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María Jesús Mingot
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María Jesús Mingot

Una novela, El vértigo de las cuatro y media, con notable aceptación por parte de la crítica y público, tres poemarios y ahora un cuento infantil para todas las edades. ¿Una experimentación literaria, una necesidad…? ¿Por qué este cambio de rumbo?

Creo que en la fase creativa lo que existe es solo el proceso creador, la necesidad de comunicar una emoción, una idea, una imagen, una historia que parece querer abrirse paso, hasta que lo hace. Las clasificaciones, los códigos literarios en base a los cuales diferenciamos un género de otro vienen siempre después. En mi caso tengo la impresión de que cada proceso creador es indisociable en algún sentido de la forma en la que finalmente se plasma. Un poema se impone, y a él le es inherente su cadencia, su extensión, su transgresión espacio-temporal, su forma poética, como en la narrativa es la propia historia la que reclama su voz, su espacio, su textura genuina. Sea como sea el único modo en el que encuentro posible dar forma a esa inquietud inicial que precede a la creación es dejar que vaya encontrando su camino. Por lo que  a mí respecta creo que la impronta poética atraviesa todos los géneros en los que me he embarcado, y eso es algo que a menudo me han comentado.

¿Qué dificultades añadidas a las de la propia escritura, acarrea escribir para niños o desde la mirada de un niño?

No creo, en sentido estricto, en una literatura meramente infantil o juvenil, esas etiquetas, con un papel eminentemente pedagógico, tienen su sentido solo en los primeros años. Prefiero hablar del tipo de literatura que gusta especialmente a lectores más o menos jóvenes, sin ser en modo alguno excluyente. No creo que “El Principito” o “Alicia a través del espejo” o “Las aventuras de Huckleberry  Finn” o “Cuento de navidad” o “La isla del tesoro” o, sin irnos tan lejos, los libros de Judith Kerr, de Maria Gripe o de Roald Dahl sean libros solo para niños. Los seguiríamos disfrutando tanto como los disfrutamos entonces. Con todo, hay sin duda un reto añadido cuando uno escribe desde la mirada de un niño y predominantemente para niños. Plasmar su creatividad, sus inquietudes, sus deseos, sus pensamientos pone a prueba nuestra imaginación, pues la suya es abiertamente creativa e inquisitiva: no les valen los cromos repetidos.  En lo que respecta a la verosimilitud y al entramado de la historia no admiten gato por liebre. No hay ninguna explicación que pueda añadir una pizca de interés o de credibilidad a una historia que no ha sido capaz de mantenerlos en vilo. Por otro lado, la narración aquí ha de ser asequible a su nivel formativo, y eso, a los que tendemos a las aguas profundas, nos exige que hagamos compatible el fondo y la forma de una manera especialmente minuciosa.

Como doctora en Filosofía, ¿qué hay de metafísica en Un mundo en una caja?

El comienzo de la filosofía es el asombro, la extrañeza, la perplejidad, la capacidad de maravillarnos ante lo que se da por evidente y seguro, y esta perplejidad está muy presente a lo largo de todo el cuento, encarnada en este caso en Ana, que no deja de interrogarse acerca de las cosas que pasan a su alrededor, para acabar dándose cuenta finalmente de que cada respuesta es al mismo tiempo la puerta de entrada a un nuevo interrogante. La metafísica, la filosofía que late en el trasfondo de  ‘Un mundo en una caja’ tiene que ver en gran parte con eso, con ese fascinante regreso a ese “instante del asombro” al que se alude en el cuento, un regreso que es lo contrario de una repetición porque demanda de nosotros una reconstrucción.

Si no me equivoco, llevas publicado, hasta la fecha, tres poemarios: Cenizas, Hasta mudar en nada y Aliento de luz; entiendo que es natural que en la obra más reciente de un escritor se encuentre, más o menos acentuada, la experiencia acumulada por los escritos anteriores; ¿es esto una mera suposición mía o hay algo de verdad en tal afirmación?

Yo creo que sí, pero esa experiencia no es acumulativa y a menudo no somos conscientes de ello. Se produce, sencillamente recogemos el fruto. De pronto sentimos una necesidad, el despuntar de una imagen o una historia o un poema, con su desasosiego, su vértigo, su reclamo inaplazable, y nos ponemos a ello; el poema o la historia va cobrando forma, va adquiriendo su misteriosa autonomía, aunque quizás nunca dejó de tenerla, si bien todavía no lo sabíamos… Creo que entre ‘Aliento de Luz,’ mi último poemario, y ‘Un mundo en una caja’ hay un indudable vínculo, pues ‘Aliento de Luz’ habla de eso, de las formas de la luz y de la sombra y de su íntima copertenencia, y reivindica esa luz de la cual es aliento, pero nació en la sombra;  y ‘Un mundo en una caja’ es la  continuación de ese intenso anhelo trasladado ahora a una historia de descubrimiento en la que el poder de la imaginación y la vida como aventura se encarnan en Ana, una niña de siete años que nos sigue recordando que la luz hay que crearla y compartirla. He disfrutado mucho escribiendo este cuento.

La novela, la poesía y el cuento se conforman con inspiraciones distintas, con técnicas diferentes pero el resultado es siempre uno: nada más —y nada menos— que buena o mala literatura.

Así es, incluso diría que es literatura o es cualquier otra cosa porque la distinción entre buena y mala literatura me resulta desconcertante al depender muchas veces de factores que poco o nada tienen que ver con ella, y si es literatura, en la forma que sea, no le hace falta ponerse al servicio de ningún fin por ser un fin en sí misma. La literatura nos ayuda a entender mejor la vida, a cuestionarla, a recrearla, a descifrarla. Es mucho más que una actividad intelectual que desarrolla nuestras potencialidades y despierta nuestra capacidad crítica, es uno de los caminos esenciales a través del cual el hombre, mediante su capacidad de crear ficciones y sueños, trasciende sus coordenadas espacio-temporales, multiplicando las experiencias humanas, saliendo de sí mismo para ser en otros y a través de otros, fraguados al calor de nuestros sueños. Sin ella, sin literatura, sin arte en general quizás seríamos funcionarios muy bien adaptados, pero no hombres. Su inherente recreación de ficciones moviliza nuestro ser y nuestra realidad y la pone incesantemente en juego, para que no nos identifiquemos solo con la realidad dada, sino que la confrontemos con el infinito espacio de lo posible, siquiera sea en el marco de la imaginación.

¿Cuándo comienza la andadura literaria de María Jesús Mingot?

Pues me recuerdo, sí, escribiendo con once años tras una cortina, sentada en las frías baldosas rosadas y azules con un cuaderno y un lápiz en las manos, al amanecer. Escribía porque soñaba más y mejor con una cuartilla en blanco y un lápiz en la mano, y porque soñar no era una opción. Lo primero que escribí fueron algunos cuentos cortos, y poemas que eran en realidad puro balbuceo, bosquejo, preludio de algo que se materializaría después.

Y ahora un cañonazo a la línea de flotación: ¿Para qué sirve la filosofía en la era de las redes sociales y las aplicaciones digitales?

Como no genera riqueza ni empleo muchos dirán que no sirve para nada, que es irrelevante en cuanto improductiva. Pero claro, eso sería sin duda un juicio de valor enraizado de pleno en una sociedad instrumental, acostumbrada a moverse en base a un esquema de rendimientos visibles y en la que todo cuanto suene a utilidad parece meritorio por sí solo. En esta era de las redes y de las aplicaciones digitales, en la que nos inunda de continuo una avalancha de datos y de información, y la fugacidad se convierte en el pan de cada día, la filosofía es imprescindible en cuanto fomenta ese espíritu crítico que se vuelve precisamente contra la instrumentalización del pensamiento y la lógica del beneficio. Para que precisamente la rentabilidad social no sea nunca la medida última de las cosas, para que no nos limitemos a legitimar lo que hay, sino a cuestionarlo y a confrontarlo críticamente, para que la racionalidad técnica no acabe por invadirlo todo y el hombre siga siendo el animal que se interroga por los fines mismos y no solo por los medios adecuados a fines preestablecidos, para eso es hoy indispensable la filosofía.

Retomando la escritura, ¿cuándo y cómo escribe María Jesús Mingot?, hábitos, papel, ordenador, campo, ciudad…

Pues escribía a mano, en cualquier parte, incluso caminando me paraba y escribía. Ahora a menudo grabo mientras paseo. Mis hábitos de escritura han cambiado por fuerza mayor, pues en el 2010 sufrí una importante operación de cuello y a la vez fui diagnosticada de una enfermedad neuro-muscular, así que aprendí a escribir con un programa de voz en el ordenador. Si escribo más de diez o quince minutos a mano mis músculos se agotan.

Para ir terminando, una curiosidad: en una ocasión te preguntaron “Si el Reader’s Digestle encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?”, tu contestación fue rotunda: “Les diría que no.”. ¿Por qué?

Porque conociéndome hubiera terminado siendo un libro y no solo un artículo. Me ocurrió con Nietzsche, al que le dediqué muchos años de mi vida, cuatro de ellos para la realización de mi tesis doctoral, y anteriormente con Adorno y la escuela de Frankfurt. A lo largo de mi vida me ha sucedido con bastante frecuencia que, a raíz de leer un libro, he sentido la necesidad de leer toda la obra de un autor. La lista de autores con los que me ha pasado sería larga. Por otro lado, gustosamente hubiera escrito sobre una de esas personas inolvidables que nos determinan e incluso nos salvan en cierto sentido, sobre todo en la infancia, la edad de la desprotección. Pero al no ser “personajes” y carecer de relevancia pública creo que a la revista no le hubiera interesado mi elección…

Finalmente, la de rigor: ¿en que proyectos a corto plazo estás ocupada?

En mi cuarto libro de poemas, bastante avanzado ya, que aún anda a la búsqueda de su nombre, y en otro cuento largo, también bastante avanzado, que quién sabe si acabará siendo una novela. Este último estará dedicado a una gran amiga, muy enferma actualmente, una de esas increíbles personas que dejarán  el mundo seguro bastante mejor de lo que se lo encontraron al llegar.

 

 

María Jesús MingotMaría Jesús Mingot nació en Madrid. Licenciada en Filosofía y Letras. Doctora en Filosofía y Profesora Titular de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. Entre sus publicaciones destaca una novela, ‘EL VÉRTIGO DE LAS CUATRO Y MEDIA’ (Ed. Libertarias, dos ediciones), y tres libros de poemas: ‘CENIZAS’ (Ed. Libertarias), ‘HASTA MUDAR EN NADA’ ( Bartleby Editores) y ‘ALIENTO DE LUZ‘ (Ediciones Vitruvio, tres ediciones). Ahora acaba de salir su primer cuento largo  ilustrado: ‘UN MUNDO EN UNA CAJA’ (Guías Azules España. Casa Editorial Azulete. Noviembre de 2017).

Asimismo ha escrito numerosos artículos de Filosofía y Pensamiento crítico. Ha colaborado en revistas especializadas, libros conjuntos, prólogos y presentaciones de libros, tanto literarios como filosóficos. Sus poemas han sido incluidos en distintas antologías de poesía. Actualmente se encuentra escribiendo un nuevo cuento, que espera ver la luz el próximo año.

 

Un mundo en una caja

 

José Rico

José Rico

Oviedo (España) 1956. Gestor cultural.

Director-Editor de la revista de artes, ciencias y humanidades "Las nueve musas".

Fundador y administrador de la red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

En octubre de 2016 funda el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones.

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