones similares frente a las informaciones que señalan que obtuvo su título de máster con notas falsificadas, y además en una universidad pública, para seguir socavando ese modelo. Aunque más que su honor, lo que parece haberse puesto en juego es la capacidad de Cristina Cifuentes para tomarnos el pelo. Primero asegura no haberse presentado a dos asignaturas. Al día siguiente, el rector y sus “chicas” del coro, la desmintieron. Y claro, ella rectificó, error de principiante, no va a ser la propia alumna la que sepa si se hizo o no hizo lectura pública de su trabajo. Aunque su tesis ha desaparecido. No la suya propia, extraviada en una mudanza. No, todos los ejemplares de un trabajo que más de uno ardemos en deseos de leer y que de existir va a ser minuciosamente diseccionado, como el bicho raro que es. Ni tan siquiera el ejemplar que por ley debe quedar en la biblioteca de la universidad. A cambio aparecen más y más papeles oficiales desmintiéndose entre sí, en un creciente galimatías burocrático que tiene ecos de pésimo folletín. Fallos informáticos, una plaga que parece asolar al Partido Popular, pues de pronto, mágicamente, ahora incluso en los ya míticos “papeles de Bárcenas” donde antes aparecía M Punto Rajoy, dicho nombre ha desaparecido (imposible por tanto saber a quién podía estar refiriéndose con tan misterioso apodo, quién se oculta bajo ese críptico Rajoy), y donde una vez se pudo leer Mª Dolores de Cospedal ahora únicamente se puede discernir en el nervioso trazo a mano algo parecido a Dolores, pues por lo visto ni vestida de camuflaje el tesorero de todos los tesoros es incapaz de no señalar el daño inherente a la actual Ministra de Defensa.

Precisamente es ella quien, en mitad de este vendaval de insultantes corruptelas, luce la más radiante de las sonrisas. No es para menos. Durante semanas, nueve millones de pensionistas han tenido que escuchar las más peregrinas excusas que pretendían mostrar como irrefutable el hecho de que es imposible subir sus cada vez más menguadas pensiones. Sin embargo, los nuevos presupuestos apartan una partida presupuestaria de casi once mil millones de euros para armamento militar. Barcos que navegan, aviones que vuelan, helicópteros que navegan. Todo nuevo y reluciente. No van a sobrevivir ni las bacterias la próxima vez que tomemos la Isla de Perejil. Y la razón por la que ese abrumador derroche es mucho más vital que subir la pensión de aquellos a los que están en las calles gritando lo que necesitan es obvia, y varios miembros del Gobierno la han aclarado: hay que estar preparados para defenderse. Según parece, hay posibilidades de que algún país nos ataque o incluso de que nos invadan por tierra, mar y aire.

En una secuencia de “Los Hermanos Marx en el Oeste”, Groucho, al mando de una locomotora a vapor, emprendía una desquiciada persecución al grito de: ¡Más madera! ¡Esto es la guerra! Lo mismo que ahora proclaman nuestros presupuestos, los que deben el repartir el dinero que nos han cobrado. Pero si se me permite afinar aún más la semejanza con la película, es obligado decir que la madera no tarda en gastarse, por lo que es Harpo quien con su caótica eficacia encontraba el modo para que la combustión no faltase. Con un hacha destrozaba todos y cada uno de los vagones, y con esa madera alimentaba el fuego. Y puede que así sea como viajamos ahora en estos momentos, en un tren destrozado, donde lo único que importa es la caldera, porque cada uno de nuestros derechos y cada recurso que nos corresponde terminan en el mismo bolsillo de siempre.

Por fortuna, Semana Santa está cerca. Y sabiendo que Fátima Báñez tiene contacto directo con las altas instancias celestiales, esperemos que interceda por aquellos a los que representa, y el buen juicio finalmente impere para no seguir robando a los robados. Le deseamos el mejor de los viajes para llegar allí donde decida ver el calvario programado.

Eso sí, le recomendamos que no vaya si el que conduce es Ortega Cano. Ya debe conocer el dicho. Si tienes el honor mancillado, mejor deja el coche aparcado.

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemente infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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