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Las nueve musas

Legado celeste

Las nubes dibujan incansablemente, como un regalo del cielo, formas imposibles sobre la bóveda de azul celeste que nos corona.

De niño, pasaba horas y horas oteando las diversas formas e imaginando fantásticos dragones, pájaros imposibles o caras reconocibles.

Los años pasan y las preferencias cambian. Las nubes en sus distintos estados y formas me siguen subyugando.

Pero ahora las más de las veces, esa mente fantástica va dando paso a otra más sincrética y práctica y busca indicios de precipitaciones inoportunas o de climatologías teóricamente y absurdamente adversas.

Todo lo dirigimos a un pragmatismo enfermizo que te hace levantarte y consultar tu móvil y a continuación la página de Aemet o de Meteogalicica para saber si va a llover o si va hacer sol.

Algo tan básico que siempre supimos con tan solo abrir la ventana y otear esas nubes predictoras.

Y al final te acabas preguntando ¿para qué? ¿Para encerrarte entre cuatro muros de una oficina? Absurdo.

Los que mantenemos un trozo de terruño, aunque no sea para sobrevivir, tenemos cierto interés en la evolución climatológica.

Si, siempre te planteas algo.

Quieres saber si necesitas regar o no. Siempre deseas conocer las  condiciones de humedad que te van favorecer  o amortiguar algún ataque de no sé qué hongo o insecto, o siempre aguardas que el agua caída sea la justa para que la malas hierbas sean fácilmente controlables.

Los fotógrafos buscamos además otras condiciones que nos favorezcan y nos eliminen los cielos planos, blancos o amorfos y nos arregle una foto un poco gris.

Adoro las nubes, siento su compañía y admiro enormemente su belleza

Sí,  y aunque no seas fotógrafo paisajista un cielo te puede amañar una foto.

Viernes 17 de mayo, Día das Letras Galegas, festivo en mi país. Antecede una semana de aguaceros y cielos grises y amorfos.

Cielos tristes y deprimentes.

Por la tarde el cielo se abre a pedazos  y deja pasar cachitos preciosos de azul celeste junto a trozos inmensos de algodón blanquísimo y retales negros como el infierno. Momentos de luces espectaculares.

La temperatura es agradable y desde la ventana de mi estudio, ese cielo me está gritando  a cuatro voces que coja mi cámara y salga a la calle.

Lo hago y al final comprendo que es él el que manda.

Es esa bóveda suministradora de las condiciones más espectaculares de luz para un fotógrafo el que tiene la voz de mando y condiciona, no sólo la toma final que vas a realizar, sino también el cuándo y el cómo.

Y le agradezco la sesión tan fructífera realizada en un ambiente tan exigente como tu propia ciudad en donde la rutina te embota constantemente los sentidos y tu capacidad de observación.

El Sol es un magnífico aliado, pero tampoco desprecio una mañana de niebla, donde reina el misterio y la blanquecina manta tapa lo superfluo y destaca difuminadamente la figura que ansias captar. La niebla no es más que la nube que baja a que la toques y la acaricies.

También agradezco la tormenta repentina donde las nubes, tan queridas, se licuan torrencialmente, no sabes si llorando o riendo para fundirse contigo. La gente huye despavorida para resguardarse como puede de su ímpetu y en ese momento se genera un momento de una intensidad indescriptible.

Tampoco le huyo a la lluvia intensa y predecible que te cala como aquella mañana, solos ella, las gaviotas, la Torre de Hércules y yo por los parajes de A Coruña

Vuelvo la vista a los trabajos realizados durante los últimos meses y me encuentro tomas significativamente importantes de este condicionamiento tan poderoso para mí.

Yo, que soy fundamentalmente un fotógrafo de exteriores, aunque no paisajista, y me recreo en fotos tomadas en Frómista, la Castilla palentina en las que los plomizos cielos de una potente tormenta transforman completamente los Campos de Castilla

Y reviso  tomas de A Ribeira Sacra, donde las nubes algodonosas dan vida a unas vides dormidas por el efecto del invierno

Están también los feriantes de As San Lucas de Mondoñedo negociando bajo un sol filtrado por castillos espectaculares o los Picos de los Pirineos encumbrados por grises y frías bolsas de agua vaporosa.

Quizás el ser oriundo del País de las Lluvias, me lleva conocer, apreciar y convivir con este fenómeno  y a integrarlo en mi forma de vida y volver a luchar para comprenderlo sólo con el hecho de abrir la ventana al levantarme.

Es una riqueza fruto de un legado y de una experiencia milenaria que a menudo acompañadas con refranes vaticinadores que se cumplían en la mayoría de las ocasiones.

Sí, tengo que afirmar y confirmar, que soy un hombre que vive mirando a las nubes, bajo las nubes y de las nubes y quizás también en las nubes.

Xosé Manuel Otero

Xosé Manuel Otero

Xosé Manuel Otero, es natural de la zona de A Ribeira Sacra de Chantada y reside desde los diez años en la ciudad de Lugo.

Se incia en el mundo fotográfico tratando fundamentalmente temas etnográficos (Carnavales, Semanas Santas, Romerias, ritos de fuego, o religión) rercorriendo un elevado número de ciudades y villas de Galicia y del norte de España.

Con la madurez, va evolucionando cada vez más a temas fundamentalmente minimalistas y abstractos, prevaleciendo el entorno urbano.

En lo relativo a la técnica, apuesta decididamente por los procesos químicos de Branco y Negro como un valor añadido a su obra.

La manipulación completa del proceso de elaboración de cada fotografía, hace que ésta sea un producto único e individual del autor, sin intermediarios y sin puntos de vista ajenos al mismo. Ésto conduce a un producto final artesano, persoal e irrepetible.

Empieza su recorrido público en 1999 en la colectiva “Feminino” de la sala BACAVÚ de Lugo.

Desde entonces pariticipa en más de cuarenta exposiciones individuales o colectivas,

Se pueden reseñar, Museos como el de Ourense, Rivadavia, Fonsagrada o Lugo; Casas de cultura como la de Santiago, Chantada, Monforte...; Universidades como León o Santiago, salas particulares y públicas en A Coruña, Lugo, Barcelona, Braga, Jijón, Madrid...etc

Es miembro activo del movimiento “Falando en Prata” que promueve la fotografía argéntea desde el Ateno de Ourense a nivel de España y Portugal

Tiene diversas colaboraciones en distintos medios gráficos como El Progreso de Lugo, Artesonado, Entremuros...

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