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Las nueve musas
Pasión san Mateo

Las Pasiones en la poesía

Alrededor de la Semana Santa se desarrolla una serie de actos que giran en torno al relato bíblico de la pasión de Cristo.

Por un lado, los espectáculos musicales, ya sean las pasiones, los oficios de tinieblas y otras composiciones sacras, ligadas al rito religioso.

Entre estas pasiones destacan, sobre todo, las de J. S. Bach, inspiradas en el Evangelio de san Juan (BWV 245) y la monumental Pasión según san Mateo (BWV 244). En estos oratorios un narrador recita el texto del Evangelio y en su relato se van intercalando diferentes números, que son arias o coros que meditan sobre el fragmento narrado. Entre todos ellos, el fragmento más conocido es el aria Erbarme dich, mein Gott que representa al penitente que llora después de que Pedro haya negado tres veces a Cristo. En esta aria, la voz expresa el dolor; el sinuoso canto del violín evoca la lágrima que se abre camino a través de la mejilla de la penitente que acaba de ver la escena.

La otra gran manifestación, más social que artística, son las procesiones. En ellas, cada cofradía lleva una imagen, conocida como paso, en la que se representa un momento concreto del relato bíblico. Suele ser una escena de la Pasión (Cristo azotado en la columna, Cristo crucificado, la Virgen dolorida, etc.,) aunque puede representar otros momentos de la vida de Cristo. También pueden tener importancia los que se conocen como los instrumentos de la Pasión, es decir: clavos, martillos, tenazas, la lanza de Longinos, la escalera, etc. Todo ello se ha venido tipificando a lo largo del tiempo, de manera que podemos encontrar el mismo tema tratado en cien mil grupos escultóricos; pero, al mismo tiempo, no se concibe un paso de Semana Santa que no se ajuste a ellos.

Del mismo modo, aunque no participan en los espectáculos de Semana Santa, existen estas representaciones en los cuadros, que desarrollan las misma escenas que los grupos escultóricos: la Crucifixión, el Descendimiento, la negación de Pedro, la flagelación de Cristo, también atado a la columna, que acabará siendo mostrado como ecce homo, etc.

Finalmente, el teatro también ha tratado la temática. En el cambio entre los siglos XV y XVI destacan el Auto de la Pasión, de Lucas Fernández, y la Representación a la pasión y muerte de Nuestro Redentor de Juan del Encina. Sin embargo, las más conocidas actualmente son las representaciones de carácter popular y con textos heredados de la tradición, en las que el objetivo no es ofrecer una obra o un espectáculo artístico, sino una representación de carácter religioso. Dejando de lado su calidad literaria, son textos teatrales representados por actores en su mayoría aficionados.

Tenemos, por tanto, música, escultura, pintura y teatro que interpretan un mismo motivo. El objetivo es mostrar el relato bíblico para que el espectador medite sobre los hechos que está viendo. En este abanico de manifestaciones artísticas, la poesía tiene un papel muy importante, hoy olvidado casi por completo. No sólo porque el texto de las pasiones y de las demás composiciones musicales, así como el de los montajes teatrales, también es poesía, sino porque las pasiones tuvieron, además, su difusión a través de este género. Veámoslo.

Descendimiento de Cristo
Descendimiento de Cristo – Pedro Pablo Rubens

Todas estas manifestaciones se consideraron obras de carácter más religioso que artístico, pues su objetivo final no era estético, sino devocional, aunque en algunos casos, por su calidad, han desplazado en en el presente su finalidad devota para tener una pura finalidad artística. Así, por ejemplo, las obras de Bach, o algunos cuadros, como Cristo crucificado de Velázquez  o el Descendimiento de Cristo de Rubens. Al no relacionarse directamente con su finalidad religiosa, los conciertos de las Pasiones  de Bach se hacen en teatros musicales, no en las iglesias para las que fueron creados, salvo en aquellos casos que lo aconsejan las cualidades acústicas, no las espirituales. Los cuadros mencionados cuelgan de las paredes de museos, y cuando lo hacen de los muros de una  iglesia (como el cuadro de Rubens), el público admira una obra de arte, no una imagen devocional.

Su origen religioso es el que se conoce como devotio moderna, una corriente teológica del siglo XIV cuyo objetivo fue aproximar el relato de la vida de Cristo a un amplio sector de la población creyente potenciando la afectividad. El elemento central es la obra del franciscano Ludolfo de Sajonia (¿1300?-¿1378?), la Vita Christi, que explica la vida de Cristo y ayuda al lector a meditar sobre diferentes pasajes: Jesucristo se convertía así en un personaje que el lector veía en la narración y meditaba sobre él.  La obra tuvo una gran difusión y muy pronto le salieron imitadores, especialmente entre los miembros de su orden, los franciscanos. En España destacan unas inconclusas Coplas de “Vita Christi” de fray Íñigo de Mendoza, que narran el nacimiento de Cristo. En ella encontramos el germen de todo lo que se escribirá posteriormente: adapta el relato de la vida de Jesús, con fragmentos meditativos, comparaciones de tipo moral, etc. El poema es ahora un director espiritual que va llevando al lector por los momentos más importantes de la vida de Cristo y le ayuda a realizar la meditación. Evidentemente, entre estos pasajes, el que cobró mayor importancia, aquel que tuvo mayor difusión y éxito, por razones devocionales obvias,  fue la Pasión, que en poco tiempo se convirtió en un subgénero poético. Estos poemas pueden ser un relato completo o bien parcial del proceso. Entre los relatos completos destaca la Pasión trovada de Diego de San Pedro, un extenso poema narrativo que desarrolla los últimos días de la vida de Cristo en verso octosílabo. La acción se detiene en los momentos que tienen mayor interés devocional, y propone al lector una meditación sobre ellos. Ante la contemplación del ecce homo, escribe:

Contempla  lo  que  haría

la  madre  desconsolada

cuando  la  carne  vería

del  hijo  que  así  quería

en  viva  sangre  tornada;

pues  ya  los  falsos  dañados,

después  de  muy  gran  espacio,

estuvieron  sosegados,

sintiéndose  quebrantados

del  trabajo  y  del  cansancio.

Ambrosio MontesinoEl narrador quiere que el lector se fije en tres elementos. Para ello utiliza el verbo fundamental: ”contempla”,  una llamada al lector que se presupone que está situado ante la escena,  en el sentido teatral, y entendida como un paso, que se desarrolla ante su atenta mirada y medita sobre ella. Esta meditación se desarrolla sobre los aspectos más dolorosos y patéticos: el dolor de la Virgen, el dolor de las heridas que han dejado los latigazos y el cansancio de los verdugos tras tanto azotar a Cristo, brutalidad que acrecienta el patetismo.

Por otro lado, encontramos otros poemas más breves que no desarrollan toda la Pasión, sino solo algunos aspectos concretos, es decir, esos motivos con especial carga dramática que acabarán convirtiéndose en pasos. Destacan los poemas de Fray Ambrosio Montesino. El siguiente desarrolla el motivo anterior: De la columna del Señor, sobre el motivo de los azotes a Cristo.  Mantiene la idea del lector viendo la escena de la tortura.

¡Qué tristeza, qué dolor,

qué ronchas y que baldones

padeces, mi redentor,

por hacer al pecador

heredero de tus dones

sin que nadie se adolezca

de tus penas desiguales,

sin que nadie te merezca!

¡Que ese tu cuerpo padezca

tantos males! […]

 

¡Oh cuanto de ti me duelo

por te ver tan mal tratado!

Que eres firmeza del cielo

y estás por caer en suelo

si no estuvieses atado,

según los azotes bravos,

que el uno al otro se alcanzan.

Y en tus carnes como clavos

con escorpiones a los cabos

se te lanzan.

 

Los siete libros de la DianaEstos poemas son la tónica dominante en la poesía devota que alcanza hasta el segundo tercio del siglo XVI. Probablemente, la última de estas pasiones sea la de Jorge de Montemayor, incluida en su Cancionero  de 1554. Escritas en octosílabos, son el equivalente a la pintura gótica que se desarrolla en este período. Es curioso cómo en estos años de transición conviven los dos códigos: el estilo medievalizante de la escritura en octosílabo y el renacimiento italianizante que empieza a imponerse en la Península. En el caso de Montemayor, los códigos conviven en un mismo autor: mientras en la Pasión sigue el estilo y la forma de hacer propias del gótico, en su novela, Los siete libros de la Diana, inaugura la prosa más característica del Renacimiento, la novela pastoril.

En el último tercio del siglo XVI se introducen los cambios. Normalmente, identificamos el Renacimiento con una cultura laica, si es que no pagana, bajo la influencia del Humanismo. Si bien es innegable la influencia de la cultura clásica, los nuevos tiempos también llegan a la Iglesia y a sus ritos. La renovación poética de Boscán y Garcilaso alcanza del mismo modo a la poesía devota, que ahora se escribe en endecasílabos, en ocasiones combinados con heptasílabos. Pero toda renovación no es exclusivamente formal: expresa un nuevo modo de pensar y una nueva sensibilidad, En este caso, una nueva forma de la meditación: la que proponen los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola.

Estos ejercicios fueron escritos en 1522 durante el retiro que hizo el fundador de la Compañía de Jesús en la cueva de Manresa. Evidentemente, parten de la visión afectiva de la Pasión que había iniciado la devotio moderna. Como en el caso de la Pasión de Diego de San Pedro, el ejercitante debe observar una escena. Pero el método le enseña a recrearla con mayor profundidad y detallismo, casi de forma naturalista. Una vez lo ha logrado, el ejercitante debe pensar en lo que quiere pedir en la oración, pues ha de ser acorde con la imagen evocada. En la tercera semana de los ejercicios ignacianos se propone la meditación sobre la Última cena. Empieza con el camino que recorrió Cristo para llegar hasta Jerusalén:

“Composición viendo el lugar:  será aquí considerar el camino desde  Betania  a  Jerusalén,  si  ancho,  si  angosto,  si  llano,  etcétera.  Asimismo  el  lugar  de  la cena, si grande, si pequeño, si de una manera o si de otra.

[…]  Demandar  lo  que  quiero: será  aquí  dolor,  sentimiento  y confusión, porque por mis pecados va el Señor a la pasión.

El  primer  punto  es  ver  las  personas  de  la  cena,  y  reflitiendo  en  mí  mismo, procurar de sacar algún provecho dellas. El segundo: oír lo que hablan, y asimismo sacar algún provecho dello. El 3: mirar lo que hacen y sacar algún provecho. El  4:  considerar  lo  que Cristo Nuestro  Señor  padece  en  la  humanidad  o quiere  padecer,  según  el  paso  que  se  contempla;  y  aquí  comenzar  con  mucha  fuerza  y esforzarme a doler, tristar y llorar…

De este modo, la contemplación del paso reconstruye la escena mediante todos los elementos posibles. Para ello, evoca la escena a través de los sentidos: ver, oír (y, en otros lugares, tocar, oler, etc.). El siguiente poema de Mosquera de Figueroa se dedica a la columna en la que azotaron a Cristo, uno de los motivos clásicos de la Pasión, que se centra en los momentos más dolorosos. Se reconstruye con detalle para que resulte acorde con lo que se quiera pedir en oración.

¡Cuán diferente trance es el que agora

pasa por vos, Señor! ¡Qué paso tan triste!

¿Qué punto de dolor es el que veo?

¿Qué abatimiento y qué miseria es esta?

¿A qué venís por manos de los hombres?

¿Quién a miraros alzará los ojos,

que no los baje de dolor vencidos?

Ahora ya no se trata solo de destacar los aspectos más patéticos, sino ayudar a la confesión del devoto, dogma fundamental de la Iglesia católica reforzado tras el Concilio de Trento:

En coyuntura tal, Señor, os hallo,

que en figura de esclavo aniquilado

os mostrastes al mundo […]

Y preso por pecados yo confieso

que fuistes por pecados de los hombres

y acusado de todos a una boca

sin haber cosa viva que os defienda…

Mosquera de Figueroa, A la sagrada coluna…

En este momento, la poesía devota constituye un género poético más, de modo que participa de las características estilísticas  de la lírica y de la épica y no resulta una rareza como lo es en la actualidad. Así, cuando fray Diego de Hojeda escribe su pasión, se acoge a las convenciones de la poesía narrativa de altos vuelos que se practicaba en la época: la poesía heroica. Por eso, la titula La Cristiada, que evoca a la Iliada, la escribe en octavas reales, la estrofa de La Araucana y de todos los poemas épicos de la época. Los primeros versos del poema devoto recuerdan el principio de la Eneida (“arma virumque cano”: “canto a las armas y al hombre”) o de la misma Araucana:

No las damas , amor, no gentilezas

de caballeros canto enamorados…

La influencia en el principio del poema de Hojeda es evidente:

Canto al Hijo de Dios, humano, y muerto

con dolores y afrenta por el hombre…

Diego de Hojeda
Diego de Hojeda

Del mismo modo, los hábitos de la poesía devota pasaron a los otros campos de la creación artística y literaria, ya que la devota era una lectura muy habitual en la época y con una grandísima difusión: a diferencia de otras, eran textos recomendados para la recta edificación de las almas. De este modo, con ella se extendió la idea de que la lectura no era un simple pasatiempo, sino un acto  atento y reflexivo dirigido hacia un fin espiritual. Para ello, resultó fundamental la influencia de los Ejercicios ignacianos. El hábito meditativo que ellos infundieron tanto en los devotos que los siguieron como en los muchos estudiantes que debieron practicarlos en los colegios de la orden, condicionó el proceso creativo, tanto el poético como el artístico. A partir de este momento, y adquirido este hábito meditativo, cuando el pintor medite sobre cómo ha de recrear una escena, la meditación ignaciana ya le ha mostrado el camino a seguir, y, a través de la puesta en escena evocará la multitud o no; a través de la luz y el tratamiento de los objetos sugerirá si hace calor o frío, incluso pintando flores o frutas evocará los olores que podemos encontrar en el cuadro, sea religioso o profano.

Del mismo, modo, los Ejercicios dejaron huella en la poesía profana, la muestra más clara es el siguiente soneto de Francisco de Aldana. En él, el poeta, militar de carrera,  quiere dar una visión realista de una batalla, alejada de la heroica y mitificada: quiere que el lector entre en ella. Para ello, decide reconstruirla por dentro, y qué mejor modo que partir de las sensaciones, es decir, expresando lo que captan los sentidos, siguiendo el procedimiento propio de los Ejercicios espirituales de Loyola. ¿Qué se percibe por la vista?

Otro aquí no se ve que, frente a frente,

animoso escuadrón moverse guerra,

sangriento humor teñir la verde tierra

y, tras honroso fin, correr la gente…

Pasa después a lo que se oye, los gritos de ataque:

…éste es el dulce son que acá se siente:

«¡España, Santiago, cierra, cierra!»…

Se combina con los olores de la pólvora:

…y por suave olor, que el aire aterra,

humo de azufre dar con llama ardiente…

Y los sabores, concentrados en la putrefacción del agua:

…el gusto envuelto va tras corrompida

agua…

Finalmente, el tacto, que se concentra en el dolor de las heridas:

…y el tacto sólo palpa y halla

duro trofeo de acero ensangrentado,

hueso en astilla, en él carne molida,

despedazado arnés, rasgada malla…

El soneto acaba con un verso que ha sorprendido a una parte de la crítica: “¡Oh solo de hombres digno y noble estado!”, pues contrasta con lo anterior. En realidad, no es más que una ironía sobre la visión realista del campo de batalla: del heroico “España, Santiago, cierra” el lector ha pasado al olor de azufre, el agua putrefacta y el “hueso en astilla”, la “carne molida” “¡Oh, sólo de hombres digno y noble estado!”. Por ello, solo cabe entender el final como un contraste irónico (si es que no apesadumbrado) y decepcionado ante la realidad vivida.

La poesía devota, por tanto, está hoy en día relegada al olvido, pues no cuenta con grandes obras como la que realizaron Bach en música, Velázquez o Rubens en pintura, y resulta muy alejada de la sensibilidad del siglo XXI, que aspira a otro tipo de lecturas poéticas. Pero su conocimiento nos proporciona una visión complementaria de la tradición que revive anualmente por estas fechas.

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Jorge León Gustá

Jorge León Gustá

Jorge León Gustà, Catedrático de Instituto en Barcelona, es doctor en Filología por la Universidad de Barcelona.

Su trabajo se ha desarrollado en estas dos direcciones: por un lado, como autor de libros de texto dirigidos a secundaria, y por otro, en el campo de la investigación literaria.

En el área de la educación secundaria ha publicado diferentes manuales de Lengua castellana y literatura en colaboración con otros autores, así como una edición de La Celestina dirigida al alumnado de bachillerato, Barcelona, La Galera, 2012..

Sus líneas de investigación se han centrado en la poesía del siglo XVI, el teatro del Siglo de Oro y las relaciones entre la literatura española y la catalana en el siglo XX.

Entre sus artículos destacan los dedicados a la obra de Mosquera de Figueroa: “El licenciado Cristóbal Mosquera de Figueroa, de quien ha publicado las Poesías completas, Alfar, Sevilla, 2015.

Las investigaciones sobre el teatro del Siglo de Oro le han llevado a colaborar con el grupo Prolope, de la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo resultado fue la edición de la comedia de Lope de Vega, Los melindres de Belisa, publicada en la Parte IX de sus comedias, en editorial Milenio, Lérida, 2007.

Además, ha sido investigador del proyecto Manos teatrales, dirigido por Margaret Greer, de la Duke University, de Carolina del Norte, USA, con cuyas investigaciones se ha compilado la base de datos de manuscritos teatrales de www.manosteatrales.org. Su colaboración de investigación se centró en el análisis de manuscritos teatrales del Siglo de Oro de la antigua colección Sedó que están depositados en la Biblioteca del Instituto del Teatro de Barcelona.

En el campo de las relaciones entre las literaturas catalana y española, ha estudiado la influencia del poeta catalán Joan Maragall sobre Antonio Machado, así como la de Rusiñol en la génesis de sobre Tres sombreros de copa de Mihura.

Del estudio de la interinfluencia del catalán y castellano ha publicado un artículo de carácter lingüístico: “Catalanismos en la prensa escrita”, en la Revista del Español Actual (2012).

Ha publicado el libro de poemas Pobres fragmentos rotos contra el cielo

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