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Los niños, fragmentos de Dios

Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla.

Gilbert Keith Chesterton

 

A lo largo del tiempo se ha escuchado decir que no se debe  actuar como niños, es decir que no se actúe de manera tonta, o sin conocimiento, pero, la infancia para la sabiduría antigua es un don de Dios, por ello grandes sabios consideran a los niños como el punto de encuentro con la sabiduría.

El antiguo Israel enfatiza su preocupación por el niño  No por lo que son sino por lo que un día serán, es decir,  se percibe al niño como un universo en construcción, por ello, todo lo que se desempeñe a su alrededor y como se le trate fundamentará el ser humano adulto. Es cierto que en la época antigua no se consideraban personas legalmente y eran completamente propiedad del padre, incluso la misma palabra hebrea Ehed con la cual se denominaba niño, también se llamaba al esclavo. Es importante comprender que el esclavo de la época antigua no tenia la función que siglos después tuvo la esclavitud occidental donde se trataba a estos como bestias de carga y sin ningún derecho. La esclavitud en los pueblos antiguos particularmente en el pueblo de Israel consistía en que el esclavo pertenecía a la familia por lo cual tenía que adoptar costumbres, tradiciones, monoteísmo, como lo fue Agar ante Sara, quien siendo egipcia tuvo que renunciar a sus dioses. Agar es un claro ejemplo donde la esclavitud antigua no se fundamentaba en humillar al otro, Agar era la segunda mujer de Abraham y dio su vientre ante la esterilidad de Sara, Te doy mi esclava para que tengas un hijo, dijo Sara a Abraham. Por otra parte, a los siete años el esclavo quedaba en libertad y se le daba a elegir si quería irse o quedarse con la familia, así ser esclavo en el pueblo de Israel consistía en olvidar su historia, pero no era maltratado, es de esta manera como se consideraba a los niños, quienes hasta los doce o trece años se convertían en adultos, por ello, no se puede traducir Ehed por el vocablo griego Doulos, ya que este habla de otro tipo de esclavitud.

El Talmud específica que el Paraíso terrenal es la infancia y el Paraíso perdido es la analogía de la adultez, ya que en ese momento el niño comienza a tomar decisiones que pueden llevarlo a equivocarse, a hacer el bien o el mal dependiendo las circunstancias.

El niño es el símbolo de la pureza, inocencia, de la sabiduría en su estado más puro, por ello lo más cercano a la vejez es la infancia, porque en ambos momentos la sabiduría se encuentra en su plenitud, en la vejez la sabiduría se fundamenta en la experiencia y la contemplación de la vida, y en la infancia la sabiduría viene de la pureza de la contemplación y de la admiración a todo lo que se va desarrollando en la existencia. La vejez es la vida, pero la infancia es la existencia.

Existe una frase conocida y basada en el versículo de Marcos 10, 15 Quien no recibe el reino de Dios como un niño no entrará en él,  y también  Dejad que los niños se acerquen a mí, estás frases escritas en los versículos de la Biblia tienen una gran profundidad y nos entregan una diversidad de enseñanzas. Particularmente se enseña que el ser humano tiene que acercarse a Dios, a sí mismo y a su semejante desde la sorpresa, la inocencia, desde la pureza que no lleva en sí misma un  juicio el cual elimina un conocimiento propio de la otra persona. Un niño no enjuicia a otro por su manera de vestir, de hablar, de pensar, el niño se acerca y disfruta de lo que pueda aprender del adulto y llega a divertirse a su lado y lo vuelve parte de su vida con una facilidad inocente y honesta, ser como niños significa encontrar a Dios desde lo más puro de nuestro interior y nuestro acercamiento a  nuestros semejantes debe de ser sin pretensiones, criticas y juicios. La inocencia de los niños es la verdad con la cual la sabiduría antigua resalta que debe de ser recibido Dios.

Un niño es la esperanza de cada época, es la promesa de Dios de la Baraj, es decir, de la Bendición con la cual creó el mundo, por esta razón la descendencia era completamente sagrada y la esterilidad se consideraba una maldición, porque significaba que Dios no estaba conforme con su pueblo y que no anhelaba más descendientes, la maternidad sorpresiva de Sara, el embarazo de Agar son una esperanza y una alianza con su Dios quien promete que la descendencia será tan extensa como las estrellas y lleva implícita en ella la continuidad de la sabiduría. En cada uno de los niños elegidos por Dios se encuentra la inocencia, la fuerza y la sabiduría que Dios ocupa para rescatar a su pueblo, ejemplos claros son Samuel, Sansón, Isaac, Ismael,  José, Benjamín, Juan Bautista, Jesucristo, cada uno es elegido en el esplendor de su infancia en el  momento en el cual no están influenciados por la tradición, por la religión, por la sociedad, es un tiempo antes de convertirse legalmente en adultos, de esta manera las palabras de Dios serán recibidas desde la pureza y la verdad sin ser tergiversadas.

La despedida Agar, de Pietersz Lastman
La despedida Agar, de Pietersz Lastman

Es importante saber que la literatura de la infancia tiene su origen en la época donde se resalta la influencia de los escribas en Jerusalén y en ella se resalta el género literario de las sagas donde un pueblo tiene que ser rescatado de la injusticia, del egoísmo, del poder, de la banalidad del hombre. Moisés es un ejemplo claro, donde es el niño el que rescatará a un pueblo y por lo cual es perseguido para ser asesinado, de cierta manera es una enseñanza, de como el poder, el egoísmo y la corrupción asesinan y aplastan lo más puro.

Jesús habla y defiende a todas las personas que actúan con inocencia y al mismo tiempo enseña que a Dios se llega con pureza.

Para Jesús el adulto debe recuperar todo aquello que tiene un niño. Al decir, Ser como niños, está invitando  a la conversión, solicita se elimine la conquista humana que lleva al poder, se tomé y reciba la vida como un don donde quien tiene poder y riqueza debe utilizarla para guiar y crear una comunidad donde cada quien tome un rol, como los niños cuando juegan, se distribuyen personajes y crean una historia donde todos se divierten sin que existan vencedores. Ser como niño recuerda la enseñanza talmúdica que resalta que existe una sola existencia pero vidas cuantos día podamos ver, porque un niño ve cada día con entusiasmo y sorpresa, cada día es una nueva experiencia para crecer y desarrollarse, cada día se sorprende de lo que aprende, de la manera en la cual crece y va comprendiendo y percibiendo la creación.

Un niño percibe a la naturaleza como su compañera, los animales son sus amigos, le hablan y ellos los escuchan, no existe algo que los separe. Un niño cuida a otro, busca tener amigos y sabe que depende de otros para vivir. Ser como niños nos invita a comenzar de nuevo cada día para formar una existencia alegre, ser discípulos es crear un nuevo nacimiento para el espíritu. Un verdadero discípulo debe de ser como un niño porque este es el ejemplo sagrado de la carencia de fuerza y poder, y el punto más valioso de la humildad y el servicio.

Grandes personajes de la historia han considerado a la infancia como el punto de encuentro con la verdad, el niño es la representación del futuro y de un pasado, por eso es la sabiduría encarnada, porque lleva en sí mimo una historia para crear otra y realizar un mundo en comunidad donde el Reino de Dios se encuentre en la plenitud, donde la razón no se separé de la espiritualidad ni de los juegos y sobre todo donde la bondad sea la piedra que fundamente el camino de cada ser humano.

Jean Jacques Rousseau señaló, la infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras, es decir,  no se debe prostituir la inocencia con nuestros ideales, con nuestra forma de ver la vida, cada niño debe de ser custodiado y protegido para que perciba el mundo a su manera y pueda desarrollarse. Un niño es un universo en expansión el cual debe de ser recibido con admiración. Cada niño es una analogía de las estrellas, así como éstas iluminan el cielo de manera semejante los niños resplandecen la vida del ser humano.

Otro punto fundamental de la infancia se resalta en la llamada Infancia espiritual,  la cual es vivida por la gente sencilla, quien no tiene pretensiones de aparentar lo que no es y sobre todo quien busca a Dios porque lo ama y no por interés o por miedo a un infierno inexistente creado en la Edad Media.

La infancia espiritual implica la sencillez del corazón, no tiene doble moral porque no juzga ni critica a nadie, no es hipócrita ni falsa, la infancia espiritual es un pacto, una alianza con Dios y/ o con uno mismo.

La cultura antigua enfatiza que un niño no debe de encerrarse en dogmas y doctrinas que lo lleven a alejarse de Dios, un niño debe de recibir a Dios en su plenitud espiritual, percibirlo en la creación, en sus semejantes sólo así el Reino de Dios será puro. La sabiduría rabínica enseña que las primeras letras de la Torá deben de enseñarse a los niños a través de la miel, escribir con miel las letras y pedir que los niños pasen y las laman, de está manera los niños comprenderán que la palabra de Dios es dulce. El adulto debe de adaptarse al niño y no al revés,  cada niño es una manera en la cual Dios recuerda al ser humano la pureza y la bondad, cada adulto debe de percibir a cada niño como un don que Dios pone en el camino para retornar a su origen, querer que el niño entienda la manera de ser del adulto refleja un sentimiento de ignorancia, avaricia y poder.

La educación de los niños es fundamental, pero es el niño quien debe de aprender de otro niño, porque de cierta manera viven en un mismo mundo, por el ello el Kibut, donde los niños aprenden de los propios niños.

En hebreo educación se dice Jinuj palabra la cual también significa dedicación, y lleva implícita no sólo la educación de los libros, la escrita, sino debe fundamentarse con la oralidad, con las historias, anécdotas que se le narren y ambas deben apoyarse en la sabiduría de los ancianos, por ello la presencia de los grandes rabinos unifica la sabiduría más allá del tiempo.

Graham Green resaltó,  Todo niño viene al mundo con cierto sentido del amor, pero depende de los padres, de los amigos, que este amor salve o condene, y paralelamente depende de cada persona que la ofrenda de Dios revelada en cada niño se haga presente en la vida adulta y del pueblo.

Un niño es lo más sublime de la creación, es el culmen de la belleza, pureza, verdad, es la sacralidad de Dios hecha carne, por ello el Cristianismo enaltece la encarnación, porque en cada nacimiento Dios se encarna y nos regresa el paraíso terrenal, nos vuelve seres de amor, de misericordia, de bondad.

Sólo siendo como niños, la verdad no será absoluta ni única sino  se expandirá en cada universo, en cada vida, sólo siendo como niños Dios no tendrá un solo nombre, ni la religión será un motivo de guerra y destrucción, siendo como niños la vida será existencia, y el tiempo un juego donde nadie tiene que ganar e imponer una manera sino será un instante de eternidad el cual germinará en el corazón forjando un presente creado de sueños y paz.

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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León… Silencio

Hermeneuta en libros Sagrados (Vedas, Talmud, Tanaj, Biblia y Corán).
Actualmente cursa la maestría en Estudios Hebraicos en la Universidad Hebraica.
Maestra en Ciencias Bíblicas y lenguas antiguas. Licenciada en Ciencias Religiosas, por la Universidad Pontificia de México.

Tiene 26 libros publicados (poesía, cuento, ensayo, literatura infantil), 12 de Teología, Ciencia y Arte para niños. Ha publicado en México, España, Estados Unidos e Italia y ha sido traducida al inglés, italiano y francés.

Conferencista a nivel nacional e internacional.

Actualmente escribe en el área de Religión de la revista española Las nueve musas.

Catedrática de Teología y Lenguas antiguas en la Universidad Intercontinental y Coordinadora de AIEMPR México.

Creadora de “la Teología del Silencio y de la Carne”.

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