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Los que molestan

Poco a poco, la ofensiva contra derechos que ya creíamos fundamentales va cobrando un impulso que a menos que se tomen medidas puede terminar por arrollarnos por completo.

A todos, con independencia de sexo, credo o vocación.

El pasado día 28 de enero, Alberto Álvarez, portavoz de Élite Taxi de Barcelona, al referirse a las actuaciones de las fuerzas de seguridad para controlar la huelga de taxistas, proclamó nada más llegar a Madrid para apoyar las protestas que “todo el mundo está alucinando, porque la Policía nos ha dicho que estas órdenes vienen directas del Ministerio del Interior. Y aquí lo que la gente está comentando es que cómo puede ser que un ministro de izquierdas y, según ha declarado él, gay, que mande aquí a la Policía a reprimir al pueblo”.

“Cualquier afeminado o desviado que insulte el Movimiento será muerto como un perro” – Queipo de Llano
Tanto “descuido” que, por lo general, luego resulta que es malinterpretado, empieza a ser una plaga. Una plaga muy selectiva que últimamente se ceba sobre las mujeres y los colectivos LGTBI. El descaro de la intolerancia es cada vez más abrumador. A nadie se le ocurre hablar de la polémica sobre la exhumación de  “Paca la culona” (el mote es de Queipo de Llano) o discutir sobre el lugar al que se deben trasladar los restos de ese dictador al que su propio padre (según afirma a Pilar Eyre en su libro “Franco Confidencial“) llamaba marica y Paquita. O, por añadir otro ejemplo, no es de recibo afirmar que Javier Maroto, que está casado con un hombre, ahora plante cara al feminismo asegurando que “hay asociaciones de mujeres, algunas de ellas, que viven del chiringuito de las subvenciones”. El hecho de que haya contraído matrimonio con alguien de su mismo sexo, ¿da o quita legitimidad a las palabras del vicesecretario del Partido Popular? ¿Es así como ahora debemos referirnos a los políticos, anteponiendo su identidad sexual a la ideología o las leyes que defienden?

Carla Antonelli, activista LGBT y diputada socialista de la Asamblea de Madrid, ha tenido que recordarle a Maroto las muchas veces que ha “traicionado” políticamente la causa de los derechos que les afectan a ambos.

Pero se le sigue olvidando.

Esto no es más que un bubón, un brote más de la intolerancia que sigue creciendo.

Y así hasta que los estragos de tanta intransigencia eclosiona y se tornan dogma.

Rocío Monasterio, presidenta de Vox en Madrid, ha asegurado que “hay ciertos privilegios que se están dando a las fiestas del Orgullo” y que de llegar al poder “llevará el Orgullo Gay y fiestas similares a la Casa de Campo”. ¿Las razones? Porque molestan y entorpecen el tráfico.

No importa que dicho encuentro ya se haya consolidado como uno de los eventos más rentables de la nueva era, que dejan en la ciudad más de cien millones de euros y ponen el cartel de completo en todos los hoteles y la sonrisa en tantos negocios. La cuestión es que molestan, y así no se puede circular.

Si el centro de la capital se colapsa por una manifestación a favor de la familia, bien. Que algún equipo celebra una victoria y ocupa las calles, ¡bravo! Que viene el Papa Benedicto Equis, Equis, Uve, Palito (o al menos, eso coreaban sin desmayo alguno), y la ciudad se anega de gente viviendo de lo que se les regala, sin pagar metro, con miles de alojamientos gratis, y alimentados en su mayoría por las arcas municipales, genial.

Y qué decir tiene de la Semana Santa, que por supuesto ni molesta ni entorpece tráfico alguno, y que además forma parte de una dicotomía ya dentro de lo existencial porque según Teodoro García Egea, “hay dos cosas importantes que uno puede ser en la vida: una es ser alcalde de tu ciudad, y la otra es ser pregonero de la Semana Santa”, lo cual, todo hay que decirlo, nos deja muy poco margen de maniobra.

Por no mencionar que eso de llevar a grupos determinados de personas a lugares llamados “campos” adquiere unas resonancias tan siniestras como inhumanas.

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Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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