Las nueve musas
Manuel Machado
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Manuel Machado. Su entorno y su poética

El entorno histórico de Manuel Machado

Manuel Machado (1874-1947) pertenece a una generación que se dio a conocer alrededor del cambio de siglo, en una época en la que entraron en crisis los anteriores valores dominantes de la sociedad burguesa. La revolución científica e industrial propició una desmedida fe en el progreso, que se hundió al comprobar los desequilibrios sociales que generaba, entre ellos el crecimiento del proletariado que vivía hacinado en condiciones infrahumanas. Esta crisis se extendió a los hijos de la burguesía que se cuestionaron el sistema de valores de esa sociedad.

En el último cuarto del siglo XIX, existía en España un teórico régimen de “Monarquía Parlamentaria”, pero el pacto de partidos que se turnaban (conservadores y liberales) y el fraude electoral alejaban de las decisiones políticas a amplias capas sociales como el proletariado urbano y los obreros del campo.  Por otra parte, la pérdida de las últimas colonias en 1898 fue el motivo de una crisis de intelectuales (con poca repercusión en el pueblo), que se plantearon los problemas del atraso español y las medidas necesarias para salir del mismo y acercarnos a Europa.

Manuel Machado. Su entorno y su poéticaEn los inicios del siglo XX la sociedad fue avanzando con problemas y revueltas como la “Semana Trágica”, las guerras de Marruecos, la conflictividad sindical, los atentados anarquistas o el pistolerismo patronal. Durante la 1ª Guerra Mundial, la neutralidad española permitió un resurgimiento económico que no se aprovechó para consolidar y que al fin de la misma derivó un una nueva crisis tanto política como económica que propició la dictadura de Primo de Rivera en 1923. La bonanza económica de los años 20 permitió, entre dictadura y dictablanda, llegar hasta el final de la década, en que la crisis intelectual, económica y social derivó en el triunfo de los partidos republicanos en 1931, con la caída de la monarquía y la proclamación de la República.

Los años 30 conllevaron en Europa una fuerte crisis económica y política que dio lugar a la aparición de los fascismos y los movimientos radicales de izquierdas, y que desembocó en la 2º Guerra Mundial. En este entorno, la República Española no pudo desarrollarse armónicamente entre extremismos de derecha, de izquierda y nacionalistas, y se propició la aparición de intentos de golpes de estado y el desencanto de parte de los intelectuales que la habían apoyado. Esto desembocó en la rebelión de gran parte del ejército, apoyado por la jerarquía católica y burguesía tradicional, que se enfrentó a las fuerzas progresistas e izquierdistas, mal organizadas y víctimas de los brotes del anarquismo y de los intereses del comunismo internacional.

La guerra civil española fue un anticipo de la confrontación mundial posterior, pero en España triunfó el tradicionalismo autoritario y de raíz fascista. Ello derivó en una dura posguerra en los años 40, con una fuerte represión política, escasez económica y con la mayor parte de la intelectualidad en el exilio.

 

El entorno cultural y estético

La vida de Manuel Machado se extiende por el amplio periodo que acabo de describir, pero su concepción del mundo cultural y artístico se forja a finales del siglo XIX en el desencanto ante el mundo burgués y racionalista. Frente a los valores de la burguesía conservadora, surge una juventud artística e intelectual que exalta el mundo de los placeres, de la bohemia, del alcohol, de la sexualidad y de la noche; lo que se ha venido a llamar el “Decadentismo finisecular”. Se persigue a la belleza por sí misma y se huye de la realidad inmediata, se recrean parajes exóticos y se descubre la nueva dimensión poética de la ciudad.

Los movimientos artísticos derivaron en varias corrientes que al final se consolidan en dos que fueron los pilares del fin de siglo: El Simbolismo y el Impresionismo. El Simbolismo, radicalmente antirrealista, se propone expresar las intuiciones y vivencias humanas que no tienen traducción precisa en el lenguaje común. Las palabras encierran connotaciones y sugerencias que van más allá de su significado lógico y permiten establecer asociaciones irracionales entre distintos campos de la realidad; se buscan los ecos de la sonoridad de las palabras en el subconsciente, “el poema no vale por lo que dice sino por lo que sugiere”. El Impresionismo surgió como una técnica pictórica que desintegra las figuras y emplea manchas de color que al ser observadas de lejos reconstruyen la imagen en el espectador, se trata de captar los matices exactos de un momento. En la literatura, el impresionismo se tradujo en no ofrecer un retrato completo y detallado de la realidad, sino en ofrecer elementos inconexos con los que la mente del lector conforma la imagen; el autor selecciona los aspectos de la realidad que le interesan más, prescinde de relaciones lógicas y usa frases inacabadas y abiertas que no pretenden describir sino evocar o sugerir.

Los escritores españoles participaron de estas tendencias generales con un cierto retraso y el impulso renovador les llegó por dos caminos: a través de los escritores latinoamericanos (entre los que destaca Rubén Darío) y del arte europeo en París (que penetró en España principalmente a través de Cataluña). A este movimiento lo conocemos en el mundo hispánico como Modernismo y es una mezcla de las distintas tendencias filosóficas y artísticas que dominaban, por entonces, la cultura europea.

Para algunos críticos, el Modernismo significó un movimiento artístico de renovación formal que incorporaba nuevos modos de expresión (la sinestesia, la técnica expresionista) y métricas nuevas o ya en desuso en el mundo hispánico (alejandrinos, eneasílabos, rítmicas greco-latinas) y que de alguna forma se enfrentó al espíritu de la generación del 98, encarnado por escritores preocupados por cuestiones filosóficas y sociales que solucionasen el atraso español.

Para otros críticos, el Modernismo es el equivalente hispánico del Simbolismo, el Impresionismo y el Decadentismo europeos. La renovación, que no sólo es formal, llega al terreno de las ideas con la adopción de concepciones irracionalistas, espiritualistas y fuertemente subjetivas, siendo la Generación del 98 y el Regeneracionismo las variantes españolas del “amplio movimiento hacia la libertad y la belleza” que se da en el mundo hispánico. Así, los escritores que surgen a caballo de los siglos XIX y XX constituyen una comunidad la “Generación de fin de siglo”, donde se encuentran: Ganivet, Unamuno, Baroja, Azorín, Valle, Benavente, el primer Juan Ramón y los dos Machado.

Manuel Machado. Su entorno y su poética

 

Perfil de Manuel Machado

Manuel Machado perteneció a una familia de intelectuales con aficiones literarias. Su abuelo fue catedrático de Historia Natural y su padre, experto en folclore, publicó numerosos libros sobre artes, costumbres y tradiciones populares con el seudónimo de “Demófilo”. El ambiente familiar de los Machado fue liberal y progresista, y su padre y abuelo estuvieron vinculados a la “Institución libre de enseñanza”, donde estudiaron Antonio y Manuel tras el traslado de la familia a Madrid en 1883.

A raíz de la muerte del padre y el abuelo, la familia tiene problemas económicos y Manuel vuelve a Sevilla a estudiar Filosofía y Letras. En 1899 va a París a trabajar para la editorial Garnier; allí conoció el nuevo arte europeo, se relacionó con Darío, Baroja, Wilde y otros escritores y escribió los primeros versos que consideró buenos. Al volver a España continuó con su vida bohemia, la amistad con Darío (del que fue secretario personal), y una cerrada relación con Amado Nervo, Ricardo Calvo, los hermanos Sawa y otros personajes literarios; pero poco a poco fue aceptando la vida burguesa y desechando la bohemia, hasta casarse en 1910 con Eulalia Cáceres, su novia de juventud que era muy religiosa. Luego ganó unas oposiciones de bibliotecario y llevó una vida más tradicional, en la que se dedicó menos a la poesía y más a la crítica teatral, al periodismo y a escribir obras teatrales (en ocasiones con su hermano Antonio), lo que le llevó al éxito económico y social.

Manuel Machado. Su entorno y su poética

Estuvo a favor de la proclamación de la República (escribió la letra de un nuevo himno) y aunque luego disminuyó su entusiasmo siguió defendiendo el régimen democrático. La guerra civil le sorprendió en Burgos, no pudo volver a Madrid y desde el ABC de Sevilla se le acusó de republicano e izquierdista y llegó a ser encarcelado. En esta situación y con problemas económicos Manuel se declaró tradicionalista y fervoroso partidario de los militares sublevados. Con esta adscripción a la sublevación solucionó sus problemas y llegó a ingresar en la Real Academia de la Lengua en 1938. Su madre y su hermano estaban en Madrid, y Antonio se puso al servicio de la república, lo que le llevará al exilio y su temprana muerte. Manuel no volverá a reencontrarlos, aunque se dice que se viajó a Colliure cuando se enteró de la muerte de Antonio, aunque no llego a tiempo a su entierro.

Estas vivencias, y la influencia de su esposa, aumentaron la religiosidad de Manuel, que en la posguerra intentó adoptar una postura en lo posible liberal y de tolerancia que superase las consecuencias de la guerra civil, pero sin oponerse frontalmente a los vencedores. Murió en Madrid en 1947.

Este cambio de postura político y sus loas a los vencedores, frente a la postura de su hermano Antonio, que mantuvo su ética personal hasta el exilio y la muerte, ha sido el motivo principal de la mala prensa de Manuel, uno de los pocos intelectuales que permanecieron en el bando franquista. Pero aquí se le analiza como poeta y literato.

Una vez descrito el entorno y vida de Manuel Machado, trataré de su poética y su obra en verso, haciendo un recorrido por sus poemarios y con ejemplos de poemas de cada uno de ellos.

Manuel Machado. Su entorno y su poética
Manuel Machado. Soneto a La Anunciación, para Eulalia Cáceres – Institución Fernán González – Fondo machadiano

 

Análisis de la obra de Manuel Machado

Manuel Machado. Su entorno y su poéticaDice él, que hasta su viaje a París en 1899 había imitado con más o menos fortuna a los poetas que le precedieron. En esa época inicial escribió cantares al modo popular (soleares, seguiriyas, coplas) que refundió en su posterior libro Cante Jondo de 1912. También rimas bequerianas y poemillas al estilo Campoamor, que se publicaron en sus dos primeros libros Tristes y Alegres -1894- y Et -1895- (que se ha perdido)

Escribe en 1938, refiriéndose a su estancia en París:

Sentado a la mesa, ante la ventana que encuadraba la fronda del Luxemburgo, a una luz crepuscular (…) me puse a escribir, como si realizara una cosa sencilla, fatal y suave. No exenta, empero, de dolor.

Y aquello, por la primera vez, no se asemejaba a nada de cuanto yo había hecho antes, y era como nacido en una zona del espíritu que se hubiese mantenido como virgen hasta entonces. (…) la poesía se me había bajado al corazón despejándome para siempre el cerebro de imágenes conceptuosas y de másicas clásicas. Adiós al estilo barroco y al ingenio sutilizante y frío. Adiós a la escuela sevillana (…) con toda su resfriada elegancia. Lo que escribo yo ahora no es nada de eso: soy yo, mi propia alma.[1]

 El simbolismo impregna esta época del poeta, que depura su texto y lo reduce a lo esencial. Experimenta con los metros característicos del simbolismo hispánico (el alejandrino, la silva arromanzada, el dodecasílabo, etc.). Cuando vuelve a España ya tiene ultimado su primer gran poemario Alma -1902- , del que dijo en 1938 que no fue sólo su primer libro importante “sino el único, ya que los que le siguieron bien pueden caber en las distintas secciones de que aquél se componía” . Es éste un libro modernista maduro que combina dos mundos: los artificios modernistas a la francesa, y un andalucismo sensual y colorista; todo ello en un contexto triste, melancólico, abúlico y fatalista.

Detengámonos en este poemario que, en sus versiones definitivas, comienza con este autorretrato, tantas veces comparado con el de su hermano Antonio:

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el ama de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna…
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos…
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! Gloria… ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve… Ya lo he perdido
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón…
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí…
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!…

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!

Perfectos serventesios alejandrinos, la referencia al mestizaje del pueblo español, una elegante abulia, el erotismo, la sensualidad, unas referencias sarcásticas a los orígenes aristocráticos, todo ello envuelto en suave nihilismo. El saber vivir sin tomarse la pena de morir, “esperando que la vida se tome la pena de matarme”.

Luis Alberto de Cuenca, en su antología “Las cien mejores poesías de la lengua castellana”[2] recoge este poema y dice del autor: Manuel Machado se dibuja poéticamente a sí mismo con un ingenio, una frescura y una claridad tales que se diría que asistimos en sus versos al teatro sin tiempo de los mitos, cuando uno podía apoyarse en el tronco de un árbol a oír el canto del ruiseñor y el reloj suspendía, por un siglo o por un milenio, su carrera veloz hacia la muerte.

Otro poema famoso y con un carácter “de romancero” completamente distinto: “Castilla”, donde pasa de intérprete a observador y el verso adquiere la firmeza del paisaje castellano.

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde… Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde… Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

“Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja…
Idos. El cielo os colme de venturas…
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!”

Calla la niña y llora sin gemido…
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: “¡En marcha!”

El ciego sol, la sed y la fatiga…
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Manuel Machado. Su entorno y su poéticaMezclando sabiamente endecasílabos y heptasílabos, con rima asonante en los pares y manteniendo el ritmo épico, Machado recrea el cantar de gesta.

En “Antífona”, utiliza los dodecasílabos de dos hemistiquios de 7+5 (que separados forman seguidillas), de rima consonante (como Darío en “Elogio de la seguidilla”). En ese poema con título de metáfora sacrílega (canto litúrgico interpretado alternativamente por dos coros precede a los salmos) invita a la hermandad entre poeta y prostituta.

En los tercetos encadenados de “Felipe IV”, del capítulo Museo,  funde con verso endecasílabo dos retratos del Prado, con escasos colores y sobriedad en la paleta.

En el soneto alejandrino de “Flores”, recrea el ambiente oriental de la relación de Antonio y Cleopatra.

En el capítulo “Reino interior”, en su poema “Oasis”

Sueña el león.
Junto a las tres palmeras
se amansa el sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen…

 

Junto a las tres palmeras,
el árabe, tendido, al fin, sonríe
y suspira… Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire…En la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.

 

En éste poema, Oasis, utiliza el encabalgamiento hasta el extremo de desdibujar el verso, y asemejarlo a una prosa rítmica y asonantada que hizo decir indignado a un crítico[3]: “Si esos son versos de ninguna especie, venga el árabe ese y lo vea, o el león o los camellos”

Y en la parte final de Alma, “Nieves”, se despide con un poema de corte “verleniano” “Copo de nieve” donde la nieve es símbolo de castidad, inconstancia y frialdad, y se deshace en el calor del recuerdo. 

Colombina llora

Colombina ríe,

Colombina quiere

morir, y no sabe

por qué…

 

Pierrot, todo blanco,

de hinojos la implora,

la besa y le pide,

perdón, y no sabe

de qué…

La Luna sonríe

la señora Luna…

Y nadie ha sabido,

ni sabrá, ni sabe

por qué…

 

Hexasílabos y trisílabos, con repeticiones anafóricas que forman rima en los dos últimos versos de los quintetos. Realmente, como dijo el poeta, todo ya estaba en “Alma” y lo siguiente, que produjo hasta la guerra civil, podía caber en alguna de sus partes.

Su siguiente poemario, La fiesta Nacional -1906-, apareció como un folleto con un único poema, que en su versión definitiva de 159 versos se integraría dentro del siguiente El mal poema -1909. “La fiesta nacional” es una descripción impresionista de una corrida de toros, que sólo transmite impresiones personales y en todo caso es un desplante ante la posición antitaurina de muchos de sus colegas de la Institución Libre de Enseñanza y del Modernismo. Este poema recibió críticas adversas por sus tópicos castizos y costumbristas.

Prosigue en “El mal poema”, que es un ejemplo de decadentismo y para muchos su mejor poemario, lo que se puede definir como antipoesía, rebelión, desgarro, lenguaje canalla, sarcástico, duro. Comienza el poemario con otro autorretrato, también utilizando alejandrinos, pero ahora con rima pareada.

Esta es mi cara y ésta es mi alma. Leed:
Unos ojos de hastío y una boca de sed…
Lo demás… Nada… Vida… Cosas… Lo que se sabe…
Calaveradas, amoríos… Nada grave.
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía…
¿Vicios? Todos. Ninguno… Jugador, no lo he sido:

no gozo lo ganado ni siento lo perdido.
Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres…, sin ser un Tenorio —¡eso, no!—,
tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.

Me acuso de no amar sino muy vagamente
una porción de cosas que encantan a la gente…
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza;
más que la voluntad, la fuerza y la grandeza…
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,
a lo helénico y puro, lo chic y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna.
Medio gitano y medio parisién —dice el vulgo—,
con Montmartre y con la Macarena comulgo…
Y, antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.

Es tarde… Voy de prisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.

 

En el siguiente poema “Prólogo – Epílogo”, anuncia su retirada. El poema acaba:

Resumen: que razono mi “adiós”, se me figura,
por quitarle a la sola palabra su amargura;
porque España no puede mantener sus artistas,
porque ya no soy joven, aunque aún paso revistas,
y porque —ya lo dice el doctor—, porque, en suma,
es mi sangre la que destila por mi pluma.

Y en “Yo poeta decadente” riza el rizo de la ironía, toma el metro popular del octosílabo y en esas coplas, con algunos pies quebrados, juega con las rimas en ese magnífico ejemplo de poesía decadentista.

Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente…,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.

Porque ya
una cosa es la Poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía…

Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía… No sabemos nada.
Todo es conforme y según.

 

Otro ejemplo de esta poesía canalla es “Chouette”, en la que refleja el ambiente prostibulario, apoyándose en endecasílabos y heptasílabos en que los pares riman en asonante.

En cualquier parte hay un espejo,
un poco de agua clara y un peine. Y si la nena
es bonita, ¡ya está! La noche pasa,
y el nuevo día llega.
Y no se te conoce
la batalla de amor ni a ti ni a ella.

Y luego, son dos vidas
separadas, ajenas,
dos mundos. Tú, al trabajo
cotidiano, a la eterna
lucha, pequeña o grande, cosas de hombre
archisabidas… Ella,
a dormir ya esperar la noche. Y viene
la noche, y la despierta

 

En resumen, este poemario es el mejor ejemplo de poesía decadentista y en el que algunos críticos ven raíces de Baudelaire, otros de Campoamor y otros del sainete. Son poemas con finales estudiados, ritmo y economía expresiva.

Posteriormente publicó Apolo. Teatro pictórico -1911- en el que en 25 sonetos recrea 25 cuadros. Dijo el autor que su intención no era reproducir exactamente las obras de arte: “yo pinto estos cuadros tal y como se dan y con todo lo que evocan en mi espíritu; no como están en el museo, teniendo muy buen cuidado de cometer ciertas inexactitudes que son del todo necesarias a mi intento[4]. Sirva como ejemplo el muy conocido sobre el cuadro de Tiziano de Carlos V a caballo que se expone en el Museo del Prado; clásico soneto en endecasílabos, que demuestra su dominio de todo tipo de estrofas:

El que en Milán nieló de plata y oro

la soberbia armadura; el que ha forjado

en Toledo este arnés; quien ha domado

el negro potro del desierto moro…

 

El que tiñó de púrpura esta pluma,

que al aire en Mulberg prepotente flota,

esta tierra que pisa, y la remota

playa de oro y de sol de Moctezuma…

 

Todo es de este hombre gris, barba de acero,

carnoso labio socarrón y duros

ojos de lobo audaz, que, lanza en mano,

 

recorre su dominio, el Mundo entero,

con resonantes pasos, y seguros.

En este punto lo pintó el Tiziano.

 

El siguiente poemario, Cante hondo (1912), que contenía algunos poemas de su época juvenil, se publicó con enorme éxito de ventas y es deudor de la pasión por lo andaluz y lo flamenco. Como ejemplo, el poema que da título al poemario, una copla que ensalza la belleza del arte flamenco:

A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado…

Corazón, calla tu pena;
a todos nos han cantado
en una noche de juerga.

Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas…
Historias de mis pesares
y de tus horitas malas.

Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas…

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.

Es el saber popular,
que encierra todo el saber.

Manuel Machado. Su entorno y su poética

 

El siguiente poemario Ars moriendi -1921- tiene un tono melancólico y crepuscular y lo plantea como una despedida ya anunciada en “El mal poema”. Fue un poemario muy elogiado por Jorge Guillén. El libro se inicia con la frase “morir es…” y enlaza con ”Alma” a través de “El poeta de Adelfos dice al fin”.

Ya el pobre corazón eligió su camino.
Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede,
al azar no suspira, ni se entrega al Destino…
Ahora sabe querer, y quiere lo que puede.
Renunció al imposible y al sin querer divino.

La vida de Manuel Machado ha cambiado desde su matrimonio en 1910, y esto se refleja en con la expresión de su supervivencia y la nostalgia del pasado.

Mándame tu retrato… Aquellos ojos

en éxtasis, que guardan, como lagos,

de los ocasos los vislumbres rojos

                                   (Rosas de otoño)

Posteriormente, publicó Phoenix -1936- en el que, como indica el título, el poeta pretende resurgir de sus cenizas. Este poemario variopinto, instigado por Manuel Altoaguirre, recogió obra de los últimos años. Lo abre con otro autorretrato, pero este ya obsesionado por la muerte y buscando el consuelo de la religión “cuando me dé la mano el ángel de mi guarda / para ir a esa región que a todos nos aguarda…” Luego toca temas más descriptivos, como en “Canto a Andalucía” (endecasílabos y heptasílabos, con rima externa e interna) o “Verano” (un sonetillo de trisílabos), con concisión y concentración del pensamiento, pero ya es otro Machado muy distinto de aquel que vivía la noche canallesca…

Y de la etapa final, después de la guerra civil, mejor no hablar. Tendríamos que citar versos panegíricos al Caudillo o a su hija Carmencita, y es mejor dejar de lado esta época y recordar al poeta de “Alma” y de “Un mal poema”

Manuel Machado. Su entorno y su poética

 

Unas conclusiones a modo de apunte final

En la valoración de la obra de Manuel Machado ha pesado su condición de hermano de Antonio, tanto en lo poético como en su adscripción a la sublevación, frente al ejemplo ético de su hermano. Dejando aparte este tema y centrándonos en su obra poética, creo que se le puede situar en la cima de los poetas españoles del primer tercio del siglo XX, previos a la generación del 27, junto con su hermano y Juan Ramón Jiménez.

Machado no es un gran innovador de metros o rimas, pero sí dio un nuevo aire al soneto. Trató los temas de forma irónica y distante y efectuó una recreación ágil y personal del modernismo, con características del 98. Dijo de él Dámaso Alonso[5] que en su depuradísimo estilo lo hondo y lo superfluo queda sugerido “por evocación de lo externo, por ligereza de toque, por descuidada selección de elementos expresivos, por arrepentida insinuación, por matiz”

El poeta habla de su poética en la antología de Gerardo Diego: “Ideas sobre la poesía… Muchas y muy vagas y sutiles. Pero no las poseo, me poseen ellas. Nada puedo, pues decir sobre eso que, para mí, cae dentro de lo indefinible, mejor: de lo inefable”

Acaba Pablo del Barco, en su obra citada en bibliografía diciendo: “Manuel, la manolería y el cambio, tituló un artículo Moreno Villa, yo diría: Manuel, la sensualidad, la gracia, el desengaño. Después de leerlo, admirarlo y a veces malhumorarme por su buscada, aparentemente irresponsable futilidad, una idea se me ancla en el alma: este poeta fue también más de lo que quiso ser, menos de lo que debió y debe ser”.

Para finalizar, indico que este análisis me ha sido muy útil para  conocer mejor a este gran poeta y darme cuenta de su profundidad, oficio y delicadeza, por encima y por debajo del decadentismo, nihilismo, pasotismo o folclorismo de su obra y dejando aparte su época final, en la que su genio poético quedó sepultado por las influencias religiosas o las necesidades políticas.


Bibliografía principal consultada.

Manuel Machado. Alma · Ars moriendi. Ed. Pablo del Barco. Cátedra, Madrid, 1999

Manuel Machado. Poemas escogidos. Ed. F. Pedraza Jiménez. Editorial Bruño, 1992

Poesía española contemporánea (1901-1934). Ed. Gerardo Diego. Taurus, Madrid, 1959

Rafael de Balbín. Sistemas de rítmica castellana. Gredos. Madrid, 1962

[1] Manuel Machado: Unos versos, un alma y una época. Ediciones Españolas, Madrid, 1940, págs. 58-59.

[2]  Luis Alberto de Cuenca. Las cien mejores poesías de la lengua castellana. Espasa-Austral. Madrid, 1998

[3] Julio Cejador y Frauca

[4] Manuel Machado. La guerra literaria. Ed. Pilar Celma y Francisco Blasco. Narcea, Madrid, 1981.

[5] “Ligereza y gravedad en la poesía de Manuel Machado” en Obras Completas IV, pág. 593


Vamos a hablar de métrica

 

Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)

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