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Los nuevos Barcos de la Muerte

El término “barco de la muerte”, cuya sola enunciación ya espanta, no hace referencias a nada sobrenatural, ni remite a leyendas marinas.

Es, como su propio nombre indica, un viaje sin vuelta, una travesía para morir.

StanbrookDurante el siglo pasado, así eran llamados los barcos destrozados y prácticamente inservibles que a pesar de ello seguían navegando para eludir los costes del desguace o, como se narra en esa obra maestra llamada “El Barco de la Muerte’” escrita por el enigmático B. Traven, navíos que se lanzaban a travesías suicidas con tripulación a bordo, que ignoraban por completo que su verdadero papel era el de morir ahogados cuando se hundiese de forma premeditada el barco en alta mar para poder cobrar de forma fraudulenta el seguro, sin dejar que nadie pudiese salvarse (aún hoy en día, muchos barcos, por fortuna sin tripulantes, son abandonados en la costa africana, donde los piratas los desarman hasta dejar solo el esqueleto, y sus dueños ahorrando gastos de astilleros). La Guerra Civil española conllevó un espeluznante ir y venir de embarcaciones intentando poner a salvo los refugiados que escapaban del conflicto, y son bien conocidos barcos como el “Stanbrook”, que zarpó del puerto de Alicante con 2.638 personas a bordo (cuando estaba diseñado para que navegasen en él solo 24), eludiendo la artillería que las fuerzas franquistas derrocharon para intentar echarlo a pique. Y durante la Segunda Guerra Mundial, más de lo mismo. Cientos de barcos intentando salvar vidas, pero que podían encontrarse con el desprecio internacional, tal y como le ocurrió al “Struma”, el cual partió el 12 de diciembre de 1941 escapando de la Alemania nazi, y que tras meses de chocar contra una burocracia asesina que impedía el desembarco de los casi ochocientos pasajeros que iban a bordo, fue expulsado del puerto de Turquía (con el motor inservible) para ser abandonado en el Mar Muerto, donde al día siguiente un submarino ruso lo hundió, acabando con la vida de todos los que permanecían hacinados en su interior.

Ahora los nuevos “barcos de la muerte” se concentran en el Mediterráneo.

El “Aquarius” parecía destinado a formar parte de esa macabra historia.

Con 629 migrantes rescatados en aguas internacionales frente a Libia, y como una muestra más de la creciente animadversión con la que se trata a los que trabajan luchando por salvar vidas, con gobiernos castigando judicialmente a cuantos pelean en esa tiránica tarea, el barco quedó declarado como apestado por una Europa que ya ni siquiera es capaz de admitir lo abyecto de su propio hedor. Otro barco (que molesta por su papel acusador de la inoperancia de las autoridades que deberían gestionar esta y otras crisis parecidas, por no mencionar los barcos de los que nunca más se sabe porque sólo quedan cadáveres flotando en el agua) al que anteponer todo tipo de trabas para impedir que atracase en un muelle que facilitase las labores humanitarias que necesitan los que van a bordo, con Italia cerrando sus puertos y así, conjuntamente con los demás países europeos, incrustarlos aún más en su desgracia hasta que el desastre se produjese, con un festín para la muerte.

La decisión del nuevo gobierno en España de permitir que el barco atraque en nuestras aguas (una decisión tan alabada por la hipocresía descontrolada de las autoridades comunitarias europeas) abre una ruta de esperanza para aquellos que creían que nadie escuchaba cuando estaban gritando pidiendo ayuda. Y claro, esa acción que nos honra como sociedad, que da muestras de que vivimos en un país solidario y que lleva a gala su hospitalidad y el respeto a los derechos humanos, empieza a encontrarse con voces que se alzan en contra. Ya se sabe, no se puede dar asilo a todo el mundo, la gente no puede entrar así como así en los países, no podemos cargar con la culpa innegable de los países que les obligan a escapar de sus vidas, esto es España, no Jauja. Y duele escuchar esos razonamientos. Y espanta comprobar que no hay límites para el desprecio, y que si hay que ver cómo mueren en el mar más de seiscientas personas, pues se aplaude, porque son más de seiscientos de problemas menos.

El Partido Popular ya está montando verdaderos festivales de reproches, y refrendan casi al unísono ese alarde de reflexión según el cual aquí hay gente tan necesitada o más (y un tanto contradictorio, porque según los populares en este país la desigualdad es un mito, ellos la erradicaron) como para destinar medios a poner parches en una miseria que no nos concierne. Y acusan a Pedro Sánchez de oportunismo. Y, desde luego, emergencia ninguna, esto es otra irresistible provocación más en eso que llaman “efecto llamada”. Hablan de coladero. De improvisación (¿y qué otra cosa que se puede hacer cuando está a punto de arrollarte una emergencia?). De chapuza. Salvar vidas puede ser una chapuza.

Venga de donde venga, o responda a lo que responda, ese gesto de acogida (teniendo en cuenta además que el Gobierno de Rajoy Punto y Final apenas cumplió sus compromisos firmados para acoger inmigrantes, ni tan siquiera a un 16% por cierto de lo comprometido), está poniendo a salvo a más de seiscientas personas.

Un breve receso hasta que otro (porque vendrán muchos) barco nicho ocupe las portadas.

Y puede que en esa ocasión no haya tanta suerte y la muerte gane la partida.

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemente infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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