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Lo ilusionante del no saber. Juan Carlos Mestre

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Es la música la que se ha olvidado de nosotros. Ha llegado el tiempo profetizado por Lorca en el cual la música mala nos gustaría muchísimo.

Juan Carlos Mestre

Nos acercamos –desde lejos– al ser humano, a la persona; no al personaje, algo de lo que Mestre huye obstinadamente.

Desde el comienzo de la conversación uno se da cuenta de que hablar de poesía con este poeta es innecesario: “ciudadano Mestre” habla en poesía. Sus palabras son hermosamente precisas, claras; con la dureza necesaria para expresar su posición ante el mundo pero con la calma que le otorga el convencimiento.

Nos despedimos con la sensación de haber estado ante un chamán cargado de una sabiduría milenaria que ha sido capaz de despertarnos otras realidades.

La injusticia, la intolerancia, la violencia, toda la maldad que puede darse en el ser humano, choca con ese muro ciclópeo que es la sencillez, la humildad y la honradez de Mestre.

MestreCuando un poeta gana el Premio Adonáis, como usted en el 85 con la obra Antífona del otoño en el valle de El Bierzo, imagino queda alguna señal permanente que se extrapola a los futuros trabajos.

Rara vez el azar conspira contra la razón, sin duda hay pequeños accidentes congelados en la casualidad de la vida que determinan el decurso de una vocación. Es posible que sin ese estímulo juvenil, en aquellos años de exaltación melancolica sobre el relato de la poesía, se hubiera impuesto cualquier otra orientación en el argumentario vital, acaso las intensidades intuitivas de la pintura o la música, pero eso nadie lo sabe, el cuándo, en qué momento el encargo que nadie te ha hecho se convierte súbitamente en tu única posibilidad de destino. Yo viví esos años con una muy  relativa ilusión, ese libro pasó prácticamente desapercibido, con una contradictoria acogida crítica, para unos un ejercicio de periclitado neoromanticismo, un ahondamiento en la ruralidad lárica para otros, la verdad que entusiasmos suscitó pocos, eran otras las cosas que se validaban en aquellos momentos, la exaltación de los sujetos eróticos, el culturalismo… y yo era un pájaro sin bandada, alguien de provincias que aparecia sobre  el horizonte de la tierra natal hablando de los valles y de sus habitantes humildes, de los pequeños  ríos y los vecinos emigrantes, de los pueblecitos coronados por la lluvia de abril y las aldeas bajo la nieve memoriosa de un largo olvido civil. Solo veinte años después aquel libro, que se empeñó en republicar el editor Emilio Torné, conocería sucesivas ediciones y otra más generosa acogida en la complicidad de nuevos lectores.  La lectura musical que Amancio Prada hizo del mismo fue más que decisiva para su rescate, para la vivaz resurrrección de su coro concertado de voces, de sus hablantes que regresaban de la oscuridad como un rumor soñado en el corazón de la infancia y la tierra. Ciertamente que el eco de aquellas palabras, los poemas de aquel libro fueron de algún modo metamorfeandose en textos posteriores y aún hoy siguen siendo para mí balizamientos íntimos durante las travesías de la contemplación y del silencio.

Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Agustín Delgado, Ángel Fierro, José Antonio Llamas… ¿qué tiene León para parir tantos poetas?

No sé si es León el que tiene y da algo a la poesía o son los poetas mismos los que dan identidad a su tierra, más bien me inclino por lo segundo. Como en casi todas partes la poesía, su discurso, su conducta como lenguaje en la sociedad civil, ha sido mirada con receloso menosprecio, con la duda de quien se enfrenta a los testimonios molestos,  exactamente aquellos que nombran la dificultad del existir e invocan el imperativo utópico de la felicidad.  En León han sido las relaciones cordiales y de fraternidad personal las que han ido tejiendo un mapa de interconexiones presidido en casi todos los casos por la admiración y el respeto hacia el trabajo de los demás, y esencialmente el reconocimiento de la condición de los maestros, en mi caso Antonio Gamoneda, Antonio Pereira, Ramón Carnicer… Tiendo a pensar que es una forma de ejercer la conciencia republicana, una manera de entender la poesía como una asamblea libertaria de voluntades, como una tribu de diferentes que asumen el desacuerdo de sus voces como una forma de amistad, y eso, precisamente, es lo que conduce a la relación armónica y facilita el diálogo y la existencia de la diversidad y la proximidad  paradójica entre lo radicalmente distinto. A León, como concepto político administrativo los poetas no le debemos nada, menos a quienes han hecho de intermediarios públicos en la gestión de la cultura, aquí no hay revistas, no hay ciclos estables de lecturas, las mejores iniciativas, como la gestión de la histórica colección Provincia, fundada por Gamoneda, ha sido literalmente maltratada por la mediocridad administrativa, no es queja sino constatación del dominio de la carencia en ese ámbito, ayudas a la tarea ninguna, se ha sobrevivido bajo la intemperie de las estrellas, y no está mal que ellas hayan sido las mejores amigas de los poetas, la Vía Láctea, y no el farol oxidado de la institucionalidad burocrática.  León tiene notabilísimos poetas y todo lo que han hecho para sobrevivir lo han hecho desde su esfuerzo personal, lo que no ha sido fácil y en algunos casos con extremas y hasta trágicas dificultades.

¿La poesía ha caído en desgracia?

Lo que ha caído en desgracia es el recado de su conjuro, el encargo de su gravitación moral sobre la conducta con que el lenguaje imanta los discursos de la realidad social, es decir, los valores que legitiman la delicadeza como un bien superior ante los actos de brutalidad y de fuerza, las palabras que imponen las categorías de la piedad y la misericordia como un bien ético frente a los actos ominoso de la crueldad y los discursos de indiferencia ante la precariedad de lo humano. Es el habla conciliante de la conciencia lo que está en retroceso frente a los dialectos de la barbarie, de la patraña publicitaria y las supercherías del poder. Algo que había pervivido  tras la corta historia, aunque nos parezca ilusoriamente remota,  de las civilizaciones, la palabra ética, la palabra moral, está ahora en crisis como heredad que lo contemporáneo pudiera ofrecer a la ilimitada imaginación del porvenir; y con ella la búsqueda de verdad, el reencuentro con la otredad de lo desconocido, el reconocimiento del diferente como complementariedad del semejante, y de eso ha hablado siempre la poesía, esa voz ahora en lo moribundo de los significados, apenas un eco de los grandes relatos con los que la humanidad intentó averiguar su destino entre las catástrofes de lo real y las esferas utópicas de lo desconocido. Todo esto no quiere decir que la poesía esté abocada a la inminencia del desastre, sino que forma parte ya de ese desastre, de la gran falsificación con el que el Estado de lo dinerario se ha impuesto como estructura y relato único y posible de la existencia. Hay otra convivencia menos hostil, otra filosofía de la libertad bajo el rumor que arrastran los ríos secretos de la voz poética hasta el corazón de los seres humanos, la certeza de que no reside en la usura, ni en la obsesiva práctica del beneficio y la ventaja la tarea de los acercamientos a la felicidad, no en la jerarquía de una mal entendida individualidad  sino en el concepto de un interés colectivo, la tarea pasa por de hacernos responsables del conflicto y la herida de lo humano como parte solidaria de este más que minúsculo espacio del cosmos que es nuestro planeta. La poesía indaga en esas zonas de la conciencia revelando las semejanzas de lo vedado a la razón práctica, haciendo audibles los irracionalizables sufrimientos del otro, otorgando honradez dialéctica a las palabras que nombran el porvenir haciéndose cargo de la justicia pendiente del pasado, las voces anónimas que conforman la intimidad del genero humano,  los sueños colectivos pendientes de ser soñados, lo mágico y las supersticiones  de la belleza, la creencias espirituales y la lucha social por los derechos que dignifican y ennoblecen la condición humana. La poesía resiste en esa zona, allí donde la fuerza es ejercida no para salvaguardar los derechos sino para reprimir su ejercicio, allí entonces la radical delicadeza de su presencia, de su habla, de su memoria moral ante lo ominoso se hace imprescindible.

Acuarela - MestrePlástica y poesía se conjugan a la perfección en su vida; ¿hay un reflejo mental que predispone a la unión de las dos artes?, quiero decir ¿al escribir un poema, su mente de forma ya involuntaria, está creando un grabado y, al trabajar con los pinceles, siente la imperiosa necesidad de traducir el grabado, la acuarela, en palabras?

En mi vida a la perfección no se conjuga nada. He vivido siempre alejado de esa pretensión relacionada con la excelencia, esa especie de relación armónica que barniza la materia misma del trabajo artístico y que para mí no es otra que lo imperfecto, lo inacabado, y lo que por afortunado error se aleja siempre de lo modélico. No creo en ninguna preceptivas y carezco de todo reglamento personal a la hora de enfrentarme al hecho creativo. Estabular los géneros en disciplinas nítidamente codificadas, en segmentos y categorías de valor normativo, no es sino otra forma de reproducir los parámetros de control y los lenguajes de dominio. La creatividad de las personas está estricta y solamente vinculada a su imaginación, al contexto que favorezca positivamente las posibilidades expresivas de su vida; el arte es el don común de una voluntad intuitiva, que siempre lleva más lejos que la observancia de las leyes de lo previsible. El poder cultural registra los lenguajes como una manera de hacer más controlable la práctica de los discursos, y aunque esa sea la dirección pedagógica dominantes y la sanción habitual de sus tan eficientes como cómplices comisarios, la poesía tiene como primera obligación la desobediencia. La imaginación no se puede inspeccionar, como tampoco se puede regular el nivel de deseo  o las ensoñaciones de la felicidad. La utopía del arte no es una ocurrente alucinación del iluminado de turno, sino el resultado del gran anhelo humano por otorgarle materialidad a las visiones del espíritu. No idealicemos los soportes ni los medios más allá de lo que son, especificidades retóricas, practiquemos los actos imaginarios, hagamos realidad con la maquinaria invisible del pensamiento los desafíos críticos de la percepción estética, ya sean estos formulaciones en soporte de escritura, imágenes o música …

Poesía y compromiso social en la vida y obra del ciudadano Mestre. Creo que la frase “toda poesía es hostil al capitalismo” es de su autoría.

No, no es de mi autoría esa frase, creo recordar que es un pensamiento de Juan Gelman.  Para mí la hostilidad hacia el capitalismo, planteada en términos poéticos, está vinculada al rechazo por lo consumible, por todo aquello que pueda ser digerido como mercancía por la monstruosidad insaciable de un sistema basado en el objetivo del bienestar y paradójicamente anclado en la pobreza y el despilfarro, en la restricción progresiva del ejercicio de los derechos humanos y la democracia formal , en la acumulación obsesiva de plusvalías y la miseria de las muchedumbres expulsadas del anillo de los privilegios, en suma, un estado de cosas insostenible para cualquiera con dos dedos de dignidad en la frente y un mínimo de conciencia y responsabilidad sobre la condición humana y la sostenibilidad del planeta. La poesía es una de las dialécticas, en cuanto conversación desde la interioridad,  menos humillantes de la historia del lenguaje, una cierta salud  que pervive bajo los modos de civilización frente a las interacciones discursivas, por ejemplo,  de la ideología jurídica y las políticas reglamentarias de las clases dominantes. Ante esa complicidad con el estatus quo, hoy ampliada a los poderes mediáticos,  verdaderos mercenarios ideológicos de las oligarquías financieras, poco es lo que puede hacer la poesía, acaso mostrar una radical hostilidad a someter su palabra al valor de la mercancía, resistirse a significar en la zona establecida de lo útil en cuanto rentable, de la apología de lo mediocre  como prestigio de la basura. , al mantenimiento de los discursos productivos de orden y sometimiento. La poesía es transgresión y desobediencia  activa de los radicales simbólicos del idioma, una voz que perturba porque resignifica y desacata la costumbre de los significados previstos.

No nos olvidemos de la música.

Es la música la que se ha olvidado de nosotros. Ha llegado el tiempo profetizado por Lorca en el cual la música mala nos gustaría muchísimo.

lorcaHay un periodo de su vida del que he encontrado muy poca, por no decir nula, información: su estancia en Chile durante unos años. Cuéntenos un poco.

La vida de un poeta son sus poemas, la memoria lingüística que de ella pueda o no  quedar en sus textos. La poesía ha caído en desgracia es un libro que yo comencé y terminé de escribir en Chile, una reciente edición completa de esa obra da cuenta de lo que supuso en todo orden de acontecimientos mi contacto con la realidad de la America Latina de aquellos años, esencial en lo que respecta a la confirmación de la mayoría de mis presupuestos  políticos sobre la sociedad civil, la lucha por la emancipación  y la reconstrucción de las utopías arrasadas por los autoritarismo. Fueron sin duda años intensos y capitales en mi vida, en el relato de los descubrimientos apasionados de la juventud, yo era veinteañero extraviado como un pájaro en la tormenta… Siempre me intereso Chile, sus procesos políticos, su alta poesía, sus gentes… Es en Chile donde se origina el sueño democrático del socialismo, el gran proceso de transformación liderado por Salvador Allende, cuyo pensamiento sigue para mí aún hoy tan vigente, alcanza su máximo de grandeza y tragedia, la utopía popular de la justicia social y la alianza con las fuerzas de la cultura, los poetas e intelectuales, los jóvenes universitarios revolucionarios, la estremecedora lucidez de Miguel Enríquez, en fin, episodios determinantes en lo que luego será la geopolítica contemporánea de ese continente. Yo llegué al país una década después de esos hechos, pero mi vinculo con Chile es muy anterior, viene desde los primeros años de la juventud, de la militancia política en las postrimerías del franquismo, el trabajo desde Amnistía Internacional a los refugiados políticos, de las apasionadas lecturas de los poetas chilenos, Neruda y Parra por aquel entonces, luego se sumarían las devociones de Rosamel del Valle y Jorge Teillier, la amistad con Gonzalo Rojas… Por motivos familiares viví cinco años en ese país, luego he regresado muchas veces, allí tengo alguno de mis mejores amigos, personas literalmente irrepetibles en la construcción de mis imaginarios afectivos, literarios y vitales. De todo eso  quedan  huellas en los poemas, en las páginas del fuego de aquellos años, del amor y la herida, de las utopías traicionadas y las desafiantes esperanzas del porvenir.

 Hace unos minutos, escuchaba a Arturo Pérez-Reverte en una entrevista su opinión de cómo se estaba destrozando, con estúpida energía, la historia y la cultura; comentaba la anécdota de un libro de texto (le habían pasado un fotocopia) en el que, estudiando a Machado, se decía que “había viajado con su familia a Francia donde murió”. Si no contamos a nuestros hijos que aquél gran hombre y poeta lo que hizo fue exiliarse como muchos otros intelectuales, para evitar ser represaliado, que murió en la más absoluta tristeza y fue enterrado en un sencillo nicho donado por una vecina de Colliure, ¿qué cultura vamos a transmitir a las generaciones venideras?

La memoria civil, llámese memoria o conciencia histórica  es un imperativo categórico de una sociedad democrática, sin restitución de memoria sobre lo injusto no hay posibilidad de imaginarle ningún porvenir a la duración de lo justo. La memoria en nuestro caso ha sido casi exclusivamente la única forma de justicia que se ha podido ejercer para reivindicar la inocencia de las víctimas de los paroxismos del autoritarismo y la violencia de Estado. El fascismo genera un estado de intemperie moral y de desprotección civil que conduce a la negación de todo derecho, empezando por el de la memoria, una suerte de radical amparo de la persona, un quiebre de la legalidad ciudadana doblemente violentado en su dignidad por el olvido. Sé que no está en el orden del día el hablar de estas cosas, pero las siento como vertebrales a la hora de imaginar una sociedad democrática. La memoria es una forma de las formas de restitución civil de la honra, de la decencia personal y colectiva violentada por la arbitrariedad del poder, y también una forma noble e inaplazablemente democrática de pedir perdón a las víctimas y subrayar la condición de su inocencia.

 Y, por último, hablemos de futuro (aunque no sea nuestro): ¿en qué proyectos anda metido Juan Carlos Mestre?

 Proyecto pocos, ninguno diría yo. No trabajo bajo esa perspectivas ni ha sido nunca mi método el de desarrollar sobre algo planificado, no, en absoluto, es para mí muy difícil hacer algo cuyo plan haya sido establecido de antemano. Las ideas surgen en el día a día, en la inmediatez de su desafío, se van articulando por si mismas, cambiando de dirección, averiguándose a si mismas. Lo ilusionante del no saber, eso sería diría yo, no tanto el anteproyecto sino el anteproyecto, es decir, la espontaneidad inteligente de lo intuitivo.

Juan Carlos Mestre - Pintura

 


LO QUE SÉ DE MI

Yo he nacido aquí junto a las altas lilas del verano
y los verdes racimos amargos de la aurora.

Yo he nacido entre las rosas que han muerto
y el mustio follaje de los jardines de un sueño.

En las transparentes alamedas que canta el ruiseñor
y abre el rocío con su cuchillo de cristal en la mañana.

Como la hoja que cae sobre un sepulcro
yo he pisado al nacer esta piedra y su luz me ha salpicado.

Como el que nace para la música y talla la madera o la roca
y escucha su voz crujir bajo el cincel y no pregunta.

Yo he nacido duro de corazón y equivocado,
pero vosotros me habéis dado la tierna mano de la primavera.

El que sopla las estaciones y hace reverdecer al árbol muerto
ha mirado esta rama joven que no ardía.

Al consumido en su luz y al que el amor destierra
mis días por igual se han parecido.

Como aquel que al entrar en su casa se encuentra con la mar
y goza y es feliz y se queda con ella para siempre.

Yo he nacido aquí antes de que mi corazón se diera cuenta
y una dulce mujer se acercara a mi sombra como madre.

Desde entonces he sido melancólico y triste
porque he contado los astros y la lluvia y la arena.

De lo ajeno he tenido la bondad de la tierra
y de lo mío la nada en su infinita certeza.

He visto a los hombres mirar hacia el cielo
como buscando la vida que junto a ti se les niega.

Y he padecido con el dolor entre todos
y no he cerrado la puerta al florecido en su odio.

Al que marcado con saliva se esconde de los muchos
lo he elegido más cerca de mi corazón que a los otros.

Y he contemplado a los pájaros
resolver en el vuelo el misterio del aire.

Yo he nacido aquí junto a la piedra de Cluny
donde brota el mirto su tallo en la maleza.

Pero no he sido feliz,
mi memoria se ha cansado de llover y esperarte.

Nada pudo la abundante espiga del dolor contra nosotros,
cuanto más me iba, más tu amor me aprisionaba.

Y así he sido claro bajo el sol y también fuente
donde vienen a beber desde el fondo del mundo las estatuas.

 

Y un día, un día como hoy resplandeciente y puro
rozado tal vez por el deseo se acercó a la ventana mi figura.

Y al ver todo transido de pétalo aquel cuerpo
salí como siguiéndola y me perdí en su calle.

Yo te he amado pequeño pueblo entre dos ríos
donde supo mi corazón el don de la palabra y las alondras.


Juan Carlos MestreJuan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957), poeta y artista visual, es autor de varios libros de poesía y ensayo, como La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lennon (Edt. Calambur, 2011), Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis, 1985) La poesía ha caído en desgracia (Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 1992) o La tumba de Keats (Premio Jaén de Poesía, Hiperión, 1999). Su obra poética entre 1982 y 2007 ha sido recogida en la antología Las estrellas para quien las trabaja (2007), La poesía no es una misa cantada (edición de Carlos Ordóñez, Lustra editores, Lima, 2013), La imagen de otro espacio (edición de Manuel Ramos Van Dick, Edc. Sarita Carbonera, Perú 2013). Con La casa roja (Calambur, 2008), obtuvo el Premio Nacional de Poesía 2009. De más reciente aparición es La bicicleta del panadero (Calambur, 2012) por el que recibió el Premio de la Crítica.

Ha colaborado y hecho grabaciones discográficas con músicos como Amancio Prada, Luis Delgado, Cuco Pérez, José Zárate o Hugo Westerdahl con quienes ha realizado conciertos, performances y lecturas ante diversos auditorios  de España, Italia, Francia, Noruega, Finlandia, Suecia, Irlanda, Bélgica, Rusia, Lituania, Portugal, Grecia, Israel, Costa Rica, Yugoslavia, Bosnia-Herzegovina, Polonia, Reino Unido, Serbia, Ecuador, Cuba, Marruecos, China, Túnez, Argentina, Perú, Chile, Líbano, Colombia, Honduras, México y los EE.UU. Ha realizado las antologías sobre la obra poética de Rafael Pérez Estrada, La palabra destino (2001), y La visión comunicable (2001) de Rosamel del Valle, además de la edición comentada de la novela de Enrique Gil y Carrasco, El señor de Bembibre (2004); es autor de El universo está en la noche (Casariego, 2006), libro de versiones sobre mitos y leyendas mesoamericanas, asimismo ha adaptado y dirigido para el Festival de Teatro Clásico de Almagro la versión radiofónica de El perro del Hortelano de Lope de Vega con el cuadro de actores de Radio Nacional de España. En el ámbito de las artes plásticas ha expuesto su obra gráfica y pictórica en galerías de España, Europa, EE.UU. y Latinoamérica. En 1999 obtiene una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional y semejante distinción en la VII Bienal Internacional de Grabado Caixanova 2002, Premio Internacional de Arte Gráfico Atlante 2009 y III Premio Internacional de Grabado Dinastía Vivanco en el 2010. De su diálogo con la obra de otros artistas y poetas han surgido, entre otros, los libros Piedra de Alma, con José María Parreño (1994), Crónica de amor de una muchacha albina, con Rafael Pérez Estrada (1994), Emboscados, con Amancio Prada (1995), Bestiario apócrifo, con Álvaro Delgado (2000), Enea y los gatos, con Javier Fernández de Molina (2002), El Adepto, con Bruno Ceccobelli (2005), Arde la oscuridad, con Alfredo Erias (2007), Los sepulcros de Cronos, con el escultor Evaristo Bellotti (2007), Cazador de lunas con Javier Pérez Wallias (2007) Extravío en la luz con Antonio Gamoneda (2008) y la edición francesa de Le Bestiaire de Livermoore con Rafael Pérez Estrada (2013). También ha editado el Cuaderno de Roma, versión gráfica de La tumba de Keats (Monosabio, Málaga 2005), La mujer abstracta (El gato gris, 1997), con Ediciones El caracol descalzo libros de artista como Adiós (2012) sobre un poema de Apollinaire, Las Fábricas (2012) con texto de André Breton y Philippe Soupault, Los Proverbios Modernizados (2013) de Paul Eluard y Benjamin Péret, y acompañado con sus grabados plaquettes de Chantal Maillard, Esther Folgueral, Alexandra Domínguez, Gonzalo Rojas, Jorge Teillier, Nicanor Parra, Javier Bello, Diego Valverde Villena, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, José Luis Puerto o Jorge Riechmann.


José Rico

José Rico

Oviedo (España) 1956. Gestor cultural.

Director-Editor de la revista de artes, ciencias y humanidades "Las nueve musas".

Fundador y administrador de la red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

En octubre de 2016 funda el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones.

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